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El médico debe alcanzar un equilibro entre los valores humanos y los avances científicos

DEBATE RETOS MÉDICOS EN ATENCIÓN PRIMARIA

La capacidad para el trabajo en equipo, humildad, reconocimiento de los errores y una renovación permanente son necesarios para poder alcanzar una armonía con el paciente.

Santiago Rego. Santander   |  11/10/2013 00:00

http://www.diariomedico.com/2013/10/11/area-profesional/normativa/medico-equilibro-valores-humanos-avances-cientificos

El monstruo de Amstetten

 
EL mito de la Gorgona, que petrificaba de horror a quienes osaban mirarla, se renueva en la historia del monstruo de Amstetten. Con una mezcla petrificante de estupor y espanto asistimos al paulatino esclarecimiento de las circunstancias del caso, cada cual más aberrante y oprobiosa; y lo hacemos con esa inconfesada fascinación hipnótica que produce la contemplación del Mal en estado químicamente puro. Hay, sin embargo, en nuestra actitud un ingrediente de hipocresía, porque intuimos que en los rasgos de ese Josef Fritzl contemplamos nuestro propio rostro, como la Gorgona contempló el suyo en aquel escudo que Atenea prestó a Perseo, tan pulido que actuaba como un espejo; y, para espantar esa sospecha, nos preguntamos, escandalizados, cómo puede ser posible tanta abominación y maldad. Pero sabemos bien que tanta abominación y maldad son perfectamente posibles; sabemos bien que Fritlz es uno de los nuestros, tal vez nosotros mismos. Puede que el espejo que nos devuelve nuestro propio rostro transformado en el rostro del monstruo de Amstetten no sea exactamente el escudo que Atenea prestó a Perseo, sino más bien un espejo deformante como los que sobresaltan al viandante en el callejón del Gato; pero en el reflejo que ese espejo deformante nos devuelve descubrimos rasgos familiares. Y es la contemplación de nuestra propia abominación y maldad lo que nos petrifica de horror.
Oh, sí, de acuerdo, nosotros no padecemos los trastornos psicopáticos del monstruo, nosotros no somos esas bestias saturnales capaces de transgredir el último tabú y de enterrar en vida a su propia estirpe. Pero el fango en el que chapoteamos es el mismo. Y ese fango se llama despersonalización, fruto del humanismo sin Dios que corrompe nuestra época. Hemos dejado de mirar al prójimo como algo sublime y misterioso que estimula en nosotros un respeto de naturaleza sagrada; ahora el prójimo es contemplado de forma utilitaria, como un ser que sólo consideramos en la medida en que puede servir a nuestro provecho, a nuestro interés, a nuestras apetencias. Nunca como en nuestra época se había execrado tanto la violencia: se lanzan proclamas pacifistas, se consagra el consenso como vía de entendimiento entre las naciones, se hacen llamamientos constantes a la solidaridad. Pero, a la vez que execramos pomposamente la violencia, vemos como la violencia ejercida contra el prójimo es cada vez mayor: infancia pisoteada por los más sórdidos instintos, mujeres sometidas a las más crueles sevicias, niños a quienes asesinamos en el vientre de su madre, allá donde la naturaleza quiso que estuvieran más protegidos. Hemos dejado de contemplar el rostro de Dios copiado en cada rostro humano; y, como nos enseña el salmista, si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles. Cuando en el prójimo dejamos de descubrir una grandeza sagrada que lo torna valioso e insustituible, es natural que desaparezca en nosotros el anhelo de participar en esa grandeza; y entonces lo convertimos en un cuerpo extraño que se usa y se tira. En ese fango chapoteamos todos plácidamente; y nuestra placidez sólo se perturba cuando alguien como el monstruo de Amstetten nos salpica, por chapotear con demasiado ímpetu.
Pero, allá incluso donde el fango se espesa más, hasta adquirir densidad y negrura de betún, alumbra una fuerza misteriosa. El monstruo de Amstetten fue prendido por la policía porque infringió el designio de implacable maldad que durante un cuarto de siglo había cumplido a rajatabla. Una de las hijas engendradas en el seno de su propia hija enfermó; y el monstruo de Amstetten la llevó al hospital, incluso permitió que su madre abandonara el encierro forzoso de veinticinco años para prestarle asistencia. El monstruo de Amstetten sabía que esa debilidad le perjudicaría muy gravemente; pero, violentando el raciocinio, la pura conveniencia, dejó que su corazón se ablandase. ¿Qué fuerza lo impulsó a hacerlo? Tuvo que ser, sin duda, una fuerza invencible para lograr que, siquiera por un instante, el monstruo de Amstetten presintiese una grandeza sagrada en las personas a las que durante veinticinco años había animalizado. Y esa fuerza misteriosa es la que sigue salvando nuestro mundo despersonalizado.

Una visión contemporánea de la discusión sobre bioética

 
 

 

 

Mora Cordeu

Temas como el aborto, el suicidio asistido o la relación médico paciente reflejan su complejidad y son analizados desde un discurso situado en la realidad latinoamericana en el libro «Bioética: Nuevas reflexiones sobre debates clásicos», de las investigadoras Florencia Luna y Arleen L. F. Salles.
En una entrevista con Télam, ambas autoras -doctoras en Filosofía- coincidieron en afirmar la necesidad de analizar los problemas en el contexto de la Argentina y del continente y de generar una discusión que cruce la tradición bioética con una visión más contemporánea, atravesada por consideraciones culturales y económicas.
«Una de las cosas interesantes de la bioética es cuan viva es como disciplina, y como se va adaptando, tomando en cuenta críticas y mejorando sobre la marcha. No es una disciplina estática, de manera constante recibe el flujo de diferentes corrientes», dijo Salles.
En el primer capítulo del libro, recién publicado por el Fondo de Cultura Económica, «Florencia se ocupa de la teoría de los principios que a esta altura es la bioética clásica y yo me dedico a estas corrientes nuevas que toman como blanco los principios y proponen enfoques a veces complementarios o alternativos».
Hay varios textos de bioética que no incorporan las nuevas corrientes, apuntó Luna, «y nosotras a partir de la parte teórica (desarrollada en los dos primeros capítulos) tratamos de hacerlo y mostrar como estos discursos entran en juego en la práctica».
«En el área de la bioética no hay una receta. Lo que hay es un pensamiento bastante complejo que hay que aprender a manejar. Y otro punto es que la bioética así como ha ido evolucionando teóricamente también se ha ido globalizando», resaltó.
Los primeros enfoques de la bioética surgieron básicamente en el mundo anglosajón y tuvieron respuestas clásicas. «Nosotras quisimos ilustrar como esos debates se insertan en una sociedad latina, con ciertas ideologías, diversos tipos de vínculos y ciertas religiones prevalentes», subrayó Salles.
«Hay una tendencia a transplantar los problemas -intervino Luna-, como el caso de la clonación: en Europa o en Estados Unidos parece que todo está resuelto. Y es lo que queremos evitar».
«La clonación para países en desarrollo presenta desafíos diferentes -mencionó-. No es uno de los grandes puntos de investigación, aunque puede serlo una línea; en la Argentina tenemos terneros clonados».
¿Qué es lo relevante? ¿De qué manera juega el contexto? Este y otros interrogantes delinearon los ejes de la investigación centrada en colaborar a una discusión más enraizada en lo nuestro.

EUTANASIA. Con respecto a la eutanasia voluntaria: «¿qué pasa en nuestros países?, ¿cómo se puede pensar a la luz de lo que son nuestras políticas públicas? ¿Es válido cuando en muchos centros médicos no aparece una eutanasia clara y definida pero hay prácticas eutanásicas?», inquirió Luna.
«Uno puede dar una respuesta individual o solicitar un suicidio asistido pero en el libro tratamos de analizar cómo una política pública tiene que pensarse en función de ese contexto. Lo que uno nota en la sociedad -agregó la experta- es que para evitar la discusión se hace como si no pasara nada, la realidad se soslaya».
En el capítulo acerca del suicidio asistido, «cito trabajos de médicos jóvenes que hablan de un porcentaje alto de prácticas eutanásicas. Estamos escondiendo prácticas informales en lugar de tener una discusión seria, a nivel social sobre el tema».
La relación médico-paciente, que parece a simple vista un tema anodino frente a otros como el aborto que tiene un mayor impacto, atraviesa toda la problemática, indicaron las investigadoras.
Este tema se trató mucho en los años ´70 y ´80, señaló Salles, «y ahora hay movimientos muy interesantes que plantean todo un espectro de consideraciones de cómo formar profesionales que sean emocionalmente capaces de dar al paciente la contención necesaria y establecer con éste una relación de empatía».

EVOLUCIÓN. En los últimos años, puntualizó la investigadora, «se ha avanzado en lo que es ética de la investigación, los comités de ética; hay una parte de los staff médicos que han sido más sensibles a este tipo de problemáticas».
Lo importante, «es cómo se va generando una práctica que sea más humana, más ética, que permita esta interacción médico-paciente de la mejor manera posible, donde siempre va a haber asimetrías, porque el médico tiene el conocimiento y el paciente está en una situación de vulnerabilidad».
Adelantando el abordaje en el libro de algunos de los temas más conflictivos, Salles dijo sobre el aborto que «toda discusión que gira alrededor de los derechos (derechos del feto, contrapuestos a los derechos de la mujer) tiende al antagonismo».
«Si hay un consenso sobre el aborto es que no va a haber consenso. Pero por lo menos se puede dar una discusión que sea más inclusiva. Porque el tema es mucho más complejo de lo que refleja la discusión. Si la movemos un poco puede ser que lleguemos a un desacuerdo más respetuoso», opinó.

Fuente: El Diario de Paraná