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La atención al inmigrante irregular es un asunto con dudas éticas y políticas

DEBATE SOBRE EL RD 16/2012

La nueva atención sanitaria tras la promulgación de Real Decreto-Ley 16/2012, con especial impacto en los inmigrantes no regularizados, presenta mayores dudas o conflictos desde un punto de vista ético y político que jurídico, según expertos participantes en una jornada sobre el tema organizada por el Consejo de Enfermería de la Comunidad Valenciana (Cecova).

E.Mezquita. Valencia   |  21/09/2012 00:00

http://www.diariomedico.com/2012/09/21/area-profesional/normativa/atencion-inmigrante-irregular-asunto-dudas-eticas-politicas

«El problema de la atención al ‘sin papeles’ es de facturación, más que de objeción»

JOSÉ Mª ANTEQUERA, PROFESOR DE DERECHO SANITARIO

José María Antequera, profesor de Derecho Sanitario y Bioética de la Escuela Nacional de Salud, dependiente del Ministerio de Economía y Competitividad, defendió que «en la situación actual el problema que se plantea es más de gestión de la facturación que de objeción del médico, que -según señaló- lo que debe hacer es atender al paciente inmigrante cuando llegue a su consulta, pues la norma le ampara».

S.Valle   |  10/09/2012 00:00

http://www.diariomedico.com/2012/09/11/area-profesional/normativa/problema-atencion-sin-papeles-facturacion-mas-objecion

«Yo hubiera querido tener ese bebé»

Una mujer denuncia al hospital por perder un feto cuando le ligaron las trompas
 

ELENA G. SEVILLANO – Madrid – 20/10/2008

«No sabía que estaba embarazada», repite una y otra vez G. F., una mujer de 38 años que ha denunciado al hospital Príncipe de Asturias de Alcalá por una posible mala praxis médica que acabó con la muerte del feto de cinco meses que esperaba. Con dos hijos, de 16 y 1 año, G. había decidido someterse a una ligadura de trompas. No quería más niños. La operación se programó para el 19 de septiembre. G. asegura que ese día no le hicieron ninguna prueba, ni una simple ecografía. No se dieron cuenta de que estaba embarazada. El feto tenía casi 20 semanas. Ella dice que no lo sabía: «Me venía el periodo con normalidad y estaba más gorda porque tenía el último embarazo muy reciente».

Una operación que tenía que durar 20 minutos se prolongó casi cuatro horas. «Imagínese la angustia», recuerda el marido de G. Cuando les dijeron que había un feto vivo de casi cinco meses no podían creérselo. «Le dije a la enfermera que no podía ser, que se estaba equivocando de paciente», relata G. Pero era ella. Iba a ser madre otra vez. Se hicieron a la idea. «Era mi hijo. Hubiera querido tener ese bebé. La decisión de seguir adelante era mía», se lamenta.

Parto en la habitación

Al día siguiente de la operación, los padres, preocupados porque G. sangraba por la vagina y nadie parecía ocuparse del feto, pidieron una ecografía. El resultado: no había latido. Le administraron medicación para provocar un parto y expulsar el feto, según recoge la denuncia que la pareja presentó en el Juzgado de Instrucción número 5 de Alcalá. Aseguran que el parto se produjo en la habitación.

«Mi vida corrió peligro porque perdí mucha sangre. Ahora tengo 22 grapas desde el ombligo hasta el pubis», detalla G. Asegura que no pasa ni un día en que no piense en lo que sucedió. Ella y su marido están decididos a seguir adelante. «Ha sido muy doloroso. Lo denuncio para que ninguna mujer pase por esto». Su caso está en manos de uno de los abogados de la asociación El Defensor del Paciente, que ha remitido una carta a la Consejería de Sanidad para pedir una investigación.

Este periódico intentó sin éxito obtener la versión del hospital Príncipe de Asturias, que se enfrenta a otra denuncia, la de un joven de 33 años que murió la semana pasada al perforarle un pulmón durante una operación.

http://www.elpais.com/articulo/madrid/hubiera/querido/tener/bebe/elpepusoc/20081020elpmad_4/Tes

 

Marga Iraburu: «Hay una conspiración del silencio que priva al enfermo de conocer su situación»

«En este país conforme peores son las noticias más se engaña al paciente, y con ello se le está negando la posibilidad de disponer de su realidad para hacer lo que él quiera. Es algo muy extendido», dice Marga Iraburu, médico internista y miembro del comité de ética asistencial del Hospital Virgen del Camino de Pamplona.
N.S. 19/06/2008
Iraburu defiende la autonomía del paciente y señala que «aunque la ley deja muy claro que sólo se puede informar a él y a las personas que autorice, es muy habitual hacerlo antes a la familia que está esperando en la puerta de la habitación que al enfermo. Se les deja gestionar poco este tema a los afectados». A su juicio, «existe una conspiración del silencio que priva al paciente de conocer su situación porque no se le quiere hacer daño y por el propio miedo del profesional, al que no le han enseñado a acompañar ni tiene habilidades para transmitir malas noticias».

La internista insiste en la importancia que se haga «dentro de un proceso de comunicación de manera lenta, prudente, viendo hasta dónde quiere saber el paciente y escuchándole, pero lo que está claro es que cada persona tiene derecho a conocer su situación por muy terrible que sea, por encima de lo que diga su familia y de lo que quiera el profesional, y eso es lo que muchas veces en nuestro país no ocurre». Según Iraburu, «el que tiene que gestionar el bombazo que supone una mala noticia en el seno de una familia es el paciente, y a eso nunca damos pie. Jamás le preguntamos a quién quiere que informemos».

A veces es mejor parar
Además, subraya que «nuestro sistema sanitario está absorto en una lucha ciega por recuperar la salud o posponer la muerte a toda costa». Ante este panorama, Iraburu considera que «a veces lo ético es parar. Hay que buscar las medidas que sean proporcionadas a la situación concreta de cada persona, es decir, aquellas que «le aporten beneficios sin inflingirle más sufrimientos y que tengan un sentido».
http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1136526.html

Jovell y Bayés: «Tratemos como nos gustaría ser tratados»

La medicina actual es técnicamente muy resolutiva pero a menudo abandona el apoyo psicológico al paciente, que se ve obligado a afrontar en soledad la enfermedad grave y la proximidad de la muerte, según Albert Jovell, médico y sociólogo, y Ramón Bayés, psicólogo clínico. Los dos expertos creen que en la base de la falta de atención integral al enfermo está el actual modelo de formación de los profesionales de la salud.
Carmen Fernández. Barcelona 06/05/2008
Ramón Bayés, catedrático emérito de Psicología Básica de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y experto en Psicología Clínica, y Albert Jovell, médico y sociólogo, director de la Fundación Biblioteca Josep Laporte, presidente del Foro Español de Pacientes y director de la Universidad de los Pacientes de la UAB, son dos profesionales que, desde diferentes disciplinas académicas y experiencias personales, han reflexionado sobre cómo afrontamos hoy individualmente y en sociedad la enfermedad y el sufrimiento, y qué apoyo recibimos de los familiares y los profesionales de la salud. Esta es una cuestión que el último libro de Jovell, Cáncer. Biografía de una supervivencia (Planeta), ha puesto de actualidad y sobre la que los dos han aceptado dialogar para Diario Médico.

¿Qué se sabe a ciencia cierta sobre esta cuestión?
Bayés: Laín Entralgo tiene un libro, La relación médico-enfermo, en el que hay diez páginas absolutamente extraordinarias. Lo nuclear de su análisis es la percepción de amenaza de la integridad física y psicológica que experimenta el enfermo cuando es diagnosticado de una enfermedad grave; amenaza de soledad, incomunicación, invalidez, malestar y proximidad de la muerte.

El médico estadounidense Eric Casell publicó un artículo en New England en 1982, también muy importante sobre el sufrimiento y los objetivos de la medicina, y en la misma linea está el planteamiento del Informe Hastings (www.fundaciongrifols.org), un modelo para la medicina del siglo XXI que ha contado con el apoyo de prestigiosas instituciones y revistas médicas. Los cambios que se proponen en él son fundamentales pero, posiblemente, muy lentos de implementar. Tan importante como curar y prevenir las enfermedades es ayudar a la gente a paliar el sufrimiento y morir en paz.

Hay que abandonar de una vez el viejo dualismo cartesiano; los que sufren no son los organismos, no son los hígados o los pulmones, son las personas. Y el sufrimiento se origina por causas externas o internas, somáticas, sentidas o significadas. El daño tisular produce sufrimiento pero también lo producen el miedo, las pérdidas, la sensación de impotencia.

Esta forma de ver la medicina la encuentro en el último libro de Albert, así como los sentimientos de impotencia, de soledad…, al tiempo que la tenacidad, la fuerza y la impaciencia por introducir en el ámbito sanitario los cambios necesarios de forma inmediata. Cambiar la actitud ante la enfermedad es una cuestión que puede llevar décadas, pero habrá cambios con toda seguridad.

Jovell: La percepción de amenaza y el miedo son reales, pero en la enfermedad grave también está la estigmatización, que afecta tanto al enfermo como a su entorno familiar. Es el caso, por ejemplo, de los niños con asma que tienen que jugar a fútbol de porteros y se olvidan el Ventolín en casa para no ser señalados por los compañeros.

La sociedad no acaba de integrar plenamente la enfermedad en la normalidad. Las empresas no permiten las bajas laborales parciales para poder compaginar el trabajo con los tratamientos y se discrimina a las parejas de pacientes que tienen que acompañarlos al hospital y luego llevar un comprobante, lo cual deja mucho que desear en materia de confidencialidad. En los países anglosajones hay mucha más cultura de ayuda mutua que aquí.

Volviendo a la cuestión de la percepción de amenaza que tienen los enfermos, es muy importante el testimonio de pacientes voluntarios que han pasado antes por la experiencia de una misma enfermedad. Esto ayuda mucho: poder hablar con gente que ha salido de la enfermedad y lo ha hecho reforzada.

En los países latinos, del sur, se considera que esto no hace falta, pero los enfermos te explican que no es así. Lo habitual es que todo el entorno, profesionales y familiares, le digan al enfermo que todo va bien, y ya está. El paciente se siente mucho mejor con un simple acompañamiento, pero la gente no lo sabe hacer; cuesta ir a verlo y cuando lo hacen prefieren hablar y hablar de todo pero evitando entrar en cuestiones trascendentales. No nos han enseñado a convivir con la enfermedad de los demás.

Hemos aparcado las enfermedades en los hospitales, y la muerte en las funerarias del extrarradio. Hay analfabetismo en materia de acompañar y cuidar, que es algo que sí sabían hacer nuestros abuelos, teniendo como tenían mucha menos mundología. Los enterramientos ahora tienen que ser rápidos, sin tiempo para velar ni para el duelo. En España nos encontramos actualmente en una de las peores culturas posibles para esto.

Bayés: La familia está cambiando y nadie sabe cómo acabará. Estamos en una sociedad envejecida, en la que cada vez hay más ancianos que viven en soledad no deseada. Por otro lado, decirle al enfermo que no se preocupe, que todo irá bien, es una manera de defenderse.

A los profesionales de la salud, a mi entender, no se les forma en habilidades de comunicación con el enfermo. Al médico, a veces, le da miedo que el enfermo le haga preguntas que no sepa cómo responder.

En vez de decirle que no se preocupe e irse para evitar preguntas incómodas, el médico puede hacer esto otro: preguntarle por qué le hace esa pregunta, que habitualmente es si se va a morir.

Si el médico le da opción a decir que le da miedo sufrir, podrá tranquilizarlo asegurándole que se hará todo lo posible por que no sea así; también puede que diga que lo que teme es morir solo y entonces, si uno es un buen profesional, quizá se comprometa a acompañarlo, siempre y cuando pueda cumplirlo.

¿Cómo encaja todo eso en la falta de tiempo?
Bayés: Albert, tú señalas en tu libro la importancia del lenguaje no verbal. Las cosas se pueden hacer de muchas maneras: un apretón de manos, una mirada de acogida, una sonrisa hospitalaria y franca…, realizados con equidistancia moral y mostrando que los dos (médico y enfermo) son seres humanos solidarios, a veces valen más que mil palabras. Tengo la impresión de que este movimiento se acabará imponiendo.

Jovell: Con toda seguridad tenemos que crear modelos educativos en los que las humanidades sean una parte importante. En los estudios científicos los aspecto humanísticos no se están abordando y así es muy difícil introducir en España un debate serio sobre qué tipo de formación sanitaria necesitamos. Yo diría que esto es un tema tabú, que todo el mundo reconoce en privado pero que nadie acaba de afrontar. A mí me preocupa mucho.

Nadie quiere discutir que somos muy resolutivos en la enfermedad orgánica, pero ¿de quién es responsabilidad la enfermedad emocional y social? Esta existe y también se tiene que afrontar. En todo esto hay un hilo conductor.

Yo, por ejemplo, he recibido atención médica casi perfecta, pero he visto un problema de comunicación o de relación en muchos pacientes. Son los que preguntan que por qué no se enseña a los médicos a comunicarse con ellos.

Después está la cuestión social: la enfermedad es algo con lo que todos nos encontramos en algún momento de nuestra vida; por tanto, si somos considerados con los que sufren quizá logremos que los demás sean considerados con nosotros cuando lo necesitemos.

Bayés: La medicina ha avanzado mucho, pero hay una cuestión pendiente muy importante: la muerte. La muerte no es un fracaso; es algo natural, forma parte de la vida. Las cosas están cambiando pero muy lentamente. Yo soy emérito y me pidieron que participase en grupos de trabajo del Departamento de Salud de la Generalitat relacionados con la dependencia y los cuidados paliativos. En ellos había 200 ó 300 sanitarios, pero no vi a nadie más de la universidad, y eso me sorprendió porque ¿cómo quieren plantearse un plan sociosanitario para el 2010 si no se forma convenientemente antes a la gente que lo tendrá que aplicar? Mi impresión es que el ministerio y las consejerías de sanidad van por una lado, y las facultades y escuelas universitarias, por otro.

En las universidades a veces se tiene la impresión de que el objetivo es publicar en revistas con gran índice de impacto, cuando la inmensa mayoría de licenciados tendrá como misión atender las necesidades de los enfermos. Hay un tipo de necesidades que tendrían que guiar los planes de estudios, tal y como han sugerido en distintas ocasiones instituciones médicas prestigiosas como el Institute of Medicine estadounidense. Mi impresión es que su impacto en nuestro mundo académico ha sido hasta el momento escaso.

Jovell: Hay otra cuestión igualmente fundamental: ¿Cómo valoramos a los profesionales? Si es por investigación, estamos priorizando más los conocimientos científicos que los asistenciales; si no se pone énfasis en las competencias asistenciales, orientamos al profesional hacia otro tipo de perfil.

Luego, hay que dedicar más tiempo al enfermo; pasar por el hospital un sábado o el día de Navidad para saludar y ver que todo va bien es algo que valora mucho el enfermo y es un valor de la profesión que hoy en día no es habitual.

Presión asistencial siempre ha habido en España, pero también ha habido valores que implican responsabilidad sobre el paciente y sobre la sociedad, que a fin de cuentas es la que nos paga los estudios. Esos valores profesionales implican sacrificio, como adaptar la vida familiar y no hacer las vacaciones cuando se quiere, porque el hospital no puede quedar desasistido julio y agosto. Eso se ha perdido porque el lenguaje de los valores no forma parte del lenguaje profesional habitual.

Hay un aspecto en el que podrían incidir más: la soledad del enfermo.
Jovell: La familia también vive su duelo, porque el enfermo sufre pero la familia también; y todos tienen miedo. La familia es una ayuda relativa; a veces comienza a hacer preguntas y a buscar segundas opiniones en contra de la voluntad del enfermo.

También hay que reconocer que hay una gran presión asistencial y que el enfermo es egoísta y quiere atención constante. El sistema se tendría que reorganizar para que la información al enfermo la diesen incluso, por qué no, voluntarios bien entrenados. Se tendría que ser honesto y reconocer que no se tiene tiempo para algunas necesidades reales pero que éstas existen y hay que abordarlas.

Bayés: Hay muchas personas que con la enfermedad temen y asumen que los sueños de su vida anterior no se podrán cumplir por falta de tiempo; es lo que se entiende por muerte psicológica, cuando de repente la enfermedad te pone frente a la condición finita de la condición humana. Enfrentarse a esta realidad en la soledad del hospital, lejos de los tuyos, es algo muy duro. Socialmente se tendría que articular un tejido asociativo que permitiese afrontarlo bien.

Jovell: Lo más buscado por los enfermos en la web del Foro Español de Pacientes es el directorio de las asociaciones de enfermos.

Bayés: En tu libro sale el tema de los tiempos de espera. Esperar es terrible para alguien que sufre una sospecha de enfermedad grave y va siendo citado para pruebas y más pruebas y especialistas hasta que, después de mucho tiempo, inicia tratamiento. Si el diagnóstico es incierto todo eso es muy duro.

Jovell: Toda la espera es dramática. Hay dos principios básicos: «Trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti» y «Tal y como tratas tú a los enfermos delante de los estudiantes serás tratado por ellos cuando seas tú el enfermo». Y aún hay un tercero: «Hay que tener una visión no medicalizada de la situación».

Bayés: Como decía Peabody, el enfermo no es una fotografía sino un cuadro impresionista con muchas pinceladas, y hay que verlo en su integridad para poder ser eficaz.

Admiración mutua y mucha bibliografía
Ramón Bayés leyó el último libro de Albert Jovell, en el que expone su experiencia personal con el cáncer que padece, en un viaje en tren, y dice que gracias a él «le conozco mejor y me ha ayudado a apreciarlo mucho más». Desde su punto de vista, Jovell es un enfermo que destaca por su tenacidad por vivir de verdad y por compartir su experiencia con los demás y dejarles un legado. Jovell, por su parte, también se define como admirador de Bayés: «Es un referente en España para los que estamos interesados en el final de la vida y en cómo se afronta la enfermedad; me llama mucho la atención su trabajo, en el que hay mucho conocimiento de la evidencia científica y mucha sensatez». Según ha explicado Jovell, Bayés es un académico que ha logrado tener un grupo de seguidores repartidos por varios hospitales de España, «y conseguir eso desde la universidad tiene mucho valor».

Numerosos trabajos de Bayés han aparecido en revistas y capítulos de libros de psicología y medicina, habiendo publicado también, como único autor, varios libros entre los que destacan: Una introducción al método científico en psicología, Iniciación a la farmacología del comportamiento, Psicología y Medicina, Psicología Oncológica, Sida y Psicología y Psicología del sufrimiento y de la muerte. Ha sido también miembro fundador de la Sociedad Catalano-Balear de Cuidados Paliativos y vicepresidente de la Sociedad Española Interdisciplinaria del Sida. En 1995 le fue concedido por la Sociedad Catalana de Investigación y Terapia Conductual el Premio Pavlov por el conjunto de su obra. En total, suma más de 600 publicaciones.

Jovell, por su parte, ha escrito Liderazgo afectivo, Análisis de regresión logística y La confianza, y ha recibido varios premios por sus artículos de opinión en prensa diaria y médica y por su trayectoria profesional, como son los galardones al Compromiso Público, de la Sociedad Española del Dolor, y a la Trayectoria Personal, de Farmaindustria.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/entorno/es/desarrollo/1119616.html

El informe SESPAS 2008 pone en evidencia el falso discurso de que “el paciente es el centro del sistema sanitario”

 

Los autores de este informe bienal inciden en que, en estos momentos, la salud podría no ser una prioridad para los ciudadanos, porque «desde el sector sanitario no se sabe venderla, la vendemos mal”


Madrid (23-4-08).- Un total de 79 expertos en salud pública han participado en el octavo informe de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), presentado ayer martes ante la opinión pública, con el objeto de “colaborar y ayudar a las Administraciones sanitarias a conseguir una Salud Pública basada en la experiencia, a pensar sobre sus problemas estructurales y avanzar para que las políticas que se aplican en esta materia sean efectivas y no sólo relevantes ante crisis sanitarias”, tal como explicaron ante los medios de comunicación sus responsables, encabezados por el experto Lluis Bohigas, actual presidente de la SESPAS.

Los autores de este informe inciden, entre otros aspectos, en que, en estos momentos, la salud podría no ser una prioridad para los ciudadanos, “porque desde el sector sanitario no se sabe venderla, la vendemos mal”, al tiempo que se analiza el porqué del éxito de unas políticas y el fracaso de otras.

El informe pone, asimismo, en evidencia “el falso discurso de que el paciente es el centro del sistema, algo en opinión de Beatriz González perjudica considerablemente al sistema. “A lo largo del informe y, a través de los sucesivos capítulos, demostramos como el paciente está sujeto “a una especie de despotismo sanitario, ‘todo para el paciente pero sin el paciente’, según sus palabras.

En este sentido, se alude a la responsabilidad del médico para que se cambie de rumbo sobre lo que los autores consideran uno de los principales males del sistema. “El paciente tiene que participar en las decisiones clínicas que le atañen”.

Lo que a la experta Beatriz González López-Varcárcel, una de las editoras de este documento, le parece necesario es que “el médico tiene que darse cuenta de que va a atender a pacientes del siglo XXI, no del XIX, y entender que éste ha evolucionado”. Por tanto, y en opinión de esta experta, “el facultativo no sólo necesita saber y estudiar sino también adiestrarse en una serie de habilidades que no siempre están contenidas en los libros. En este sentido, se puso el ejemplo de Reino Unido que ha hecho una auténtica revolución en cuanto a la enseñanza de la Medicina se refiere.

Sistemas de información
Otro de los aspectos sobre los que el informe SESPAS 2008 ha puesto el acento es el de los sistemas de información porque, a juicio de sus autores, “es el cemento que cohesiona el sistema de salud”, lamentando que hasta el momento, y tras años de la descentralización sanitaria todavía “no hemos sido capaces de disponer de un sistema de indicadores compatible que permita comparar unas comunidades con otras, y saber qué se está haciendo bien y qué no”, como ha expuesto la experta Beatriz González López-Varcárcel.

Como añade al respecto, otro de los editores de este informe bianual, el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Idelfonso Hernández Aguado, “las comunidades tienen que tener coraje de aportar sus datos cuando tengan que dar cuenta de sus indicadores, sin importarles las comparaciones, porque de lo que se trata es de aportar la mayor transparencia posible, al ser la clave de un sistema democrático”.

A Hernández Aguado no le cabe en la cabeza como a nivel europeo se están acordando indicadores para todo, mientras que a nivel interno, español, “no se pueda comparar prácticamente nada”, y así, como concluye, “no se puede avanzar ni en homogeneidad, ni en cooperación, ni en definitiva en cohesión”.

Nueve espacios en los que el INFORME SESPAS señala que es necesario intervenir
1.Gobernabilidad. Las tensiones derivadas de la descentralización de la asistencia sanitaria pública no están resueltas. En ausencia de liderazgo y capacidad institucional reconocibles, términos esenciales como cooperación y solidaridad se convierten en meras estrategias retóricas.

2.Ampliación de los márgenes de las políticas. Las políticas pueden ser “causas de enfermedad” como los agentes biológicos, genéticos, químicos y conductuales. La epidemiología ha de incluirlas como determinantes estructurales en el estudio de problemas de salud.

3.Salud pública basada en la experiencia. Hay que revisar sistemáticamente las experiencias realizadas. El éxito con el tabaco y el fracaso con el alcohol pueden ayudar a lidiar de modo efectivo con los riesgos vinculados al tráfico y al ruido.

4.La información y la acción. Los sistemas de información son el cemento del Sistema Nacional de Salud (SNS) y se han fragmentado como efecto colateral, innecesario e indeseable de las transferencias. Se requiere un consenso nacional sobre los requisitos y funcionalidades mínimos para todos ellos, guiado por criterios técnicos y expertos.

5.Integración como eje de la acción. Falta integración entre servicios de salud pública y asistenciales, entre atención primaria y especializada, entre servicios de diagnóstico y hospitales, entre servicios sociales y sanitarios.

6.Determinación de las prioridades del sistema. Frente a la falta de evaluación en España, el ejemplo del NICE (Nacional Institute for Health and Clinical Excellence) británico puede suponer una guía.

7.Preferencias de los usuarios. Estamos lejos de lo óptimo a la hora de escuchar las preferencias de los pacientes. Los publicitados consentimientos informados pueden ser meros trámites que no informan e imponen.

8.Vigilancia de la equidad. Existen desigualdades en salud interterritoriales, ya analizadas en otros informes SESPAS, y también falta de equidad intergeneracional y con los inmigrantes “los nuevos españoles” que en 2007 representaban ya el 10% de la población.

9.Mejora de la cooperación internacional en salud. La cooperación española se caracteriza por su dispersión y multiplicidad de proyectos. Se puede mejorar la calidad y cantidad de la ayuda.

JK ROWLING PENSÓ EN EL SUICIDIO.

JK RowlingLa escritora británica JK Rowling, creadora de ‘Harry Potter’, ha admitido que pensó en el suicido tras sufrir una depresión como consecuencia de la ruptura de su primer matrimonio, en 1993, con el periodista portugués Jorge Arantes. «Las circunstancias de mi vida eran precarias y realmente me hundí. Lo que me hizo buscar ayuda fue probablemente mi hija», confiesa Rowling, que entonces acudió a su médico de cabecera, pero éste libraba y el sustituto no le prestó gran atención y sólo le recomendó hablar con una enfermera si se sentía «un poco deprimida». «Aquí hablamos de pensamientos suicidas. No hablamos de que me sintiera un poco triste», espetó la escritora, atendida finalmente por su médico de cabecera, quien le ayudó a superar ese bache de su vida. El final del cuento ya se sabe: gracias a la imaginación que le permitió crear las aventuras del famoso mago se ha convertido en una de las mujeres más ricas del mundo, con un fortuna que asciende a 692 millones de euros, según la Lista de Ricos del ‘Sunday Times’ de 2007. (Foto: AP)

Fuente: El Mundo