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Los abortos bajan un 5% en 2012 con la ley que derogará el Gobierno

LA REFORMA DE LA LEY DEL ABORTO » »

Unas 6.000 mujeres menos interrumpieron su embarazo. La demografía, el uso de anticonceptivos y la normalización de la prestación, razones del descenso
GRÁFICO La evolución en las interrupciones del embarazo
DESCARGABLE Informe del Ministerio de Sanidad sobre el aborto en 2012
MARÍA R. SAHUQUILLO Madrid 22 DIC 2013 – 23:28 CET

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/22/actualidad/1387751311_981175.html

Los abortos practicados en 2012 disminuyeron un 5% respecto al año anterior

POLÉMICA En total, se registraron 112.390 interrupciones del embarazo, frente a las 118.259 de 2011
Con la actual ley de plazos, que el Gobierno va a derogar, no ha habido más abortos

Así lo sostiene la Asociación de clínicas Acreditadas para la Interrupción del Embarazo

Sus cifras son coincidentes con las que publicará Sanidad a finales de año

Gallardón, Sáenz de Santamaría y Báñez, tras el Consejo de… Gallardón, Santamaría y Báñez, tras el Consejo de Ministros que aprobó la reforma de la ley del aborto. A. DI LOLLI

http://www.elmundo.es//espana/2013/12/23/52b7f9bf268e3ea72e8b4571.html

El aborto sube un 5% en un año de crisis

118.359 mujeres interrumpieron su embarazo en 2011, primero con ley de plazos

Se dispara entre las mayores de 30

Los expertos apuntan a factores socioeconómicos

http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/12/21/actualidad/1356125723_238625.html

La ley Zapatero dispara el número de abortos hasta los 118.359 en 2011

Las interrupciones voluntarias repuntan entre las menores y las jóvenes de entre 20 y 24 años. La píldora del «día después» no frena la escalada

Argumentos El 90% de las interrupciones fueron «a petición de la mujer» Más españolas Este año vuelve a repetirse el dato y han abortado más mujeres nacionales que extranjeras

http://tinyurl.com/dyra556

El aborto vuelve a crecer un 10% y España se confirma como paraíso europeo

El Ministerio de Sanidad ha vuelto a secuestrar los datos del aborto. En esta ocasión los ha mantenido retenidos durante casi seis meses, contraviniendo un compromiso con el Consejo Interterritorial de Sanidad. Ayer por fin «liberó» las cifras de 2007. Sin embargo, no por haberlas mantenido en la nevera mejoraron. Muy al contrario, se confirmaron las peores previsiones anunciadas por el Instituto de Política Familiar (IPF) y adelantadas hace una semana por ABC. El aborto sigue creciendo imparable en torno al diez por ciento anual y cerró el año pasado con un total de 112.138 interrupciones del embarazo o, lo que es lo mismo, 307 abortos al día, aproximadamente uno cada cinco minutos.
El gran coladero
Punto por punto todos los cálculos del IPF se han confirmado. Así, se ha crecido un 10.4%, se han superado las 110.000 gestaciones interrumpidas y nuevamente ha quedado claro cuál es el gran coladero de la ley: el ambiguo supuesto «del riesgo psicológico de la madre, sin límite de tiempo para abortar». Acogiéndose al mismo se produjeron el 96,93% de los abortos realizados en 2007.
Al respecto, el presidente del IPF, Eduardo Hertfelder, advirtió al Gobierno de que «los efectos de un coladero como la actual ley del aborto no se evitan con el desarrollo de una nueva ley que sea un coladero aún mayor y que incrementaría el número de abortos, sino removiendo las causas que lo originan».
En la misma línea se manifestó la portavoz de Derecho a Vivir, Gádor Joya: «Los datos demuestran el fracaso de las Administraciones para reducir el número de abortos y representan un signo elocuente de que una ampliación de la ley aumentará aún más el número de muertes de niños y el sufrimiento de las mujeres».
El informe de Sanidad corroboró asimismo que dos de cada cinco abortos (el 38,8%) le son realizados a chicas de menos de 24 años y que el 13,7% corresponde a adolescentes de hasta 19 años. Precisamente, la tasa de abortos de las mujeres de menos de 20 años corresponde al grupo de edad con un mayor crecimiento. La magnitud de la tragedia del aborto en España resulta escalofriante. Desde 1985, año en el que se aprobó la ley que regulaba los supuestos despenalizadores, se han producido en nuestro país un total de 1.234.682 intervenciones. En concreto, España se ha convertido en el país de la UE donde más han crecido los abortos, duplicándose en apenas diez años. En concreto, se ha experimentado un incremento del 126%, seguido de Bélgica con un 50% de crecimiento y Holanda con un 45%. Francia, Reino Unido, Rumanía, Italia, Alemania y España son los seis países con más abortos, y representan el 77% de todos los llevados a cabo en la UE-27.
Hoy de nuevo la subcomisión
La publicación de estos datos marcará la celebración de la tercera sesión de trabajo de la subcomisión parlamentaria encargada de revisar la ley del aborto. A la misma acudirán, a petición del PP, el presidente de la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, José Zamarriego, y Esperanza Puente, portavoz de la asociación Redmadre y ella misma víctima de un aborto hace trece años.
Por su parte, el PSOE ha convocado a la presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, Yolanda Besteiro; al director del Centro de Planificación La Cagiga, Domingo Álvarez, y a la presidenta de la Federación de Planificación Familiar de España, Isabel Serrano.

“Tu cuerpo es tuyo, eso es socialista”

ENTREVISTA: BERNAT SORIA Ministro de Sanidad y Consumo

07/09/2008

Se define como un “político atípico”, listo para volver al laboratorio y a su cátedra en cualquier momento. Pero Soria (Carlet, Valencia, 1952) se sitúa en esta legislatura en primera línea de los asuntos más delicados: aborto y muerte digna

Pregunta. Esta legislatura va a abordar cambios en las leyes sobre aborto y muerte digna. ¿Le presiona la idea de encontrarse otra vez a los obispos encabezando manifestaciones?

El Gobierno planea regular el suicidio asistido esta legislatura
Bernat Soria Escoms

Respuesta. No, en absoluto. Como ministro de un Gobierno y diputado socialista, el único mandato que tengo es el de los ciudadanos. No sé qué estrategia pueden tener la Conferencia Episcopal, el Partido Popular y otros grupos, pero no tiene nada que ver.

P. ¿Qué modificaciones prevé en relación con la muerte digna?

R. Que el derecho del paciente sea un derecho real. Ésa es la primera. Porque si uno coge las leyes tal y como están, posiblemente no hay que hacer ninguna otra para que la gente muera sin dolor. Y lo que sabemos es que la gente muere sufriendo. Eso no puede ser. La batalla contra la muerte no la vamos a ganar, pero la batalla contra el dolor, sí.

P. ¿La ley actual del PP no garantiza que se muera sin dolor?

R. Las leyes actuales, sí; las normativas actuales, posiblemente no. Por eso hemos trabajado en una Estrategia Nacional de Cuidados Paliativos, en la cual estamos de acuerdo todas las comunidades, que incluye la formación de los profesionales, facilitar la asistencia domiciliaria, regular los momentos terminales, la muerte digna y el derecho que tiene cualquier ciudadano a decir, cuando llegue ese momento: “No quiero ser sometido a una tortura”. Para que todo eso sea un derecho real, el testamento vital tiene que ser accesible desde cualquier punto de España. Porque una persona puede depositar uno en Navarra, y acabar muriendo en Murcia. Eso es lo que dice la Ley de Autonomía del Paciente: que el ciudadano decide. Hay un principio básico que separa dos formas de pensar: quien piensa que el propietario del cuerpo es uno mismo, y quien piensa que es alguien, una iglesia, una institución o un partido político. El Partido Socialista dice: el propietario de tu cuerpo eres tú. Tú eres quien toma decisiones.

P. Ese principio implicaría mucho más que regular los cuidados paliativos.

R. Eso es ideología socialista. Nosotros respetamos la opción del ciudadano, que puede decir que no quiere ser sometido a la tortura que significa muchas veces el esfuerzo terapéutico, que a veces atenta contra su deseo. Traducir eso en un derecho significa hacer una serie de actuaciones.

P. ¿Hasta dónde va a llegar?

R. Es el paciente el que decide si desea o no recibir un tratamiento. Por tanto, en primer lugar, hay que asegurarle que muere -o vive- sin dolor. Muchas veces la sedación terminal significa la pérdida de la vida, pero eso lo sabe el paciente convenientemente informado. Y cuando se hace bien, permite que tome la decisión. Hay que decirle que cuando empiece el proceso puede haber un momento en que no recupere la consciencia. Y se le da la oportunidad para que se despida de su familia, para que arregle sus asuntos y para que no sufra.

P. Si el propietario del cuerpo es uno mismo, ¿tendría sentido abordar el suicidio asistido?

R. La reflexión está abierta. El suicidio asistido no es legal en este país. Pero el Código Penal se ha cambiado ya muchas veces. Es un tema que pertenece más al Ministerio de Justicia. Vamos a iniciar con Justicia una reflexión confidencial con un equipo de expertos sobre suicidio asistido. Lo que no me gustaría es que esa reflexión impida que el resto de las actuaciones las hagamos ya. La impresión que tengo es que esa reflexión va a necesitar más tiempo que las otras actuaciones en las que ya estamos.

P. Entonces ¿va a cambiar el Código Penal sobre este asunto?

R. No vamos a decir a la comisión cómo debe acabar, pero sí creo que ofrecerá elementos suficientes para una decisión política.

P. ¿En esta legislatura?

R. Por lo que es mi experiencia, la reflexión nos puede llevar un año o un año y medio. Por tanto, yo no excluyo que sea en esta legislatura. Además, eso sigue la reflexión que hizo el Congreso Federal [del PSOE], que no es un mandato, pero es el partido que soporta al Gobierno.

P. Por tanto, no es disparatado pensar que España pueda llegar a un marco como el de Suiza o de Holanda.

R. No [es disparatado] que se pueda llegar. Pero todo no se puede hacer el primer día.

P. ¿Está preparada la sociedad para hablar de esto?

R. Nuestra sociedad ha demostrado ya en varias ocasiones que es una sociedad moderna, que es madura y que está preparada para cualquier tipo de debate.

P. ¿En este tema quiere el consenso del PP?

R. El consenso existe en torno a la Estrategia Nacional de Cuidados Paliativos, que se aprueba por unanimidad en el Consejo Interterritorial. La mayor parte de las cosas que estamos discutiendo son más operativas que ideológicas. Es poner los medios para que esto realmente llegue a un ciudadano de un pueblo de Segovia. Lo que ocurre es que el término eutanasia se utiliza para nombrar cosas muy distintas, y, por tanto, el que haya un grupo de reflexión viene bien para, en primer lugar, ponerse de acuerdo en los términos y en hasta dónde se puede llegar sin cambiar la norma. Y, si hay que cambiar la norma, en cómo habría que cambiarla.

P. ¿Va a haber una ley de plazos para el aborto?

R. No quiero adelantar el trabajo del comité de expertos. Yo he manifestado que es bueno mirarse en el espejo de Europa. Es probable que la solución más adecuada, viéndonos en ese espejo europeo, sea una combinación de una ley de plazos -que no lo garantiza todo-, y unos supuestos que permitan garantizar el derecho. Y, al mismo tiempo, incorporar los conocimientos técnicos que se tienen, que en este momento son superiores a hace 20 años, sobre la viabilidad del feto. Ese comité es el que nos tiene que decir la propuesta que garantice todo esto.

P. ¿Será necesario un amplio consenso?

R. Me parece que es lo mejor. Y estoy seguro de que un sector amplio de votantes del PP piensa lo que yo pienso, pero lo que no voy a garantizar es qué va a votar el PP.

P. La cifra de 100.000 abortos al año ¿no revela graves deficiencias en educación sexual, en prevención?

R. Revelan deficiencias, pero creo que la palabra “graves” es demasiado fuerte.

P. ¿Se está relajando el uso de anticonceptivos, el sexo seguro?

R. Hay que hacer un esfuerzo en educación sexual y reproductiva que debe de estar dentro de la campaña del trabajo del ministerio, y también dentro del Ministerio de Educación. Y creo recordar que Educación para la Ciudadanía incluye también varios capítulos de salud sexual y reproductiva. Y lo digo como padre.

P. En el último Consejo Interterritorial acordaron hacer una propuesta sobre financiación sanitaria. ¿En qué situación se encuentra?

R. Está hecha. He mandado el primer borrador a [el vicepresidente económico, Pedro] Solbes. Lo asumo con sus pros y sus contras. Los principios generales que tiene son los siguientes: en primer lugar, la suficiencia financiera del sistema; en segundo lugar, los criterios tienen que incorporar qué condiciona el gasto (población, envejecimiento, dispersión, insularidad, incorporación de tecnologías); en tercer lugar, la cohesión.

P. ¿Va a afectar la crisis al sostenimiento del sistema de salud?

R. Lo que busca el Pacto por la Sanidad, igual que el Pacto de Toledo garantizó las pensiones, es que nuestro sistema nacional de salud sea algo incorporado a los genes del Estado. La situación económica es mala, pero no tan mala. Si lo que me está preguntando es si este sistema será viable dentro de 20 años, el Pacto por la Sanidad busca eso.

P. Ese pacto ya se le ofreció por la oposición a su antecesora, Elena Salgado, y no se hizo. ¿Qué ha cambiado?

R. No sé en aquel momento por qué no entró. Pero en este momento hay unanimidad en los consejeros y consejeras, que es el primer paso. Los partidos políticos están de acuerdo, y los sindicatos quieren incorporarse. Se dan las condiciones para un pacto que garantice que este sistema es viable y que lo heredarán nuestros hijos.

P. Muchos ciudadanos sufren las urgencias colapsadas, largas listas de espera… Envejece la población, y han llegado millones de inmigrantes, pero los recursos no han aumentado tanto.

R. La inmigración nos ayuda. Si miramos la pirámide de población española, niños tenemos pocos, de edad intermedia tenemos más y está aumentado una población envejecida. ¿Qué ha hecho la inmigración? Dos efectos positivos: aumenta el segmento que paga impuestos, y crece la base, que será al final quienes mantengan la sanidad.

P. ¿Plantea algún copago por el usuario para frenar la demanda de servicios sanitarios?

R. Algunas autonomías lo han planteado. Cataluña ha hecho algunos gestos. De hecho, en la compra de un medicamento hay un copago. Son gratis para los jubilados y los que no estamos jubilados pagamos un porcentaje. Y no nos estamos planteando cambiar el sistema, porque cuando se estudia vemos que no supone un gran ahorro: son 1.000 millones de euros, y eso, para un gasto sanitario de 82.000 millones, no significa un cambio que haga el sistema sostenible.

P. ¿Qué le parece el modelo de gestión privada de la sanidad de Madrid o Valencia?

R. Eso merece una reflexión más detallada. Gestión privada es la interrupción del embarazo o la diálisis que se hacen de forma concertada en una clínica privada. Otro nivel es la gestión privada de una determinada institución. Eso tampoco supone una dificultad mayor para un sistema público, pero hay que diferenciar cuando lo gestiona una fundación y cuando lo hace una empresa. Una empresa tiene que generar beneficios, y parece más razonable que esos beneficios, en vez de ir a un bolsillo privado, vuelvan al sistema. Y el tercer nivel, que es el más preocupante, es cuando las decisiones sobre la salud las toma una entidad privada, como las compañías de seguros en Estados Unidos. Ahí es donde no estoy de acuerdo. ¿Eso está pasando en España? Aún no.

P. ¿Cuándo tendremos listas de espera transparentes?

R. Las listas sí que las sabemos, excepto las de Madrid.

P. El detalle lo saben ustedes, no el ciudadano.

R. Lo que se ha conseguido, con la excepción de Madrid, es un acuerdo con las comunidades de que comunicaremos un dato global. ¿Es ocultismo? Yo creo que la transparencia tiene también sus límites. A mí me ha preocupado cómo se han comunicado los datos médicos de los heridos en el accidente de Barajas. El ejercicio de transparencia es cada vez mayor. A mí me gustaría llegar a regular por decreto las garantías en tiempos máximos de espera.

P. ¿Esta legislatura?

R. Sí.

P. ¿Sabe ya cuánto personal sanitario hace falta?

R. Tenemos ya los datos para hacer la predicción para los próximos 25 años. Espero tener este otoño el registro. Eso permitirá que tengamos una planificación. Y, a corto plazo, hemos desarrollado un decreto que nos permite incorporar a profesionales extracomunitarios, que espero que salga en los próximos meses. No hay una solución mágica para un problema que se tenía que haber previsto hace 10 años.

P. Haciendo autocrítica, ¿admite que se gestionó mal la crisis del aceite de girasol?

R. A mí me gusta ser crítico conmigo mismo, sobre todo para no volver a caer en el mismo error. Hubo casi unanimidad en todos los medios criticando al ministro. Por tanto, tengo que reflexionar mucho sobre ese momento. Pero recuerdo perfectamente la secuencia, y asumo la decisión: está entrando aceite de girasol contaminado. Cuando me lo dicen, están hablando de 120 o 125 toneladas. Los datos que tengo ahora son 30.000 toneladas. La toxicidad aguda por hidrocarburos es nula, pero la crónica puede ser preocupante. Lo normal en cualquier Gobierno es decir que aquí no pasa nada. Y ésa no fue mi actitud. Es cierto que en la nota primera que sacamos -que yo sostengo- aparecía una disparidad: usted me dice que lo está retirando, y al mismo tiempo me dice que si tengo una botella, que no me preocupe. Eso parece una contradicción. Y la contradicción era entre toxicidad aguda y toxicidad crónica. Al final de la historia, ¿qué pasó? Que yo asumí el chaparrón, pero hay varias cosas que tengo en el haber: ni un solo caso de intoxicación, el sistema económico no se ha resentido en nada, y he garantizado que ni una sola de esas 30.000 toneladas están ahí. Por último, la Comisión Europea nos dio la razón, y acabó recomendando a los demás países que hicieran lo mismo.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/cuerpo/socialista/elpepusoc/20080907elpepisoc_2/Tes

La bioética en España: el final del principio

Antonio Casado da Rocha y Begoña Simón Cortadib.

02 Mayo 2008

Un panorama a la vez convulso y esperanzador

Es posible que, con el final del principio de la bioética en lengua española, la relativa pax bioethica que hemos disfrutado durante estos años también se haya acabado.

Referentes bibliográficos
Una obra de referencia de Diego Gracia: Fundamentos de bioética
 
Un ambicioso y magistral intento de fundamentar los juicios morales en el ámbito médico desde una doble perspectiva: la histórica y la sistemática. La perspectiva histórica abarca la tradición médica (criterio del bien del enfermo, paternalismo), la tradición jurídica (criterio de autonomía, derechos del enfermo) y la tradición política (criterio de justicia, bien de terceros). En cuanto a la sistemática, se ocupa de las diversas fundamentaciones de la bioética, así como de sus métodos y de la bioética mínima. Editorial Triacastela www.triacastela.com ISBN: 978-84-95840-18-9

Si consideramos a Diego Gracia como uno de los principales autores de obras relacionadas con la bioética en lengua española, puede decirse también que ésta ha entrado en la mayoría de edad: su libro Fundamentos de bioética ha sido reeditado por Triacastela a los dieciocho años de su publicación original1. Como se dice en el prólogo de esta segunda edición, el diálogo con los clásicos nunca defrauda; para muchos lectores en España, Europa y América, este libro puso los cimientos de un edificio que ha ido construyéndose alrededor de una propuesta metodológica basada en los principios de no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia.

Sin embargo, un repaso de la extensa obra de Gracia permite detectar un abandono progresivo del lenguaje de los principios en beneficio del de los valores, un cambio reconocido por el propio Gracia en el prólogo de su también recién reeditado Procedimientos de decisión en ética clínica. El presente artículo (y otros dos que están en prensa) responde a las razones de esa evolución, que corre paralela al devenir histórico de la propia bioética española. A nuestro juicio, el cambio en el lenguaje supone un intento de adaptación a las transformaciones experimentadas por el ámbito sociosanitario en los últimos años. La importancia en este nuevo escenario de la responsabilidad, la prudencia y la deliberación, es una muestra más de que la bioética en España es una disciplina compleja, pero viva y madura.

Aunque abordar una historia de la bioética queda fuera del alcance de esta sección, ya se han publicado aproximaciones parciales que nos permiten cierta visión de conjunto2,3. Esa historia comienza en los años setenta y ochenta del pasado siglo gracias a la labor de “pioneros” como Francesc Abel, Javier Gafo y el propio Gracia. Ellos hicieron de Madrid y Barcelona las capitales de la bioética española, y si tanto Gafo como Abel pertenecen a la orden de los jesuitas, este último y Gracia coinciden en deber su formación bioética a una estancia en Norteamérica. Gracia publicó Fundamentos de bioética tras visitar varias universidades estadounidenses en los ochenta, por lo que este libro ha sido descrito como la “culminación de un esfuerzo para desarrollar una bioética de estilo americano apta para España” 4, pero su trabajo va más allá de la simple traducción de la bioética americana, ya que la adaptó a conceptos e instituciones más propios de la cultura mediterránea, manteniendo el espíritu práctico mediante la discusión de casos clínicos.

Llega la Transición

A pesar de que quizá pudiera mantenerse que la bioética nació en España a finales de los años sesenta, no es hasta la Transición, en 1975, cuando comienza su vida pública. Al reconocer todos los derechos humanos básicos, la Constitución de 1978 abre el camino a la Carta de los Derechos de los Pacientes, y en los ochenta se suceden una serie de promulgaciones que garantizan por ley el derecho al cuidado de la salud, despenalizan el aborto en algunas circunstancias o aceptan ampliamente las técnicas de reproducción in vitro5.

Estos cambios políticos se han acompañado de tensiones con la Iglesia católica, que ha mantenido un papel activo en los debates sobre algunos de los temas anteriormente citados. Sin embargo, hay que reconocer que el ámbito católico español es plural: hay una bioética confesional dogmática que no se aparta del magisterio de la iglesia, pero también existe una bioética católica favorable al debate democrático, en el que participa como una perspectiva dominante si bien pluralista, como “un punto de vista más”.

El origen de esta tensión podría encontrarse en el seno de la propia iglesia, en particular entre la moral neoescolástica, que la ve como un conjunto de prohibiciones y no como un discurso de exhortación a la virtud, y la moral católica de la primera mitad del siglo XX, que entiende que la misión de la religión sería promover la vida cristiana, una ética de máximos, dejando la parte prohibitiva en manos de la ética racional, de mínimos, universalmente compartida. A juicio de Gracia, esto es fundamental para poder entender la bioética como “un discurso plural con vocación incluyente”6.

Los años noventa son un período de institucionalización bioética en que se crean diversos foros, centros, fundaciones y sociedades, posibilitando la expansión y la normalización de esta disciplina. En el ámbito universitario la bioética se incluye (aunque no en todos los lugares y con carácter sesgado) en los planes de estudio de medicina, enfermería, filosofía y derecho. Se organizan comités y proliferan los títulos de “máster” y “experto en bioética”. Además, se suceden congresos de bioética para la formación y promoción de debates. También son años de explosión bibliográfica, de la que son muestra, entre otras, las publicaciones de la editorial Triacastela, de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano de las universidades de Deusto y del País Vasco, la revista Bioètica & Debat del Instituto Borja, o los documentos de la Fundació Grifols o del Observatori de Bioètica i Dret y de la Cátedra UNESCO de Bioética de la Universidad de Barcelona. Esta expansión es geográficamente desigual, dependiendo en ocasiones de las iniciativas legislativas propias de cada comunidad autónoma.

Mediterráneo e Iberoamérica

En un contexto más amplio, la bioética española se sitúa en la Europa mediterránea, y mantiene firmes lazos con Iberoamérica por comunidad lingüística y herencia cultural común. Esta cercanía con América aporta una reflexión sobre la prioridad de la justicia en el plano de los principios, algo que adquiere especial importancia a la hora de pensar una bioética global que habría de revisar los presupuestos de la bioética hegemónica, cautiva tal vez de “las servidumbres de su contexto de origen norteamericano y europeo”7.

La llegada del siglo XXI, acompañado de novedades científicas que hacen vislumbrar un futuro de nuevas posibilidades biotecnológicas, invita a ponderar estas innovaciones y reflexionar sobre el modelo de sociedad deseable. Ante este debate se hace patente, una vez más, la tensión entre un sector de la iglesia católica, que se resiste a aceptar la separación entre iglesia y Estado, y los defensores de una bioética laica. Esta tensión se refleja en las discusiones de proyectos de ley, especialmente de los que tienen mayor incidencia sobre la vida familiar8. Esto nos lleva al campo jurídico, donde durante estos años se desarrolla una importante legislación de reconocimiento de los derechos de los pacientes como expresión del principio de autonomía, recogido en las figuras del derecho a la información y al consentimiento informado, así como en la Ley de Investigación Biomédica (2007).

Antes de esbozar las posibles características de la bioética española del siglo XXI, debemos mencionar la aportación de la filosofía moral a esta disciplina. Desde esta área de conocimiento, en el ámbito de la ética aplicada, Adela Cortina ha defendido la necesidad de aceptar el pluralismo moral frente a las pretensiones de una bioética confesional dogmática. Esta autora apuesta por una moral por acuerdo que pueda traducirse jurídicamente en consensos pacificadores, para lo que sería necesario “aislar valores compartidos para proponer un mínimo ético imprescindible para responder a la dimensión social de los desafíos”9.

Aunque M.J. Guerra sitúa en 1993, a partir de la publicación por Cortina de Ética aplicada y democracia radical, el momento en que la bioética española comienza a utilizar el modelo deliberativo como procedimiento, también es cierto que Gracia apostaba por la deliberación desde sus primeras obras. La deliberación adquiere tal valor que es en su impulso donde sitúa Guerra uno de los objetivos primordiales de la bioética del siglo XXI. Para ello ve necesaria la creación de equipos de trabajo interdisciplinarios en un momento en el que “hemos dejado atrás nuestro ‘retraso’ respecto a las investigaciones bioéticas y podemos responder a la demanda de los sectores sociosanitarios y de la opinión pública”10.

El gran desafío pendiente

Tal vez el gran desafío pendiente para la bioética española sea plantear su contribución a una perspectiva global que conjugue justicia y respeto por la autonomía para todos los habitantes del planeta11. El nuestro es un sistema sanitario en proceso de transformación, en el que los servicios se han ido ampliando hasta cubrir necesidades tradicionalmente abordadas desde el trabajo social.

Tras analizar este y otros cambios, Albert Jovell concluye que nos encontramos ante un nuevo modelo de paciente, con necesidades, derechos y obligaciones también nuevas. En este sistema, el centro de salud pasa a convertirse en un “centro sociosanitario”, ya que muchas de las patologías que se atienden en él se acompañan de situaciones de dependencia, en parte porque el envejecimiento de la población ha traído consigo un aumento de las enfermedades crónicas y las patologías asociadas con la edad, en detrimento de las situaciones de enfermedad única y aguda. Y todo esto en un sistema sanitario fragmentado por especialidades y en el que aún predomina el modelo de hospital de alta tecnología implantado desde los años sesenta, en el que se echa en falta “una aproximación más cercana a las necesidades de salud y sociales de los pacientes”. A esto se añade una tendencia emergente a calificar a los usuarios de la atención sanitaria como “clientes” y no como “pacientes”, lo que provoca tensiones entre una organización diseñada para atender enfermos de forma gratuita y universal y una concepción del paciente como consumidor12.

Panorama convulso y esperanzador

El panorama es a la vez convulso y esperanzador. Sin duda, el sistema sociosanitario español se ha humanizado gracias a la labor de los “pioneros” y las consiguientes fases de expansión e institucionalización de la bioética. Pero el fomento y la normalización de la deliberación no siempre traen consigo más consenso, sino al contrario, como en nuestro entorno se ha encargado de recordarnos el filósofo Javier Muguerza.

Es posible que, con el final del principio de la bioética en lengua española, la relativa pax bioethica que hemos disfrutado durante estos años también se haya acabado. Pero ya estábamos avisados por Max Weber, quien en su ensayo sobre “la ciencia como vocación” define nuestra época por la pérdida del monopolio interpretativo de la ética cristiana y la consiguiente resurrección de los viejos dioses, plurales y diversos, entre los que el individuo debe elegir para hacerse cargo de las “exigencias del día”13.

El conflicto cotidiano entre los principios de la bioética es sólo un reflejo de esa contienda mayor que entre sí sostienen los dioses de los distintos sistemas de valores; tal vez por ello Diego Gracia ha prestado especial atención en su obra a la cuestión de los valores en medicina.

“Aún predomina el modelo de hospital de alta tecnología implantado desde los años 60, en el que se echa en falta una aproximación más cercana a las necesidades de salud y sociales de los pacientes”

Bibliografía

1. Gracia D. Fundamentos de bioética. 2.ª ed. Madrid: Triacastela; 2007. 
2. Simón P, Barrio IM. Un marco histórico para una nueva disciplina: la bioética. Med Clin (Barc). 1995;105:583-97. 
3. Guerra MJ. Bioética en España: treinta años de interdisciplinariedad y controversias (1975-2005). En: López de la Vieja, editora. Bioética: entre la medicina y la ética. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca; 2005. p. 173-90. 
4. Rodríguez del Pozo P, Fins JJ. Iberian Influences on Pan-American Bioethics: Bringing Don Quixote to Our Shores. Cambridge Quarterly of Healthcare Ethics. 2006;15:227. 
5. Ibíd., p. 226. 
6. Guerra MJ. Op. cit., p. 186. 
7. Ibíd., p. 190. 
8. Abel F, Terribas N. Dinamismo del diálogo bioético en España. En: Pessini, de Paul, Lolas, coordinadores. Perspectivas de la bioética en Iberoamérica. Santiago de Chile: Organización Panamericana de la Salud/OMS; 2006. p. 154-5. 
9. Guerra MJ. Op. cit., p. 181. 
10. Ibíd., p. 183. 
11. Ibíd., p. 190. 
12. Jovell AJ. El paciente del siglo XXI. Anales del Sistema Sanitario de Navarra. 2006; 29:87-88. 
13. González García JM. Empieza la razón a hablar una vez más y la esperanza a florecer de nuevo. En: Aramayo R, Álvarez JF, editores. Disenso e incertidumbre. Un homenaje a Javier Muguerza. Madrid/México: Plaza y Valdés; 2006. p. 152-4.

http://www.jano.es/jano/humanidades/medicas/humanidades/medicas/antonio/casado/da/rocha/begona/simon/cortadib/bioetica/espana/final/principio/_f-303+iditem-2751+idtabla-4+tipo-10