Archivo de la categoría: Enlaces y recursos sobre bioética

El Colegio de Vizcaya abre un blog de ética

PARA PROFESIONALES Y PACIENTES

El blog servirá como herramienta de consulta, consejo y debate en cuestiones relacionadas con la deontología médica.

Redacción   |  09/09/2013 00:00

Guía para el manejo responsable de la información bioética en red

RECOMENDACIONES PARA TRATAR LOS DATOS

El Observatorio de Bioética y Derecho, de Barcelona, ha publicado el Documento sobre el acceso responsable a la información jurídico-bioética en red.

Redacción   |  05/06/2013 00:00

http://www.diariomedico.com/2013/06/05/area-profesional/normativa/guia-manejo-responsable-informacion-bioetica-red

Con la colaboración de la Fundación AstraZeneca

Un manual resuelve al farmacéutico comunitario las principales dudas bioético-legales de su actividad diaria

El texto recoge y analiza una selección de los principales casos clínicos reales revisados por la Comisión de Bioética de Sefac

http://derecho.publicacionmedica.com/noticia/un-manual-resuelve-al-farmaceutico-comunitario-las-principales-dudas-bioetico-legales-de-su-actividad-diaria

Cine, un recurso bioético para quien mira.

“ Y entonces descubrí algo inesperado y acaso aún más interesante ; que puede haber una “ antropología cinematográfica “ , porque el cine es , con métodos propios , con recursos de los que hasta ahora no se había dispuesto , un análisis del hombre , una indagación de la vida humana “. Julián Marías

Poco podría añadir a lo que D. Julián Marías expresaba en su discuro de toma de posesión como miembro de la Real Academa de Bellas Artes de San Fernando. Para descubrir hay que mirar y esa mirar atento es el que nos permite indagar en la vida humana.

El cine es pues un recurso valioso desde el punto de vista educativo de la bioética pues nos permite reflexionar sobre múltiples aspectos de la vida de los hombres, unas veces en sus luces, otras en sus penumbras o sombras, cuando no todas al mismo tiempo y en la variabilidad de circunstancias en la que se desenvuelve.

Quiero presentar aquí, como propuesta el comentario de varias películas recientes que pueden resultarnos de interés.

“El legado de Bourne” y sugerencias bioéticas, por Juan Pedro Rivero

http://divorciadosenlaiglesia.blogspot.com.es/2012/08/el-legado-de-bourne-y-sugerencias.html

La ética del silencio a través de “The artist”, por Gloria Mª Tomás y Garrido

http://www.aebioetica.org/bioetica-en-el-cine/la-vida-humana-a-traves-del-cine/621-la-etica-del-silencio-a-traves-de-the-artist.html

Elena, Redacción de Análisis Digital

http://www.analisisdigital.org/2012/07/23/elena/

La delicadeza, Redacción de Análisis Digital

http://www.analisisdigital.org/2012/07/09/la-delicadeza-2/

La estrella ausente, mirada Europea sobre China, por Manuel Carmona Rodríguez

http://rick-casablanca.blogspot.com.es/2012/08/la-estrella-ausente-mirada-europea.html

Y también como propuesta el blog de Fernando Alonso Barahona, http://fab1961.wordpress.com donde el lector encontrará elmentos interesantes respecto a esta propuests y de donde he tomado “prestado” la cita de Julián Marías que introducía este post.

Diferente tipo de cine, forma de abordarlo y autores con la vida humana como elemento común. Hagan acopio de palomitas si lo desean y miren la pantalla con atención para descubrir la vida.

 

 

Cracking Your Genetic Code Webinar Registration

On August 30, the American Medical Association (AMA), The Hastings Center, and NOVA will present a free, professional development webinar on personalized, gene-based medicine. Featured speakers include Dr. Sandra Fryhofer, Chair of the AMA Council on Science and Public Health, Mary Crowley, Director of Public Affairs and Communications (The Hastings Center), and Rachel Connolly, Director of Education (NOVA).

https://www.surveymonkey.com/s/NOVACrackingYourGeneticCode

Ética de la sedación en la agonía

Asamblea General del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos

La Asamblea General del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, en sesión celebrada el día 21 de febrero de 2009, adoptó el acuerdo de aprobar la siguiente Declaración elaborada por la Comisión Central de Deontología y Derecho Médico

Introducción

1. En Medicina se entiende por sedación la administración de fármacos para disminuir la ansiedad, la angustia y, eventualmente, la conciencia del enfermo. En Medicina Paliativa se entiende por sedación la administración de fármacos apropiados para disminuir el nivel de conciencia del enfermo ante la presencia de un síntoma refractario a los tratamientos disponibles.

2. Los pacientes que padecen una enfermedad en fase terminal , oncológica o no, presentan a veces en sus momentos finales algún síntoma que provoca un sufrimiento insoportable que puede ser difícil o, en ocasiones, imposible de controlar.

3. La frontera entre lo que es una sedación en la agonía y la eutanasia activa se encuentra en los fines primarios de una y otra. En la sedación se busca conseguir, con la dosis mínima necesaria de fármacos, un nivel de conciencia en el que el paciente no sufra, ni física ni emocionalmente, aunque de forma indirecta pudiera acortar la vida. En la eutanasia se busca deliberadamente la muerte inmediata. La diferencia es clara si se observa desde la Ética y la Deontología Médica.

4. La sedación en la agonía se ha de considerar hoy como un tratamiento adecuado para aquellos enfermos que, en los pocos días u horas que preceden a su muerte, son presa de sufrimientos intolerables que no han respondido a los tratamientos adecuados.

5. La necesidad de disminuir la conciencia de un enfermo en las horas anteriores a su muerte ha sido y es objeto de controversia en sus aspectos clínicos, éticos, legales y religiosos. Además, quienes no conocen las indicaciones y la técnica de la sedación o carecen de experiencia en medicina paliativa pueden confundirla con una forma encubierta de eutanasia.

6. La Comisión Central de Deontología estima oportuno ofrecer criterios sobre los aspectos éticos de la sedación en la agonía, a fin de mostrar que si está bien indicada, bien realizada y autorizada por el enfermo o en su defecto por la familia, constituye una buena práctica médica en el adecuado contexto asistencial.

El respeto médico a la vida del enfermo en fase terminal

7. La Ética y la Deontología Médica establecen como deberes fundamentales respetar la vida y la dignidad de todos los enfermos, así como poseer los conocimientos y la competencia debidos para prestarles una asistencia de calidad profesional y humana. Estos deberes cobran una particular relevancia en la atención a los enfermos en fase terminal, a quienes se les debe ofrecer el tratamiento paliativo que mejor contribuya a aliviar el sufrimiento, manteniendo su dignidad, lo que incluye la renuncia a tratamientos inútiles o desproporcionados de los que sólo puede esperarse un alargamiento penoso de sus vidas.

8. Respetar la vida y la dignidad de los enfermos implica atender su voluntad, expresada verbalmente o por escrito, que deberá constar siempre en la historia clínica, mitigar su dolor y otros síntomas con la prudencia y energía necesarias, sabiendo que se está actuando sobre un organismo particularmente vulnerable cuando su curación ya no es posible.

9. En la situación de enfermedad terminal, la ética médica impone también la obligación de acompañar y consolar, que no son tareas delegables o de menor importancia, sino actos médicos de gran relevancia para la calidad asistencial. No tiene cabida hoy, en una medicina verdaderamente humana, la incompetencia terapéutica ante el sufrimiento terminal, ya tome la forma de tratamientos inadecuados por dosis insuficientes o excesivas, ya la del abandono.

Valor ético y humano de la sedación en la fase de agonía

10. Tiempo atrás, cuando no se había desarrollado la medicina paliativa, la sedación en la agonía pudo haber sido ignorada u objeto de abuso. Hoy, una correcta asistencia implica que se recurra a ella sólo cuando está adecuadamente indicada, es decir, tras haber fracasado todos los tratamientos disponibles para el alivio de los síntomas. La sedación en la agonía representa el último recurso.

11. La sedación, en sí misma, es un recurso terapéutico más y por tanto éticamente neutro; lo que puede hacer a la sedación éticamente aceptable o reprobable es el fin que busca y las circunstancias en que se aplica. Los equipos que atienden a enfermos en fase terminal necesitan una probada competencia en los aspectos clínicos y éticos de la medicina paliativa, a fin de que la sedación sea indicada y aplicada adecuadamente. No se la podrá convertir en un recurso que, en vez de servir a los mejores intereses del enfermo, sirva para reducir el esfuerzo del médico. La sedación en la fase de agonía es un recurso final: será aceptable éticamente cuando exista una indicación médica correcta y se hayan agotado los demás recursos terapéuticos.

12. La sedación implica, para el enfermo, una decisión de profundo significado antropológico: la de renunciar a experimentar conscientemente la propia muerte. Tiene también para su familia importantes efectos psicológicos y afectivos. Tal decisión no puede tomarse a la ligera por el equipo asistencial, sino que ha de ser resultado de una deliberación sopesada y una reflexión compartida acerca de la necesidad de disminuir el nivel de conciencia del enfermo como estrategia terapéutica.

Las indicaciones de la sedación en la fase de agonía

13. En la actualidad, la necesidad de sedar a un enfermo en fase terminal obliga al médico a evaluar los tratamientos que hasta entonces ha recibido el enfermo. No es legítima la sedación ante síntomas difíciles de controlar, pero que no han demostrado su condición de refractarios.

14. Las indicaciones más frecuentes de sedación en la fase de agonía son las situaciones extremas de delirio, disnea, dolor, hemorragia masiva y ansiedad o pánico, que no han respondido a los tratamientos indicados y aplicados correctamente. La sedación no debe instaurarse para aliviar la pena de los familiares o la carga laboral y la angustia de las personas que lo atienden.

15. Es necesario transmitir a la familia que el enfermo adecuadamente sedado no sufre.

16. Como en cualquier otro tratamiento se debe realizar una evaluación continua del nivel de sedación en el que se encuentra y necesita el enfermo. En la historia clínica y en las hojas de evolución deberán registrarse con el detalle necesario los datos relativos al ajuste de las dosis de los fármacos utilizados, a la evolución clínica de la sedación en la agonía y a los cuidados básicos administrados.

17. Para evaluar, desde un contexto ético-profesional, si está justificada la indicación de la sedación en un enfermo agónico, es preciso considerar los siguientes criterios:

17. 1.- La aplicación de sedación en la agonía exige del médico la comprobación cierta y consolidada de las siguientes circunstancias:

a. Que existe una sintomatología intensa y refractaria al tratamiento.
b. Que los datos clínicos indican una situación de muerte inminente o muy próxima.
c. Que el enfermo o en su defecto la familia ha otorgado el adecuado consentimiento informado de la sedación en la agonía.
d. Que el enfermo ha tenido oportunidad de satisfacer sus necesidades familiares, sociales y espirituales.

Si tuviera dudas de la citada indicación, el médico responsable deberá solicitar el parecer de un colega experimentado en el control de síntomas. Además, el médico dejará constancia razonada de esa conclusión en la historia clínica, especificando la naturaleza e intensidad de los síntomas y las medidas que empleó para aliviarlos (fármacos, dosis y recursos materiales y humanos utilizados) e informará de sus decisiones a los otros miembros del equipo asistencial.

17. 2.- Es un deber deontológico abordar con decisión la sedación en la agonía, incluso cuando de ese tratamiento se pudiera derivar, como efecto secundario, una anticipación de la muerte.

17. 3.- El inicio de la sedación en la agonía no descarga al médico de su deber de continuidad de los cuidados. Aunque esta sedación pueda durar más de lo previsto, no pueden suspenderse los cuidados básicos e higiénicos exigidos por la dignidad del moribundo, por el cuidado y el aseo de su cuerpo.

18. La sedación en la agonía no es un tratamiento excepcional; el incremento de personas que precisan cuidados paliativos constituye actualmente un paradigma que debe estar presente en la enseñanza de las facultades de Medicina, en los programas de formación continuada y en la conciencia de todos los médicos.

“La sedación, en sí misma, es un recurso terapéutico más y por tanto éticamente neutro; lo que puede hacer a la sedación éticamente aceptable o reprobable es el fin que busca y las circunstancias en que se aplica. Los equipos que atienden a enfermos en fase terminal necesitan una probada competencia en los aspectos clínicos y éticos de la medicina paliativa, a fin de que la sedación sea indicada y aplicada adecuadamente”

“La sedación en la agonía no es un tratamiento excepcional; el incremento de personas que precisan cuidados paliativos constituye actualmente un paradigma que debe estar presente en la enseñanza de las facultades de Medicina y en los programas de formación continuada y en la conciencia de todos los médicos”

http://www.jano.es/jano/opinion/voz/expertos/asamblea/general/consejo/general/colegios/oficiales/medicos/etica/sedacion/agonia/_f-303+iditem-3567+idtabla-4+tipo-7

La bioética como referencia en la investigación y clínica de las ciencias biomédicas

Por Dr. Ramón Couto Turnes
lunes 23 de febrero de 2009 1:52 COT

En 1971, Rensse Laer Potter, en un libro titulado Bioethics: bridge to the future, definió la bioética como “la disciplina que conjuga el conocimiento de los valores humanos con el conocimiento biológico”. Y en 1972 en la Universidad de Georgetown, en Washington, D. C., se crea el Instituto Kennedy de Bioética, dando por primera vez oficialidad a este término desde una institución académica y cuya finalidad era potenciar el debate y el diálogo interdisciplinar entre medicina, filosofía, ética y valores trascendentales. Esto supuso un cambio muy importante en el concepto de la ética médica tradicional.

Se ha afianzado en la sociedad como una disciplina que busca estudiar el comportamiento humano en el área de las ciencias de la salud, tanto en el campo de investigación como y sobre todo en el clínico, y hoy ya abarca no sólo aquellos aspectos más tradicionales y conservadores de la ética médica, sino también la ambiental y los derechos de las generaciones futuras en todo su amplio contenido, como el cuidado y la preservación del planeta y su riqueza, la biodiversidad, el desarrollo sostenible, la multiculturalidad, etc.

Es cierto que todavía centramos la bioética en el campo de la medicina y parece que ahí seguirá por bastante tiempo, porque esa fue la causa de su nacimiento, y tal vez el factor determinante de dicho nacimiento haya sido la multitud de paradojas que han aparecido asociadas al avance de la medicina en todos sus aspectos.

Si bien el Código de Nuremberg en 1948 trató por primera vez el tema de la experimentación con seres humanos, fue, llegada la era de los trasplantes de órganos, cuando surgió un nuevo problema por la necesidad de definir lo que en adelante debemos entender por “muerte clínica”, evitando así situaciones que pudieran dejar dudas sobre el estado del donante.

En 1968 la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard cambia el concepto actual e introduce en la comunidad científica el criterio de “muerte cerebral”. Esto, que parecía haber solucionado el problema, abre paso a muchos otros planteamientos actualmente en debate, entre los que debemos destacar, por su actualidad, la eutanasia activa o el derecho a decidir sobre la propia vida. Y ante esto el colectivo médico observa con criterios diversos como la tradicional herencia hipocrática y su juramento, se enfrenta en algunos casos a los recién incorporados derechos del paciente, entre otros, el de disponer de toda la información sobre su salud o decidir sobre el tratamiento.

En 1975 Karen Ann Quinlan queda en estado vegetativo persistente y los padres exigen que no se la mantenga con vida de modo artificial y por tanto se le desconecte el respirador artificial y pueda así morir en paz. La Corte Suprema de Nueva Jersey autoriza esta petición con base en “el derecho a una muerte digna”. Y aquí se plantean dos problemas: ¿Es ético mantener artificialmente una vida en estado vegetativo?¿Qué hemos de entender por muerte digna?

A partir de esta sentencia y tal como el propio tribunal recomendaba, han ido surgiendo en todos los hospitales un “comité de bioética” capaz de enfrentarse a estos problemas y que debe ser tenido en cuenta a la hora de tomar decisiones importantes sobre la enfermedad o la vida de los pacientes.

Si bien al principio los grandes especialistas mundiales en bioética eran en su mayoría teólogos o religiosos (no en vano ha sido la Iglesia quien primero introdujo estos estudios en las aulas de sus universidades), pronto aparecieron otras corrientes que dejaron al margen la religión e implantaron una bioética laica para que pudiera ser operativa en un mundo plural. Esto, que en origen parecía positivo, dio lugar a que surgieran los intereses y la lucha para dominar los comités por parte de las diversas corrientes ideológicas, de forma que sobre un mismo caso el comité de un hospital tiene un criterio y en otro hospital completamente el opuesto.

Pienso que la bioética no debe tratar únicamente las cuestiones morales en el campo de la biomedicina, sino que ha de ir mucho más allá e incluir entre sus objetivos tanto las cuestiones ontológicas como las epistemológicas. Y en el primer caso cabe plantearse lo que podemos denominar como “estatus humano”, en donde se definirían y asentarían sus derechos desde la fecundación hasta su extinción natural y todas las etapas por las que puede pasar, como el estado vegetativo, las enfermedades terminales… Quizá fuera preciso que a nivel internacional, tal como se ha hecho con los derechos humanos, se definiera lo que se entiende por “muerte digna”. Y creo que nadie debe poner en duda que aquí, como en muchos otros temas, la Religión y sus distintas jurisdicciones eclesiásticas, que puede ser altamente enriquecedora.

Y en el segundo deben tratarse, entre otros, todos aquellos problemas que relacionan al hombre con el medioambiente, la ecología y la supervivencia del planeta.

La bioética desarrollada en el ámbito de una sociedad pluralista no ha de ser ajena a las grandes corrientes de pensamiento, tanto de carácter religioso como ideológico. Ha de ser una bioética civil, aglutinadora, que sea o pueda ser compartida por todos y desenvolverse en un terreno filosóficamente neutral, mas allá de un ordenamiento jurídico y al mismo tiempo que no sea prisionera de unas convicciones exclusivamente religiosas.

El debate sobre el tema no ha hecho más que empezar, porque en el fondo todavía no hemos podido ni sabido separar la bioética de nuestra herencia cultural, de forma que muchos conflictos solo lo son en nuestra mente, por nuestra forma de ver las cosas. Y aquellos valores que consideramos fundamentales, lo son igualmente por nuestra manera de concebir la existencia. El cristianismo del siglo XXI, con su visión profética y trascendental, tiene un papel muy importante de cara a transmitir a la sociedad valores que la dignifiquen y humanicen sobre todo en el ámbito de los mas desprotegidos. Ha de aportar una visión, que lejos de imponerse, ha de resultar atractiva o motivante en aras a crear criterios humanizantes que evolucionen hacia una sociedad rica en valores fundamentales y que puedan ser integradores de todas las corrientes de pensamiento.

http://www.equinoxio.org/?p=3400

Diálogo entre ciencia y religión

Por Dr. Ramón Couto Turnes
sábado 7 de marzo de 2009 3:42 COT

Mi formación científica y teológica me lleva a compartir la idea del Padre Javier Gafe, S.J., que como Licenciado en Biología, además de teólogo, podía expresarse con más rigor sobre el tema, cuando decía que “para hacer una buena bioética hay que partir de unos buenos datos científicos”.

San Anselmo decía que “sería una gran negligencia el no tratar de comprender aquello que creemos”. Lógicamente, y este santo lo conocía mejor que yo, sabemos por la teología que hay una parte del Misterio que está oculta y otra que está develada.

He observado demasiadas veces como muchos expertos en bioética han hecho de ella su religión, pero por otra parte muchos religiosos han querido llevarla a la época de la ortodoxia de antaño.

Thomas Samuel Kuhn dice que “la ciencia no crece por acumulación de contenidos, sino por cambios de paradigmas”, es decir, por conceptos totalmente nuevos en un determinado campo científico. Ello puede y debe implicar igualmente cambios teológicos. Esto lo hemos visto ya en el concepto teológico de la Creación en relación con el paradigma de la Teoría de la Evolución.

Es preciso que la Iglesia Ortodoxa Universal y el catolicismo en general atiendan con diligencia los “signos de los tiempos”. En estos momentos de globalización en que occidente abre sus puertas a un nuevo concepto religioso y en que las distintas jurisdicciones ortodoxas buscan hacer llegar al primer mundo su concepto teológico de la Fe y su manera de vivirla, es preciso que se rompa esa falta de intercomunicación entre ciencia y teología y se formen comisiones de expertos por ambos lados, para promover la enseñanza y el conocimiento científico entre los teólogos, de modo que, a la Luz de la Revelación se dé “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

La Iglesia ha de guardar, divulgar y mantener hasta el fin de los tiempos, el Mensaje del que ha sido depositaria. Y ahí teólogos y científicos vamos a coincidir y respetar pero, al mismo tiempo, como intérprete de “los signos de los tiempos” y, sin ignorar en todo momento el riesgo que conllevaría aceptar el conocimiento humano como algo definitivo, sería bueno y deseable una mayor permeabilidad de la teología y de la propia Iglesia a la influencia positiva de la ciencia, influencia que, también hay que decirlo, muchas veces se considera y actúa con un dogmatismo tal que parece poseer toda la razón y la regla suprema para hallar toda la verdad. Es más, existe el peligro de que confiados en exceso en la ciencia, ésta se crea autosuficiente y renuncie a la búsqueda de cosas más elevadas, perdiendo toda posibilidad de penetrar en las íntimas esencias de la existencia y de la vida.

Quizás haya aspectos bioéticos en los que una parte de la ciencia y la propia Iglesia tanto oriental como occidental, jamás podrán estar de acuerdo por atentar contra la misma esencia de la Naturaleza y del propio mensaje mesiánico, como seria la clonación humana, la manipulación genética, la eugenesia, etc. Sin embargo el cristiano de hoy debe saber vivir su Fe, sin desconocer el avance científico y debe saber que todo descubrimiento de la ciencia es una aportación a su Fe y nunca un impedimento, y que la investigación científica, el desarrollo y el progreso son manifestaciones del Espíritu, que es preciso aprovechar y poner al servicio de toda la humanidad.

Tenemos que ser conscientes de la imagen del cosmos que hoy nos presenta la ciencia, porque ese es el mismo que Dios ha creado. Por tanto, afirmar la Fe en el propio Creador es aceptar, reafirmar y compartir su Creación.

Los nuevos tiempos nos presentan problemas de dimensiones y alcance hasta ahora desconocidos. Ante ellos las viejas confrontaciones entre ciencia y Fe resultan irrelevantes y hasta inútiles. Cabe un punto de encuentro en donde Fe y ciencia se aportan mutuamente cuanto tienen de valor supremo.

Esta cosmovisión científica actual tiene un espacio y también un vacío que solo la teología puede completar. Por tanto científicos y teólogos están llamados a aprender unos de otros y a renovar el contexto en el que se hace la ciencia y en donde la Revelación Cristiana y la teología viva tienen un papel muy importante de aportación y sin interferencias.

http://www.equinoxio.org/?p=3440

El “imperativo bioético” de Fritz Jahr y la neobioética estadounidense

Fernando Lolas Stepke

Profesor titular de la Universidad de Chile. Director del Programa de Bioética de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

10 Octubre 2008

El aporte de Jahr es especialmente interesante por centrar su atención en lo que denominó “el imperativo bioético”. Parafraseando a Kant, Jahr sugiere considerar a cada ser vivo como un fin en sí mismo y tratarlo como tal en la medida de lo posible.

Con la bioética ha ocurrido algo semejante a lo que pasó con el psicoanálisis. Éste nació en el ámbito germánico con la obra de Freud y sus primeros discípulos, fue desplazado a Estados Unidos con la emigración de los judíos de la Alemania nacionalsocialista y reimportado a Europa, especialmente Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial. En ese proceso, el “movimiento” cambió su faz, se convirtió en doctrina y en disciplina, se hizo políglota y fue en parte desviado de lo que pudieron haber sido su cauce y orientación originales. Adquirió resonancia, prestigio y aceptación en los círculos académicos no sin algunas dificultades.

Desde hace poco, y gracias a publicaciones del profesor Hans Martin Sass, de Bochum y Washington, se sabe que el vocablo “Bioética” no es una creación de Van Rensselaer Potter (como afirma él mismo y repite la mayoría de los textos) sino un invento del teólogo protestante Fritz Jahr (de Halle an der Saale), quien dio tal título a un artículo de 1927, publicado en la revista Kosmos. Handweiser für Naturfreunde, volumen 24, páginas 2 a 4. Cabe preguntarse por qué, en su momento germinal, el término no tuvo una merecida resonancia, derivado –como era el caso– de una atenta y consecuente lectura de Kant.

Sabemos, y repetimos, que el término se instaló en el léxico estadounidense en los años setenta, gracias a Potter, Hellegers, Shriver, entre otros, y recibió de Daniel Callahan una suerte de estatuto disciplinario en 1973 (Hastings Center Studies 1:66-73). En su reimportación a Europa, tuvo numerosas vicisitudes y resistencias, más debidas a las asociaciones adquiridas que a la intención de la palabra, y aunque en algunos sitios no es habitual, puede decirse que ya se la ha adoptado para denominar un trabajo académico y un conjunto de procesos sociales relacionados con la ciencia y la tecnología. No debemos olvidar a los autores españoles, como Francesc Abel, Javier Gafo y Diego Gracia, que tempranamente usaron el término en diversos contextos.

Reinvención no exenta de cambios

La reinvención del vocablo no estuvo exenta de cambios, pues en el caso de Potter se trataba de una suerte de advertencia apocalíptica sobre la necesidad de una “ciencia de la supervivencia” y en el de Hellegers y los autores del Kennedy Center de una revitalización humanística de la medicina y las ciencias biológicas relacionadas con el bienestar humano. En alguna de sus facetas, la “neobioética” estadounidense es una reformulación de la famosa tesis de la fusión de las “dos culturas” (la científica y la humanista) que C.P. Snow popularizó en el mundo anglosajón. La bifronte apariencia de esta neobioética –como admonición a una solidaridad biosférica (“ética global”) o como ética médica y de investigación biomédica– ha producido distintas tradiciones de estudio y aplicación. Por ejemplo, la ecobioética, como reflexión sobre las condiciones ambientales, la tecnoética, como expresión de las preocupaciones por el desarrollo de las tecnocracias, la neuroética, relacionada con el sistema nervioso y la cognición, por no hablar de las variantes “ideológicas” como la feminista, la personalista, la católica, la laica u otras. Sorprende la monotonía de las presentaciones escolares y la persistencia de debates obsoletos sobre el principialismo estadounidense, lo que solamente se explica por una falta de análisis histórico más allá de la habitual alfabetización filosófica básica que suele asociarse al discurso bioético.

El aporte de Fritz Jahr es especialmente interesante por centrar su atención en lo que denominó “el imperativo bioético”. La expresión fue insinuada (como “exigencia bioética”) ya en el artículo de 1927 y refinada en una serie de escritos en los años siguientes. Parafraseando a Kant, Jahr sugiere considerar a cada ser vivo como un fin en sí mismo y tratarlo como tal en la medida de lo posible. La formulación no fue definitiva sino hasta algunos años después del primer artículo de 1927. Especialmente relevante es en este sentido el texto Drei Studien zum 5. Gebot (Cinco estudios sobre el quinto mandamiento), publicado en 1934, en el cual se formula de manera expresa el “imperativo bioético”. Su importancia en el campo de investigación biológica que emplea animales no puede subestimarse. Anticipándose a muchas publicaciones que pronto revelarían la necesidad de una formación ética en el trato con el animal experimental, Jahr analiza la importancia de un contacto con la reflexión, la deliberación y el análisis de intenciones y convicciones para los investigadores (Gesinnungsethik). Al complementar el utilitarismo de la ciencia experimental, la formación de las personas que investigan recibe en sus escritos un relieve singular.

“Naturalizar” la reflexión moral

El propio Jahr destaca un aspecto histórico relevante para analizar su neologismo. Desde Kant se distinguía entre leyes (Gesetze) de la naturaleza y de la libertad. Las primeras, aplicables a la ciencia natural, la física. Las segundas, al ámbito de lo específicamente humano, la ética. Esta palabra separa el universo moral del natural, ya sea por su vinculación con lo divino, como se ve aún en el Renacimiento, o con las costumbres y la vida espiritual. El siglo XIX, al inventar las disciplinas científicas relacionadas con la vida, entre otras la fisiología, preparó el camino para esa disciplina-puente que Wilhelm Wundt bautizó como “psicología fisiológica”, agregando al ámbito de lo natural el psiquismo, bien que en una forma especial que luego tendría detractores. Lo natural, por consiguiente, no era ya solamente lo físico, sino también podía ser lo “psíquico” (como una de sus diferenciaciones).

La nueva disciplina permitía un incipiente análisis ampliable a seres humanos, animales y plantas. Cabía preguntarse si acaso ello ampliaba el horizonte de lo ético. Tras considerar el neologismo “biopsíquico”, alusivo a la consideración integral del psiquismo humano y no humano, Jahr concluye que el término “bio-ética” cumple semejante propósito al ampliar la posibilidad de deberes morales hacia toda la naturaleza viviente. Pero no funda su imperativo solamente en los avances de la incipiente ciencia psicológica y su impacto en la filosofía. El respeto por la dignidad de los seres vivos es una constante cultural en Occidente y en Oriente, con ecos en San Francisco de Asís, los escritores de la India, Herder, Schleiermacher, Schopenhauer, Rousseau, y muchos otros. Su lectura le lleva a fundamentar la bioética (y su imperativo central de respeto universal) en consideraciones antropológicas, teológicas, filosóficas y culturales. Un amplio panorama interdisciplinario que difícilmente se replica en los argumentos del movimiento estadounidense del siglo XX, formulados “después de la virtud” como cardinal fundamento de la acción moral racional. Con la bioética, Jahr pretende “naturalizar” la reflexión moral, sacarla del ámbito de lo exclusivamente humano, fundarla en una sólida tradición de respeto por la vida en general. Sin desdeñar el factor religioso, objeta la tradicional escisión entre lo humano como superior y el resto de la naturaleza como inferior y subordinado que instala en el imaginario social la tradición judeocristiana.

Si bien el trabajo de Jahr para la bioética se entronca con la filosofía continental europea y su cultura científica, su esfuerzo tiene repercusiones de orden más general. En lo práctico, destaca el cultivo de la compasión como factor formativo, la importancia de la difusión a través de la prensa y la radio para hacer partícipe de la ciencia al gran público y la dimensión de virtud que debería estar presente en la educación a todo nivel. Percibe que una educación que propugna la superioridad del “hombre” sobre toda la “creación” exige un contrapeso en la conciencia pública que no puede quedar mejor representado que en una disciplina intelectual.

Fértil campo de estudio

Se abre para los estudiosos de la bioética un fértil campo de estudio. El análisis de ese período de turbulencia política que en Alemania precedió al surgimiento del nacionalsocialismo debe contemplar estas reflexiones precursoras de la bioética. Esa efervescencia intelectual y social que permitió, por ejemplo, la aprobación de legislación relevante en el campo de la ética de la investigación médica, como la normativa del estado prusiano de 1931, bien merece un examen detallado. Primeramente, porque los sucesos de la historia posterior hacen pensar en cómo medir o apreciar el impacto de la reflexión y el trabajo legislativo para prevenir la instrumentalización política abusiva. En segundo término, la reconstrucción de la historia intelectual europea debiera asignar un papel, así sea modesto, a la obra de este poco conocido pionero del movimiento bioético.

Hasta ahora, en algunos lugares, como por ejemplo en Iberoamérica, hemos conocido en forma preferente, cuando no hegemónica, el principialismo estadounidense con sus fortalezas y sus deficiencias. La asimilación de la tradición filosófica se ha hecho en forma imprecisa, inadecuada por exceso o por defecto, y la contaminación con la crítica geopolítica al imperio del Norte ha enturbiado la discusión al mezclarla con insolventes populismos y el facilismo político de la argumentación de los oprimidos por el capitalismo o el imperialismo y su inmadura defensa por parte de supuestos profetas o gurúes.

Muchos tercermundistas militantes, bajo el lema (lamentablemente a veces con algo de razón) del antiimperialismo económico y ético confunden temas y razonamientos, crean pérdida de tiempo y esfuerzo e incluso intentan mostrar una palabrería carente de densidad intelectual como trabajo académico. El esfuerzo hacia delante es dotar de seriedad a la empresa bioética en Iberoamérica. El estudio de la historia –en sentido amplio– es un buen comienzo.

El caso de Fritz Jahr, como pionero que al menos debe ser considerado en la generación y fundamentación de un vocablo de tanta vigencia actual, destaca dimensiones que sin duda pueden enriquecer el debate, a veces trivializado por la acrítica repetición de lugares comunes. La pregunta que queda sin responder es cuánto más del acervo histórico es menester rescatar para enjuiciar crítica y creativamente nuestro trabajo presente.

Referentes históricos

Desde hace poco, y gracias a publicaciones del Prof. Hans Martin Sass, de Bochum y Washington, se sabe que el vocablo “Bioética” no es una creación de Van Rensselaer Potter (como afirma él mismo y repite la mayoría de los textos) sino un invento del teólogo protestante Fritz Jahr (de Halle an der Saale), quien dio tal título a un artículo de 1927, publicado en la revista Kosmos. Handweiser für Naturfreunde, volumen 24, páginas 2 a 4.

“ Jahr sugiere considerar a cada ser vivo como un fin en sí mismo y tratarlo como tal en la medida de lo posible.”

 

Bibliografía 
– Beauchamp, Tom L., Childress, James F. Principles of Biomedical Ethics. Oxford University Press, New York, 2001. (5ª edición)
– Sass, Hans-Martin. Fritz Jahr’s bioethischer Imperativ. 80 Jahre Bioethik in Deutschland von 1927 bis 2007. Medizinethische Materialien Heft 175, Zentrum für medizinische Ethik, Bochum, 2007. 
– Lolas, Fernando. Introducción histórica a la psicología fisiológica. Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1979.

http://www.jano.es/jano/humanidades/medicas/fernando/lolas/stepke/“imperativo/bioetico”/fritz/jahr/neobioetica/estadounidense/_f-303+iditem-3133+idtabla-4+tipo-10

 

Expertos demandan una formación de mayor calidad en Bioética y denuncian la escasez de materiales didácticos en español

18/09/2008 17:49:38
Comienza en Madrid el V Curso de Formación de Formadores “Bioética 4×4”, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud

Madrid, 17 de septiembre de 2008. Ha comenzado en Madrid el V Curso de Formación de Formadores “Bioética 4×4”, organizado por la Fundación de Ciencias de la Salud. Dirigido a profesionales con formación previa en Bioética y experiencia docente en la materia o participación en comités de ética, el encuentro se desarrolla durante toda la semana y se basa en los materiales de formación del proyecto “Bioética para clínicos”.“Es necesaria una formación de mayor calidad en Bioética”, ha reconocido el profesor Diego Gracia, presidente de la Fundación de Ciencias de la Salud y director del curso. Durante la inauguración, también ha denunciado la escasez de materiales didácticos en español: “lo más fácil y barato hubiera sido traducir los trabajos existentes en lengua inglesa, pero finalmente optamos por rehacerlo todo de nuevo”, tarea que ha llevado varios años.

El objetivo principal de este encuentro es enseñar a profesionales relacionados con la sanidad a manejar dichos materiales, entrenándoles en el manejo de las técnicas docentes en el ámbito clínico. El profesor Gracia opina que “la enseñanza de la bioética no está bien definida en las facultades de Medicina de nuestro país, lo que hace necesarias más iniciativas como ésta”.

Es de destacar el carácter eminentemente práctico del proyecto “Bioética para clínicos”, en el cual se basa el curso. En él se utilizarán herramientas tales como el paciente simulado estandarizado, técnica ésta que constituye uno de los instrumentos educativos y evaluativos más importantes para garantizar que se dispone de las competencias clínicas necesarias en el encuentro médico-paciente.

También han participado en el V Curso de Formación de Formadores “Bioética 4×4” los doctores: Javier Júdez (médico gestor sanitario); Rogelio Altisent, (médico de familia); Javier Barbero (psicólogo); Francesc Borrell (médico de familia); Fernando Carballo (gastroenterólogo); Beatriz Ogando (médico de familia); Manuel de los Reyes (cardiólogo); José Zarco (médico de familia); Concepción Bonet (médico pediatra), y Pablo Simón (médico de familia).

 

Desigualdades sanitarias, un asunto de vida o muerte

JANO.es · 29 August 2008 12:17

Un informe de una comisión independiente de la OMS muestra las desigualdades en salud y reclama una cobertura sanitaria universal en todos los países


En el mundo siguen existiendo grandes desigualdades en salud y expectativa de vida, tal como muestra el informe de una comisión independiente de la Organización Mundial de la Salud que reclama a todos los países ofrecer una cobertura sanitaria universal.
Las diferencias son a veces extremas. Así, una niña que nazca en Lesotho probablemente viva 42 años menos que la que nazca en Japón. La probabilidad de que una mujer fallezca durante el embarazo o el parto en Suecia son de una por cada 17.400, mientras que en Afganistán es de una por cada 8.
El documento muestra incluso enormes discrepancias dentro de cada país. Un niño que nazca en Calton, un subirbio pobre de Glasgow, posiblemente vivirá 28 años menos que otro que nazca en Lenzie, sólo a 13 kilómetros de distancia.
El informe resalta que la biología no explica por si sola esas diferencias, y las cifras presentadas son consecuencia principalmente del entorno social en que las personas nacen, viven, crecen, trabajan y envejecen.
El grupo de expertos autor del documento, titulado “Subsanar las desigualdades en una generación: Alcanzar la equidad sanitaria actuando sobre los determinantes sociales de la salud”, ha pasado tres años investigando los “determinantes sociales de la salud” responsables de esas diferencias.
Citan que “la nefasta combinación de políticas y arreglos económicos y una mala gestión política es responsable en gran medida de que la mayoría de la población del mundo no goce del grado de buena salud que sería biológicamente posible”.
Por su parte, la directora general de la OMS, Margaret Chan, ha declarado que “la desigualdad sanitaria es realmente una cuestión de vida o muerte”. Añade que es necesario un liderazgo sin precedentes que obligue a todos los actores, incluso los ajenos al sector sanitario, a examinar sus repercusiones en salud, ya que los sistemas sanitarios no van a tender espontáneamente hacia la equidad. En este contexto, según la Dra. Chan, “la atención primaria de salud, que integra la salud en todas las políticas gubernamentales, es el marco idóneo para ello”.
Según el informe, la riqueza no es necesariamente un determinante social de la salud, ya que por sí solo no necesariamente mejora la situación sanitaria de un país. “Si los beneficios no se distribuyen equitativamente, el crecimiento nacional puede incluso agravar las inequidades”, señalan los expertos, y añaden que “en años recientes, la riqueza, la tecnología y el nivel de vida han aumentado enormemente a escala mundial, pero la cuestión neurálgica es de qué modo ese aumento se utiliza para distribuir con justicia los servicios y el desarrollo institucional, especialmente en los países de ingresos bajos”.
En este contexto, la Comisión formula tres recomendaciones generales para afrontar “los devastadores efectos de la inequidad de las oportunidades de vida”:
-Mejorar las condiciones de vida cotidianas, en particular las condiciones en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen.
-Luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos -los factores estructurales de aquellas condiciones- a escala mundial, nacional y local.
-Y medir y entender el problema, y evaluar el impacto de las intervenciones.
http://whqlibdoc.who.int/hq/2008/WHO_IER_CSDH_08.1_spa.pdf

Primer manual de bioética para gastroenterólogos

Fernando Abellán, abogado especialista en Derecho Sanitario, y Javier Sánchez-Caro, director de la Unidad de Bioética y Legislación Sanitaria de la Consejería de Sanidad de Madrid, han presentado el primer Manual de bioética y derecho sanitario para gastroenterólogos con el que pretenden aportar material didáctico y formativo ante los problemas éticos y legales.
Europa Press Madrid 22/07/2008
A pesar de que los casos en que estos profesionales acaban en los tribunales son “poco frecuentes”, según explicó el presidente de la Asociación Española de Gastroenterología, Fermín Mearín, la utilidad de este manual radica en que la mayoría de las demandas que sufren “no se deben a una mala praxis sino a falta de información”.

El manual recoge la problemática general de la información, el consentimiento y la intimidad en la práctica clínica, todo ello a la luz de la Ley de Autonomía del Paciente y de las resoluciones judiciales más importantes. En un lenguaje adaptado a los profesionales sanitarios, se abordan las cuestiones relativas al manejo y acceso de la documentación, prestando especial atención a la historia clínica electrónica.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1148423.html

Una guía ética práctica para orientar al profesional sanitario

La objeción de conciencia en el ámbito sanitario es una cuestión muy compleja que generan situaciones difíciles de resolver. Para orientar a los profesionales en esta cuestión la Fundación de Ciencias de la Salud y la Fundación para la Formación de la Organización Médica Colegial (OMC) han editado una guía que lleva por título Ética de la objeción de conciencia.
Redacción 02/06/2008
Como ha señalado Juan José Rodríguez Sendín, secretario general de la OMC y uno de los directores del manual, en la guía, que recoge 33 casos paradigmáticos, el médico no va a encontrar soluciones a su situación particular, pero sí un método de análisis de conflictos éticos. El procedimiento que se propone es la deliberación, cuyo objetivo es la adopción de decisiones prudentes y razonables.

“Es una guía práctica, no teórica; ética y no jurídica, según Diego Gracia, que también ha dirigido los trabajos de la obra. “En ella se parte del principio de que la institución sanitaria debe tener los recursos necesarios para resolver sus conflictos desde dentro”, evitando la judicialización en la medida de lo posible.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1129689.html

Semergen ofrece al médico una ‘web’ sobre bioética

La Fundación de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen) ha presentado la nueva página web del Instituto de Bioética y Humanidades Medicas (IBH), www.institutobioeticahumanidades.es, informa Europa Press.
Redacción 30/05/2008
La página pretende “desarrollar aquellas facetas humanísticas del ejercicio profesional, ayudando a este colectivo a conocerlas, comprenderlas y potenciarlas”, según Javier Sádaba, filósofo y director asociado del IBH.

Este nuevo foro supone un intercambio de ideas que facilitan la comunicación entre las personas e instituciones interesadas e implicadas en proyectos de otras características, y permite la participación en proyectos diseñados para facilitar el desarrollo de las facetas humanísticas de la medicina.

El IBH tiene como objetivos principales “desarrollar el pensamiento, reflexiones y conceptos de la bioética aplicada a la medicina clínica y, en particular, al ámbito de AP; desarrollar las facetas humanísticas al igual que los valores éticos y profesionales de la práctica médica; detectar las carencias y las fortalezas, e implementar las medidas necesarias para conseguir los objetivos propuestos”, ha explicado Antonio Otero, director del IBH.

Dentro de la web se podrán consultar los cursos de formación realizados para los profesionales, y en especial para la atención primaria, en los campos de la Bioética y las Humanidades.

Por otro lado, existe un apartado dedicado al campus universitario, en el que se realizarán actividades de difusión, información y formación en universidades españolas y extranjeras. También se pretende introducir una biblioteca virtual, en la que se incluirán todas aquellas publicaciones más relevantes, entre las que se encuentran las propias del IBH y su fondo editorial especializado en bioética y humanidades. Además, dentro de la web se ha incluido el Museo Virtual del Médico Rural, que muestra un recorrido interactivo en el tiempo que abarca el siglo XIX y primera mitad del XX, en el que se describen las distintas teorías del modo de enfermar y las causas de ello, y cómo fueron influyendo en el ejercicio profesional del médico rural.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1129153.html

El Complexo Hospitalario participa en una novedosa revista de bioética

LR – OURENSE – 24-05-2008

El Área de Formación e Investigación de Enfermería del Complexo Hospitalario de Ourense ha puesto en marcha una novedosa revista científica especializada en la investigación de los cuidados desde la perspectiva bioética.

Dirigida por el supervisor del Área de Formación del CHOU, Angel Martínez Quez, ‘Ética de los cuidados’ se integra en el prestigioso proyecto de la Fundación Index, una entidad científica con gran repercusión nacional e internacional, responsable entre otras iniciativas de la base de datos de referencia enfermera ‘Cuiden’ o de la hemeroteca virtual ‘Cantárida’.

El primer número, de acceso libre dentro de la hemeroteca digital ‘Cantárida’, aborda temáticas específicas sobre el cuidado espiritual del enfermo, la dignidad en los cuidados de la salud, la relación clínica, ética asertiva y conflictos relacionales o la seguridad del paciente, entre otras.

Con Martínez Ques, que es coordinador del grupo gallego de Ourense del Observatorio de la Enfermería basada en la Evidencia de la Fundación Index, colaboran profesionales del Sergas, así como un amplio equipo de especialistas en las diferentes áreas de la bioética a nivel nacional e internacional, entre ellos, el jefe de redacción, el ourensano Pablo Simón Lorda, un reconocido experto a nivel nacional en bioética y en la actualidad, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública.

La bioética en España: el final del principio

Antonio Casado da Rocha y Begoña Simón Cortadib.

02 Mayo 2008

Un panorama a la vez convulso y esperanzador

Es posible que, con el final del principio de la bioética en lengua española, la relativa pax bioethica que hemos disfrutado durante estos años también se haya acabado.

Referentes bibliográficos
Una obra de referencia de Diego Gracia: Fundamentos de bioética
 
Un ambicioso y magistral intento de fundamentar los juicios morales en el ámbito médico desde una doble perspectiva: la histórica y la sistemática. La perspectiva histórica abarca la tradición médica (criterio del bien del enfermo, paternalismo), la tradición jurídica (criterio de autonomía, derechos del enfermo) y la tradición política (criterio de justicia, bien de terceros). En cuanto a la sistemática, se ocupa de las diversas fundamentaciones de la bioética, así como de sus métodos y de la bioética mínima. Editorial Triacastela www.triacastela.com ISBN: 978-84-95840-18-9

Si consideramos a Diego Gracia como uno de los principales autores de obras relacionadas con la bioética en lengua española, puede decirse también que ésta ha entrado en la mayoría de edad: su libro Fundamentos de bioética ha sido reeditado por Triacastela a los dieciocho años de su publicación original1. Como se dice en el prólogo de esta segunda edición, el diálogo con los clásicos nunca defrauda; para muchos lectores en España, Europa y América, este libro puso los cimientos de un edificio que ha ido construyéndose alrededor de una propuesta metodológica basada en los principios de no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia.

Sin embargo, un repaso de la extensa obra de Gracia permite detectar un abandono progresivo del lenguaje de los principios en beneficio del de los valores, un cambio reconocido por el propio Gracia en el prólogo de su también recién reeditado Procedimientos de decisión en ética clínica. El presente artículo (y otros dos que están en prensa) responde a las razones de esa evolución, que corre paralela al devenir histórico de la propia bioética española. A nuestro juicio, el cambio en el lenguaje supone un intento de adaptación a las transformaciones experimentadas por el ámbito sociosanitario en los últimos años. La importancia en este nuevo escenario de la responsabilidad, la prudencia y la deliberación, es una muestra más de que la bioética en España es una disciplina compleja, pero viva y madura.

Aunque abordar una historia de la bioética queda fuera del alcance de esta sección, ya se han publicado aproximaciones parciales que nos permiten cierta visión de conjunto2,3. Esa historia comienza en los años setenta y ochenta del pasado siglo gracias a la labor de “pioneros” como Francesc Abel, Javier Gafo y el propio Gracia. Ellos hicieron de Madrid y Barcelona las capitales de la bioética española, y si tanto Gafo como Abel pertenecen a la orden de los jesuitas, este último y Gracia coinciden en deber su formación bioética a una estancia en Norteamérica. Gracia publicó Fundamentos de bioética tras visitar varias universidades estadounidenses en los ochenta, por lo que este libro ha sido descrito como la “culminación de un esfuerzo para desarrollar una bioética de estilo americano apta para España” 4, pero su trabajo va más allá de la simple traducción de la bioética americana, ya que la adaptó a conceptos e instituciones más propios de la cultura mediterránea, manteniendo el espíritu práctico mediante la discusión de casos clínicos.

Llega la Transición

A pesar de que quizá pudiera mantenerse que la bioética nació en España a finales de los años sesenta, no es hasta la Transición, en 1975, cuando comienza su vida pública. Al reconocer todos los derechos humanos básicos, la Constitución de 1978 abre el camino a la Carta de los Derechos de los Pacientes, y en los ochenta se suceden una serie de promulgaciones que garantizan por ley el derecho al cuidado de la salud, despenalizan el aborto en algunas circunstancias o aceptan ampliamente las técnicas de reproducción in vitro5.

Estos cambios políticos se han acompañado de tensiones con la Iglesia católica, que ha mantenido un papel activo en los debates sobre algunos de los temas anteriormente citados. Sin embargo, hay que reconocer que el ámbito católico español es plural: hay una bioética confesional dogmática que no se aparta del magisterio de la iglesia, pero también existe una bioética católica favorable al debate democrático, en el que participa como una perspectiva dominante si bien pluralista, como “un punto de vista más”.

El origen de esta tensión podría encontrarse en el seno de la propia iglesia, en particular entre la moral neoescolástica, que la ve como un conjunto de prohibiciones y no como un discurso de exhortación a la virtud, y la moral católica de la primera mitad del siglo XX, que entiende que la misión de la religión sería promover la vida cristiana, una ética de máximos, dejando la parte prohibitiva en manos de la ética racional, de mínimos, universalmente compartida. A juicio de Gracia, esto es fundamental para poder entender la bioética como “un discurso plural con vocación incluyente”6.

Los años noventa son un período de institucionalización bioética en que se crean diversos foros, centros, fundaciones y sociedades, posibilitando la expansión y la normalización de esta disciplina. En el ámbito universitario la bioética se incluye (aunque no en todos los lugares y con carácter sesgado) en los planes de estudio de medicina, enfermería, filosofía y derecho. Se organizan comités y proliferan los títulos de “máster” y “experto en bioética”. Además, se suceden congresos de bioética para la formación y promoción de debates. También son años de explosión bibliográfica, de la que son muestra, entre otras, las publicaciones de la editorial Triacastela, de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano de las universidades de Deusto y del País Vasco, la revista Bioètica & Debat del Instituto Borja, o los documentos de la Fundació Grifols o del Observatori de Bioètica i Dret y de la Cátedra UNESCO de Bioética de la Universidad de Barcelona. Esta expansión es geográficamente desigual, dependiendo en ocasiones de las iniciativas legislativas propias de cada comunidad autónoma.

Mediterráneo e Iberoamérica

En un contexto más amplio, la bioética española se sitúa en la Europa mediterránea, y mantiene firmes lazos con Iberoamérica por comunidad lingüística y herencia cultural común. Esta cercanía con América aporta una reflexión sobre la prioridad de la justicia en el plano de los principios, algo que adquiere especial importancia a la hora de pensar una bioética global que habría de revisar los presupuestos de la bioética hegemónica, cautiva tal vez de “las servidumbres de su contexto de origen norteamericano y europeo”7.

La llegada del siglo XXI, acompañado de novedades científicas que hacen vislumbrar un futuro de nuevas posibilidades biotecnológicas, invita a ponderar estas innovaciones y reflexionar sobre el modelo de sociedad deseable. Ante este debate se hace patente, una vez más, la tensión entre un sector de la iglesia católica, que se resiste a aceptar la separación entre iglesia y Estado, y los defensores de una bioética laica. Esta tensión se refleja en las discusiones de proyectos de ley, especialmente de los que tienen mayor incidencia sobre la vida familiar8. Esto nos lleva al campo jurídico, donde durante estos años se desarrolla una importante legislación de reconocimiento de los derechos de los pacientes como expresión del principio de autonomía, recogido en las figuras del derecho a la información y al consentimiento informado, así como en la Ley de Investigación Biomédica (2007).

Antes de esbozar las posibles características de la bioética española del siglo XXI, debemos mencionar la aportación de la filosofía moral a esta disciplina. Desde esta área de conocimiento, en el ámbito de la ética aplicada, Adela Cortina ha defendido la necesidad de aceptar el pluralismo moral frente a las pretensiones de una bioética confesional dogmática. Esta autora apuesta por una moral por acuerdo que pueda traducirse jurídicamente en consensos pacificadores, para lo que sería necesario “aislar valores compartidos para proponer un mínimo ético imprescindible para responder a la dimensión social de los desafíos”9.

Aunque M.J. Guerra sitúa en 1993, a partir de la publicación por Cortina de Ética aplicada y democracia radical, el momento en que la bioética española comienza a utilizar el modelo deliberativo como procedimiento, también es cierto que Gracia apostaba por la deliberación desde sus primeras obras. La deliberación adquiere tal valor que es en su impulso donde sitúa Guerra uno de los objetivos primordiales de la bioética del siglo XXI. Para ello ve necesaria la creación de equipos de trabajo interdisciplinarios en un momento en el que “hemos dejado atrás nuestro ‘retraso’ respecto a las investigaciones bioéticas y podemos responder a la demanda de los sectores sociosanitarios y de la opinión pública”10.

El gran desafío pendiente

Tal vez el gran desafío pendiente para la bioética española sea plantear su contribución a una perspectiva global que conjugue justicia y respeto por la autonomía para todos los habitantes del planeta11. El nuestro es un sistema sanitario en proceso de transformación, en el que los servicios se han ido ampliando hasta cubrir necesidades tradicionalmente abordadas desde el trabajo social.

Tras analizar este y otros cambios, Albert Jovell concluye que nos encontramos ante un nuevo modelo de paciente, con necesidades, derechos y obligaciones también nuevas. En este sistema, el centro de salud pasa a convertirse en un “centro sociosanitario”, ya que muchas de las patologías que se atienden en él se acompañan de situaciones de dependencia, en parte porque el envejecimiento de la población ha traído consigo un aumento de las enfermedades crónicas y las patologías asociadas con la edad, en detrimento de las situaciones de enfermedad única y aguda. Y todo esto en un sistema sanitario fragmentado por especialidades y en el que aún predomina el modelo de hospital de alta tecnología implantado desde los años sesenta, en el que se echa en falta “una aproximación más cercana a las necesidades de salud y sociales de los pacientes”. A esto se añade una tendencia emergente a calificar a los usuarios de la atención sanitaria como “clientes” y no como “pacientes”, lo que provoca tensiones entre una organización diseñada para atender enfermos de forma gratuita y universal y una concepción del paciente como consumidor12.

Panorama convulso y esperanzador

El panorama es a la vez convulso y esperanzador. Sin duda, el sistema sociosanitario español se ha humanizado gracias a la labor de los “pioneros” y las consiguientes fases de expansión e institucionalización de la bioética. Pero el fomento y la normalización de la deliberación no siempre traen consigo más consenso, sino al contrario, como en nuestro entorno se ha encargado de recordarnos el filósofo Javier Muguerza.

Es posible que, con el final del principio de la bioética en lengua española, la relativa pax bioethica que hemos disfrutado durante estos años también se haya acabado. Pero ya estábamos avisados por Max Weber, quien en su ensayo sobre “la ciencia como vocación” define nuestra época por la pérdida del monopolio interpretativo de la ética cristiana y la consiguiente resurrección de los viejos dioses, plurales y diversos, entre los que el individuo debe elegir para hacerse cargo de las “exigencias del día”13.

El conflicto cotidiano entre los principios de la bioética es sólo un reflejo de esa contienda mayor que entre sí sostienen los dioses de los distintos sistemas de valores; tal vez por ello Diego Gracia ha prestado especial atención en su obra a la cuestión de los valores en medicina.

“Aún predomina el modelo de hospital de alta tecnología implantado desde los años 60, en el que se echa en falta una aproximación más cercana a las necesidades de salud y sociales de los pacientes”

Bibliografía

1. Gracia D. Fundamentos de bioética. 2.ª ed. Madrid: Triacastela; 2007. 
2. Simón P, Barrio IM. Un marco histórico para una nueva disciplina: la bioética. Med Clin (Barc). 1995;105:583-97. 
3. Guerra MJ. Bioética en España: treinta años de interdisciplinariedad y controversias (1975-2005). En: López de la Vieja, editora. Bioética: entre la medicina y la ética. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca; 2005. p. 173-90. 
4. Rodríguez del Pozo P, Fins JJ. Iberian Influences on Pan-American Bioethics: Bringing Don Quixote to Our Shores. Cambridge Quarterly of Healthcare Ethics. 2006;15:227. 
5. Ibíd., p. 226. 
6. Guerra MJ. Op. cit., p. 186. 
7. Ibíd., p. 190. 
8. Abel F, Terribas N. Dinamismo del diálogo bioético en España. En: Pessini, de Paul, Lolas, coordinadores. Perspectivas de la bioética en Iberoamérica. Santiago de Chile: Organización Panamericana de la Salud/OMS; 2006. p. 154-5. 
9. Guerra MJ. Op. cit., p. 181. 
10. Ibíd., p. 183. 
11. Ibíd., p. 190. 
12. Jovell AJ. El paciente del siglo XXI. Anales del Sistema Sanitario de Navarra. 2006; 29:87-88. 
13. González García JM. Empieza la razón a hablar una vez más y la esperanza a florecer de nuevo. En: Aramayo R, Álvarez JF, editores. Disenso e incertidumbre. Un homenaje a Javier Muguerza. Madrid/México: Plaza y Valdés; 2006. p. 152-4.

http://www.jano.es/jano/humanidades/medicas/humanidades/medicas/antonio/casado/da/rocha/begona/simon/cortadib/bioetica/espana/final/principio/_f-303+iditem-2751+idtabla-4+tipo-10

Jacinto Bátiz: “El tratamiento del dolor es un imperativo ético del médico”

El tratamiento del dolor al final de la vida del paciente no es una cuestión opcional sino una obligación ética, siempre con el consentimiento del enfermo, según Jacinto Bátiz, jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurce (Vizcaya).
Gonzalo de Santiago 18/04/2008

Jacinto Bátiz, jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurce, en Vizcaya, ha indicado que “el tratamiento del dolor no debe ser opcional, sino un imperativo ético, contando lógicamente con el adecuado consentimiento del enfermo”.

Por ello cree que los médicos no deben permitir que alguien pueda sufrir dolor por una cuestión de ignorancia o por temor a aliviarlo con la posología suficiente o por creencias erróneas.

“Sería conveniente que cuando tratamos de aliviar el dolor de un enfermo no pensemos, como ocurre habitualmente, que existen dos tipos de dolor: el propio (insoportable) y el ajeno (exagerado). Al final de la vida es uno de los síntomas que precisa de nuestra ciencia y nuestro arte”.

El bioético ha hecho estas reflexiones en las jornadas El enfermo ante la muerte: una visión multidisciplinar, organizadas por la UNED y la Universidad de Alcalá de Henares. En este tipo de situaciones, según Bátiz, el profesional tiene que dar credibilidad al enfermo si dice que algo le duele, identificar el tipo de dolor y conocer bien los fármacos para tratar dicha dolencia.

El especialista en cuidados paliativos señaló que la sedación en la agonía es hoy el tratamiento adecuado para aquellos enfermos que, en los pocos días u horas que preceden a su muerte, son presa de sufrimientos intolerables que no han respondido a las intervenciones paliativas, incluidas las más enérgicas, con las que se ha intentado aliviarlos.

Bátiz cree que en España “se puede morir mal por falta de cuidados paliativos, pero también hay pacientes que mueren mal por exceso de tecnologías médicas. Son muchos los enfermos en fase terminal que aún mueren con el suero puesto y esperando una analítica, o entubados en un servicio de urgencias. En ocasiones nos obstinamos cuando aplicamos tratamientos fútiles que no sólo no aportan ningún beneficio, sino que además pueden añadir sufrimiento”.

Asimismo, dice que la limitación del esfuerzo terapéutico ha sido denominada con cierta frecuencia, erróneamente, eutanasia pasiva, “en lugar de una práctica adecuada a la situación del enfermo. Los posibles conflictos radican en que la indicación o no de estas medidas pueden variar en distintos enfermos e incluso en momentos evolutivos de la fase terminal de un mismo enfermo”.

Comprensión
La relación médico-enfermo al final de la vida se desarrolla en una situación especialmente crítica. “El paciente necesita que el facultativo le explique qué es lo que va a pasar y que no le engañe, pero todo ello con una sensibilidad exquisita para que le ayude a comprender lo que precisa en esos momentos tan difíciles”.

Por lo tanto, ¿cuándo se hace una buena práctica médica al final de la vida? “Cuando aplicamos aquellas medidas terapéuticas proporcionadas, evitando la obstinación terapéutica, el abandono, el alargamiento innecesario y el acortamiento deliberado de la vida”.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1113296.html