Literatura y medicina, formación para médicos

La literatura puede ayudar al médico a entender mejor el sufrimiento de los pacientes, a ver de cerca otras patologías y a realizar mejores historias clínicas, según Francisco Barbado, del Hospital La Paz.
Isabel Gallardo Ponce 29/10/2008
«La literatura es un recurso docente eficaz en la formación del médico», según ha explicado a DM Francisco Javier Barbado Hernández, jefe de Sección de Medicina Interna del Hospital La Paz, de Madrid, a propósito de la charla Medicina y Literatura, que ha impartido dentro del ciclo de Conferencias Magistrales del Hospital Infanta Sofía, de Madrid.

«Desde mi punto de vista, las humanidades médicas deben ser inseparables de la actividad clínica. Hoy en día hay dos tendencias: la medicina científica, inexcusable y basada en la evidencia, y la humanística, basada en narrativas y valores. Ambas han de ir unidas», ha añadido Barbado. La literatura es una gran fuente para permitir que el facultativo conozca los miedos, las preocupaciones y los conflictos emocionales de los pacientes ante su enfermedad, y poder transmitir esperanza y compasión. Pero su influencia va más allá, ya que «sirve para obtener habilidades comunicativas y poder redactar bien la historia clínica. Nos encontramos en el imperio de las siglas, y de la confusión. Según Fernando Pérez Peña, autor de Los últimos clínicos de San Carlos. Estampas y vivencias de la Facultad de Medicina de San Carlos, el uso de las siglas y el deterioro en la forma y el fondo de las historias clínicas (HC) repercuten negativamente en la relación clínica y el método. Para el psiquiatra José Lázaro, la HC es un género literario, una verdadera narración que se completa con la biografía del enfermo».

Otra fuente muy valiosa de información son los relatos de los médicos enfermos, que le proporcionan al facultativo nuevas visiones de las pruebas, los síntomas y las sensaciones.

A lo largo de la historia se han descrito varias enfermedades en las obras narrativas. Así, la enfermedad ficticia lleva por nombre el síndrome de Münchausen, basada en las increíbles historias plagadas de mentiras sobre el Barón de Münchausen. En La insoportable levedad del ser de Milán Kundera se refleja la enfermedad de Tomás, el equivalente al burn-out actual, y Stendhal describió en Nápoles y Florencia. Un viaje de Milán a Reggio los síntomas que produce la sobredosis de belleza artística. Los papeles póstumos del Club Pickwick de Charles Dickens reflejan al obeso con apnea del sueño. El complejo de Edipo y de Electra, descritos por Sófocles, e incluso el de Peter Pan, siguen apareciendo en la medicina actual.

Recomendaciones
Para Barbado, La muerte de Iván Ilich y el Pabellón número 6 de Anton Chejov son esenciales para conocer al enfermo terminal. «Especialmente la primera; leerlo es casi mejor que hacer un taller de psicooncología». Por otro lado, Mortal y Rosa de Francisco Umbral refleja la profundidad psicológica y el dolor ante la enfermedad y la muerte de un hijo. La enfermedad del doctor Sachs de Martin Winkler es un libro muy útil y muy conocido para los médicos de primaria, en el que se relata la relación y los casos clínicos de un médico rural francés.

«Las autobiografías de los autores también ayudan mucho. Morfina de Mijaíl Bulgákov es una autobiografía de un profesional de 24 años. Para los médicos recién licenciados es muy recomendable porque refleja la medicina pura. Además, la novela gótica de Frankenstein aplicada a la vida real es impresionante, ya que aparece el trasplante de órganos, el transhumanismo, la inmortalidad, la medicina regenerativa, los límites de la investigación. Las lecturas médicas pueden enseñar mucho».

Las patologías infecciosas también están presentes en algunas obras como La Peste de Albert Camus, o Pabellón de reposo de Camilo José Cela, en la que se describe al paciente tuberculoso.