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El miedo a la humillación frena la consulta al CEA

PROMOVER LA FIGURA DEL CONSULTOR

Miembros de los comités aragoneses de ética se reúnen para buscar soluciones a su alejamiento del médico.

Carmen Serrano. Zaragoza | dmredaccion@diariomedico.com   |  11/11/2013 00:00

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Del gran problema ético al dilema diario

Comités de ética asistenciales. Su carácter multidisciplinar, las funciones formativas que desempeña y ser un órgano consultivo hacen del comité de ética asistencial (CEA) un elemento clave en la práctica asistencial. La falta de tiempo y la escasa respuesta por parte de los profesionales son algunos de sus problemas.
Marta Esteban 08/01/2009
La Comisión de Bioética de la Junta de Castilla y León ha elaborado una guía en la que dice que el CEA debe centrar la atención en los dilemas éticos diarios que se plantean en los pasillos para despertar el interés del profesional por este órgano.

Nadie puede poner en duda la importante labor que desempeñan los comités de ética asistenciales (CEA) de los hospitales y centros sanitarios públicos y privados ejerciendo una actividad formativa, elaborando recomendaciones y protocolos y dando asesoramiento cuando al profesional se le plantea un conflicto ético en la práctica asistencial.

Ahora bien, a pesar de que la puesta en marcha de un comité tiene enormes ventajas, su implantación y efectividad en nuestro país no sólo es irregular, sino a veces inexistente (en Aragón, por ejemplo, no hay una normativa para acreditar a los comités de ética asistenciales). Pese a todo, hay quienes creen en que los CEA son una buena apuesta.

La Comisión de Bioética de la Junta de Castilla y León ha elaborado una guía para comités de ética asistenciales en la que recuerda que este órgano es «un grupo multidisciplinar competente en bioética que delibera y puede ser consultado para ayudar en la toma de decisiones sobre cuestiones de valor que se dan continuamente en el ámbito asistencial».

La comisión aclara que la vía de solución de conflictos es la deliberación, es decir, la «búsqueda de la verdad ponderando todos los factores que intervienen en un hecho». Para ello se utiliza el camino del «diálogo entre varias personas que procuran persuadirse mutuamente, empleando argumentos y dando cuenta de los principios en los que se fundan sus ideas». La guía insiste en el carácter consultivo y no vinculante de las decisiones del comité y de que su fin último es «contribuir a la humanización de la asistencia sanitaria».

Sin embargo, la Comisión de Bioética de Castilla y León no es ajena a los problemas a los que normalmente se enfrentan los comités y no sólo hace un repaso sino que además propone soluciones.

En cuanto a los problemas externos, la guía destaca la falta de apoyo institucional, la no liberación de tiempo dedicado al comité y la falta de reconocimiento de los profesionales por parte de sus compañeros. Las soluciones a los obstáculos pueden ser la clave para el impulso de estos órganos consultivos.

Propuestas de mejora
Los miembros de la Comisión de Bioética proponen algunas mejoras. Denuncian el papeleo que ocupa gran parte del tiempo del comité con funciones como la validación de los consentimientos informados y la realización de informes para el fondo de investigación, entre otros. Frente a ello, la guía apuesta por la creación de un registro regional de consentimientos revisados por los CEA, de tal forma que se les «descargue de la rutina del papeleo», pues debe evitarse que sean vistos como «puntos fáciles de adquirir en el cumplimiento de objetivos institucionales».

Además de la dotación de medios físicos y de tiempo de dedicación al comité, la guía advierte que son pocos los «grandes casos éticos» que se elevan al comité y muchos los «pequeños problemas planteados verbalmente». Por eso, la comisión autonómica propone que se «trate de dar respuesta a esos pequeños dilemas, pues es una forma de explicar al profesional lo que el CEA puede aportar para mejorar la calidad de la asistencia». Y es que «hay que evitar la consulta verbal y procurar que se realicen por escrito con un procedimiento adecuado».

Frente al riesgo de tratar todos los casos con urgencia, pues a veces se pide al comité una respuesta automática, la guía recuerda que este órgano no es decisorio sino de deliberación. Por último, la comisión habla de la necesidad de recuperar el «carácter asistencial» del comité, ya que a veces se pretende que intervenga y opine de todo.

Fallos y aciertos
Altisent, profesor de bioética: El buen funcionamiento de un CEA depende de la actitud de los gerentes y el liderazgo del propio comité. Así lo entiende Rogelio Altisent, profesor de bioética de la Universidad de Zaragoza. En la primera vertiente hay tres tipos de gerentes. Los que están altamente interesados en el CEA, lo que «se demuestra, por ejemplo, en los presupuestos de la institución. Se trata de una clase de gerente que pide informes, apoya las actividades del comité, etcétera».

En segundo lugar, el gerente indiferente, «que no lo tiene presente, pero que está orgulloso de tener un comité», y el reticente, es decir, «el que desconfía y ve en el comité un foco de problemas». Altisent entiende que los comités «deben mejorar su metodología de formación» y «atienden a bastantes consultas informales que deberían contabilizarse de alguna manera». Una gran oportunidad son las recomendaciones, para lo que Altisent exige que se dote a los miembros de más tiempo de dedicación en su jornada laboral.

Bellver, profesor de Filosofía: En algunas comunidades autónomas se prevé que los comités de ética asistencial sean consultados preceptivamente. Sin embargo, ésta no es la norma general. Según Vicente Bellver, profesor de Filosofía de la Universidad de Valencia, la «falta de competencias reales es uno de los problemas a los que se enfrentan los comités y que tiene como consecuencia que su trabajo dependa casi exclusivamente de la voluntad de sus miembros de impulsar la bioética clínica».

A ello se suma un factor de desconocimiento, pues «siguen siendo poco conocidos por los profesionales y por los pacientes». Bellver propone alternativas para una mejor implantación. Por un lado, con una mayor información para enfermos, personal sanitario y gestores «sobre la importancia del trabajo que realizan» y la preceptiva consulta a los comités en determinadas situaciones clínicas. «Esta medida debería generalizarse y requerir la consulta obligada, pero no vinculante de los comités».

Terribas, Directora del IBB: Nuria Terribas, directora del Instituto Borja de Bioética, ha abordado las claves para mejorar los comités. Si aún no está formado, recomienda «hacerlo con un proceso adecuado, nombrando una comisión preparatoria que previamente elabore un reglamento interno. Además, que lleve a cabo la búsqueda de profesionales sensibles e interesados por la ética». El siguiente paso sería «constituirlo formalmente y darlo a conocer dentro de la institución, promoviendo la formación». Para los comités ya formados pero con poca actividad, Terribas sugiere la puesta en marcha de un «proceso de publicidad como si de primera constitución se tratase, y establecer también unos planes de formación para su reactivación».

Por último, y en cuanto a la iniciativa de algunas comunidades de crear los CEA con carácter obligatorio en lugar de dejarlo a criterio de cada centro, «me consta que en algunos casos ha sido un fracaso, ya que no se ha dejado madurar su proceso de constitución».

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