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«Haremos en 20 años gente más lista y productiva»

ENTREVISTA: ALMUERZO CON… EDOARDO BONCINELLI

GABRIELA CAÑAS 01/09/2008

Edoardo Boncinelli apura los platos con deleite y cierta prisa golosa. Ante un plato de pappardelle, y sin que su tenedor pierda el ritmo, denuncia lo que estima una evidencia: «Dentro de 20 años le meteremos mano a nuestro genoma. No tengo ninguna duda. Querremos seres humanos más longevos, más sanos, más productivos, más inteligentes. Y seremos capaces de hacerlos. Sin embargo, nadie, y menos los políticos, parecen dispuestos a abrir el debate sobre ello».

«Ciertos genes tienen derecho de veto; pero la vida la jugamos nosotros, no ellos»
Boncinelli es un experto en el desarrollo de los embriones que descubrió primero la familia de genes que se encargan de la subdivisión física del cuerpo (así de sencillo lo explica él mismo) y, después, la familia de genes, entre ellos el emx-2, que nos distingue de algunos animales. «Los peces no tienen el emx-2 y son unos cretinos». También descubrió el gen otx-2, el responsable de que en los mamíferos el cigoto se convierta en el decimotercer día de gestación y en pocas horas en un embrión. «Hasta el día decimotercero el producto de la fecundación es un amasijo de células sin destino. Pero, de pronto, en pocas horas, todo se decide. En ese embrión apenas tan largo como el ancho de un pelo se adivina ya dónde estará la cabeza. Es la vida. La cosa más bella e interesante que conozco».

El origen de la vida le tiene ahora atrapado, a sus 67 años, además del pappardelle y el rico carpaccio de boletus que nos han servido. Es un asunto que se interna en la ética y que en Italia le ha obligado a menudo a tomar parte en el enconado debate de la clonación y la utilización de las células madre. «Entro en los debates, pero procuro mantener mis argumentos lo suficientemente altos como para que no me alcancen los antiaéreos. A mí me leen hasta los católicos porque sólo utilizo argumentos científicos».

Sigue dando clases en la Universidad de Milán, pero a lo que más tiempo dedica es a la divulgación de la ciencia a través del Corriere della Sera y de la casi treintena de libros que ha publicado. Su conocimiento de la genética le otorga autoridad para saber que pronto asistiremos a la demanda de hijos a la carta, pero también para desechar burlonamente las fantasías de nuestro cerebro, ese que cuenta con un millón de millones de conexiones, «el órgano más organizado y complejo de todos los que componen nuestra anatomía». ¿Seremos capaces de concebir entonces seres más felices? «No lo creo. Además, para ser feliz hay que ser muy estúpido». También rechaza por exagerado el editorial de Herald Tribune que acaba de leer en el que se explica que ciertos genes nos predisponen o no a participar e incluso a tener una cierta opción política. «Mire, algunos genes tienen derecho de veto. Nos impiden hacer alguna cosa o nos limitan; pero la vida la jugamos nosotros, no nuestros genes».

Hacía 15 años que este investigador no volvía a Madrid. La culpa, dice, es de la escasez de reuniones científicas. Ha venido invitado por el Instituto Italiano de Cultura para una charla junto al biólogo Antonio García-Bellido. Aprovechó para disfrutar de un fin de semana español. «Es que las reuniones científicas, además de escasear, apenas manejan dinero, y España e Italia tampoco se destacan en esto. ¡Menos mal que está la Unión Europea!».

http://www.elpais.com/articulo/ultima/Haremos/anos/gente/lista/productiva/elpepiult/20080901elpepiult_2/Tes