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Investigadores de la CEU-UCH reúnen en un libro el pensamiento sobre bioética y ecología del Papa emérito Benedicto

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Los autores Alfonso Martínez Carbonell y Emilio García Sánchez

Foto: CEU-UCH

VALENCIA, 18 Abr. (EUROPA PRESS) –

   Ediciones Palabra acaba de publicar el libro ‘Benedicto XVI habla sobre vida humana y ecología’, en el que han participado los investigadores de la CEU-UCH Emilio García Sánchez y Alfonso Martínez Carbonell, informa la institución académica en un comunicado.

http://www.europapress.es/sociedad/noticia-investigadores-ceu-uch-reunen-libro-pensamiento-bioetica-ecologia-papa-emerito-benedicto-20130418180456.html

La Santa Sede aboga por una investigación bioética a largo plazo

“Medicina regeneradora: cambio fundamental en la ciencia y la cultura”

Simposio en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano del 11 al 13 de abril

VIS, 09 de abril de 2013 a las 16:14

Bioética: la ética de la vida

GASPAR MEANA
R ESULTA gratificante comprobar cómo en los últimos años ha cambiado la mentalidad de la sociedad, en general, y de la mayor parte de los que dedican su tiempo a crear conocimiento y a indagar en el campo de las humanidades, en particular. Ello ha sido posible gracias a profesionales e investigadores responsables y comprometidos que, conscientes de la necesidad y con explicaciones al alcance de cualquier ciudadano, ayudan a que éste se adapte al espectacular desarrollo que la ciencia y la tecnología está consiguiendo en las últimas décadas, algo que constituye un hecho de gran relevancia social.
Y es que no hace muchos años se oía comentar todavía a algunos investigadores que la ciencia era un asunto que importaba solamente a los científicos, que si ésta salía del círculo más intelectual corría el riesgo de desvirtuarse. El paso del tiempo ha demostrado que no es así y que, tal como señalaba Einstein, «la ciencia es una obligación de todos los ciudadanos».
La ciencia se encarga de saber, de conocer, de entender cómo funciona la realidad y en sí misma no tiene límites. Se construye a partir de hechos que intenta explicar a través del método científico y nunca ofrece respuestas definitivas. Entendiendo la tecnología como el aprovechamiento práctico del conocimiento científico, la biotecnología utiliza los procesos celulares y biomoleculares para resolver determinados problemas o generar nuevos productos. Si bien es cierto que la investigación científica tiene una gran influencia en el desarrollo y progreso de los países, también lo es el hecho de que la aplicación de las nuevas tecnologías a la vida conlleva consecuencias importantes de carácter socio-cultural. Esto obliga a establecer un diálogo fluido entre la Universidad y la sociedad que consiga hacer partícipes a los ciudadanos de los nuevos resultados de las investigaciones. En este sentido, la Universidad de Oviedo, cumpliendo con su cometido social, se encuentra comprometida institucionalmente en la difusión del conocimiento generado por sus investigadores, sobre todo en aquellos temas de actualidad que preocupan a los ciudadanos.
Los avances en el conocimiento del Genoma Humano y sus aplicaciones, las posibilidades que ofrecen las células madre y la nanotecnología o las novedades que traerá la aplicación de las nuevas tecnologías para el conocimiento del cerebro humano, son temas candentes en la sociedad para los que hay que establecer un foro de debate social que ayude a valorar, con cierta precisión, las cuestiones de tipo ético, jurídico y social que estos avances científicos pudieran ocasionar, así como sus posibles ventajas e inconvenientes para el ser humano actual y las generaciones futuras. Pero una condición imprescindible para lograr esto es contar con ciudadanos responsables y preparados para el diálogo, el análisis y la reflexión. En este sentido, quisiera despertar la curiosidad de la ciudadanía por una joven especialidad académica que podría considerarse como una herramienta para la reflexión sobre el ser humano y la vida. Me estoy refiriendo a la Bioética (ética de la vida), disciplina que surge con V. R. Potter, en EE UU en 1970, con la intención de establecer conexiones entre las ciencias de la vida y las humanidades, que nace con unas características propias, pero que ha ido evolucionando.
La Bioética surge como una necesidad, ante la nueva situación creada por el abandono del código moral único y la llegada de las nuevas tecnologías. En 1978, la Enciclopedia de las Ciencias de Estados Unidos la define como «el estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias biológicas y la atención a la salud, en la medida que esta conducta se analiza a la luz de los principios y valores morales». A partir de entonces comienzan a determinarse un conjunto mínimo de principios y valores que todos los ciudadanos deben compartir y son necesarios para poder convivir y colaborar en paz. Me estoy refiriendo a una Bioética, laica, plural, racional, intermediadora y procedimental, basada en la dignidad y el reconocimiento de todos los individuos en cuanto son sujetos de derecho. Una Bioética que ofrece un sistema de valores adquiridos, los cuales sirven de orientación para actuar en una sociedad que defiende la libertad y el respeto por las diferentes formas de vida, siempre que se cumpla la ética mínima de los derechos humanos y de los valores constitucionales que obligan a no utilizar a nadie como medio.
En un principio, a la hora de resolver los juicios morales de casos conflictivos, la Bioética ha ido aplicando como método de trabajo sus cuatro principios tradicionales: el respeto por la autonomía, la justicia (en este caso, distributiva), la beneficencia (maximizar los beneficios y minimizar los riesgos) y la no maleficencia (no hacer el mal). No obstante, dada la complejidad de los problemas, dichos principios no resultan ser suficientes para analizar todas las cuestiones que tienen que ver con los valores de cada persona y para poder encontrar la solución más prudente, la óptima, ha evolucionado pasando a considerar también otros factores más concretos como pueden ser las circunstancias que intervienen en cada caso, así como las consecuencias previsibles.
Pero lo que realmente distingue a la Bioética del resto de éticas aplicadas es la orientación que tiene a la hora de tomar las decisiones o resolver conflictos. Su tipo de práctica, el carácter plural e interdisciplinario y el ámbito de debate y descubrimiento que ofrece, la distancia de alguna manera de las éticas profesionales, aunque comparta con ellas elementos fundamentales. Antonio Marlasca la define muy bien como «un foro de debate y de decisiones compartidas y consensuadas en un contexto social e ideológico plural y secular». Para Victoria Camps, «la Bioética posibilita el estímulo y fortalecimiento de las vinculaciones entre los sujetos».
A unque la Bioética tiene miras muy amplias, sin duda se hace imprescindible a la hora de tomar decisiones difíciles en la relación asistencial, en los problemas económicos y en los conflictos de intereses que puedan surgir en las instituciones sanitarias. Asimismo, es necesaria en la orientación de las pruebas biomédicas. Preservar el respeto por los derechos de las personas a decidir libremente, a su intimidad, y a la justicia, es lo que se encuentra más comprometido en los diagnósticos genéticos y la reflexión bioética sirve para analizar previamente los problemas morales y profesionales que dichas pruebas pueden ocasionar a los pacientes. Por tanto, obliga al especialista a la confidencialidad y a proporcionar al paciente toda la información necesaria que le permita comprender el significado y alcance real del estudio, así como a valorar lo que puede suponer descubrir anomalías genéticas que no tengan tratamiento, o alguna sorpresa desagradable que pueda surgir durante el estudio.
T eniendo en cuenta las obligaciones que establece el Convenio de Oviedo (abril, 1997) en estos temas, sería de mucha utilidad el fomentar su difusión tanto en las instituciones universitarias y sanitarias, como a la ciudadanía en general. Asimismo, los Comités de Bioética de las distintas instituciones, constituidos adecuadamente (remarco lo de adecuada por la importancia que tiene la elección de sus miembros), deberían implicarse en promover foros de debate sobre los nuevos retos del conocimiento científico, en los que los ciudadanos puedan hacer preguntas y exponer libremente sus opiniones. Algo muy diferente a una conferencia magistral donde un especialista en un tema transmite sus conocimientos.
Son muchos los cambios sociales que traen consigo los avances tecnológicos. Todos los ciudadanos nos encontramos implicados en ello y por tanto tenemos derecho a ser escuchados. La transmisión del conocimiento científico y la reflexión bioética ayudará a formar ciudadanos más libres y responsables, capaces de contribuir al desarrollo de acuerdos sociales y protegidos de las distorsiones debidas a la ignorancia o al apasionamiento tecnocientíficos y de los intereses del poder y el mercado.
http://www.elcomerciodigital.com/gijon/prensa/20090628/opinionarticulos/bioetica-etica-vida-20090628.html

Diego Gracia Guillén: »No se puede decir que la ciencia demuestra que el embrión es un ser humano desde el inicio»

18/04/2009 – Texto: Mar M. Louzao – Fotos: J. Vázquez / El Progreso (Lugo)

Tomó el relevo de Pedro Laín Entralgo al frente de la cátedra de Historia de la Medicina en la Universidad Complutense de Madrid y hoy en día Diego Gracia Guillén (Madrid 1941) es un referente en bioética a nivel internacional. Este viernes participó en el Curso de Especialista en Bioética que organiza el Colegio Médico de Lugo.

En medio de la polémica sobre la reforma de la Ley del Aborto, Diego Gracia Guillén habló en Lugo este viernes sobre el origen de la vida y el estatuto del embrión, dentro del curso de especialista en bioética que organiza el Colegio Médico de Lugo. Denosta el uso de la ciencia en la defensa de las creencias personales y confía más en la formación que en la legislación para afrontar el aborto, como confiesa en esta entrevista, cuya versión abreviada se publica este sábado en El Progreso.

¿Cómo puede ayudar la bioética al debate sobre el proyecto de la Ley del Aborto?
La función de la bioética es promover la responsabilidad y la promoción de los valores, entre los cuales, uno fundamental es el valor de la vida en general. El problema del aborto generalmente se discute a nivel jurídico. Se trata de saber si hay que ponerlo en el Código Penal de una manera o de otra. Es un problema más jurídico que ético. Cómo debe estar formulada la ley, en ética no es un tema que interese mucho, porque la función de la ética es promover el respeto, los valores y la formación de los valores. Yo no sé si va a variar mucho la situación por el hecho de que se penalice o no, o se pongan unos plazos u otros. Parece más fundamental, y creo que es lo que no se hace, es la promoción de la madurez y la responsabilidad de las personas en el manejo de la sexualidad. Las leyes penales contra el aborto no dejan de ser peculiares. ¿Cuántos abortos se hacen en España al año?. Más de 100.000 ¿Cuántos procesos penales hay por incumplimiento de la ley? Muy pocos. ¿Y en quién recaen? En las personas más débiles. Yo no creo que se vaya a arreglar con una ley. Creo que hay que arreglarlo mediante la promoción de la responsabilidad. Y ésa es la función de la ética. Los juristas, que discutan de Derecho, pero creo que hay una labor educativa distinta y necesaria, y si no, la ley va a servir de poco.

Pero, ¿qué implica esa responsabilidad?
Mayor formación, mayor madurez y que las personas sepan lo que se juegan cuando están ejerciendo la sexualidad. Uno debe ser responsable de sus actos.

¿Está la sexualidad frivolizada?
Puede estarlo. Desde luego un uso responsable de la sexualidad debería tener muy en cuenta los medios a fin de saber si quieren o no tener descendencia y si no, deberían poner los medios adecuados. Hay que ser más responsable en todas las cuestiones relacionadas con la procreación.

¿Que una persona de 16 años pueda abortar sin conocimiento de sus padres va en contra de esa responsabilidad?
Fíjese usted que los estudios que se han hecho sobre la evolución de la madurez moral en los adolescentes, la conclusión que han sacado es que la madurez moral se para en épocas muy tempranas, en torno a los 14 o 15 años. La mayor parte de las personas, no todas —las hay que siguen evolucionando—, pero una gran parte de las personas no van mucho más allá, siguen teniendo a lo largo de su vida los mismos criterios morales que cuando tenían 14 o 15 años. Yo no sé si es un problema de edad o de permitir y promoverla maduración moral de las personas. La mayor parte de las personas adultas no tienen una moralidad distinta a la que tienen muchos adolescentes de 16 años. Eso está comprobado. Tampoco sé por qué hay que exigir a las adolescentes de 16 años más de lo que se les exige a los adultos. El problema no está ahí, el problema está en la promoción de la responsabilidad, en la educación, en la maduración psicológica, que es lo que creo que no se hace.

¿Pero cómo se llega a esa maduración? ¿Desde la familia, la escuela?
Tiene que participar todo el mundo. Nosotros lo hacemos aquí, con los médicos, para que luego los médicos en su consulta hagan esa labor. Yo doy en Madrid un curso de Ética para la ciudadanía para profesores de enseñanza media, parar que luego ellos puedan enseñar esto.

En el debate del aborto han entrado científicos apoyando posturas a favor y en contra…
Yo creo que a veces los científicos se pasan. Cuando se dice que la ciencia demuestra que desde el primer momento un embrión es un ser humano, yo creo que eso no es verdad y la ciencia no puede decir nada ni a favor ni en contra. La ciencia sabe lo que sabe, utiliza las técnicas que tiene y nada más. Y la cuestión no es una cuestión científica, es ética. Lo que me parece absolutamente incorrecto es que unos señores se atribuyan unas prerrogativas que no tienen y que digan «nosotros como científicos». Eso es incorrecto y no se puede decir y esos señores están utilizando la ciencia de un modo que no es correcto. Están manipulando a la gente.

Hay un trasfondo religioso en esos casos..
Están al servicio de creencias, que a mí las creencias me parecen muy respetables, pero no se puede parapetarte detrás de la ciencia para defender esas creencias, y decir a la gente que esas creencias son las que tienen que generalizarse. Eso es una manipulación de la opinión pública absolutamente incorrecta.

Esas creencias se filtran también en las opiniones de científicos que mantienen que la homosexualidad es una enfermedad…
Eso se mantuvo, pero le puedo asegurar que cada vez es más minoritaria la parte de la medicina que lo considera así. En general, en medicina nadie acepta ya que la homosexualidad es una enfermedad. De hecho no está en los catálogos de enfermedades. Hay gente que lo piensa, y alude a razones que no son científicias ni médicas, pero es claro que esa opinión es muy minoritaria.

Otro de los grandes temas para la bioética es la eutanasia ¿Cuál es su postura al respecto?
La bioética tiene como fin madurar las decisiones, deliberar para tomar decisiones prudentes. La bioética no quiere imponer nada, sólo quiere ayudar a reflexionar y que la gente sea responsable de las decisiones que toma. La eutanasia siempre será un curso extremo y antes de ese curso siempre hay que poner otros cursos que son menos lesivos, como la promoción del trato más adecuado a las personas que están en la fase terminal de la vida, un mejor control de síntomas, porque la medicina el síntoma dolor no lo ha manejado muy bien. La frase que dicen tanto los paliativistas «cuando una persona dice que quiere morir lo que está diciendo es que quiere vivir de otra manera» es importante. La eutanasia, se vea como se vea, siempre tendrá que convertirse en la máxima excepción, y la excepción nunca debe ser convertida en regla. La regla tiene que ser intentar dignificar la situación terminal de los pacientes, controlar bien los síntomas y ayudarles a que esas fases finales de la vida las vivan del modo más digno posible. Esto arreglaría la mayor parte de las situaciones y ésa es nuestra obligación primera.

Cuando dice que la medicina no ha manejado bien el síntoma dolor, ¿a qué se refiere?
Quiere decir que la medicina clásica ha considerado que el dolor es un síntoma de que algo no va bien en el organismo del paciente; que, por lo tanto, si siegas el dolor ese síntoma de aviso no lo tienes. Y los médicos siempre han tenido una gran prevención a anular el síntoma dolor porque luego les puede despistar. Les puede hacer no ver cosas que están pasando. Si a eso añade usted que el tratamiento de ciertos dolores exige la utilización de fármacos que pueden crear hábito o toxicomanía, la prevención por parte de los médicos ha sido todavía mayor. Y si a eso añade usted que hemos estado viviendo en una cultura con unas creencias en las cuales el dolor para mucha gente tiene un componente religioso, redentor o positivo, tiene usted tres factores que han hecho que el dolor se haya tratado mal. Esto está cambiando. El cambio que se ha estado produciendo en las últimas décadas es muy importante. Pero hay que partir del hecho de que el dolor se ha tratado muy mal y a las personas que han estado en situación terminal se les ha hecho vivir en un puro ¡ay! Eso no es correcto. Está claro que si colocamos a estas personas en unas situaciones muy complicadas es lógico que digan que quieren que las ayuden a morir. Porque realmente lo que están diciendo es «no quiero vivir así». Esto está cambiando de tal manera que este tema está promoviendo poner en práctica medidas que están haciendo mucho más humano el paso por esas fases terminales y está teniendo un efecto positivo. La situación ideal sería aquella que los pacientse estuvieran tan bien tratados que la eutanasia no fuera necesaria. Y ésa es la obligación nuestra.

¿Y las situaciones en las que no se trata de una fase terminal?
Hay casos en los que no se trata de una enfermedad terminal. Por ejemplo, el caso de Sampedro. Pero estamos en lo mismo, el objetivo es tratar todos los síntomas. No sólo se trata del dolor físico. En cuidados paliativos se habla de una cosa que es el dolor total, que no es sólo físico: es psicológico, es familiar, es social, es espiritual. Y frente al dolor total la estrategia es el control total, de tal modo que en los equipos de cuidados paliativos no hay sólo médicos, sino que hay pastores, está la familia…. Se intenta que por todos los medios, la situación del paciente sea la más confortable, la más digna. Probablemente con esto no se van a resolver todos lo problemas y habrá gente que seguirá pidiendo la eutanasia, casos como los de Sampedro. Pero si esto fuera así, quedaría reducida a lo que tiene que quedar reducida, a una cosa marginal.

http://elprogreso.galiciae.com/nova/29386.html

Sobre la tercera cultura

12.04.2009 – MANUEL MOLINA BOIX

La teoría sobre las dos culturas esbozada por J P Snow a mediados del pasado siglo ha ejercido una influencia capital sobre el discurso de la reciente filosofía de la ciencia. En ella venía a denunciar la tajante separación entre el saber de las ciencias experimentales -física, matemáticas y afines- centrado en hechos materiales comprobables y el de las humanidades enfocado hacia cuestiones del espíritu al que resulta imposible aplicar el método experimental de comprobación y refutación, de tal guisa que ambos seguirían rumbos paralelos sin atisbar puntos comunes de intersección a lo largo de su trayectoria. La mutua ignorancia e incomprensión de la que harían gala sus respectivos practicantes constituiría una lacra de consecuencias nefastas para el desarrollo del conocimiento humano global.
En coincidencia temporal con esta hipótesis se gestaron asimismo dos ideas con notable ascendiente sobre este debate. Por un lado la preocupación entre los científicos experimentales por las consecuencias de la aplicación práctica de sus trabajos. Por otro la progresiva asimilación generalizada del principio de autonomía del individuo de tal modo que se consideraba a éste, como ser libre, capacitado para decidir por si mismo en los asuntos que le concernían, en especial en todo lo referente a su cuerpo, en aplicación soberana de los derechos humanos fundamentales inalienables. Ideas que trasladadas a la práctica de la medicina, aunque no de modo exclusivo, entroncaron caminos hasta entonces divergentes plasmados en el concepto de la bioética. Elemento integrador superación del abismo entre culturas al reunir en su seno elementos de ambas. ¿La tercera? Si la medicina se sustenta sobre el pedestal de conocimientos de la física, la química y la pura biología tiene el añadido esencial de acontecer sobre una persona portadora de valores, con sus deseos y creencias en definitiva lo que se conoce como dignidad.
Bioética que no se trata de una profesión en el sentido convencional con un corpus doctrinal estructurado y prerrogativas académicas burocráticas como erróneamente se puede dar a entender por expertos interesados. Es mucho mas que una disciplina independiente o un manual de instrucciones a desempolvar para resolver conflictos basado en dos premisas fundamentales aceptadas por todos los que de un modo u otro se acercan a estas reflexiones: la laicidad y la interdisciplinariedad al implicar a científicos, legisladores, moralistas, filósofos, religiosos y a cualquier persona dispuesta a razonar teniendo presentes los hechos y valores de la persona.
De los fundamentos de la bioética nos ilustró hace poco con su habitual maestría docente la filósofa Victoria Camps en el curso de unas Jornadas Hospitalarias sobre esta cuestión. Abogó por analizar las dudas con mentalidad abierta, sin dogmatismos excluyentes. Enfatizó sobre la necesidad de formular preguntas y contemplar sin prejuicios las razones y los argumentos aportados por las partes en conflicto utilizando la sensatez con un método de raíces aristotélicas, la deliberación. En el bien entendido de que los resultados que se alcancen y propongan, por la propia naturaleza de los elementos encontrados, jamás dejarán satisfechas a todas las partes, pero en ese debatir juntos reside la grandeza y la servidumbre de este saber. Lo importante y necesario, lo civilizado, es el respeto hacia las opiniones y los valores del prójimo aunque no se compartan.

http://www.laverdad.es/murcia/prensa/20090412/opinion/sobre-tercera-cultura-20090412.html

Se presenta la Cátedra de Bioética Jérôme Lejeune

Estará dedicada a estudiar la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
REDACCION HO.- La Cátedra de Bioética Jérôme Lejeune, que estará dirigida por la doctora Mónica López Barahona, se presenta el próximo día 25 en Madrid.
Su objetivo es investigar los códigos de la vida desde el momento de la concepción. En sus cursos se tratará objetivamente el estado actual de la investigación con células troncales (células madre) y se analizará la legislación española respecto al inicio y final de la vida (aborto, fecundación in vitro, eutanasia).
Los cursos que impartirá la Cátedra de Bioética Jérôme Lejeune van dirigidos a todo aquel que desee recibir una formación básica en estas cuestiones que le permita discernir y argumentar sobre ellas, y su rigor científico no impedirá el empleo de un lenguaje cercano y accesible para todos.
Durante el año 2009 se impartirán cuatro cursos de formación en el ámbito de la Bioética, el primero de ellos a partir del próximo 30 de marzo.
Jérôme Lejeune fue el genetista que identificó la anomalía genética responsable del Síndrome de Down, descubrimiento del que se conmemora este año el 50 aniversario. Al acto de presentación, que estará presidido por Mons. Fisichella, asistirá la viuda de Jérôme Lejeune y el presidente de la Fundación Lejeune.

http://www.hazteoir.org/node/17970

Diálogo entre ciencia y religión

Por Dr. Ramón Couto Turnes
sábado 7 de marzo de 2009 3:42 COT

Mi formación científica y teológica me lleva a compartir la idea del Padre Javier Gafe, S.J., que como Licenciado en Biología, además de teólogo, podía expresarse con más rigor sobre el tema, cuando decía que “para hacer una buena bioética hay que partir de unos buenos datos científicos”.

San Anselmo decía que “sería una gran negligencia el no tratar de comprender aquello que creemos”. Lógicamente, y este santo lo conocía mejor que yo, sabemos por la teología que hay una parte del Misterio que está oculta y otra que está develada.

He observado demasiadas veces como muchos expertos en bioética han hecho de ella su religión, pero por otra parte muchos religiosos han querido llevarla a la época de la ortodoxia de antaño.

Thomas Samuel Kuhn dice que “la ciencia no crece por acumulación de contenidos, sino por cambios de paradigmas”, es decir, por conceptos totalmente nuevos en un determinado campo científico. Ello puede y debe implicar igualmente cambios teológicos. Esto lo hemos visto ya en el concepto teológico de la Creación en relación con el paradigma de la Teoría de la Evolución.

Es preciso que la Iglesia Ortodoxa Universal y el catolicismo en general atiendan con diligencia los “signos de los tiempos”. En estos momentos de globalización en que occidente abre sus puertas a un nuevo concepto religioso y en que las distintas jurisdicciones ortodoxas buscan hacer llegar al primer mundo su concepto teológico de la Fe y su manera de vivirla, es preciso que se rompa esa falta de intercomunicación entre ciencia y teología y se formen comisiones de expertos por ambos lados, para promover la enseñanza y el conocimiento científico entre los teólogos, de modo que, a la Luz de la Revelación se dé “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

La Iglesia ha de guardar, divulgar y mantener hasta el fin de los tiempos, el Mensaje del que ha sido depositaria. Y ahí teólogos y científicos vamos a coincidir y respetar pero, al mismo tiempo, como intérprete de “los signos de los tiempos” y, sin ignorar en todo momento el riesgo que conllevaría aceptar el conocimiento humano como algo definitivo, sería bueno y deseable una mayor permeabilidad de la teología y de la propia Iglesia a la influencia positiva de la ciencia, influencia que, también hay que decirlo, muchas veces se considera y actúa con un dogmatismo tal que parece poseer toda la razón y la regla suprema para hallar toda la verdad. Es más, existe el peligro de que confiados en exceso en la ciencia, ésta se crea autosuficiente y renuncie a la búsqueda de cosas más elevadas, perdiendo toda posibilidad de penetrar en las íntimas esencias de la existencia y de la vida.

Quizás haya aspectos bioéticos en los que una parte de la ciencia y la propia Iglesia tanto oriental como occidental, jamás podrán estar de acuerdo por atentar contra la misma esencia de la Naturaleza y del propio mensaje mesiánico, como seria la clonación humana, la manipulación genética, la eugenesia, etc. Sin embargo el cristiano de hoy debe saber vivir su Fe, sin desconocer el avance científico y debe saber que todo descubrimiento de la ciencia es una aportación a su Fe y nunca un impedimento, y que la investigación científica, el desarrollo y el progreso son manifestaciones del Espíritu, que es preciso aprovechar y poner al servicio de toda la humanidad.

Tenemos que ser conscientes de la imagen del cosmos que hoy nos presenta la ciencia, porque ese es el mismo que Dios ha creado. Por tanto, afirmar la Fe en el propio Creador es aceptar, reafirmar y compartir su Creación.

Los nuevos tiempos nos presentan problemas de dimensiones y alcance hasta ahora desconocidos. Ante ellos las viejas confrontaciones entre ciencia y Fe resultan irrelevantes y hasta inútiles. Cabe un punto de encuentro en donde Fe y ciencia se aportan mutuamente cuanto tienen de valor supremo.

Esta cosmovisión científica actual tiene un espacio y también un vacío que solo la teología puede completar. Por tanto científicos y teólogos están llamados a aprender unos de otros y a renovar el contexto en el que se hace la ciencia y en donde la Revelación Cristiana y la teología viva tienen un papel muy importante de aportación y sin interferencias.

http://www.equinoxio.org/?p=3440

Bioética: debate de la vida a raíz de los avances científicos

Publicado el 18/Febrero/2009 | 00:02

 

Entrevista a Miguel Ángel Sánchez

¿Quien es? Doctor . Profesor de reproducción asistida de la Universidad Compliutense de Madrid

¿Qué es la bioética?
Yo entiendo la bioética como un movimiento ciudadano que no propone soluciones tajantes ni fórmulas mágicas, sino que busca la deliberación, la participación y la conciencia.

¿Qué es lo que pone en tela de discusión?
Problemas nuevos que no sabemos muy bien cómo tratar, y que las nuevas ciencias de la vida han traído

¿Como cuáles?
Por ejemplo, las posibilidades de mantenimiento artificial de las funciones vitales, los estados vegetativos permanentes o la muerte digna.

¿Y aquellos relacionados con la creación de la vida?
También hay debate sobre el principio de la vida, y tiene que ver con la reproducción y con el uso de embiones.

Dentro de la discusión, ¿qué papel cumple la bioética?
La bioética tiene que hacer conocer estos problemas. Su primera labor es la de la información y la divulgación de ellos. Es una labor de siembra.

¿Ya se ha definido cuál es el límite de la ciencia?
Hay una tendencia a pensar que la ética esta para prohibir. No es eso. Está para examinar y para descubrir posibilidades.

¿Luego de la discusión?
Tras el debate, tenemos que encontrar las mejores formas de encausar nuestro poderío tecnológico.

¿A través de legislación?
Yo soy de los que entienden que la bioética es más un movimiento de conciencia y que el bioderecho es otra cosa.

Pero, ¿se necesitan leyes?
Tiene que haber leyes para ciertas cosas. Pero no para todas. Y solo con leyes no se resuelven los problemas.

¿Cuánto hay de ideología o de religión en este movimiento?
Este es un movimiento universalista, pluralista, no confesional, más bien laico.

¿Cuál es su paradigma?
Gran parte de la bioética tiene que ver con el pensamiento liberal, que tiende a dar al individuo el control sobre su propio cuerpo y a elegir su propia vida.

¿Cómo cuaja este pensamiento en la realidad?
Está en el origen de las nuevas normas que propone la bioética sobre el consentimiento informado y la participación del paciente en la toma de decisiones.

¿Qué opina sobre la muerte de Eluana Englaro?
Cada caso es distinto. Pero me parece que este caso ha estado demasiado influido por factores que no deberían tener tanto peso.

¿Como cuáles?
Factores políticos y religiosos que han intervenido, cuando, en realidad, quien debe tener la última palabra debe tender a ser el propio interesado o sus familiares directos. (AIV)

http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/bioetica-debate-de-la-vida-a-raiz-de-los-avances-cientificos-334550.html

«Todos los seres humanos aspiramos a vivir dignamente»

 09:22

Pablo Simón responde a las preguntas de los lectores. Ruiz de Almodóvar

Pablo Simón, experto en bioética y profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, ha respondido a todas las preguntas de los lectores. Consulte aquí sus respuestas íntegras.

LA OPINIÓN. – ¿No cree usted que se corre el riesgo, con todos los avances en genética, de que los gobiernos puedan tener acceso a crear seres humanos según sus conveniencias, aunque parezca aún cienca ficción?
– Muchísimas gracias por su pregunta. Mi opinión es que la tecnología no es buena o mala en sí. Lo que puede ser bueno o malo es el uso que se le dé. Pero para eso estamos los ciudadanos, para exigir, mediante nuestro voto u otras formas de participación, que los gobiernos hagan un buen uso de la tecnología. Un buen mecanismo, aunque no el único, es aprobar leyes que las regulen. Por ejemplo, en Europa y en España, está ya prohibido por ley que se creen embriones artificialmente sólo con el objetivo de investigar con ellos. También esta prohibida la clonación de seres humanos. Si alguien lo hace, sea a titulo privado o en el marco de una institución pública, estará cometiendo un delito. Fortalecer todos los mecanismos de control es una responsabilidad que todos los ciudadanos tenemos que asumir

– ¿Qué opinión le merece el doctor Montes del hospital de Leganés?

– Gracias por participar. El doctor Montes me parece un gran profesional que ha sido víctima de una estrategia de acoso y derribo fundamentalmente por causas políticas. Los dos Autos judiciales de archivo de las diligencias confirman que la actuación profesional fue totalmente correcta. El entonces Consejero de Sanidad de, la Comunidad de Madrid debía haber asumido sus responsabilidades al respecto. El no haberlo hecho me parece un acto de indignidad ética y política. Pero más allá del daño que se ha producido al Dr.Montes y sus compañeros, lo que me parece más terrible del caso es el daño que se ha hecho a los cuidados paliativos y, especialmente, a la práctica médica de la sedación paliativa. Se ha generado desconfianza hacia los profesionales, y estos se han sentido inseguros. La llamada Ley de Muerte Digna de Andalucía viene a tratar de restaurar la confianza respecto a esta práctica, dándole pleno respaldo jurídico.

– ¿A qué denomina exactamente usted muerte digna?

– Le agradezco enormemente que haga usted esta pregunta porque es verdad que la idea de «muerte digna» a veces no es muy clara. Trataré de decirle mi opinión. Es un concepto un poco filosófico. La idea de muerte digna debe estar vinculada a la de vida digna. Todos los seres humanos aspiramos a vivir dignamente, esto es, dando pleno sentido a nuestra biografía. Esto precisa que disfrutemos de una serie de condiciones que nos permitan desarrollar esto. Los contenidos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos pueden ser una buen listado de las cosas que nos hacen vivir dignamente. Bueno, pues en este sentido hablamos de muerte digna como de esa forma de muerte que nos permita concluir nuestra vida, cerrar nuestra biografía dándole sentido, sentido humano. ¿Qué contenidos tiene esta idea de muerte digna? Pues hay acuerdo yo diría que unánime en que significa morir con el mínimo sufrimiento físico, psicológico y espiritual que sea posible, morir acompañado de los seres queridos, morir dormido, sedado, si uno lo quiere, etc. Sólo hay un contenido sobre el que no hay acuerdo: si forma parte del ideal de muerte digna el derecho a que alguien ponga fin a mi vida cuando yo lo solicito. Este es el tema de la eutanasia y el suicidio asistido, algo que, por cierto, no regula la llamada «Ley de Muerte Digna de Andalucía».

– ¿Es ético estar en contra de la investigación con células madre que puedan evitar enfermedades como la diabetes o el parkinson?

– Muchísimas gracias por su pregunta. Yo creo que las personas puede expresar libremente sus opiniones en todas las materias mientras no ofendan a otros. También, sobre todo diría yo, se puede hacer en el campo de la ética. Yo creo que tenemos que aprender a convivir con la discrepancia y la controversia mientras se haga desde el respeto. La cuestión de las células madre es complicada, sobre todo si hablamos de células madre extraídas de embriones, por ejemplo de los embriones congelados sobrantes de los programas de fecundación in Vitro. Hay personas que consideran que los embriones son iguales a cualquiera de nosotros. Es decir, consideran que no hay ninguna diferencia entre un ovulo recién fecundado, un embrión de dos semanas, un feto de 4 meses de vida, un recién nacido, una niño de 7 años y una persona de 56 años. Esta es, por ejemplo, la postura de la Iglesia Católica. Para estas personas, extraer las células madres de los embriones, lo que implica su muerte, es algo inaceptable. Sin embargo no se oponen a que se investigue con células madre extraídas de personas adultas, por ejemplo de la médula ósea, algo que es posible pero quizás no tan sencillo y efectivo como extraerlas de embriones.
Yo no comparto esta opinión, porque creo que es difícil de etiquetar como personas a los embriones y no tengo problema a que se haga investigación con células madre extraidas de embriones congelados. Pero puedo entender los argumentos de los demás y los respeto.

– ¿Por qué Andalucía está a la cabeza en la investigación biogenética, se hacen centros como el Genyo del PTS y sin embargo, los hospitales están sin especialistas y cuando llega el verano el caos es total?

– Le agradezco mucho su pregunta y su participación en este chat. Creo que las dos cosas de las que habla son distintas. El problema de la falta de especialistas, de médicos en general, en los periodos vacacionales no es un problema exclusivo de Andalucía. Todas las Comunidades Autónomas lo tienen , es un problema nacional que tiene que ver con forma en la que se ha regulado el acceso a la carrera de medicina en este país en los últimos 25 años. Por tanto no es algo achacable, en primer lugar, a «mala gestión» por parte de la Consejería de Salud. Cualquier otro Gobierno, de cualquier otro partido, se vería enfrentado al mismo problema y con el mismo estrechísimo margen de maniobra. Por tanto, no se soluciona con dinero, es decir, quitando dinero del Genyo para contratar «más médicos». Sencillamente porque el problema principal es que no los hay.

– ¿Cómo se resuelve un conflicto ético en el campo de la salud? ¿Hay manuales de cabecera o algo parecido para ayudar a discernir lo que es ético y lo que no?

– Su pregunta me resulta especialmente interesante. Yo soy médico de familia, pero actualmente trabajo como profesor de Bioética. La Bioética es una disciplina que apareció en los Estados Unidos en 1970. Era una respuesta a la necesidad de buscar salida a la dificultad para afrontar los problemas morales del acelerado desarrollo de la tecnología médica en marcos de un pluralismo moral extremo: cirujano agnóstico republicano, médico judío demócrata, enfermera protestante, trabajadora social musulmana, paciente afroamericano, etc, etc. El objetivo era tratar de generar procedimientos que permitieran conciliar diferentes puntos de vista morales. Y desde entonces en esa línea se viene trabajando. Una de las herramientas de trabajo más importantes son los llamados «Comités de Ética». Son grupos formados por profesionales de diferente tipo (médicos, enfermeras, trabajadores sociales, etc) que tratan de ayudar a los profesionales y los pacientes a ponerse de acuerdo sobre lo que resulta más correcto hacer a la luz de una serie de principios éticos generales, por ejemplo, los derechos de los pacientes. Una de mis tareas principales en la Escuela Andaluza de Salud Pública es entrenar a los profesionales que forman parte de estos Comités en los hospitales y distritos sanitarios de Andalucía.

– ¿Tiene alguna explicación que se respete la objeción de conciencia en materias como el aborto o la píldora del día después y que, en el caso de la futura ley de la muerte digna no sea así?

– Muchísimas gracias por participar en este chat. Su pregunta es tan interesante como complicada. Trataré de explicarle cómo lo veo yo. No es que la llamada «Ley de Muerte Digna de Andalucía» no vaya a respetar la objeción de conciencia. Lo que se está debatiendo es si debe o no regularla explícitamente. Es decir, el debate consiste en decidir si es necesario o no incluir algún artículo que la contemple o dejarlo sin una regulación jurídica explícita, como está precisamente en los casos que usted dice. No hay ninguna ley en España, ni general ni autonómica, que regule la objeción de conciencia. Hay por lo tanto, en primer lugar, un problema de inseguridad jurídica: no hay ningún antecedente o modelo al que «agarrarse» para regular la objeción de conciencia en el caso de la «muerte digna». Uno de los motivos por los que no existe regulación jurídica de este tema es porque, en cierta manera, es contradictorio: regular por Ley el incumplimiento de la Ley. Parece un acertijo, una paradoja.
Yo creo que existe el «derecho a la objeción de conciencia» de los profesionales, pero eso es, ante todo, más que un derecho «jurídico» una actitud moral que debe ejercerse responsable y coherentemente. Y lo que es más importante, no es un derecho absoluto. Esto quiere decir que lo que no puede implicar es que, por respetarlo, se conculquen de forma sistemática los derechos de los pacientes. Como está sucediendo, por ejemplo, en los casos que usted comenta.

– Eutanasia activa y pasiva, limitación de esfuerzo terapéutico… ¿no son demasiados nombres para referirse a la misma cosa?

– El sustituir el nombre «eutanasia pasiva» por «limitación de esfuerzo terapéutico» es un intento de evitar que se confunda con la «eutanasia» de verdad, la que usted denomina «eutanasia activa». Es importante diferenciarla porque, así como la «eutanasia activa» es algo que hoy por hoy es un delito tipificado por el Código penal español, eso no sucede en el caso de la «limitación del esfuerzo terapéutico». Desde el punto de vista ético sucede algo parecido: la eutanasia «activa» es algo sobre lo que no existe acuerdo acerca de si está bien o mal y, sin embargo, sí existe un acuerdo bastante generalizado acerca de lo correcto de la «limitación del esfuerzo terapéutico». Llamar a ambas actuaciones «eutanasia» infunde confusión en mucha gente y puede generar el rechazo de actuaciones de los profesionales que son ética y jurídicamente correctas. En general hoy en día, en Bioética, tendemos a diferenciar cinco «escenarios» o situaciones diferentes en torno a la atención sanitaria al final de la vida: 1) eutanasia y suicidio asistido; 2) limitación del esfuerzo terapéutico; 3) rechazo de tratamiento; 4) sedación paliativa; 5) suspensión de la atención médica cuando el paciente entra en muerte cerebral. Sólo el primero de ellos está en discusión y es un delito. Los otros cuatro están aceptados y son los que trata de regular la llamada «Ley de Muerte Digna de Andalucía».

– ¿Cuál es su opinión sobre el reciente nacimiento de un niño para que con la sangre de su cordón umbilical se pueda salvar a su hermano?

– Gracias por su pregunta. Me parece una magnífica noticia. Creo que es un buen ejemplo de cómo las tecnologías médicas punteras, que a veces nos producen miedo o vértigo, pueden ser utilizadas para aumentar la vida y la salud. Hay personas que pueden considerar que, en este caso, se está utilizando a ese niño como un medio, como una mera mercancía para otro fin que no es él mismo, como es salvar la vida de su hermano. Pero yo no comparto esa opinión. Primero porque lo que ha permitido esta técnica es, en primer lugar, conseguir que nazca este niño sin la enfermedad hereditaria que padece la familia. Lo primero ha sido, por tanto, buscar al niño por sí mismo, pero libre de enfermedad. Luego, además, este niño podrá ayudar a que su hermano se salve. Me parece que esto último es un acto adicional de amor de sus padres hacia el niño enfermo y, estoy seguro, que el propio niño nacido sano así lo verá también en el futuro.

– El caso de Inmaculada Echevarría desató mucha polémica en su día. ¿Cree que la nueva ley impedirá que se den situaciones como esta?

– Gracias por su pregunta. Uno de las razones que en su día adujo la Consejera de Salud al explicar por qué iba a impulsar esta ley era precisamente evitar que situaciones como las del caso de Inmaculada pudieran volver a producirse. Lo mismo respecto al caso de las sedaciones de Leganés. Esta ley pretende dar seguridad jurídica tanto a los pacientes como a los profesionales a la hora de aceptar el rechazo de tratamiento por parte de los pacientes (Caso Inmaculada), la práctica de la sedación paliativa (Caso Leganés) y la limitación del esfuerzo terapéutico. Yo creo que va a ser una magnífica utilidad jurídica.

– ¿Es lo mismo muerte digna que eutanasia?

– Gracias por participar. Su pregunta es muy interesante y necesaria. La eutanasia es uno de los posibles contenidos del ideal de «muerte digna». En la eutanasia las personas piden voluntariamente que el profesional ponga fin a su vida administrándole alguna sustancia letal, porque su enfermedad le produce un sufrimiento inaguantable. Pero así cómo hay otros contenidos que en general son aceptados por todo el mundo, por todas las personas inclusive con convicciones morales o religiosas muy diferentes, éste contenido no es aceptado por todos. Es más, algunos colectivos, como la Iglesia Católica, rechazan totalmente que sean formas de «muerte digna». Los contenidos del ideal de «muerte digna» que sí son mayoritariamente aceptados son por ejemplo, éstos: Morir con el mínimo sufrimiento físico, psíquico o espiritual. Morir acompañado de los seres queridos. Morir bien informado si se desea y no en la mentira falsamente compasiva. Morir pudiendo rechazar los tratamientos que no se quieren. Morir habiéndolo preparado mediante un Testamento Vital. Morir en la intimidad personal y familiar. Morir sin que el profesional, con buena intención pero errado, se obstine en mantener tratamientos que ya no son útiles y sólo alargan el fin. Morir en casa si se puede. Morir dormido si uno lo solicita. Morir bien cuidado. Morir a tiempo. Morir en paz.

– ¿Qué le parece la película Mar Adentro, que se basó en la historia Ramón Sampedro?

– Gracias por su pregunta. Me parece una película bellísima, donde se relata de una forma muy sensible la historia de una persona muy valiente y a la que admiro mucho: Javier sampedro. Javier Bardem está, sencillamente, genial. Es, hoy por hoy, una de mis películas favoritas, que he visto varias veces y no me cansaré de ver. Lo único que ya critiqué en su día de esta película es que caricaturiza excesivamente a todos los que se oponían a la petición de Ramón Sampedro. Es tronchante, pero injusta y sesgada, la escena del sacerdote tetrapléjico, protagonizado por el inolvidable Jose María Pou. Hay aquí una carga ideológica al presentar los hechos que el inigualable director habría debido evitar, para dejar al espectador que sacara sus propias y personales conclusiones.

– Hola, soy Raúl, desde Armilla. ¿Las posturas ultraconservadoras religiosas se han convertido en la nueva «Inquisición», que como a Galileo, quisieron frenarle en sus investigación, en este caso, en reproducción asistida, genética, investigación de celulas-madre,…? ¿Vd. forma parte de esa «Inquisición»? Gracias.

– Gracias por participar. Yo creo que en este país tenemos todavía que aprender a aceptar las discrepancias en temas de moral. Esto es lo que llamamos pluralismo moral, algo típico de las sociedades liberales y democráticas en las que vivimos. Consiste en aceptar la libre concurrencia de todas las opiniones morales personales y colectivas en el espacio público, con el objeto de deliberar y consensuar los mínimos éticos y jurídicos que deben configurar dicho espacio como un marco de convivencia en paz y libertad. Dos requisitos formales debe cumplir cualquier posición moral particular para entrar en dicho debate. Uno es no ejercer ninguna forma de violencia para imponer su punto de vista, sino argumentar desde el respeto a los demás. Otro reconocer a todos los demás como interlocutores válidos en condiciones de simetría moral. Negar al otro la posibilidad de expresar su punto de vista moral cuando cumple las condiciones anteriores, aunque esté fundamentado religiosamente, es un acto de intolerancia. Negárselo, precisamente por estar fundado religiosamente, es un acto de dogmatismo moral. Es el mismo fundamentalismo que ha practicado durante siglos la Iglesia Católica oficial al negar a los no creyentes la posibilidad de ser interlocutores y actores de la vida moral, pero ahora de signo contrario. Por eso no apoyo ninguna «Inquisición», ni la de la Iglesia Católica, ni tampoco la de los que se sitúan exactamente en el polo opuesto. Y siempre lucharé contra ellas, contra toda forma de dogmatismo y autoritarismo, de derechas o de izquierdas, religioso o «agnóstico»?

– Hace unos meses hubo una polémica por la inclusión de los capellanes hospitalarios de la Comunidad de Madrid en comisiones éticas de los hospitales. ¿Cúal es la situación en Andalucía? ¿Intervienen sacerdotes o clérigos de otras religiones en los debates que pueden afectar a la salud de una persona? ¿Puede un paciente objetar a su presencia en estos comités? Gracias.

– Gracias por su pregunta. Es difícil de contestar porque es una cuestión compleja. No puedo decirle exactamente cuál es la situación en los Comités de Andalucía. No es algo definido en la regulación jurídica de los Comités, ni para apoyar ni para prohibir la presencia de sacerdotes. Por mi parte, como expreso en la Tribuna que le comento y cumpliendo las condiciones que ahí enuncio, yo no veo problema. Tampoco vería problema en que, si usted deseara consultar un Comité al que perteneciera un sacerdote, solicitara que en el debate de su caso no participara esta persona. En la Comisión autonómica de Ética e Investigación de Andalucía sí hay un sacerdote, el P. Francisco Alarcos que es profesor de Bioética en la Facultad de Teología de Granada y un gran defensor del pluralismo moral.

http://www.laopiniondegranada.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008101800_15_84004__ENTREVISTAS-GRANADA-Todos-seres-humanos-aspiramos-vivir-dignamente

 

“Las iglesias suelen utilizar muy mal los argumentos científicos”

Entrevista con Diego Gracia, doctor filósofo, médico y siquiatra

Diego Gracia Guillén, reconocido internacionalmente como una autoridad en la bioética, es titular de la cátedra de Historia de la Medicina en la Universidad Complutense de Madrid, desde 1979, y es académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina, donde ocupa el sillón 41, el de bioética. Nacido en Madrid en 1941, es heredero de una larga tradición de médicos humanistas, discípulo destacado de Xavier Zubiri y Laín Entralgo, y muy cercano a Ignacio Ellacuría. Dedicado a pensar el lado más humano de la medicina, ha encontrado en la bioética un puente para salvar la creciente grieta entre el progreso tecnológico y científico y la siempre más lenta reflexión sobre el ser humano. Esta entrevista, inédita, fue concedida durante su participación en el II Congreso Internacional de Filosofía Xavier Zubiri, desarrollado en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, del 21 al 24 de junio de 2005.

Élmer L. Menjívar / Colaborador
Fotografía tomada del sitio web
de la Real Academia Nacional de Medicina, España

cartas@elfaro.net
Publicada el 11 de agosto de 2008 – El Faro

Para Diego Gracia la vida es una realidad que no admite simplificaciones, por eso habla con la claridad de un científico, y entre citas de San Pablo, su pasión por la razón aflora cuando se trata de levantar y destruir argumentos. Habla de los debates más recios sobre la relación de la humanidad con la vida. El aborto, la eutanasia, la sexualidad humana y la obsesión por la salud son los temas en los que Gracia intenta argumentar con una finalidad clara, casi un dogma de su fe: “Hay que intentar hacer razonar a la gente. La gente cuando se vuelve razonable se vuelve muy tolerante”.

Alguna gente confunde la bioética con la ética médica.
La medicina en la tradición occidental, que comienza en Grecia con los médicos hipocráticos, ha tenido un cuerpo ético desde el principio. La bioética no tiene nada que ver con la ética médica. El término bioética apareció en 1970. Es un neologismo que introdujo en inglés un biólogo norteamericano (Van Rensselaer) Potter, que falleció en 2001. La bioética no es ética médica. La bioética es el intento de reflexionar sobre los problemas éticos que plantea el desarrollo de las ciencias biomédicas, la biología, la genética, la biología molecular, la ecología, es muchísimo más amplio. No es un nuevo nombre dado a la ética médica. Es, en el fondo, un nuevo modo de plantearse las cuestiones morales, que tiene que ver con el futuro de la vida, con las nuevas generaciones, con el medio ambiente, con los animales, con los seres humanos, con la investigación…

Este es Diego Gracia
  • Licenciado en Medicina y Cirugía (1970) 
  • Premio Extraordinario de Licenciatura (1970) 
  • Doctor en Medicina (1973) 
  • Diplomado en Psicología Clínica (1968) 
  • Especialista en Psiquiatría (1974) 
  • Colaborador Científico por oposición del CSIC (1974), en situación de excedencia voluntaria desde el año 1978. 
  • Profesor Agregado de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (1978) 
  • Catedrático de Historia de la Medicina de la Universidad Complutense de Madrid (1979) 
  • Director del Departamento de Historia de la Medicina (1978-1983) 
  • Director del Departamento de Salud Pública e Historia de la Ciencia (1989-1994; 1998-2002) 
  • Director del Master en Bioética de la Universidad Complutense de Madrid (1988-) 
  • Director del Seminario X. Zubiri de la Fundación Banco Urquijo (1972-1988). 
  • Director de la Fundación Xavier Zubiri (1988-) 
  • Académico de Número de la Real Academia Nacional de Medicina de Madrid (1989-)
  • Académico de número de la Academia de Medicina de Santiago de Chile (2001-) 
  • Profesor honorario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (1997). 
  • Miembro del Comité Directivo de la Asociación Internacional de Bioética (1992-1995) 
  • Miembro del Consejo Asesor de Sanidad del Ministerio de Sanidad y Consumo (1993-2000) 
  • Miembro del Patronato de la Fundación de Ciencias de la Salud (1990-2003) y Presidente del mismo (2003-) 
  • Miembro de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida del Ministerio de Sanidad y Consumo 
  • Presidente de Comité de Bioética de Castilla y León, creado por Decreto 108/2002, de 12 de septiembre (BOCyL nº 181, de 18 de septiembre de 2002, p. 12121). 
  • Consultor de la Oficina Panamericana de Salud (1997-)
  • Miembro del Comité Científico de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (2003) 
  • Premio Van Rensselaer Potter de la Federación Latinoamericana de Bioética (2003) 
  • Miembro de la World Commission on the Ethics of Scientific Knowledge and Technology (COMEST) de la Unesco (2004-2007) 
  • Vocal del Consejo Rector del Centro Nacional de Trasplantes y Medicina Regenerativa  
  • Profesor de Humanidades Médicas en la Universidad Carlos III de Madrid. 
  • Profesor del European Bioethics Course de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nimega (Holanda). 
  • Miembro del Core Group del European Master in Bioethics (1999-2000) 
  • Académico Correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz (30 de mayo de 2002) 
  • Doctor Honoris Causa de la Universidad de San Marcos de Lima (2003) 

Vista así, la bioética es una necesidad reciente
Claro, es una necesidad reciente que tiene que ver con varias razones. Una  de ellas tiene que ver con la gran explosión tecnológica que se ha producido en la biología y la medicina en los último 40 años. Por ejemplo, la ingeniería genética: el hecho de que los seres humanos podamos ahora manipular la vida, cosa que nunca había sido posible, es un arma tremenda de doble filo que inmediatamente plantea el problema de si eso que ahora técnicamente se puede hacer, se debe hacer, y en qué condiciones. Sería la relación entre lo que se puede hacer y lo que se debe hacer: No todo lo que es técnicamente posible es éticamente correcto. Pero eso no solo para los médicos, sino también para los ingenieros, los políticos, los investigadores, los ecólogos.

Los aportes de todas estas ciencias que usted menciona están cambiando el concepto de persona, de vida, de humanidad…
Los desarrollos de la biología influyen también en la filosofía. El concepto de persona es un concepto filosófico, no es científico, evidentemente. Pero lo que sí es claro es que los desarrollos científicos obligan a replantear muchos conceptos filosóficos. Eso es igual a lo que pasó a principios del siglo XX con los descubrimientos de la física: la física nuclear y la teoría de la relatividad obligaron a la filosofía a replantearse los conceptos del espacio y del tiempo. La mecánica cuántica replanteó el tema de la materia. Y, claro, el espacio, el tiempo y la materia son conceptos filosóficos, pero no pueden elaborarse con independencia de los datos de la física. Pues aquí sucede lo mismo, el desarrollo de la biología ha hecho que los nuevos datos biológicos tengan que ser tenidos en cuenta en la discusión filosófica. No es que ellos van a resolver el tema, lo tiene que resolver la filosofía, pero la filosofía tiene que tener en cuenta esos datos.

¿Podría comentarnos alguno de los datos científicos recientes a los que se refiere?
Por ejemplo, en el tema del desarrollo del embrión. Sabrá usted que en esto hay una polémica enorme, y que hay dos actitudes. Todo el mundo opina sobre esto, pero no todo el mundo tiene los datos biológicos auténticamente actualizados. La mayor parte de los biólogos lo que piensan es que la información de los genes —que es la información que se transmite con las dos células germinales al óvulo fecundado, que, por tanto está en el llamado cigoto, el embrión— no es toda la información que se necesita para que salga un ser vivo. Se necesita una enorme cantidad de interacciones del medio, de la madre… es una gran cantidad de interacciones. Y solo la interacción de todo eso acaba dando de sí una realidad que llamamos un ser vivo. Dicho de otra manera: un perro no es igual a los genes de un perro.
Los genes de un perro y un perro no son lo mismo. Y con los genes de un perro no sale un perro.

Esas ideas son parte del debate sobre el aborto.

Todo esto es crucial en el tema del aborto. La sociedad está dividida en este tema porque no solo influyen razones científicas, sino creencias también, y todo eso es respetable. Pero desde luego, lo que está claro es que en este momento no es posible pensar como mucha gente piensa: “Todo señor que no acepta que desde el primer momento el embrión es persona o un ser humano, o es tonto, o es un malvado”. Eso no es verdad. La sociedad está dividida y cuando eso pasa y cada uno cree que tiene razones de peso para defender la postura que defiende, lo que hay que hacer es respetar las posturas y no tratar de criminalizar a ninguna. A nadie le obligan a abortar pero tampoco está claro que los antiabortistas puedan obligar a los demás a no abortar.

Es un debate muy complejo por los actores que están involucrados.
Mire usted, en este momento, en el tema del aborto, el debate fundamental no es un debate dentro de las ciencias, es un debate entre ciencia y religión. Esto ya pasó en el siglo XIX con el evolucionismo y otros temas, que son debates que al final acaban resolviéndose. La Iglesia perdió el debate del tema del evolucionismo, después de estar anatematizando por décadas y décadas a los que defendían el evolucionismo. Aquí pasa un poco lo mismo. El debate del aborto es entre la gente que se dedica a este tema en el orden científico y la Iglesia, o las iglesias, que toman posturas muy numantinas, muy a la defensiva. Hay un autor norteamericano, (Richard) Rorty (1931), que dice que las guerras del aborto son las nuevas guerras de religión. No se puede ver el tema del aborto como una guerra científica, sino como una guerra de religión.

¿Científicamente ya está resuelto el tema del aborto?
No es que esté resuelto. Sigue habiendo científicos que opinan de ciertas maneras, pero el gran disenso no se produce dentro de las ciencias, sino que se produce entre ciencia y religión. Ahí, el futuro dirá. Yo creo que los datos de la ciencia van a ser cada vez más apabullantes a favor de la idea de que en el primer momento no puede considerarse que esté toda la información necesaria y suficiente para que surja un nuevo ser y que, por tanto, la aparición de un nuevo ser, que pueda considerarse una persona, necesita de espacio y de tiempo, un proceso constituyente, y luego, una vez constituido, se puede hablar de que es una persona. Pero la idea de que es una persona desde el primer momento irá perdiendo adeptos, ya ha perdido muchísimos, pero irá perdiendo más.

¿Y dónde se ubica el argumento de que en el primer momento, si bien no es una persona constituida, sí es una persona en potencia?
Eso ya es pura filosofía, son conceptos aristotélicos. Además, se entienden tan mal, incluso dentro de la apelación al mismo pensamiento de Aristóteles. En Aristóteles, y en la tradición escolástica, la potencia es siempre potencia de una sustancia, de una realidad ya constituida. Un grano de trigo tiene la potencia de ser una espiga, por tanto, hay una realidad ya constituida que tiene cualidades en potencia que luego se convierten en acto. Pero aquí estamos frente a una cosa distinta. Por ejemplo, un espermatozoide y un óvulo no son un cigoto en potencia, porque no han constituido una sustancia. ¿Qué quiero decir con esto? Que hay que distinguir lo que es potencia y lo que es posibilidad, es decir, antes de que se constituya una realidad los elementos que van a formar parte de ella tienen la posibilidad de ser esa realidad. Así, un espermatozoide y un óvulo no son un cigoto en potencia, porque no han constituido una sustancia, tienen la posibilidad de juntarse y formar un cigoto, pero no son un cigoto en potencia.

La tesis es que, si hay un proceso constituyente, una vez constituida esa realidad, sí que hay cualidades en potencia, pero antes no tiene sentido hablar de que hay un ser humano en potencia. Existe la posibilidad. Todo depende de que las informaciones que van a ser necesarias para que se constituya esa realidad entren en contacto entre sí, o no, y eso dependerá de otras cosas más allá de la voluntad del ser humano.

Otro punto que se discute es el aborto por deformaciones genéticas o por violación…
Las leyes del aborto son de dos tipos. Hay unas leyes que se llaman de plazos, y otras que se llaman de indicación. Las leyes de indicación admiten tres o cuatro indicaciones. Una indicación que admite todo derecho es la indicación de grave daño para la salud física de la madre, es decir, en caso de incompatibilidad entre la vida de la madre y la vida del niño, en general se admite la posibilidad del aborto, eso es tradicional, es antes de las leyes del aborto, se ha admitido en muchas legislaciones. Esa es la indicación médica.

La ley española, por ejemplo, admite dos indicaciones más. Una de ellas es la que se llama indicación moral: en caso de violación. Cuando a una persona la han violado tiene un periodo, que es de muy pocas semanas, porque uno se da cuenta de que lo han violado en seguida y no hay que esperar mucho, se admite el aborto en esas semanas. Esas semanas son un periodo absolutamente temprano, que no hay ni anidación, y en esa etapa es muy difícil hablar de aborto. En obstetricia y ginecología se entiende por aborto cuando se trata de un feto implantado, lo que sucede a las dos semanas. Últimamente se habla de aborto indiscriminadamente, pero médicamente no tiene sentido antes de las dos semanas. Luego hay otra indicación, la eugenésica, el aborto indicado por grave malformación en la estructura del feto, que tiene también un periodo.

Hay una cuarta indicación, esa no está en la española, que es la llamada indicación socioeconómica.  Es cuando un embarazo puede suponer un grave daño para la estabilidad económica y social de la familia.
Luego están las leyes de plazos. La ley norteamericana admite que durante el primer trimestre la mujeres no tienen que exponer ninguna condición, con tal de que lo pidan ellas mismas, y que se sometan a una reflexión para determinar que no es un capricho, y se les da apoyo sicológico para ver si se puede evitar de alguna manera. Porque lo que está claro es que para todo el mundo el aborto es algo negativo que debería evitarse los más posible.

Libros
  • Persona y Enfermedad. Una contribución a la Historia y Teoría de la Antropología Médica, Madrid, Universidad Complutense, 1973. 
  • Teología y Medicina en la obra de Miguel Servet. Villanueva de Sijena, Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet, 1981; 2ª ed., 2004. 
  • Ética de la calidad de vida. Madrid, Fundación Santa María, 1984. 
  • Voluntad de Verdad: Para leer a Zubiri, Barcelona, Editorial Labor, 1986. 
  • Fundamentos de Bioética, Madrid, Eudema, 1989. 
  • Primum non nocere: El principio de no-maleficencia como fundamento de la ética médica, Madrid, Real Academia Nacional de Medicina, 1990. 
  • Introducción a la Bioética. Bogotá, El Búho, 1991. 
  • Procedimientos de decisión en ética clínica. Madrid, Eudema, 1991. 
  • Ética y vida: Estudios de bioética. Vol. 1: Fundamentación de la bioética. Vol. 2: Bioética clínica. Vol. 3: Ética de los confines de la vida. Vol. 4: Profesión, investigación, justicia sanitaria. Bogotá, El Búho, 1998. 
  • Como arqueros al blanco: Estudios de bioética: 1998-2002. Madrid, Triacastela, 2004. 
  • La deliberación moral. Madrid, Triacastela (en preparación)

¿Hay un momento a partir del cual se pueda hablar de ser humano?
No es nada fácil establecer el momento, pero en cualquier caso, el momento no es muy temprano, pasa bastante tiempo y, desde luego, antes que los órganos fundamentales que son esenciales para la vida no están constituidos, difícilmente se puede decir que se ha logrado esa suficiencia constitucional, término de Zubiri, para poder decir que hay un ser humano en acto.

¿Cómo retoman estos detalles académicos las leyes?
Muchas leyes del aborto —por ejemplo la ley española— son bastante protectoras. Probablemente se quedan antes de esa posible fecha, que en cualquier caso es un tema muy discutido, pero no parece que sea muy pronto que el embrión tiene esa  autonomía y suficiencia biológica para considerarse ya constituido y por tanto sujeto a la condición total de ser humano.

¿Pero cuál es el tiempo en el que más acuerdo existe?
Hay muchas posturas. Desde luego, no desde antes de la anidación, que es al final de las dos semanas. Hay otra teoría, mucha más defendida, que es al final del periodo embrionario, que acaba cuando termina algo que en embriología se llama organogénesis primaria y eso está entre la octava y la novena semana. Es más o menos entre dos y tres meses. Y luego hay autores que dicen que eso no puede lograrse hasta que no se logra una cierta madurez del sistema nervioso que es bastante más tarde.

Hay un axioma religioso que dice: «Solo Dios da la vida y nadie más  puede quitar».
Ese axioma habría que replanteárselo. Empezando por ver qué se entiende por vida, porque hay una vida que es la vida biológica, donde uno se muere cuando deja de latirle el corazón. Pero la vida tiene otros sentidos, por ejemplo, la vida tiene un sentido biográfico. La vida es el argumento que todos vamos escribiendo a lo largo del tiempo. Como decía Ortega y Gasset, todos somos los novelistas de nuestra propia vida. Una novela o una biografía que acaba. La vida es una realidad con argumento, hay que vivirla humanamente. Hay muchas personas mayores que su vida biográfica ha acabado, que dicen: “Si yo ya en esta vida ya he acabado, ya hasta que quiera Dios”. Eso lo decía mi madre. Habría que decir que su vida biológica se prolonga más allá de su vida biográfica.

Así como el principio de la vida, el final también es tema espinoso cuando se habla de la eutanasia.
Hay personas en las que el final de la vida biográfica no solamente se acaba porque ellos crean que se ha acabado, sino porque han perdido su capacidad intelectiva —como pasa en las demencias, en el Alzheimer muy evolucionado—. Esta gente, ¿está viva o no está viva? ¿Eestá humanamente viva o no está humanamente viva? ¿Tenemos las mismas obligaciones con esas personas que tenemos con los niños que hay en la calle? Ahí hay un problema.

Por otra parte, ¿pueden disponer los seres humanos de su muerte? ¿Puede uno decir “Si yo me encuentro en esas condiciones no quiero que se utilicen conmigo medios extraordinarios” o no? Se podrá decir lo que se quiera, pero la humanidad, a veces relativamente sensata, entiende que esas situaciones no son parangonables y que por tanto hay que aceptar que en esas situaciones los seres humanos puedan disponer sobre su vida y decir que no quieren más. También hay que tener en cuenta que las obligaciones morales dependen de la condición de las personas. Tenemos muchas más obligaciones morales con las personas que tienen enfermedades y condiciones sociales que los matan prematuramente, que con aquellas personas que consideran que ya han hecho todo lo que han hecho en la vida.

¿Calidad de vida?
No había querido introducir el tema porque es un poco complicado, pero podemos hacerlo. Se puede definir de varias maneras. De forma subjetiva, mi vida, y depende de los valores que uno tiene. El médico puede considerar que yo tengo una calidad de vida para seguir viviendo, puedo tener un Altheimer prolongado pero me cuidan bien y dice que mi calidad de vida es bueno, pero yo mismo no puedo considerar que no es buena. Una cosa que deteriora mucho la calidad de vida —eso en las personas cultas— es el hecho de depender de los demás, que le tengan que cuidar y ser una carga para los demás.
 

Otras publicaciones

Colaboración en más de 40 libros, de los cuales en varios he sido editor.  Ha publicado más de 150 artículos en revistas especializadas. Miembro del Consejo Editorial de las revistas:

  • Theoretical Medicine
  • Medical Humanities Review
  • Medicine, Health Care and Philosophy
  • NTM-Zeitschrift für Geschichte und Ethik der Naturwissenschaften, Technik und Medizin
  • Medicina Clínica
  • Revista Española de Salud Pública

Ha sido director de Investigación Clínica y Bioética.

Usted menciona a menudo la obsesión por la salud en esta época.
La cultura actual es una cultura basada en la salud, la religión ha perdido mucho de su fuerza, y lo que era antes la salvación se ha trasladado a la salud. De tal manera que estamos todo el tiempo pendientes de la salud y cuidando nuestra salud. Pero el cultivo obsesivo de la salud y la búsqueda obsesiva del bienestar produce malestar. Es decir, si yo me preocupo mucho por estar bien, esa misma preocupación me hace estar mal. Esto está promovido por muchas cosas, hay muchas empresas que tienen mucho interés en obsesionarnos con esto para que compremos cremas y paguemos cosas. La industria de la salud es una industria muy floreciente. La salud hay que gestionarla prudentemente, la prudencia es lo contrario de la obsesión, en el fondo si llegamos a tener un promedio de vida de 80 años y con una calidad de vida bastante buena, pues tendríamos que dar con un canto en los dientes porque somos la primera generación en toda la historia de la humanidad que tenemos esta fortuna. Pero la gente no está contenta, quiere más, a ver si en vez de 80, son 120, y además sin arrugas y me pongo pelo cuando me quede calvo.

¿En el fondo será no querer enfrentar la muerte?
Yo creo que hay que aprender a disfrutar de la vida y la salud pero razonablemente. Hay que saber que la vida tiene término y que uno tiene que envejecer y que vamos perdiendo fuerzas y que se va a morir y no tratar de ocultar estas dimensiones negativas que, al ocultarlas, se van al inconsciente y están ahí generando angustia. Es no querer enfrentar fantasmas. La muerte evidentemente genera angustias, pero ocultarla genera más angustia, y es irracional porque estamos luchando contra un fantasma que es conseguir una vida indefinida, una juventud eterna, y eso se volverá contra nosotros.
 
Otro tema que divide a la sociedad es la homosexualidad, y la ciencia y las iglesias también son debatientes enfrentados.
Las iglesias siempre actúan de la misma manera: consideran que la naturaleza ha creado solo dos sexos y eso no está nada claro. Las iglesias suelen utilizar muy mal los argumentos científicos. ¿Cómo se define un hombre y cómo se define una mujer? No está nada claro. En biología se distinguen los caracteres sexuales en cuatro niveles. Los caracteres primarios, que son los genitales; los secundarios, que son endocrinos; los terciarios, que son ciertas características morfológicas derivadas de lo anterior, y unos caracteres sexuales cuaternarios, que son sicológicos.

Todos esos niveles son realmente ambiguos. Por ejemplo, en la Olimpíada de Barcelona a mí se me planteó una cuestión. Hay que hacer correr en atletismo a los hombres con los hombres y a las mujeres con las mujeres. ¿A quién ponemos del lado de los hombres y a quién del lado de las mujeres? Lo que se les hace es un análisis genético: si tienen cromosomas XX sería hembra y si tiene XY sería varón. Es bien sabido que para ganar una prueba atlética lo más importante no es tener los genes masculino o femeninos, sino el nivel de andróginos, que son caracteres sexuales pero no primarios. Hay gente que tiene los genes femeninos pero produce una gran cantidad de hormonas masculinas. Hay una cosa que se llama testículo feminizado y que está en algunas mujeres. ¿Con quién tiene que correr, con los hombres o con las mujeres? Pues corren con las mujeres y son las que ganan las carreras. Pero esas señoras, endocrinamente, son hombres.
Todo esto es para decirte que yo creo que se simplifican las cosas, y pensar que la homosexualidad es una perversión moral es una teoría que mantiene cierta gente, pero eso no es verdad, es una cosa mucho más complicada  y, curiosamente, no está tan claro qué es eso de ser un hombre y una mujer.

Claro que hay cuestiones intermedias, y hay mezclas, y la homosexualidad se da en la naturaleza, en los humanos y se da en los animales, es decir que esto no es matemático, que somos el resultado de la evolución biológica, no es que Dios haya creado, como dice la Biblia, por aquí a los hombres y por allá a las mujeres, no es así, es mucho más complicado.
 
¿Hay alguna esperanza de que las iglesias u otros actores que configuran la mentalidad de la sociedad quieran y tengan acceso a esta información para reconsiderar todos estos conceptos y discutirlos racionalmente?
Yo le diré cómo actúo yo. Yo no confío mucho en que los que no quieren oír oigan, pero sí estoy convencido de que hay que trabajar dando argumentos y tratando de educar a la gente como si fueran a escuchar. Creo que no hay que perder la esperanza, como decía San Pablo: “Hay que esperar contra toda esperanza”. Y esa es la función, hay que intentar hacer razonar a la gente. La gente, cuando se vuelve razonable, se vuelve muy tolerante, porque la realidad es muy compleja, y los intolerantes suelen serlo porque no son capaces de ver la complejidad de la realidad, creen que lo tienen todo muy claro, y eso porque todo lo simplifican, nada más por eso.

http://www.elfaro.net/secciones/Noticias/20080811/noticias2_20080811.asp

El debate sobre la eutanasia y el aborto entra de lleno en la Universidad CEU

Tras la sonada aparición del controvertido doctor Montes en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, otras instituciones han cogido el guante para exponer nuevas argumentaciones que planten cara a las posiciones más progresistas que atañen a la eutanasia, el aborto y a la bioética. En Madrid, la Universidad CEU ha invitado a varios reputados intelectuales y científicos para ofrecer sus puntos de vista al respecto en el curso de verano ‘Conflictos en Bioética’.

F. Gómez
Redacción Aprendemas
22/07/2008

Ya lo dejó claro el PSOE durante la campaña electoral y, más tarde -durante el reciente congreso del partido-, se planteó de manera mucho más abierta. El caso es que parece que la Eutanasia va a entrar de lleno entre los asuntos a tratar -con vistas a que tome cuerpo legal- por el gobierno socialista en la presente legislatura, es de esperar, cuando se disipen los nubarrones de la crisis económica, o quizá mientras. De momento el tema viene caliente en la programación estival de este año en muchas universidades españolas y lo cierto es que está dando mucho que hablar y discutir.

Y quién mejor para abrir el debate que el doctor Montes, el famoso doctor de las sedaciones en el Hospital Severo Ochoa de Madrid (¿mala praxis?). La verdad es que cesado jefe de servicio de urgencias de dicho hospital no ha tardado de encontrar actividad en la que ocupar su tiempo. Ha sido, nada menos, que el director de un concurrido curso de la Menéndez Pelayo en su sede de Santander, el cual, muy a propósito fue titulado ‘Muerte digna, asistencia ante la muerte’. Ahí estuvo en la apertura para plantear ante lo medios y la sociedad un debate decidido sobre la Eutanasia y, más allá, una consulta popular al respecto.

No ha pasado una semana para que una universidad vinculada a la iglesia haya cogido el guante para dar su opinión y argumentos sobre este asunto y sobre otros temas cercanos, asuntos, todos ellos, de enorme calado ético como el aborto o la investigación con embriones.

Concretamente, cita tan señalada se ha llevado a cabo en Madrid en la Universidad CEU Cardenal Herrera bajo el título ‘Conflictos en Bioética’. Varias ponencias y mesas redondas la pasada semana reunieron a Ángela Aparisi Miralles -directora del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Navarra y observadora del Comité de Bioética de la UNESCO-, José Miguel Serrano Ruiz-Calderón -profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Academia Vaticana Pro Vita- César Casimiro Elena -profesor de Bioética del CEU Cardenal Herrera de Elche-. El tema a tratar por estos cuatro prestigiosos docentes fue el de los derechos humanos y los límites que se deben imponer a la investigación desde una perspectiva cristiana.

Los tres expertos basaron la argumentación de la mesa redonda en el concepto de dignidad. Para el profesor Serrano, en la actualidad, “hay un ataque al concepto de dignidad, entendida como principio jurídico referente fundamental para mantener la protección del ser humano y del sistema democrático”. “La dignidad es la contraposición al totalitarismo como concepto que defiende a la persona. No se le puede dar otro sentido a la dignidad”, afirmó. Por ello, el profesor de la Complutense recordó que, en casos como la eutanasia, “no se puede dejar al Estado y mucho menos a un individuo particular, la potestad de decidir quién es digno y quién no”.

Por su parte, la profesora Aparisi explicó que todos los países del mundo se muestran partidarios de defender la dignidad humana, pero no hay una postura común a causa de la ‘ideologización’ del propio concepto que hace que, al final, “acabe eliminado el sentido de la dignidad”. La profesora recordó que “el ser humano es insustituible, los hombres no son fines subjetivos sino objetivos, ya que nuestro valor no se mide sino que valemos por el mero hecho de ser miembros de la raza humana”.

La profesora Aparisi aseguró que “el desarrollo actual de la bioética niega la universalidad, un aspecto básico de los derechos humanos”. Aparisi sostiene esta afirmación porque en la actualidad “no se considera con los mismos derechos al ser humano en sus etapas débiles”.La eutanasia y el aborto “se presentan como medidas progresistas pero en realidad son todo lo contrario, ya que restringen derechos a los más desprotegidos: embriones, minusválidos, ancianos o niños con malformaciones” añadió. Para Aparisi, “ésta es una visión utilitarista de la persona, que exalta la cultura de los derechos humanos pero niega la universalidad de los mismos, por discriminar a los más débiles”.

Objeción de conciencia en la rama sanitaria

Carlos Pérez del Valle, en otra mesa redonda, abordó el tema de la objeción de conciencia en la rama sanitaria. Este Catedrático de Derecho Penal de la Universitat Abat Oliba CEU puso en tela de juicio la constitucionalidad de la ley de plazos dado que este sistema que permite el aborto libre durante las primeras semanas de gestación, “no reconoce el derecho a la vida del feto” y, por lo tanto, es anticonstitucional en virtud del artículo 15 de la Constitución por el que se reconoce que “todos tienen derecho a la vida”.

La mesa redonda estuvo dirigida por el profesor de Bioética y Filosofía Moral del CEU Cardenal Herrera Aquilino Cayuela. Cayuela destacó que el republicanismo cívico inspirado por Philip Petit, sobre el que se basa el fundamento ideológico del actual gobierno socialista, “se enfrenta al concepto democrático-liberal de libertad, que implica la no injerencia del Estado y su gobierno en la vida de los ciudadanos”. Para el republicanismo cívico, explicó Cayuela, “la libertad consiste en que nadie sea dominado por otro arbitrariamente, hecho que da pie a la injerencia por parte de la comunidad política, del gobierno, en los ámbitos propios de la sociedad civil”. El profesor del CEU Cardenal Herrera ha calificado de “inquietante“ la declaración de intenciones del PSOE en su congreso de la pasada semana, de intervenir en asuntos como la libertad religiosa o el paso de una despenalización del aborto en ciertos supuestos, a una ley de plazos.

En la mesa redonda participó también el doctor José Hernández Yago, jefe del laboratorio de Organización Celular del Centro de Investigación Príncipe Felipe. En declaraciones de Hernández Yago, “la objeción es el instrumento de los ciudadanos para garantizar sus derechos frente a la intromisión del Estado en la esfera de su vida privada. Si el Estado no invadiera estas áreas individuales, la objeción no sería necesaria”. Y ha añadido que “la objeción de conciencia puede no llegar a tener sentido cuando la sociedad completa está dirigida hacia una conciencia única de carácter mayoritario, sin tener en cuenta a las minorías”.

Pérez del Valle coincidió con su compañero de mesa y añadió que “esa intromisión se da también en el campo de la Medicina”. Ante situaciones en que se plantea la objeción de conciencia, el profesor defendió que el Estado tiene la obligación de prever alternativas, y así “se debe dar opciones a los profesionales que no desean realizar abortos, sin que ello afecte a sus puestos de trabajo”. Por otra parte, a la hora de plantear la posibilidad de realizar un aborto, el catedrático en Derecho Penal afirmó que “en algunos casos, no existe un nivel de información suficiente para la madre, se le da información sesgada o de una manera inadecuada por parte del profesional”.

Sobre la investigación y los conceptos de pre-embrión en Biomedicina, el doctor Hernández Yago afirmó que “es una falacia hablar de pre-embrión, ya que es un término inventado para quitarle entidad humana a los que es un ser humano desde la primera célula resultante de la fecundación”. Hernández Yago precisó que antes de 1990 no existía en la literatura médica el término pre-embrión, “una palabra inventada para justificar determinadas prácticas sobre el concebido no nacido, en sus primeros catorce días de vida”.

http://www.aprendemas.com/Noticias/DetalleNoticia.asp?Noticia=3779

Ángela Aparisi: «La Bioética actual niega en muchos casos la universalidad de los derechos humanos»

Ángela Aparisi, directora del Instituto de Derechos Humanos y del Departamento de Filosofía del Derecho de la Universidad de Navarra, ha afirmado que la Bioética actual «niega en muchos casos un aspecto que ha sido básico y fundamental en la concepción de los derechos humanos: la universalidad».
E.M. Valencia 17/07/2008
A su juicio, coexisten diversas visiones sobre estos derechos, pero la basada en el principio de la dignidad ontológica, que recoge que todo ser humano merece un respeto incondicional porque es un fin en sí mismo, «es negada, sobre todo en las etapas en las que el ser humano es más vulnerable».

La especialista cree que resulta paradójico que la Bioética se presente en muchas ocasiones bajo un signo progresista, cuando propugna lo contrario. «Es un pena que, por un lado se vea un discurso que exalta la cultura de los derechos humanos, y por otro en el ámbito práctico se niega su universidad y se difunde la discriminación contra los vulnerables». Los segmentos más amenazados son «los seres humanos en sus primeras etapas de desarrollo y los creados in vitro», además de los que niños con malformaciones y las personas en el final de su vida, en vista de las propuestas para legalizar la eutanasia.

Según la ponente, existe en la actualidad una influencia muy importante del ámbito anglosajón basada en una línea muy utilitarista, «y parece que España quiere sumarse e incluso superarla». En cambio, países como Italia o Alemania son «mucho más respetuosos» en cuestiones como la reproducción artificial o la investigación con embriones.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1146726.html

LA PRIMATÓLOGA DEMANDA ENCONTRAR NUEVAS MANERAS DE INVESTIGAR

Goodall pide el Nobel para los científicos que no experimentan con animales

Jane Goodall, una de las más prestigiosas primatólogas del mundo por sus investigaciones sobre los chimpancés. (Foto: Quique García)
Actualizado miércoles 28/05/2008 17:04 (CET)
ELMUNDO.ES | AGENCIAS
MADRID.- La primatóloga inglesa Jane Goodall ha propuesto otorgar el Premio Nobel para los investigadores que realizan avances médicos sin experimentar con animales.

La científica, una de las más prestigiosas primatólogas del mundo por sus trabajos sobre los chimpancés, afirma que evitar la investigación con animales es «una meta que deben tener todas las naciones civilizadas».

«Es necesario reorganizar nuestras mentes», advierte Goodall, «debemos admitir que generar sufrimiento a seres que son capaces de sentir es un problema ético y que el asombroso cerebro humano debe encontrar nuevas maneras de probar y experimentar que no involucre el uso de seres vivos», añade.

Goodall hará pública su petición en un evento organizado por diversas organizaciones que protegen los derechos de los animales y con el que buscan presionar a la Comisión Europea para que revise la directiva 86/609, que permite la investigación con animales en toda la Unión Europea.

«Los científicos deben apoyar activamente las investigaciones novedosas, a las que se deben dar más recursos. También es necesario dar premios, como el Nobel, a quienes las desarrollen», señala la científica quien también pedirá la creación de un centro para adelantar alternativas diferentes de investigación.

Pocas probabilidades
Aunque los científicos argumentan que buscar maneras alternativas para experimentar ha generado muchos avances en diferentes frentes científicos, la propuesta de Goodall de un Premio Nobel que reconozca estas labores resulta poco probable. Desde la primera entrega de estos galardones en 1901, sólo ha sido añadido un premio nuevo a la lista, El Premio Nobel de Economía en 1968.

Michael Sohlman, presidente de la fundación que dirige estos premios, ha afirmado que añadir un Nobel por el uso de métodos alternativos a las pruebas con animales «está completamente fuera de alcance».

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/05/28/ciencia/1211973433.html

Hace unos 15 años, el expresidente de los Estados Unidos y ahora Premio Nobel de la Paz, Al Gore, sugirió un reconocimiento de este tipo para las contribuciones ambientalistas, que también fue rechazada por la organización.

“Esperaba más de un gobierno encabezado por una mujer”

Los intelectuales y el país de hoy

Lo dice Florencia Luna, experta en bioética

Miércoles 21 de mayo de 2008 | Publicado en la Edición impresa http://www.lanacion.com.ar/edicionimpresa/cultura/nota.asp?nota_id=1014239

“En la Argentina, la mortalidad derivada de complicaciones en el embarazo, el parto y los abortos inseguros es cuatro veces mayor que en Chile, y no tiende a bajar. Las políticas hacia las mujeres, sobre todo hacia las más pobres, están paralizadas, lo que implica una clara postergación. Por lo mostrado hasta aquí, puedo decir que esperaba más del gobierno de una mujer”, dice Florencia Luna.

Nacida en Suiza, hija del historiador Félix Luna, esta doctora en Filosofía, de 47 años, con un máster en la Universidad de Columbia y varios galardones internacionales, es especialista en bioética, es decir, en los temas morales que transitan por la delicada frontera entre la vida y la muerte.

Entre esos temas están la clonación, la reproducción asistida y el consentimiento de los pacientes que aceptan participar en investigaciones científicas. Luna es investigadora del Conicet, docente en la UBA y coordinadora del área de bioética de Flacso. Hasta 2005 dirigió la Asociación Internacional de Bioética. Además, ganó la beca Guggenheim y el premio de la Fundación Konex en Etica en 2006.

«Nuestro país se había comprometido con las Naciones Unidas a reducir la mortalidad materna, pero no está cumpliendo. Y la situación es más abrumadora aún en provincias pobres, como Jujuy, donde la mortalidad materna triplica la media nacional y donde muchas mujeres siguen muriendo, en pleno siglo XXI, por causas totalmente evitables. Mueren porque son pobres y no llegan a tiempo a los centros de salud que podrían darles una atención adecuada», dice.

Junto con la filósofa norteamericana Arleen Salles, Luna acaba de publicar Bioética: nuevas reflexiones sobre debates clásicos , editado por el Fondo de Cultura Económica. Como especialidad, la bioética tiene apenas treinta años. Pero los problemas de la Argentina son, lo sabemos, más antiguos. «Nuestro drama es que viene un nuevo poder político y cambia todo lo que hacía el anterior. Y así no hay desarrollo científico posible.»

-El sentido común indica que las prioridades en bioética en países como el nuestro, donde conviven el primer mundo con el tercero, deberían ser distintas que en los centrales. ¿Qué agenda sugiere para la Argentina?

-Antes que eso, lo que más me preocupa es que no exista una política de Estado constante y coherente hacia la investigación científica y, como efecto de esta falta, que la ciencia se haya ido privatizando, de algún modo. Porque, hoy por hoy, son las compañías farmacéuticas las que llevan adelante las investigaciones científicas, y, como es lógico, para las empresas lo prioritario son los beneficios económicos. Sin embargo, no debería ser ése el eje en un país.

-Pero el actual gobierno creó un Ministerio de Ciencia e Innovación Tecnológica. ¿No cambia eso las cosas?

-Bueno, si estamos creando un Ministerio de Ciencia, antes que nada es importante que se fijen políticas públicas, prioridades en salud, prioridades en la investigación, y que tengan continuidad. Porque hoy lo que vemos en salud pública, por ejemplo, es que las políticas hacia las mujeres que había comenzado el ministro Ginés González García están paralizadas, a pesar de que tenemos un gobierno de mujeres.

-¿Sugiere que la ministra Graciela Ocaña no se está ocupando de las mujeres?

-Lo que digo es que las cifras de la mortalidad materna en la Argentina son preocupantes. Estamos muy atrás de Chile y Uruguay. Según cifras del Ministerio de Salud, en 2005 y 2006 creció más de 19% la muerte de mujeres a raíz de complicaciones derivadas de embarazos, partos o abortos inseguros. La mortalidad materna es cuatro veces mayor que en Chile. Ni que hablar de las provincias pobres, como Jujuy, que triplican la media nacional. El aborto inseguro, realizado en villas miseria, con agujas de tejer, es la primera causa de mortalidad materna en nuestro país…

-Con una mujer en la presidencia, ¿por qué tardan tanto en llegar las soluciones?

-Ser mujer no significa ocuparse de los derechos de las mujeres: eso está claro. También me gustaría señalar que existe cierta hipocresía sobre algunos temas.

-¿Qué nos trae de nuevo la bioética?

-La visión del paciente. La bioética democratiza una relación paternalista entre médicos y pacientes. Ayuda a pasar de un médico que «sabe» a un médico que puede orientarme a elegir la mejor opción de tratamiento.

-Denos un ejemplo concreto de ética vinculada con la investigación científica.

-Sin duda, el consentimiento informado de pacientes que, en los hospitales, participan de proyectos de investigación sobre un medicamento nuevo.

-Pero ¿cómo saber que la gente que va a un hospital realmente está consintiendo que experimenten con ella?

-Esa es la tarea de los comités de ética en los hospitales. Comenzaron a funcionar en los años 90; antes no había. Una de las tareas de estos comités esanalizar los protocolos de investigación de los productos nuevos: cuando se ensaya una nueva droga para el cáncer, para la gripe, una vacuna. Lo que hay que evaluar es el riesgo de las personas involucradas. Que, en definitiva, sea un riesgo comparable con los beneficios que se puedan obtener.

Por Laura Di Marco
Para LA NACION

La bioética en España: el final del principio

Antonio Casado da Rocha y Begoña Simón Cortadib.

02 Mayo 2008

Un panorama a la vez convulso y esperanzador

Es posible que, con el final del principio de la bioética en lengua española, la relativa pax bioethica que hemos disfrutado durante estos años también se haya acabado.

Referentes bibliográficos
Una obra de referencia de Diego Gracia: Fundamentos de bioética
 
Un ambicioso y magistral intento de fundamentar los juicios morales en el ámbito médico desde una doble perspectiva: la histórica y la sistemática. La perspectiva histórica abarca la tradición médica (criterio del bien del enfermo, paternalismo), la tradición jurídica (criterio de autonomía, derechos del enfermo) y la tradición política (criterio de justicia, bien de terceros). En cuanto a la sistemática, se ocupa de las diversas fundamentaciones de la bioética, así como de sus métodos y de la bioética mínima. Editorial Triacastela www.triacastela.com ISBN: 978-84-95840-18-9

Si consideramos a Diego Gracia como uno de los principales autores de obras relacionadas con la bioética en lengua española, puede decirse también que ésta ha entrado en la mayoría de edad: su libro Fundamentos de bioética ha sido reeditado por Triacastela a los dieciocho años de su publicación original1. Como se dice en el prólogo de esta segunda edición, el diálogo con los clásicos nunca defrauda; para muchos lectores en España, Europa y América, este libro puso los cimientos de un edificio que ha ido construyéndose alrededor de una propuesta metodológica basada en los principios de no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia.

Sin embargo, un repaso de la extensa obra de Gracia permite detectar un abandono progresivo del lenguaje de los principios en beneficio del de los valores, un cambio reconocido por el propio Gracia en el prólogo de su también recién reeditado Procedimientos de decisión en ética clínica. El presente artículo (y otros dos que están en prensa) responde a las razones de esa evolución, que corre paralela al devenir histórico de la propia bioética española. A nuestro juicio, el cambio en el lenguaje supone un intento de adaptación a las transformaciones experimentadas por el ámbito sociosanitario en los últimos años. La importancia en este nuevo escenario de la responsabilidad, la prudencia y la deliberación, es una muestra más de que la bioética en España es una disciplina compleja, pero viva y madura.

Aunque abordar una historia de la bioética queda fuera del alcance de esta sección, ya se han publicado aproximaciones parciales que nos permiten cierta visión de conjunto2,3. Esa historia comienza en los años setenta y ochenta del pasado siglo gracias a la labor de “pioneros” como Francesc Abel, Javier Gafo y el propio Gracia. Ellos hicieron de Madrid y Barcelona las capitales de la bioética española, y si tanto Gafo como Abel pertenecen a la orden de los jesuitas, este último y Gracia coinciden en deber su formación bioética a una estancia en Norteamérica. Gracia publicó Fundamentos de bioética tras visitar varias universidades estadounidenses en los ochenta, por lo que este libro ha sido descrito como la “culminación de un esfuerzo para desarrollar una bioética de estilo americano apta para España” 4, pero su trabajo va más allá de la simple traducción de la bioética americana, ya que la adaptó a conceptos e instituciones más propios de la cultura mediterránea, manteniendo el espíritu práctico mediante la discusión de casos clínicos.

Llega la Transición

A pesar de que quizá pudiera mantenerse que la bioética nació en España a finales de los años sesenta, no es hasta la Transición, en 1975, cuando comienza su vida pública. Al reconocer todos los derechos humanos básicos, la Constitución de 1978 abre el camino a la Carta de los Derechos de los Pacientes, y en los ochenta se suceden una serie de promulgaciones que garantizan por ley el derecho al cuidado de la salud, despenalizan el aborto en algunas circunstancias o aceptan ampliamente las técnicas de reproducción in vitro5.

Estos cambios políticos se han acompañado de tensiones con la Iglesia católica, que ha mantenido un papel activo en los debates sobre algunos de los temas anteriormente citados. Sin embargo, hay que reconocer que el ámbito católico español es plural: hay una bioética confesional dogmática que no se aparta del magisterio de la iglesia, pero también existe una bioética católica favorable al debate democrático, en el que participa como una perspectiva dominante si bien pluralista, como “un punto de vista más”.

El origen de esta tensión podría encontrarse en el seno de la propia iglesia, en particular entre la moral neoescolástica, que la ve como un conjunto de prohibiciones y no como un discurso de exhortación a la virtud, y la moral católica de la primera mitad del siglo XX, que entiende que la misión de la religión sería promover la vida cristiana, una ética de máximos, dejando la parte prohibitiva en manos de la ética racional, de mínimos, universalmente compartida. A juicio de Gracia, esto es fundamental para poder entender la bioética como “un discurso plural con vocación incluyente”6.

Los años noventa son un período de institucionalización bioética en que se crean diversos foros, centros, fundaciones y sociedades, posibilitando la expansión y la normalización de esta disciplina. En el ámbito universitario la bioética se incluye (aunque no en todos los lugares y con carácter sesgado) en los planes de estudio de medicina, enfermería, filosofía y derecho. Se organizan comités y proliferan los títulos de “máster” y “experto en bioética”. Además, se suceden congresos de bioética para la formación y promoción de debates. También son años de explosión bibliográfica, de la que son muestra, entre otras, las publicaciones de la editorial Triacastela, de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano de las universidades de Deusto y del País Vasco, la revista Bioètica & Debat del Instituto Borja, o los documentos de la Fundació Grifols o del Observatori de Bioètica i Dret y de la Cátedra UNESCO de Bioética de la Universidad de Barcelona. Esta expansión es geográficamente desigual, dependiendo en ocasiones de las iniciativas legislativas propias de cada comunidad autónoma.

Mediterráneo e Iberoamérica

En un contexto más amplio, la bioética española se sitúa en la Europa mediterránea, y mantiene firmes lazos con Iberoamérica por comunidad lingüística y herencia cultural común. Esta cercanía con América aporta una reflexión sobre la prioridad de la justicia en el plano de los principios, algo que adquiere especial importancia a la hora de pensar una bioética global que habría de revisar los presupuestos de la bioética hegemónica, cautiva tal vez de “las servidumbres de su contexto de origen norteamericano y europeo”7.

La llegada del siglo XXI, acompañado de novedades científicas que hacen vislumbrar un futuro de nuevas posibilidades biotecnológicas, invita a ponderar estas innovaciones y reflexionar sobre el modelo de sociedad deseable. Ante este debate se hace patente, una vez más, la tensión entre un sector de la iglesia católica, que se resiste a aceptar la separación entre iglesia y Estado, y los defensores de una bioética laica. Esta tensión se refleja en las discusiones de proyectos de ley, especialmente de los que tienen mayor incidencia sobre la vida familiar8. Esto nos lleva al campo jurídico, donde durante estos años se desarrolla una importante legislación de reconocimiento de los derechos de los pacientes como expresión del principio de autonomía, recogido en las figuras del derecho a la información y al consentimiento informado, así como en la Ley de Investigación Biomédica (2007).

Antes de esbozar las posibles características de la bioética española del siglo XXI, debemos mencionar la aportación de la filosofía moral a esta disciplina. Desde esta área de conocimiento, en el ámbito de la ética aplicada, Adela Cortina ha defendido la necesidad de aceptar el pluralismo moral frente a las pretensiones de una bioética confesional dogmática. Esta autora apuesta por una moral por acuerdo que pueda traducirse jurídicamente en consensos pacificadores, para lo que sería necesario “aislar valores compartidos para proponer un mínimo ético imprescindible para responder a la dimensión social de los desafíos”9.

Aunque M.J. Guerra sitúa en 1993, a partir de la publicación por Cortina de Ética aplicada y democracia radical, el momento en que la bioética española comienza a utilizar el modelo deliberativo como procedimiento, también es cierto que Gracia apostaba por la deliberación desde sus primeras obras. La deliberación adquiere tal valor que es en su impulso donde sitúa Guerra uno de los objetivos primordiales de la bioética del siglo XXI. Para ello ve necesaria la creación de equipos de trabajo interdisciplinarios en un momento en el que “hemos dejado atrás nuestro ‘retraso’ respecto a las investigaciones bioéticas y podemos responder a la demanda de los sectores sociosanitarios y de la opinión pública”10.

El gran desafío pendiente

Tal vez el gran desafío pendiente para la bioética española sea plantear su contribución a una perspectiva global que conjugue justicia y respeto por la autonomía para todos los habitantes del planeta11. El nuestro es un sistema sanitario en proceso de transformación, en el que los servicios se han ido ampliando hasta cubrir necesidades tradicionalmente abordadas desde el trabajo social.

Tras analizar este y otros cambios, Albert Jovell concluye que nos encontramos ante un nuevo modelo de paciente, con necesidades, derechos y obligaciones también nuevas. En este sistema, el centro de salud pasa a convertirse en un “centro sociosanitario”, ya que muchas de las patologías que se atienden en él se acompañan de situaciones de dependencia, en parte porque el envejecimiento de la población ha traído consigo un aumento de las enfermedades crónicas y las patologías asociadas con la edad, en detrimento de las situaciones de enfermedad única y aguda. Y todo esto en un sistema sanitario fragmentado por especialidades y en el que aún predomina el modelo de hospital de alta tecnología implantado desde los años sesenta, en el que se echa en falta “una aproximación más cercana a las necesidades de salud y sociales de los pacientes”. A esto se añade una tendencia emergente a calificar a los usuarios de la atención sanitaria como “clientes” y no como “pacientes”, lo que provoca tensiones entre una organización diseñada para atender enfermos de forma gratuita y universal y una concepción del paciente como consumidor12.

Panorama convulso y esperanzador

El panorama es a la vez convulso y esperanzador. Sin duda, el sistema sociosanitario español se ha humanizado gracias a la labor de los “pioneros” y las consiguientes fases de expansión e institucionalización de la bioética. Pero el fomento y la normalización de la deliberación no siempre traen consigo más consenso, sino al contrario, como en nuestro entorno se ha encargado de recordarnos el filósofo Javier Muguerza.

Es posible que, con el final del principio de la bioética en lengua española, la relativa pax bioethica que hemos disfrutado durante estos años también se haya acabado. Pero ya estábamos avisados por Max Weber, quien en su ensayo sobre “la ciencia como vocación” define nuestra época por la pérdida del monopolio interpretativo de la ética cristiana y la consiguiente resurrección de los viejos dioses, plurales y diversos, entre los que el individuo debe elegir para hacerse cargo de las “exigencias del día”13.

El conflicto cotidiano entre los principios de la bioética es sólo un reflejo de esa contienda mayor que entre sí sostienen los dioses de los distintos sistemas de valores; tal vez por ello Diego Gracia ha prestado especial atención en su obra a la cuestión de los valores en medicina.

“Aún predomina el modelo de hospital de alta tecnología implantado desde los años 60, en el que se echa en falta una aproximación más cercana a las necesidades de salud y sociales de los pacientes”

Bibliografía

1. Gracia D. Fundamentos de bioética. 2.ª ed. Madrid: Triacastela; 2007. 
2. Simón P, Barrio IM. Un marco histórico para una nueva disciplina: la bioética. Med Clin (Barc). 1995;105:583-97. 
3. Guerra MJ. Bioética en España: treinta años de interdisciplinariedad y controversias (1975-2005). En: López de la Vieja, editora. Bioética: entre la medicina y la ética. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca; 2005. p. 173-90. 
4. Rodríguez del Pozo P, Fins JJ. Iberian Influences on Pan-American Bioethics: Bringing Don Quixote to Our Shores. Cambridge Quarterly of Healthcare Ethics. 2006;15:227. 
5. Ibíd., p. 226. 
6. Guerra MJ. Op. cit., p. 186. 
7. Ibíd., p. 190. 
8. Abel F, Terribas N. Dinamismo del diálogo bioético en España. En: Pessini, de Paul, Lolas, coordinadores. Perspectivas de la bioética en Iberoamérica. Santiago de Chile: Organización Panamericana de la Salud/OMS; 2006. p. 154-5. 
9. Guerra MJ. Op. cit., p. 181. 
10. Ibíd., p. 183. 
11. Ibíd., p. 190. 
12. Jovell AJ. El paciente del siglo XXI. Anales del Sistema Sanitario de Navarra. 2006; 29:87-88. 
13. González García JM. Empieza la razón a hablar una vez más y la esperanza a florecer de nuevo. En: Aramayo R, Álvarez JF, editores. Disenso e incertidumbre. Un homenaje a Javier Muguerza. Madrid/México: Plaza y Valdés; 2006. p. 152-4.

http://www.jano.es/jano/humanidades/medicas/humanidades/medicas/antonio/casado/da/rocha/begona/simon/cortadib/bioetica/espana/final/principio/_f-303+iditem-2751+idtabla-4+tipo-10

El síndrome del profeta: un obstáculo para la deliberación moral

Dr. F. Borrell i Carrió

Médico de Familia. ICS. Departament Ciències Clíniques. Campus de Bellvitge. Universitat de Barcelona.

04 Abril 2008

El estilo profético fue imitado por centenares de intelectuales que confundieron la fuerza de un estilo con la importancia de los argumentos. En cualquier caso, resulta enormemente tóxico para la deliberación moral, al situar la verdad en un terreno en que dudarla conlleva ser descalificado.

Referente biográfico

Günter Grass, pelando la cebolla

Nacido en 1927, fue galardonado en 1999 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Novelista y ensayista, es conocido por El tambor de hojalata y A paso de cangrejo, entre otras novelas. Su confesión al diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung de su paso por la Waffen-SS (SS es la abreviatura alemana de Schutzstaffel, “Guardia de Protección” o “Cuerpo de Protección”) desató una gran polémica sobre todo en la izquierda alemana. Grass revela en Beim Häuten der Zwiebel (Pelando la cebolla) que fue destinado a los 17 años a Dresden, donde sirvió en la 10.a División Panzer SS Frundsberg, un grupo de choque nazi.

Los profetas bíblicos son probablemente los personajes más interesantes de las sagradas escrituras. Solitarios, célibes, vestían harapos ásperos y cinturón de cuero (IV Rey. 1, 8; 4, 38 ss.; Is. 20, 2; Zac. 13, 4; Mt. 3, 4) y, a despecho de su seguridad personal, se plantaban ante reyes o caudillos para recordarles sus deberes morales. Los profetas surgían en momentos especialmente claves y gozaban de un prestigio indudable, lo que evitaba (no siempre) que les cortaran el pescuezo. Posiblemente fueron la creación más original del pueblo judío e imprimió carácter a nuestra filosofía occidental. ¿No fue Nietzsche (como su Zaratustra), un profeta intempestivo, como intempestivos quieren ser muchos filósofos “de moda”, tanto en el campo de la ética general como en el de la bioética?

Los profetas resultaban necesarios en sociedades movidas por un profundo sentido histórico, en las que los hechos se interpretaban en función de referentes morales. Un momento muy delicado para una sociedad teleológica, como la nuestra, se dio al final de la Segunda Guerra Mundial, con la amarga lección de un genocidio acallado o tolerado por una parte importante de la ciudadanía europea. De aquella experiencia salió un prototipo de intelectual profético, aldaba de conciencias, despreocupado por los bienes materiales, casi siempre de izquierdas y algunas veces solitario, pero menos célibe: Marcuse, Althusser, Sartre, Chomsky, Illich…, la lista sería larga, pero sin duda Günter Grass ocuparía un lugar de honor en ella. La traslación de este estilo a la deliberación bioética hubiera supuesto un enorme obstáculo para su desarrollo. Eso, por fortuna, no ocurrió. Pero veamos con algo más de detalle el “caso Grass” por si pudiera ayudarnos a sortear la “tentación profética”.

Los méritos literarios y morales de Günter Grass están fuera de toda posible discusión, y el hecho de que haya ocultado su breve paso por las SS no debería empañarlos. Sin embargo, mintió –o no dijo toda la verdad– y ello, que sería anecdótico para un ciudadano de la calle, resulta devastador para un profeta. Ariel Dorfman, escritor chileno socialista, señalaba en un artículo1 los “modales” groseros de un Grass pillado en la intimidad. Relata Ariel que acudió al domicilio de Grass para invitarle a firmar un manifiesto contrario a Pinochet, pero éste se negó alegando que los socialistas chilenos no apoyaban a los disidentes checos. Hasta aquí nada que objetar. Lo chocante del caso es que Grass no le volvió a dirigir la palabra en el resto de la velada. Dice Ariel: “Tenía razón Günter Grass –en el sentido de que los socialistas chilenos hubieran tenido que apoyar la disidencia de los países del Este–, sí, pero todos estos años me quedó dando vueltas otra pregunta más enigmática: ¿por qué tanta furia frente a lo que era, después de todo, una legítima diferencia de opiniones? ¿Por qué tanta cólera?”.

Veleidades juveniles

La hipótesis de Ariel Dorfman es que Günter Grass era incapaz de perdonarse sus veleidades juveniles, y por lo mismo sobreactuaba al señalar el bien. En otras palabras: sublimaba su culpa biográfica, y la exigencia moral reparadora que se había impuesto, por la vía de encarnar las virtudes proféticas e imponerlas a los demás. Otra hipótesis completamente opuesta nos diría que su paso por las SS no tuvo ningún efecto en la trayectoria de Günter Grass, víctima si acaso de su personalidad rígida, un punto inmadura. En consecuencia, el hecho de revelar su paso por las SS mostraría una vez más su grandeza moral. Estoy bastante de acuerdo con la primera parte. Lo más probable es que Günter Grass se hubiera perdonado su pasado nazi –¿por qué no hacerlo, si era un joven de apenas 17 años?–, y si lo ocultó tanto tiempo fue porque progresivamente la sociedad alemana le tomaba como un referente moral. Acabada la Guerra Fría, este mito ya no era necesario, y entonces y sólo entonces él mismo tiró la primera piedra para derruirlo y regresar a la normalidad de un ciudadano más. ¿Podemos imaginar mayor grandeza moral? Pues sí: haberlo hecho con anterioridad. En otras palabras, se decidió a pelar la cebolla cuando la cebolla molestaba en la alacena.

 Agitar conciencias

El estilo profético fue imitado por centenares de intelectuales que confundieron la fuerza de un estilo con la importancia de los argumentos. Vargas Llosa se refiere a ello al afirmar: “Creían que ser escritor era, al mismo tiempo que fantasear ficciones, dramas o poemas, agitar las conciencias de sus contemporáneos, animándolos a actuar, defendiendo ciertas opciones y rechazando otras, convencidos de que el escritor podía servir también como guía, consejero, animador o dinamitero ideológico.[…] Ningún joven intelectual de nuestro tiempo cree que ésa sea también la función de un escritor y la sola idea de asumir el rol de ‘conciencia de una sociedad’ le parece pretenciosa y ridícula2.”

En los albores del siglo XXI un estilo profético suscita un rechazo creciente. Cada vez nos gusta menos que nos den lecciones de moral porque cada vez desconfiamos más de la santidad del otro. El profeta, un tipo de santo, nos muestra una faceta de su vida escondiendo las miserias que también la jalonan. El estilo profético se erige en verdad absoluta y elocuente, una elocuencia cargada a veces de ira sacralizada, otras veces de facundia, y siempre llevando al espectador a un punto de fascinación que evitará o dificultará que piense por sí mismo. El estilo profético resulta en este sentido enormemente tóxico para la deliberación moral, al situar la verdad en un terreno en que cuestionarla comporta ser descalificado a un nivel personal. Por desgracia es lo que ocurre en el debate político, sobre todo en el debate político dentro de cada partido político. ¡Qué gran avance supondría que los partidos adoptaran en su seno los principios y métodos de la deliberación moral!

Ayudar a pensar

Lo cierto es que en los albores del siglo XXI necesitamos una bioética que ayude a pensar y favorezca las conductas sociales y profesionales más inteligentes, sin pisarnos el juanete de nuestras debilidades morales. Liderazgos que hayan superado su propio narcisismo. La humildad y la sinceridad son armas muy inteligentes para un líder del siglo XXI.

Y, hablando de inteligencia, recordemos que Grass hizo también lo más inteligente, porque aunque es ateo tiene un olfato muy fino para lo trascendente. El narcisismo del escritor es pensar que su voz permanecerá en los estantes de las bibliotecas. En este sentido, su jugada es maestra. Aunque resulta inevitable a la corta el deterioro de su imagen3, a la postre prevalecerá su acto de sinceridad, por lo que en conjunto el precio por renunciar a su rol profético parece escaso. Como dijo Oscar Wilde, es la confesión, no el cura, quien nos da la absolución. Günter Grass se ha ganado la absolución y aterriza como simple ciudadano que cocina su vida de la mejor manera posible, como usted o como yo, aunque, eso sí, con mucha cebolla.

Evitar el estilo profético

Su sacrificio está cargado de simbolismo, porque tiene algo de rito de traspaso: el traspaso de una sociedad infantil, necesitada de grandes utopías y sacerdotes, a una sociedad adolescente que no precisa, que ya no quiere, intelectuales proféticos. Como adolescentes que somos, incluso puede que reaccionemos violentamente ante papeles de “profetas-padres”. Tampoco hay para tanto, hay que escucharlos también. Pero en todo caso merece la pena estar atentos a que nuestra expresividad se despliegue en los debates favoreciendo que nuestros interlocutores contraargumenten, y respetando no sólo sus opiniones, sino su capacidad de razonar y reflexionar. Aunque esta capacidad no deseen ejercerla en un momento determinado. No sea que seducidos por nuestra propia facundia adoptemos, sin pretenderlo, el papel de profetas.

¿Por qué razón la bioética se desarrolla en el siglo XX evitando el estilo profético? Posiblemente porque era condición necesaria para su desarrollo. Un estilo profético hubiera encallado los consensos más básicos en los comités hospitalarios. Por otro lado, los clínicos somos gente pragmática: antes que elaborar un discurso tenemos que solucionar un caso. Esa casuística de los años setenta toma altura teórica en el Informe Belmont, donde aparecen los principios de justicia, beneficencia y respeto al paciente –como nos recuerda Diego Gracia en sus Fundamentos de bioética, que acaban de reeditarse4–. Estos principios asientan lo que será una deliberación capaz de partir del problema concreto para proporcionar una respuesta o respuestas también concretas. Una actividad poco interesante para un profeta.

“Lo más probable es que Günter Grass se hubiera perdonado su pasado nazi –¿por qué no hacerlo, si era un joven de apenas 17 años?–”

Bibliografía

1. Dorfman A. Las claves de una ira. El País. 2006 ago 24.

2. Vargas Llosa M. Günter Grass en la picota. El País, 2006 ago 27.

3. Castilla del Pino C. El drama de Günter Grass. El País, 2006 sept 2.

4. Gracia D. Fundamentos de bioética. Madrid: Triacastela; 2008. p. 442ss.

Fuente: Jano

Una visión contemporánea de la discusión sobre bioética

 
 

 

 

Mora Cordeu

Temas como el aborto, el suicidio asistido o la relación médico paciente reflejan su complejidad y son analizados desde un discurso situado en la realidad latinoamericana en el libro «Bioética: Nuevas reflexiones sobre debates clásicos», de las investigadoras Florencia Luna y Arleen L. F. Salles.
En una entrevista con Télam, ambas autoras -doctoras en Filosofía- coincidieron en afirmar la necesidad de analizar los problemas en el contexto de la Argentina y del continente y de generar una discusión que cruce la tradición bioética con una visión más contemporánea, atravesada por consideraciones culturales y económicas.
«Una de las cosas interesantes de la bioética es cuan viva es como disciplina, y como se va adaptando, tomando en cuenta críticas y mejorando sobre la marcha. No es una disciplina estática, de manera constante recibe el flujo de diferentes corrientes», dijo Salles.
En el primer capítulo del libro, recién publicado por el Fondo de Cultura Económica, «Florencia se ocupa de la teoría de los principios que a esta altura es la bioética clásica y yo me dedico a estas corrientes nuevas que toman como blanco los principios y proponen enfoques a veces complementarios o alternativos».
Hay varios textos de bioética que no incorporan las nuevas corrientes, apuntó Luna, «y nosotras a partir de la parte teórica (desarrollada en los dos primeros capítulos) tratamos de hacerlo y mostrar como estos discursos entran en juego en la práctica».
«En el área de la bioética no hay una receta. Lo que hay es un pensamiento bastante complejo que hay que aprender a manejar. Y otro punto es que la bioética así como ha ido evolucionando teóricamente también se ha ido globalizando», resaltó.
Los primeros enfoques de la bioética surgieron básicamente en el mundo anglosajón y tuvieron respuestas clásicas. «Nosotras quisimos ilustrar como esos debates se insertan en una sociedad latina, con ciertas ideologías, diversos tipos de vínculos y ciertas religiones prevalentes», subrayó Salles.
«Hay una tendencia a transplantar los problemas -intervino Luna-, como el caso de la clonación: en Europa o en Estados Unidos parece que todo está resuelto. Y es lo que queremos evitar».
«La clonación para países en desarrollo presenta desafíos diferentes -mencionó-. No es uno de los grandes puntos de investigación, aunque puede serlo una línea; en la Argentina tenemos terneros clonados».
¿Qué es lo relevante? ¿De qué manera juega el contexto? Este y otros interrogantes delinearon los ejes de la investigación centrada en colaborar a una discusión más enraizada en lo nuestro.

EUTANASIA. Con respecto a la eutanasia voluntaria: «¿qué pasa en nuestros países?, ¿cómo se puede pensar a la luz de lo que son nuestras políticas públicas? ¿Es válido cuando en muchos centros médicos no aparece una eutanasia clara y definida pero hay prácticas eutanásicas?», inquirió Luna.
«Uno puede dar una respuesta individual o solicitar un suicidio asistido pero en el libro tratamos de analizar cómo una política pública tiene que pensarse en función de ese contexto. Lo que uno nota en la sociedad -agregó la experta- es que para evitar la discusión se hace como si no pasara nada, la realidad se soslaya».
En el capítulo acerca del suicidio asistido, «cito trabajos de médicos jóvenes que hablan de un porcentaje alto de prácticas eutanásicas. Estamos escondiendo prácticas informales en lugar de tener una discusión seria, a nivel social sobre el tema».
La relación médico-paciente, que parece a simple vista un tema anodino frente a otros como el aborto que tiene un mayor impacto, atraviesa toda la problemática, indicaron las investigadoras.
Este tema se trató mucho en los años ´70 y ´80, señaló Salles, «y ahora hay movimientos muy interesantes que plantean todo un espectro de consideraciones de cómo formar profesionales que sean emocionalmente capaces de dar al paciente la contención necesaria y establecer con éste una relación de empatía».

EVOLUCIÓN. En los últimos años, puntualizó la investigadora, «se ha avanzado en lo que es ética de la investigación, los comités de ética; hay una parte de los staff médicos que han sido más sensibles a este tipo de problemáticas».
Lo importante, «es cómo se va generando una práctica que sea más humana, más ética, que permita esta interacción médico-paciente de la mejor manera posible, donde siempre va a haber asimetrías, porque el médico tiene el conocimiento y el paciente está en una situación de vulnerabilidad».
Adelantando el abordaje en el libro de algunos de los temas más conflictivos, Salles dijo sobre el aborto que «toda discusión que gira alrededor de los derechos (derechos del feto, contrapuestos a los derechos de la mujer) tiende al antagonismo».
«Si hay un consenso sobre el aborto es que no va a haber consenso. Pero por lo menos se puede dar una discusión que sea más inclusiva. Porque el tema es mucho más complejo de lo que refleja la discusión. Si la movemos un poco puede ser que lleguemos a un desacuerdo más respetuoso», opinó.

Fuente: El Diario de Paraná

José Miguel Polo: «Al médico le suena la bioética como algo de curas y monjas»

El médico sigue viendo la bioética como una disciplina ajena a su práctica. Así lo cree José Miguel Polo, presidente del único comité acreditado de Cantabria, quien señala que no se conocen las funciones de estos órganos y que, en general, se les consulta muy poco.

Gonzalo de Santiago 27/03/2008

José Miguel Polo, presidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV), cree que la bioética sigue siendo una disciplina bastante ajena al médico y que la misma noción de bioética «no entronca bien con la actividad clínica. Al médico le suena algo relacionado con el humanismo o con curas y monjas, y no con su profesión». Polo, neurólogo y médico adjunto del Servicio de Neurología del HUMV, afirma que, en general, se consulta poco a los comités éticos, y cree que es necesario analizar el motivo.

En su opinión, es un problema de falta de conocimiento de la razón de ser de este tipo de órganos. «Sus funciones son poco sabidas y en ocasiones se nos confunde con un árbitro, cuando nuestra función es ayudar y asesorar». Además, este desconocimiento provoca que «algunas veces nos planteen conflictos que van más allá de lo que son las cuestiones éticas, como asuntos laborales o las relaciones entre el personal o con la Administración».

La media de las consultas ronda las cuatro o seis al año, «pero el comité se dedica a muchas otras cosas» recalca el bioético, que señala que los profesionales se deben ocupar también de sus respectivos trabajos. «En la mayoría de las consultas subyace una insuficiente información a los pacientes o a las familias y problemas relativos a la relación clínica. La carencia de tiempo por la sobrecarga laboral conlleva una falta de comunicación».

Este comité inició su andadura a comienzo de los años noventa, cuando culminaron su formación en bioética el médico Juan José Montero y la enfermera María Teresa Sola. Después de algunos años de actividades diversas, se creó un grupo promotor en 1996. El comité fue acreditado por el Instituto Nacional de la Salud en 1998.

Cursos de formación
Para paliar la falta de formación bioética del profesional los cursos y talleres son muy importantes. «Desde 1995 se han organizado un total de 33 en ámbitos diversos. Esta actividad docente es en la actualidad una de las actividades más relevantes». Otro de los rasgos de este tipo de comités es la autonomía para tomar sus propias decisiones. «Dependemos sólo del director gerente del centro y eso nos da una cierta garantía de independencia».

Según Polo, que también es magister en Bioética por la Universidad Complutense de Madrid, las actividades se han desarrollado siguiendo una rutina común a otros comités. «Se celebra una reunión ordinaria mensual y varias extraordinarias anuales, en las que se analizan las consultas recibidas y se delibera sobre la elaboración de documentos relacionados con la ética clínica que tengan interés en la asistencia».

El comité de ética que preside Polo ha abordado temas como el consentimiento informado, la confidencialidad, el trabajo en equipo, ética de los trasplantes, voluntades anticipadas, limitación del esfuerzo terapéutico, muestras biológicas y su custodia, y contención de pacientes.

Fuente: Diario Médico