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La patentabilidad de la tecnología embrionaria no afecta sólo a la moral sino también a su base antropológica

La Unión Europea prohíbe patentar la utilización de células embrionarias y define el concepto de embrión humano

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha emitido una Sentencia histórica a favor de la dignidad del embrión humano desde la concepción, según la cual no se pueden patentar los resultados de las investigaciones llevadas a cabo con células madre embrionarias porque “el respeto a la dignidad humana podría verse afectado”. La reclamación de nulidad de una patente sobre la obtención de células progenitoras neuronales no fue presentada por ninguna institución religiosa o grupo ultraconservador sino por Greenpeace eV, por estar en contra de la comercialización del cuerpo humano.

Por Eduardo García Peregrín  Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y colaborador de la Cátedra CTR.

http://www.tendencias21.net/La-patentabilidad-de-la-tecnologia-embrionaria-no-afecta-solo-a-la-moral-sino-tambien-a-su-base-antropologica_a13303.html

Tribuna. Aborto y protección al embrión

La inclusión de un supuesto de plazos en la modificación de la ley del aborto dejaría sin fundamento las medidas legales que protegen al embrión. Además, chocaría con la doctrina del Tribunal Constitucional y con las directrices del Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina.
Fernando Abellán. Abogado y Doctor en Medicina Legal por la Universidad Complutense de Madrid

06/11/2008

Hace poco en una reunión científica de especialistas en reproducción asistida celebrada en La Calahorra (Granada) donde tratábamos aspectos éticos y legales en relación al embrión, uno de los ginecólogos asistentes me significó una cuestión importante. Me dijo que cómo íbamos a seguir hablando de que el embrión debe ser objeto de protección si finalmente se aprueba una modificación de la ley del aborto que establece libertad absoluta para que la mujer decida eliminar al feto durante un plazo de tiempo determinado.

Y ciertamente el comentario resultó de lo más atinado, pues si el ordenamiento jurídico termina por reconocer un derecho al aborto bajo un criterio exclusivamente temporal, esto es, sin necesidad de que la mujer justifique ningún tipo de razón como las que ahora exige la normativa (peligro para su vida, graves taras del feto y violación) ¿cómo no va permitirse a partir de ese momento que las parejas hagan lo que quieran con sus embriones? Lógicamente, siendo el embrión una realidad biológica previa y mucho menos evolucionada que el feto, la desprotección legal de este último parece que ha de arrastrar también al primero.

En definitiva, lo que subyace detrás de esta situación que se comenta es que una hipotética modificación del régimen legal del aborto en los términos en que está anunciada va a conllevar previsiblemente un efecto cascada de desactivación de otras normas distintas como las que protegen la vida embrionaria. Por ejemplo, en la ley de reproducción asistida se condiciona la posibilidad de que las parejas opten por la destrucción de sus embriones congelados sobrantes de la fecundación in vitro a que la mujer receptora deje de reunir los requisitos clínicamente adecuados para la práctica de la técnica de reproducción asistida, lo que tiene que determinarse por los responsables médicos del centro con el aval de, al menos, dos informes favorables de expertos independientes.

De esta manera, la ley fija un mínimo de protección del embrión que impide que se descongele y se tire sin más a la basura a decisión de los progenitores. Ahora bien, si resulta que el feto va a poder destruirse como si tal cosa en los primeros meses de gestación, ¿cómo vamos a sostener que para la destrucción de los embriones se cumpla ningún tipo de requisito?

Otra situación más: en la misma Ley de Reproducción Asistida se califica de infracción grave la conducta consistente en generar un número de embriones en cada ciclo reproductivo que supere el necesario para garantizar el éxito reproductivo de cada pareja.

Y, también, se establecen, por ejemplo, unas condiciones y controles de cara a la realización de pruebas diagnósticas embrionarias (el denominado diagnóstico genético preimplantacional) fundamentadas entre otros motivos en que obligan a la generación de más embriones de lo normal y a que muchos de ellos quedarán excluidos de un destino reproductivo. Sin embargo, de rebajarse completamente ahora la protección del embrión por efecto indirecto de la modificación del aborto, ¿con qué fuerza legal se va a poder negar a las parejas que no generen todos los embriones posibles que deseen? En otras palabras, si el embrión deja de tener un valor y un reconocimiento para el Derecho, ¿cómo negar que la gente tenga congelados los que le dé la gana y decida sobre ellos lo que le parezca?

Pero la cosa no acaba ahí. Desde este periódico José Luis Requero, magistrado de la Audiencia Nacional, subrayaba hace unos días (ver DM del 27-X-2008) la posible inconstitucionalidad de una hipotética ley de plazos con lo determinado en su día por el Tribunal Constitucional en su famosa sentencia de 1985, donde aceptó los supuestos de despenalización del aborto.

El Constitucional consideró que la vida en formación no quedaba desprotegida por no penalizar el aborto cuando se daba alguna de las indicaciones recogidas en el Código Penal. Con posterioridad, este mismo criterio se reprodujo por el Tribunal con ocasión de sus sentencias de 1996 y 1999 referidas a la reproducción asistida y al embrión, en las que se estableció que tanto este último como el feto, aunque no podían ser reconocidos como titulares en sentido estricto del derecho a la vida recogido en el artículo 15 de la Constitución, sí debían ser tenidos por bienes jurídicos protegidos.

Protección gradual de la vida humana
Se abonó entonces el Tribunal Constitucional a una concepción gradualista del nivel de protección de la vida humana, en el sentido de proclamar que los poderes públicos debían reconocer menor o mayor protección a la vida humana en formación en función del estadio de desarrollo biológico en que se encontrara en cada momento. El propio legislador español se hizo eco expresamente de este criterio en el preámbulo de la reciente Ley de Investigación Biomédica de 2007. Por consiguiente, si traemos esos criterios al problema debatido puede afirmarse que una ley de plazos en materia de aborto -que da libertad completa para eliminar al feto durante los meses iniciales del embarazo- choca también con esta doctrina constitucional en la medida en que durante el tiempo que se fije en la ley para interrumpir la gestación desaparece por completo la protección de la vida humana en formación y la gradualidad invocada por el Tribunal Constitucional.

Además, la mencionada iniciativa legal sobre el aborto chocaría a mi juicio también con las exigencias de protección de la vida embrionaria que se derivan del Convenio sobre Derechos Humanos y Biomedicina (Convenio de Oviedo), donde se habla de reconocer una protección adecuada del embrión, que aquí quedaría desactivada por completo, al desaparecer la del escalón siguiente que es el feto.

A modo de conclusión, de salir adelante una ley de plazos del aborto, se pondría en serio peligro la coherencia y equilibrio del conjunto de disposiciones legales que protegen la vida embrionaria en España, originándose de hecho un retroceso muy significativo en el estándar de garantías que a día de hoy amparan al embrión humano. Y bueno sería que la Administración pública (Ministerio de Igualdad, según parece) tuviera en debida estimación estas repercusiones, huyera de las prisas y, cuando menos, permitiera un debate adecuado a la sociedad sobre estas cuestiones, empezando, por ejemplo, por provocar que esta problemática se analice en el Comité de Bioética de España antes de conformar ninguna iniciativa legal concreta en el Parlamento.

Pere Barri: “Al embrión se le debe un respeto”

Fundó uno de los 8 equipos del mundo que en los años 80 lograron los primeros nacimientos de niños concebidos en probeta. Dirige el área de reproducción del Institut USP Dexeus.

Foto: GUILLERMO MOLINER ÀNGELS GALLARDO
–¿Cómo influye en Victòria Anna, la primera persona nacida en Catalunya por fecundación artificial, que se la conozca como bebé probeta?
–Bueno, ¡es que fue la primera niña probeta de España y América Latina! Está a punto de cumplir 24 años, y desde el primer momento incorporó con normalidad ese calificativo, aunque es cierto que el hecho de ser siempre noticia se le hace un poco pesado. Yo creo que se va normalizando el tema: hay tres millones de niños nacidos por fecundación in vitro (FIV) en el mundo, y esa forma de concepción ya no es una novedad.

–¿Cuántos en España?
–En España no hay registro oficial. Sí lo hay en Catalunya: creo que ahora se logra un millar de nacimientos al año. En principio, todos los centros estamos obligados a informar a la Generalitat de los embarazos conseguidos. Calculo que en España se hacen unos 40.000 ciclos de tratamiento al año, de los que un 30% logran un embarazo. Un 3% de todos los bebés que nacen en Europa se han concebido así.

–¿Se exagera el índice de éxitos?
–No se debería exagerar. Hay que informar a cada pareja de cuál es el porcentaje de éxito que puede esperar, que está en función del motivo por el que no tienen un embarazo espontáneo. Hay que decirles que, normalmente, tienen algo así como un 35% de posibilidades de conseguirlo. Si la mujer tiene 43 años, debe saber que el porcentaje de éxito es de un 15%. A partir de los 45, sus posibilidades serán cero.

–¿Y esas mujeres que son madres a los 50 o a los 65 años?
–Son embarazos en los que la gestante pone su cuerpo pero el óvulo es de una mujer joven. Con óvulos jóvenes, las posibilidades de lograr un embarazo superan al 50% de los intentos, sea cual sea la edad de la madre. Pero cuando oigo que se han logrado gestaciones de mujeres de 60 o 70 años, me parece aberrante. Ese niño apenas tendrá madre y la mujer corre un riesgo vital altísimo.

–¿Hasta qué edad lo aconseja?
–En nuestro instituto no tratamos a mujeres de más de 50 años, aunque la ley española no pone límite a la edad de las gestantes. Consideramos que no es éticamente prudente.

–¿Cómo fue el primer parto?
–Nos costó un año. Cuatro días antes de diagnosticar el embarazo de Dolors, la madre de Victòria Anna, habíamos perdido la que hubiera sido la primera gestación conseguida por FIV. Fue un embarazo ectópico. Al desánimo, siguió la alegría.

–¿Qué técnicas no han cambiado?
–El esquema conceptual de tratamiento para conseguir un embarazo artificial es el mismo que hace 20 años, pero las técnicas no tienen nada que ver. En los inicios, por ejemplo, para obtener óvulos de una mujer había que hacer una intervención quirúrgica, una laparoscopia, que es un acto agresivo. Ahora se hace por punción ecográfica transvaginal: cogemos el óvulo a través de la vagina, una forma menos agresiva y mucho más precisa.

–¿La probeta actúa como un útero?
–Si, porque lo que importa es el medio de cultivo de nutrientes en que se produce el embrión. Lo imprescindible es que las condiciones de temperatura y gases del lugar en que se encuentren el óvulo y el espermatozoide reproduzcan totalmente el ambiente del interior del útero y la trompa de una mujer. Si eso se consigue, la probeta funciona realmente como un útero.

–La Iglesia rechaza todo esto.
–Sí. Yo, que soy católico, me he preguntado siempre por qué es así. Tiene una visión simplista y sesgada de lo que ofrece y propone la ciencia.

–¿Poco informada?
–Han tenido oportunidad de estar bien informados. El tema me preocupa, y me ocupa. Miembros de la Iglesia, en grupos reducidos, me han reconocido que tiene todo el sentido del mundo que una pareja que no puede tener hijos por una enfermedad reciba un tratamiento y tenga descendencia. Muchas mujeres me han dicho: “Entonces, ¿yo no puedo ser estéril y católica? ¿Me condenan a que renuncie a mi religión?”. Es como si a alguien que tiene un infarto se le dijera que no se le puede tratar porque la Iglesia no lo aprueba.

–¿Son ustedes los desmitificadores de la concepción humana habitual?
–No. Tenemos la oportunidad de seguir el desarrollo de la vida humana desde sus inicios y, cuanto más se conoce, más se la respeta. Sabemos lo importante que es lograr una vida.

–¿Cuál es el lugar del embrión?
–Hay que encontrar un punto de equilibrio para no sacralizar el concepto de embrión humano. Un embrión de cuatro células no puede tener la consideración de una persona adulta, pero no hay que olvidar que cualquier persona un día fue un embrión de cuatro células. Tampoco se puede banalizar: un embrión no es igual que una célula del pelo o de la piel. Tiene el potencial de desarrollar a un ser humano y, por eso, al embrión se le debe un respeto.

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=536636&idseccio_PK=1006&h=

Rechazo ético a la nueva técnica de extracción de células madre embrionarias

La bioética y directora general científica y técnica de VidaCord, Mónica López Barahona, ha mostrado su rechazo a la nueva técnica para extraer células madre del embrión cuando éste sólo está formado por cuatro células (ver apoyo), porque “no ha intentado preservar la vida del embrión y ha puesto en grave riesgo su existencia sólo para finalizar el experimento”.
Europa Press. Madrid10/07/2008
Intervención abusiva
Según López Barahona, la técnica descrita en la investigación de la Universidad de Vrije en Bruselas (Bélgica) acepta la generación de embriones in vitro y la abusiva intervención sobre ellos cuando están formados por cuatro células para obtener uno de sus blastómeros, sin asumir el “riesgo vital” que esta práctica implica para el embrión. A su juicio, “sigue sin haber razón científica objetiva para continuar con el empeño de trabajar con células madre embrionarias en vez de con células madre adultas”. Hay más de 2.000 ensayos clínicos en marcha en el mundo con las adultas y ninguno con embrionarias, lo que demuestra que éstas “no son una alternativa terapéutica real frente a ninguna patología”.

Investigación desarrollada
Un grupo de científicos de la Universidad de Vrije en Bruselas ha conseguido desarrollar células madre embrionarias humanas a partir de una célula de un embrión cuando éste se encuentra en la fase en la que está formado sólo por cuatro células. Así se anunció ayer en la XXIV Reunión Anual de la Sociedad Europea de Embriología y Reproducción Humana. El investigador Hilde Van de Velde manifestó que su trabajo implica que en el futuro se podrían producir células madre sin destruir al embrión.

Las células del embrión o blastómeros se forman en las primeras fases del desarrollo embrionario. En concreto, unas 24 horas después de la fecundación del óvulo, éste se divide en dos células y la división en cuatro se produce a las 48 horas. A las 96, en la fase de mórula, el óvulo fecundado se ha dividido entre cuatro y cinco veces. En este periodo el embrión no aumenta de tamaño, de tal modo que las células son cada vez más pequeñas y están firmemente unidas unas a otras, por lo que resultan más difíciles de manipular.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/mi_dm/biotecnologia/actualidad/es/desarrollo/1144183_04.html