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Las españolas quieren saber más sobre la píldora del día después

ENCUESTA | Datos europeos

Un farmacéutico muestra un blister con la píldora poscoitalUn farmacéutico muestra la píldora poscoital.| Efe

  • El 76% de las mujeres españolas lo considera una opción responsable
  • Sin embargo, reclaman más información y desmitificación de su uso

Beatriz G.Portalatín | Madrid

Actualizado martes 14/05/2013 05:04 horas

Manifiesto de Mujeres contra el Aborto

Las abajo firmantes, integradas en la Plataforma de Mujeres contra el Aborto, levantamos la voz en nombre propio y en el de millones de mujeres silenciadas por la presión del “pensamiento único”, que prevalece actualmente en nuestra sociedad respecto de todo lo concerniente a nuestro sexo y que vincula obligatoriamente los conceptos “mujer”y “aborto”.

 

  1. Estamos contentas de vivir y de que nuestros hijos vivan. Consideramos que la vida humana es un derecho y un bien que hay que preservar desde la concepción y que cualquier ser humano, independientemente de su edad, ha de gozar de la plena protección del Estado y las leyes.
  2. Reivindicamos la maternidad como uno de nuestros derechos fundamentales.
  3. El aborto es ética y legalmente inaceptable, no sólo porque aniquila a un ser humano indefenso, sino porque supone una violencia infligida a la dignidad de la mujer. Con este manifiesto renunciamos expresamente al pretendido “derecho de aborto” que otros y otras se empeñan en adjudicarnos.
  4. Nos declaramos feministas porque defendemos, no sólo de palabra, sino con nuestro trabajo y nuestra vida, la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres.
  5. Los hombres son nuestros compañeros y padres de nuestros hijos. No entendemos que se les reclame la manutención de la familia a la vez que se les niega cualquier derecho y responsabilidad respecto del nacimiento de esos hijos que son suyos y a quienes tienen el derecho y el deber de cuidar. Son corresponsables del embarazo y víctimas también del aborto, como las criaturas eliminadas y las mujeres.
  6. Estamos convencidas de que todas las consideraciones anteriores son válidas al margen de las creencias (o no creencias) religiosas y de las ideas políticas, puesto que se refieren a la salvaguarda de los más elementales derechos humanos.
  7. Exigimos a las Administraciones Públicas, cualquiera que sea su color político, que dediquen las partidas presupuestarias actualmente destinadas al aborto a promover redes de asistencia a embarazadas en situación desfavorable.
  8. Es preciso velar para que el hecho de ser madre no aboque a la mujer, como ocurre en la actualidad, a ver mermadas sus posibilidades de ascenso laboral, de estudios, de trabajo, sus ingresos y su derecho a disfrutar del ocio y del tiempo libre en condiciones de plena igualdad con los varones.
  9. Basta de silencio sobre las consecuencias del aborto: cuadros de ansiedad, insomnio, depresión y trastornos de la alimentación y la vida sexual, que se perpetúan en el tiempo. El aborto no es inocuo. Exigimos un Plan Nacional de ayuda para sus víctimas.
  10. Exigimos a las Administraciones Públicas, cualquiera que sea su color político, que agilicen y potencien las políticas de adopción de los hijos cuyas madres no puedan o no quieran hacerse cargo de ellos. Así mismo, que pongan en marcha campañas de información sexual que eduquen en la responsabilidad e impidan que las mujeres carguen en soledad con las medidas anticonceptivas o de regulación de la natalidad.

Lectura del manifiesto de mujeres en contra del aborto
Isabel San Sebastián, Cristina López Schlichting, María Pelayo, Isabel Durán, María López.

http://www.mujerescontraelaborto.com/?p=3

“Esperaba más de un gobierno encabezado por una mujer”

Los intelectuales y el país de hoy

Lo dice Florencia Luna, experta en bioética

Miércoles 21 de mayo de 2008 | Publicado en la Edición impresa http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/cultura/nota.asp?nota_id=1014239

“En la Argentina, la mortalidad derivada de complicaciones en el embarazo, el parto y los abortos inseguros es cuatro veces mayor que en Chile, y no tiende a bajar. Las políticas hacia las mujeres, sobre todo hacia las más pobres, están paralizadas, lo que implica una clara postergación. Por lo mostrado hasta aquí, puedo decir que esperaba más del gobierno de una mujer”, dice Florencia Luna.

Nacida en Suiza, hija del historiador Félix Luna, esta doctora en Filosofía, de 47 años, con un máster en la Universidad de Columbia y varios galardones internacionales, es especialista en bioética, es decir, en los temas morales que transitan por la delicada frontera entre la vida y la muerte.

Entre esos temas están la clonación, la reproducción asistida y el consentimiento de los pacientes que aceptan participar en investigaciones científicas. Luna es investigadora del Conicet, docente en la UBA y coordinadora del área de bioética de Flacso. Hasta 2005 dirigió la Asociación Internacional de Bioética. Además, ganó la beca Guggenheim y el premio de la Fundación Konex en Etica en 2006.

“Nuestro país se había comprometido con las Naciones Unidas a reducir la mortalidad materna, pero no está cumpliendo. Y la situación es más abrumadora aún en provincias pobres, como Jujuy, donde la mortalidad materna triplica la media nacional y donde muchas mujeres siguen muriendo, en pleno siglo XXI, por causas totalmente evitables. Mueren porque son pobres y no llegan a tiempo a los centros de salud que podrían darles una atención adecuada”, dice.

Junto con la filósofa norteamericana Arleen Salles, Luna acaba de publicar Bioética: nuevas reflexiones sobre debates clásicos , editado por el Fondo de Cultura Económica. Como especialidad, la bioética tiene apenas treinta años. Pero los problemas de la Argentina son, lo sabemos, más antiguos. “Nuestro drama es que viene un nuevo poder político y cambia todo lo que hacía el anterior. Y así no hay desarrollo científico posible.”

-El sentido común indica que las prioridades en bioética en países como el nuestro, donde conviven el primer mundo con el tercero, deberían ser distintas que en los centrales. ¿Qué agenda sugiere para la Argentina?

-Antes que eso, lo que más me preocupa es que no exista una política de Estado constante y coherente hacia la investigación científica y, como efecto de esta falta, que la ciencia se haya ido privatizando, de algún modo. Porque, hoy por hoy, son las compañías farmacéuticas las que llevan adelante las investigaciones científicas, y, como es lógico, para las empresas lo prioritario son los beneficios económicos. Sin embargo, no debería ser ése el eje en un país.

-Pero el actual gobierno creó un Ministerio de Ciencia e Innovación Tecnológica. ¿No cambia eso las cosas?

-Bueno, si estamos creando un Ministerio de Ciencia, antes que nada es importante que se fijen políticas públicas, prioridades en salud, prioridades en la investigación, y que tengan continuidad. Porque hoy lo que vemos en salud pública, por ejemplo, es que las políticas hacia las mujeres que había comenzado el ministro Ginés González García están paralizadas, a pesar de que tenemos un gobierno de mujeres.

-¿Sugiere que la ministra Graciela Ocaña no se está ocupando de las mujeres?

-Lo que digo es que las cifras de la mortalidad materna en la Argentina son preocupantes. Estamos muy atrás de Chile y Uruguay. Según cifras del Ministerio de Salud, en 2005 y 2006 creció más de 19% la muerte de mujeres a raíz de complicaciones derivadas de embarazos, partos o abortos inseguros. La mortalidad materna es cuatro veces mayor que en Chile. Ni que hablar de las provincias pobres, como Jujuy, que triplican la media nacional. El aborto inseguro, realizado en villas miseria, con agujas de tejer, es la primera causa de mortalidad materna en nuestro país…

-Con una mujer en la presidencia, ¿por qué tardan tanto en llegar las soluciones?

-Ser mujer no significa ocuparse de los derechos de las mujeres: eso está claro. También me gustaría señalar que existe cierta hipocresía sobre algunos temas.

-¿Qué nos trae de nuevo la bioética?

-La visión del paciente. La bioética democratiza una relación paternalista entre médicos y pacientes. Ayuda a pasar de un médico que “sabe” a un médico que puede orientarme a elegir la mejor opción de tratamiento.

-Denos un ejemplo concreto de ética vinculada con la investigación científica.

-Sin duda, el consentimiento informado de pacientes que, en los hospitales, participan de proyectos de investigación sobre un medicamento nuevo.

-Pero ¿cómo saber que la gente que va a un hospital realmente está consintiendo que experimenten con ella?

-Esa es la tarea de los comités de ética en los hospitales. Comenzaron a funcionar en los años 90; antes no había. Una de las tareas de estos comités esanalizar los protocolos de investigación de los productos nuevos: cuando se ensaya una nueva droga para el cáncer, para la gripe, una vacuna. Lo que hay que evaluar es el riesgo de las personas involucradas. Que, en definitiva, sea un riesgo comparable con los beneficios que se puedan obtener.

Por Laura Di Marco
Para LA NACION

La psiquiatría debe atender al sexo, al entorno y a la cultura

La prevalencia de los trastornos mentales es igual para hombres y mujeres, pero cada sexo enferma de una manera diferente. La cultura y el entorno social influyen en el desarrollo de patologías mentales, por lo que es necesario abordar a los pacientes en su conjunto.
Isabel Gallardo Ponce 14/05/2008

“En los países desarrollados, la prevalencia de la depresión y de la ansiedad es dos veces mayor en las mujeres entre la pubertad y la menopausia, que en los hombres. Por otro lado, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son 9 veces más comunes en mujeres, según ha explicado Donna Stewart, presidenta de la Asociación Internacional para la Salud de la Mujer de la Asociación Mundial de Psiquiatría, que ha impartido la conferencia La Salud Mental de la Mujer en el Mundo, que se celebro ayer en el Colegio Oficial de Médicos de Madrid, con la colaboración de Wyeth.

Sin embargo, la prevalencia global de las enfermedades mentales es igual en hombres y en mujeres. El quid de la cuestión radica en que cada sexo enferma de diferente manera y con más frecuencia en determinadas patologías. En hombres son más prevalentes los trastornos de personalidad y las conductas adictivas o violentas.

Tanto en los países desarrollados como en vías de desarrollo, las desigualdades sociales, la pobreza, la discriminación y la violencia doméstica son factores sociales y culturales que afectan más a las mujeres y, por tanto, a su salud mental.

Según Steward, las causas de los desórdenes mentales son una combinación de factores genéticos, del entorno, y de la influencia de factores sociales. “Puesto que no podemos cambiar los genes de las personas, es necesario cambiar los aspectos culturales.

Así, debe permitirse a las mujeres que desarrollen su potencial, así como luchar de manera institucional por mejorar sus condiciones sociales, y conseguir erradicar la violencia. En este sentido, establecer leyes más restrictivas podría ayudar a reducirla”. Además, es necesario aumentar la investigación sobre los trastornos psiquiátricos en la mujer.

Perspectiva de género
La violencia doméstica está a la orden del día y los psiquiatras deben valorar si el problema se presenta en consulta. “Muchos profesionales no preguntan a sus pacientes si han sido víctimas de violencia. Es necesario que lo hagan, y que se interesen por su seguridad, le informen de los recursos a los que puede optar, y le enseñen que nadie merece ese trato”.

Asimismo, “los médicos de primaria son los que pueden detectar estas situaciones de manera precoz”, y poner los medios para mejorar la salud de la mujer. En otros países, especialmente en los árabes, en China y en la India, se presentan otros problemas de discriminación, que se agravan por el escaso acceso a la educación y a mejorar socialmente.

Juliana Fariña, presidenta en funciones del Colegio de Médicos de Madrid, afirmó que el mundo médico debe tener un reconocimiento por la medicina de la mujer, como una vía para mejorar la convivencia. Dolores Crespo, coordinadora de la Oficina Regional de Salud Mental de la Comunidad de Madrid, apuntó que la sociedad actual establece nuevas exigencias que deben ser atendidas en función del sexo.

Así, “el plan estratégico de salud mental debe abordarse desde una perspectiva de género, que abarque desde la docencia de los profesionales hasta la investigación”. Según Crespo, es necesario concienciar a los profesionales para atender a los pacientes en función del sexo, para lo que puede ser útil la formación continuada”.

En este sentido, Juan José López Ibor, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental, del Hospital Clínico, de Madrid, afirmó que la patogénia, la patoplastia y la respuesta al tratamiento en hombres y mujeres, es diferente, por lo que a la hora de abordar la salud mental hay que tener presentes esos factores en ambos sexos.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/especialidades/salud_de_la_mujer/es/desarrollo/1123363_06.html

Una fábrica de parir

Una mujer se lamenta porque su hija se está muriendo tras dar a luz. (Foto: Mònica Bernabé)Una mujer se lamenta porque su hija se está muriendo tras dar a luz. (Foto: Mònica Bernabé)

Actualizado viernes 21/03/2008 13:44 (CET)

El paritorio del hospital de Herat en Afganistán. (Foto: M.B.)

El paritorio del hospital de Herat en Afganistán. (Foto: M.B.)

MÒNICA BERNABÉ

HERAT (AFGANISTÁN).- “Por favor, señor Mohammad Hassan entre a recoger a su mujer y a su hijo. Repito Mohammad Hassan”, vocifera un hombre con un micrófono en el vestíbulo de la maternidad del hospital de Herat, en el oeste de Afganistán, que más que un centro sanitario parece un McDonald’s en el que los clientes, impacientes, esperan recoger su comida.

La maternidad es un lugar lúgubre, de suelo encharcado y sucio, donde las mujeres dan a luz como si estuvieran en una fábrica de parir. Tras el alumbramiento, tienen 30 minutos para limpiarse, recoger sus cosas, vestir al recién nacido e irse a su casa. No hay tiempo para más. Faltan camas y hay otras mujeres que hacen cola para dar a luz.

“Tenemos 32 doctoras, 30 comadronas, dos farmacéuticas y ocho limpiadoras”, explica la ginecóloga Saida Said, responsable de la maternidad. “Hay dos salas de partos, una unidad de diagnóstico, y otra para bebés prematuros. Y todo el servicio es completamente gratuito”. Escuchándola parece que esté hablando de un centro de primera calidad, que después no tiene nada que ver con la realidad.

Massoma ya ha tenido dos hijos en la maternidad de Herat y teme volver a quedarse embarazada. “Me dijeron que yo misma me buscara una cama que estuviera libre para parir y la única que encontré estaba llena de restos de placenta y sangre de la anterior mujer que había dado a luz”, recuerda. Sin embargo, en aquel momento no estaba para remilgos y se estiró. A su lado, como si de un matadero se tratara, cinco camas más, una al lado de otra, con mujeres de piernas abiertas y con un cubo de plástico a los pies para echar los restos del parto.

No le aplicaron anestesia ni le realizaron ningún tipo de monitorización. Fue un alumbramiento a pelo. “La epidural sólo la ponemos en las cesáreas o en los abortos, aunque lo más normal es que en esos casos apliquemos entonces una anestesia general”, aclara la ginecóloga Said, que añade que sólo las pacientes que se someten a una intervención de ese tipo pueden quedarse en el hospital cuatro días, antes de regresar a casa. En la maternidad hay cincuenta camas, y cada mes registra un millar de partos.

“Dieron la niña a mi madre tal y como salió, toda ensangrentada”, sigue relatando Massoma, que afirma que su madre intentó limpiar a la criatura como pudo, con una toalla, porque en la maternidad no hay agua. La vistió y, mientras, Massoma también intentó asesarse con un trozo de algodón que había traído de casa. “Una amiga me avisó de que me lo trajera”, recuerda. Todo sin moverse de la cama inmunda en donde había dado a luz.

“Después vinieron las comadronas, las doctoras, las farmacéuticas y hasta las empleadas de la limpieza a pedirme dinero”, explica la chica, que afirma que, en su primer parto, pagó mil afganis (unos 14 euros) y, en el segundo, ocho mil (115 euros). Al llegar a la maternidad dijo que ella remuneraría al personal médico que le ayudara a dar a luz. “Era la única manera que tenía de asegurarme que me coserían con una aguja limpia y sin usar, y que me aplicarían una inyección para dilatar más rápido”.

Sima tiene 18 años, luce un vientre enorme, a punto de explotar, y lleva desde las tres de la madrugada en un pasillo de la maternidad esperando a parir. “Dicen que aún no he dilatado lo suficiente”, murmulla la chica con muecas de dolor y apoyada en una pared. Es la una de la tarde y asegura que durante todo ese tiempo no le han dado ni una silla para poder sentarse. Es su primer parto y su madre, que la acompaña, explica que no tienen dinero para pagar a las doctoras y comadronas.

Massoma recuerda que la sacaron de la maternidad en silla de ruedas a los pocos minutos de haber parido. Su marido la estaba esperando en la entrada con un taxi y las enfermeras le dijeron qué medicinas debía comprar para evitar infecciones o cualquier otro riesgo.

Afganistán es uno de los países del mundo con un mayor índice de mortalidad maternal en el parto: fallecen 1.200 mujeres de cada 100.000 que dan a luz. Eso supone unas 24.000 féminas en todo el país cada año, según datos de las Naciones Unidas. Herat, sin embargo, es la segunda ciudad de Afganistán con menor número de fallecimientos, según la responsable de la maternidad. ¿Cómo serán los partos en el resto del país?

Fuente: El Mundo