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«Sostenibilidad no es lo mismo que justicia»

EL SISTEMA SANITARIO ESPAÑOL NECESITA REFORMAS

Adela Cortina, catedrática de Ética, propone un pacto de Estado para fijar una cartera de servicios básica.

Enrique Mezquita. Valencia | dmredaccion@diariomedico.com   |  20/05/2013 00:00

http://www.diariomedico.com/2013/05/20/area-profesional/normativa/sostenibilidad–mismo-justicia

Desigualdades sanitarias, un asunto de vida o muerte

JANO.es · 29 August 2008 12:17

Un informe de una comisión independiente de la OMS muestra las desigualdades en salud y reclama una cobertura sanitaria universal en todos los países

En el mundo siguen existiendo grandes desigualdades en salud y expectativa de vida, tal como muestra el informe de una comisión independiente de la Organización Mundial de la Salud que reclama a todos los países ofrecer una cobertura sanitaria universal.
Las diferencias son a veces extremas. Así, una niña que nazca en Lesotho probablemente viva 42 años menos que la que nazca en Japón. La probabilidad de que una mujer fallezca durante el embarazo o el parto en Suecia son de una por cada 17.400, mientras que en Afganistán es de una por cada 8.
El documento muestra incluso enormes discrepancias dentro de cada país. Un niño que nazca en Calton, un subirbio pobre de Glasgow, posiblemente vivirá 28 años menos que otro que nazca en Lenzie, sólo a 13 kilómetros de distancia.
El informe resalta que la biología no explica por si sola esas diferencias, y las cifras presentadas son consecuencia principalmente del entorno social en que las personas nacen, viven, crecen, trabajan y envejecen.
El grupo de expertos autor del documento, titulado «Subsanar las desigualdades en una generación: Alcanzar la equidad sanitaria actuando sobre los determinantes sociales de la salud», ha pasado tres años investigando los «determinantes sociales de la salud» responsables de esas diferencias.
Citan que «la nefasta combinación de políticas y arreglos económicos y una mala gestión política es responsable en gran medida de que la mayoría de la población del mundo no goce del grado de buena salud que sería biológicamente posible».
Por su parte, la directora general de la OMS, Margaret Chan, ha declarado que «la desigualdad sanitaria es realmente una cuestión de vida o muerte». Añade que es necesario un liderazgo sin precedentes que obligue a todos los actores, incluso los ajenos al sector sanitario, a examinar sus repercusiones en salud, ya que los sistemas sanitarios no van a tender espontáneamente hacia la equidad. En este contexto, según la Dra. Chan, «la atención primaria de salud, que integra la salud en todas las políticas gubernamentales, es el marco idóneo para ello».
Según el informe, la riqueza no es necesariamente un determinante social de la salud, ya que por sí solo no necesariamente mejora la situación sanitaria de un país. «Si los beneficios no se distribuyen equitativamente, el crecimiento nacional puede incluso agravar las inequidades», señalan los expertos, y añaden que «en años recientes, la riqueza, la tecnología y el nivel de vida han aumentado enormemente a escala mundial, pero la cuestión neurálgica es de qué modo ese aumento se utiliza para distribuir con justicia los servicios y el desarrollo institucional, especialmente en los países de ingresos bajos».
En este contexto, la Comisión formula tres recomendaciones generales para afrontar «los devastadores efectos de la inequidad de las oportunidades de vida»:
-Mejorar las condiciones de vida cotidianas, en particular las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen.
-Luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos -los factores estructurales de aquellas condiciones- a escala mundial, nacional y local.
-Y medir y entender el problema, y evaluar el impacto de las intervenciones.
http://whqlibdoc.who.int/hq/2008/WHO_IER_CSDH_08.1_spa.pdf

Una fábrica de parir

Una mujer se lamenta porque su hija se está muriendo tras dar a luz. (Foto: Mònica Bernabé)Una mujer se lamenta porque su hija se está muriendo tras dar a luz. (Foto: Mònica Bernabé)

Actualizado viernes 21/03/2008 13:44 (CET)

El paritorio del hospital de Herat en Afganistán. (Foto: M.B.)

El paritorio del hospital de Herat en Afganistán. (Foto: M.B.)

MÒNICA BERNABÉ

HERAT (AFGANISTÁN).- «Por favor, señor Mohammad Hassan entre a recoger a su mujer y a su hijo. Repito Mohammad Hassan», vocifera un hombre con un micrófono en el vestíbulo de la maternidad del hospital de Herat, en el oeste de Afganistán, que más que un centro sanitario parece un McDonald’s en el que los clientes, impacientes, esperan recoger su comida.

La maternidad es un lugar lúgubre, de suelo encharcado y sucio, donde las mujeres dan a luz como si estuvieran en una fábrica de parir. Tras el alumbramiento, tienen 30 minutos para limpiarse, recoger sus cosas, vestir al recién nacido e irse a su casa. No hay tiempo para más. Faltan camas y hay otras mujeres que hacen cola para dar a luz.

«Tenemos 32 doctoras, 30 comadronas, dos farmacéuticas y ocho limpiadoras», explica la ginecóloga Saida Said, responsable de la maternidad. «Hay dos salas de partos, una unidad de diagnóstico, y otra para bebés prematuros. Y todo el servicio es completamente gratuito». Escuchándola parece que esté hablando de un centro de primera calidad, que después no tiene nada que ver con la realidad.

Massoma ya ha tenido dos hijos en la maternidad de Herat y teme volver a quedarse embarazada. «Me dijeron que yo misma me buscara una cama que estuviera libre para parir y la única que encontré estaba llena de restos de placenta y sangre de la anterior mujer que había dado a luz», recuerda. Sin embargo, en aquel momento no estaba para remilgos y se estiró. A su lado, como si de un matadero se tratara, cinco camas más, una al lado de otra, con mujeres de piernas abiertas y con un cubo de plástico a los pies para echar los restos del parto.

No le aplicaron anestesia ni le realizaron ningún tipo de monitorización. Fue un alumbramiento a pelo. «La epidural sólo la ponemos en las cesáreas o en los abortos, aunque lo más normal es que en esos casos apliquemos entonces una anestesia general», aclara la ginecóloga Said, que añade que sólo las pacientes que se someten a una intervención de ese tipo pueden quedarse en el hospital cuatro días, antes de regresar a casa. En la maternidad hay cincuenta camas, y cada mes registra un millar de partos.

«Dieron la niña a mi madre tal y como salió, toda ensangrentada», sigue relatando Massoma, que afirma que su madre intentó limpiar a la criatura como pudo, con una toalla, porque en la maternidad no hay agua. La vistió y, mientras, Massoma también intentó asesarse con un trozo de algodón que había traído de casa. «Una amiga me avisó de que me lo trajera», recuerda. Todo sin moverse de la cama inmunda en donde había dado a luz.

«Después vinieron las comadronas, las doctoras, las farmacéuticas y hasta las empleadas de la limpieza a pedirme dinero», explica la chica, que afirma que, en su primer parto, pagó mil afganis (unos 14 euros) y, en el segundo, ocho mil (115 euros). Al llegar a la maternidad dijo que ella remuneraría al personal médico que le ayudara a dar a luz. «Era la única manera que tenía de asegurarme que me coserían con una aguja limpia y sin usar, y que me aplicarían una inyección para dilatar más rápido».

Sima tiene 18 años, luce un vientre enorme, a punto de explotar, y lleva desde las tres de la madrugada en un pasillo de la maternidad esperando a parir. «Dicen que aún no he dilatado lo suficiente», murmulla la chica con muecas de dolor y apoyada en una pared. Es la una de la tarde y asegura que durante todo ese tiempo no le han dado ni una silla para poder sentarse. Es su primer parto y su madre, que la acompaña, explica que no tienen dinero para pagar a las doctoras y comadronas.

Massoma recuerda que la sacaron de la maternidad en silla de ruedas a los pocos minutos de haber parido. Su marido la estaba esperando en la entrada con un taxi y las enfermeras le dijeron qué medicinas debía comprar para evitar infecciones o cualquier otro riesgo.

Afganistán es uno de los países del mundo con un mayor índice de mortalidad maternal en el parto: fallecen 1.200 mujeres de cada 100.000 que dan a luz. Eso supone unas 24.000 féminas en todo el país cada año, según datos de las Naciones Unidas. Herat, sin embargo, es la segunda ciudad de Afganistán con menor número de fallecimientos, según la responsable de la maternidad. ¿Cómo serán los partos en el resto del país?

Fuente: El Mundo