Archivo de la categoría: Aspectos antropológicos y filosóficos

”Bioética, ciencia y sociedad en defensa de la persona humana”

Durante los días 16, 17 y 18 de este mes de mayo se celebrará en las instalaciones del Hotel Meliá Habana de la capital cubana el IX Congreso de la Federación Internacional de Centros e Institutos de Bioética Personalista (FIBIP) y I Congreso Internacional del Centro de Bioética Juan Pablo II bajo el lema: “Bioética, ciencia y sociedad en defensa de la persona humana”
Para saber más: http://www.cbioetica.org/.

Investigadores de la CEU-UCH reúnen en un libro el pensamiento sobre bioética y ecología del Papa emérito Benedicto

RECOPILA MÁS DE 20 TEXTOS

Los autores Alfonso Martínez Carbonell y Emilio García Sánchez

Foto: CEU-UCH

VALENCIA, 18 Abr. (EUROPA PRESS) –

   Ediciones Palabra acaba de publicar el libro ‘Benedicto XVI habla sobre vida humana y ecología’, en el que han participado los investigadores de la CEU-UCH Emilio García Sánchez y Alfonso Martínez Carbonell, informa la institución académica en un comunicado.

http://www.europapress.es/sociedad/noticia-investigadores-ceu-uch-reunen-libro-pensamiento-bioetica-ecologia-papa-emerito-benedicto-20130418180456.html

La Santa Sede aboga por una investigación bioética a largo plazo

“Medicina regeneradora: cambio fundamental en la ciencia y la cultura”

Simposio en el Aula Nueva del Sínodo en el Vaticano del 11 al 13 de abril

VIS, 09 de abril de 2013 a las 16:14

La obligación del CI deriva del respeto a la dignidad de la persona

SIEFERT ABOGA POR UNA MEDICINA MÁS HUMANISTA

Josef Siefert, fundador de la Academia Internacional de Filosofía, cree que para que el médico se convierta en un hombre universal, debería contar en su currículum con estudios de antropología filosófica y de ética médica.

Pilar Laguna. Murcia   |  15/10/2012 18:23

http://www.diariomedico.com/2012/10/15/area-profesional/normativa/-obligacion-ci-deriva-respeto-dignidad

La patentabilidad de la tecnología embrionaria no afecta sólo a la moral sino también a su base antropológica

La Unión Europea prohíbe patentar la utilización de células embrionarias y define el concepto de embrión humano

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha emitido una Sentencia histórica a favor de la dignidad del embrión humano desde la concepción, según la cual no se pueden patentar los resultados de las investigaciones llevadas a cabo con células madre embrionarias porque “el respeto a la dignidad humana podría verse afectado”. La reclamación de nulidad de una patente sobre la obtención de células progenitoras neuronales no fue presentada por ninguna institución religiosa o grupo ultraconservador sino por Greenpeace eV, por estar en contra de la comercialización del cuerpo humano.

Por Eduardo García Peregrín  Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada y colaborador de la Cátedra CTR.

http://www.tendencias21.net/La-patentabilidad-de-la-tecnologia-embrionaria-no-afecta-solo-a-la-moral-sino-tambien-a-su-base-antropologica_a13303.html

Human Dignity, Human Rights, and Responsibility: The New Language of Global Bioethics and Biolaw

Human Dignity, Human Rights, and Responsibility: The New Language of Global Bioethics and Biolaw (Basic Bioethics)Michael Barilan

“Human dignity” has been enshrined in international agreements and national constitutions as a fundamental human right. The World Medical Association calls on physicians to respect human dignity and to discharge their duties with dignity. And yet human dignity is a term–like love, hope, and justice–that is intuitively grasped but never clearly defined. Some ethicists and bioethicists dismiss it; other thinkers point to its use in the service of particular ideologies. In this book, Michael Barilan offers an urgently needed, nonideological, and thorough conceptual clarification of human dignity and human rights, relating these ideas to current issues in ethics, law, and bioethics. Combining social history, history of ideas, moral theology, applied ethics, and political theory, Barilan tells the story of human dignity as a background moral ethos to human rights. After setting the problem in its scholarly context, he offers a hermeneutics of the formative texts on Imago Dei; provides a philosophical explication of the value of human dignity and of vulnerability; presents a comprehensive theory of human rights from a natural, humanist perspective; explores issues of moral status; and examines the value of responsibility as a link between virtue ethics and human dignity and rights. Barilan accompanies his theoretical claim with numerous practical illustrations, linking his theory to such issues in bioethics as end-of-life care, cloning, abortion, torture, treatment of the mentally incapacitated, the right to health care, the human organ market, disability and notions of difference, and privacy, highlighting many relevant legal aspects in constitutional and humanitarian law.

Editorial Reviews

Review

“This wonderful book provides a comprehensive, well-written, and well-argued reading of the relationship between human dignity and human rights. This kind of deep historical analysis and systematic argument is paramount to understanding the present philosophical discussions of the foundations of human rights, law, and bioethics.” –Jacob Dahl Rendtorff, Roskilde University, Denmark

“In recent years the concept of human dignity has been accorded diminished respect as fundamentally useless for normative moral theory as well as practical application, especially in the field of bioethics. Likewise, the notion of basic human rights has been regarded as being too controversial to be useful in addressing most practical moral problems. Barilan offers a novel, fundamental reconstruction of both these notions that, arguably, restores their respectability and utility for addressing a broad range of bioethical issues. This is an ambitious and provocative book worth a careful reading.”–Len Fleck, Center for Ethics and Humanities in the Life Sciences, Michigan State University

“In exploring crucial questions that are at the very heart of various moral problems of our time, Yechiel Michael Barilan demonstrates a deep and wide-ranging familiarity with the history of ideas, with classic philosophical and theological discussions, and with medical concepts. It is rare to find this combined expertise in one person. This broad and multifaceted approach makes this volume particularly original when compared to the existing literature on the notion of human dignity.”–Roberto Andorno, University of Zurich

About the Author

Yechiel Michael Barilan is a practicing physician, specialist in internal medicine, and Associate Professor of Medical Education in the Sackler Faculty of Medicine at Tel Aviv University.

Dignity: Its History and Meaning

MICHAEL ROSEN

Michael Rosen, Dignity: Its History and Meaning, Harvard University Press, 2012, 176 pp., $21.95 (hbk), ISBN 9780674064430.

Cine, un recurso bioético para quien mira.

“ Y entonces descubrí algo inesperado y acaso aún más interesante ; que puede haber una “ antropología cinematográfica “ , porque el cine es , con métodos propios , con recursos de los que hasta ahora no se había dispuesto , un análisis del hombre , una indagación de la vida humana “. Julián Marías

Poco podría añadir a lo que D. Julián Marías expresaba en su discuro de toma de posesión como miembro de la Real Academa de Bellas Artes de San Fernando. Para descubrir hay que mirar y esa mirar atento es el que nos permite indagar en la vida humana.

El cine es pues un recurso valioso desde el punto de vista educativo de la bioética pues nos permite reflexionar sobre múltiples aspectos de la vida de los hombres, unas veces en sus luces, otras en sus penumbras o sombras, cuando no todas al mismo tiempo y en la variabilidad de circunstancias en la que se desenvuelve.

Quiero presentar aquí, como propuesta el comentario de varias películas recientes que pueden resultarnos de interés.

“El legado de Bourne” y sugerencias bioéticas, por Juan Pedro Rivero

http://divorciadosenlaiglesia.blogspot.com.es/2012/08/el-legado-de-bourne-y-sugerencias.html

La ética del silencio a través de “The artist”, por Gloria Mª Tomás y Garrido

http://www.aebioetica.org/bioetica-en-el-cine/la-vida-humana-a-traves-del-cine/621-la-etica-del-silencio-a-traves-de-the-artist.html

Elena, Redacción de Análisis Digital

http://www.analisisdigital.org/2012/07/23/elena/

La delicadeza, Redacción de Análisis Digital

http://www.analisisdigital.org/2012/07/09/la-delicadeza-2/

La estrella ausente, mirada Europea sobre China, por Manuel Carmona Rodríguez

http://rick-casablanca.blogspot.com.es/2012/08/la-estrella-ausente-mirada-europea.html

Y también como propuesta el blog de Fernando Alonso Barahona, http://fab1961.wordpress.com donde el lector encontrará elmentos interesantes respecto a esta propuests y de donde he tomado “prestado” la cita de Julián Marías que introducía este post.

Diferente tipo de cine, forma de abordarlo y autores con la vida humana como elemento común. Hagan acopio de palomitas si lo desean y miren la pantalla con atención para descubrir la vida.

 

 

Atapuerca cuidó de Benjamina

El hallazgo del cráneo de una niña discapacitada indica que fue asistida por el grupo hace 530.000 años – Sufría craneosinostosis y murió a los 10 años

ALICIA RIVERA – Madrid – 31/03/2009

Tendría unos 10 años, seguramente era niña, murió en lo que ahora es la sierra de Atapuerca (Burgos) hace 530.000 años y era diferente, tanto que su grupo, su familia, le tuvo que haber prestado cuidados especiales. De lo contrario, no habría sobrevivido. Entonces, su cráneo asimétrico y, probablemente, su cara irregular no engañaron a nadie, porque además, cabe pensar que tuvo capacidades psicomotoras deficientes. Hoy los científicos saben que ese individuo, esa homínido preadolescente, tenía craneosinostosis, una enfermedad rara que afecta a menos de seis personas por 200.000 habitantes en la población actual.

Las claves de esta historia de enfermedad y solidaridad social están en un cráneo que los científicos de Atapuerca encontraron en el yacimiento de la Sima de los Huesos y que hoy presentan en la revista estadounidense Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS).

Casi todas las piezas del cráneo deforme fueron descubiertas en 2001. Al año siguiente encontraron más. “Tenemos más de 30 fragmentos de este cráneo, el número 14 de la colección de la Sima”, dice Ana Gracia Téllez (Centro de Evolución y Comportamiento Humanos), líder del estudio. “Al reconstruirlo vimos que era raro, asimétrico”, continúa.

La cuestión que se plantearon Ana Gracia, Juan Luis Arsuaga y el resto del equipo fue si un individuo así se valdría por sí mismo en un grupo de cazadores recolectores, si habría sobrevivido varios años sin la ayuda de otros individuos de esta familia. El primer apodo del cráneo 14 en el laboratorio fue Benjamín, “el niño querido”, comenta Gracia. “Pero ahora, como creemos que es niña [por la gracilidad de las estructruas óseas], sería Benjamina”.

La craneosinostosis es una patología que se caracteriza porque los huesos del cráneo se fusionan prematuramente. “Hoy en día, cuando se presenta en un niño, se le opera normalmente en sus primeros meses de vida para evitar tanto la deformación estética como las posibles alteraciones en el encéfalo”, comenta Gracia. “En cuanto a nuestra niña, no sabemos exactamente qué deficiencias psicomotoras tendría, pero hemos descubierto indicios de que podría tener presión intracraneal elevada”.

La fusión prematura de los huesos craneales se debe, en algunos casos, a mutaciones cromosómicas. Pero también puede tener un origen traumático o metabólico del feto. En el caso de Benjamina, los científicos se inclinan por el origen traumático. “La madre se dio un golpe, o el feto estaba mal colocado… Descartamos que el problema fuera en el parto”, dice Gracia.

Existen en el registro fósil algunos homínidos con alguna carencia que sugiere que serían dependientes de sus congéneres para sobrevivir, pero son indicios controvertidos. Sin embargo, lo de Benjamina parece claro. “El cráneo 14 es el caso documentado más antiguo de craneosinostosis con deformidades neurocraneales, cerebrales y, muy posiblemente, asimetrías en el esqueleto facial”, concluyen los científicos de Atapuerca. “A pesar de estas desventajas, el individuo sobrevivió más de cinco años, lo que sugiere que su condición patológica no fue un impedimento para recibir la misma atención que cualquier otro niño del género Homo del Pleistoceno Medio”.

En la Sima de los Huesos se han hallado ya miles de fósiles que pertenecieron a 28 individuos, al menos (incluidos 16 cráneos), de diferentes edades y de ambos sexos, de hace 530.000 años, lo que supone un fondo excepcional para hacer comparaciones y estudios.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Atapuerca/cuido/Benjamina/elpepisoc/20090331elpepisoc_7/Tes/

 

«La sociedad moderna tiende a un hedonismo malo»

A salto de mata GLORIA MARÍA TOMÁS Y GARRIDO PROFESORA DE BIOÉTICA DE LA UCAM

«El sufrimiento forma parte del ser humano, como la felicidad; es el contrapunto. Si no existiera, no podríamos conocer el polo opuesto»
24.01.09 –

«La sociedad moderna tiende a un hedonismo malo»

G loria María Tomás y Garrido es farmacéutica y profesora de bioética de la Universidad Católica San Antonio (UCAM). Coordina el máster oficial de Bioética dirigido a graduados universitarios, tanto de formación humanística como a los relacionados con ciencias de la salud, la enseñanza o la práctica jurídica. La asistencia es on-line e incluye la obligatoriedad de asistir al Congreso de Bioética que hasta hoy se celebra en el campus de Los Jerónimos, con asistencia de importantes expertos. Es autora también de numerosos libros sobre bioética.
– ¿Qué es la bioética?
– La ética aplicada a la vida orgánica. En cierto modo es como la conciencia de la ciencia. El mundo en el que vivimos no es un supermercado, es un mundo teológico en el que las personas y la vida natural, tienen su propio significado, con unos valores que hay que respetar. Actualmente se tiende a un hedonismo malo, que convierte a las personas en objetos, ya que incita a confundir placer con felicidad
– ¿En qué campos es más importante la aplicación de la bioética?
– En el inicio y final de la vida. En la sexualidad y en la enfermedad. Curiosamente en la sociedad actual se está llegando a un gran confusionismo entre los conceptos de dolor y sufrimiento. Se dice que hay que eliminar el sufrimiento, cuando este concepto forma parte del ser humano, como la felicidad. Es el contrapunto. Ahora nos venden que hay que buscar la felicidad por encima de todo. Si no existiese el sufrimiento, no podríamos conocer el polo opuesto, es decir la felicidad.
– Según ese concepto ¿es posible la eutanasia para evitar sufrimiento a un enfermo terminal?
– La vida la da Dios y solo a él corresponde quitárnosla. Antes, cuando yo estudiaba, nos enseñaban que el protocolo a seguir en medicina era investigar, curar, consolar y cuidar. Ahora ante un enfermo se habla de esperanza de vida y de calidad de vida. Pero en realidad lo que se quiere es eliminar la parte de cuidar, porque es caro para la Administración y por el sacrificio que puede suponer para los allegados.
– ¿Qué opina de la procreación en laboratorio y manipulación de embriones?
– Creo que no se pueden fabricar personas como si fuesen zapatos o cualquier otra cosa. Se está alterando el concepto de procreación, por el de reproducción. La dignidad de una persona requiere ser concebida por amor entre un hombre y una mujer. Tampoco estética, porque supone elegir un embrión y desechar otros muchos. La naturaleza creadora tiene sus límites y hay que respetarlos.
– ¿El aborto es admisible en algún caso, según los conceptos de bioética?
– Para poner límites a la vida hay que entender bien su significado. Nadie es dueño de la vida que pueda generarse en el interior de su propio cuerpo. Está comprobado que la vida existe desde los primeros días del embarazo, y ese ser engendrado, aunque lleve pocos días en el seno de su madre, tiene todas las potencialidades del ser humano que está destinado a ser,. Nadie puede truncar esa vida. No se puede convertir la cuna de la vida, que es un seno materno, en un pasillo de la muerte.
– ¿Qué opina de la sexualidad aplicándole la bioética?
– La sexualidad humana es misteriosa y personal. Actualmente incitan a los jóvenes a disfrutar de su sexualidad, cuando es más importante enseñar lo que es el amor. Porque sin amor, el placer sexual se queda vacío. Hay que devolver la confianza en el hombre y en sus posibilidades, a través del amor.
– ¿Cómo reaccionan los alumnos ante esta disciplina?
– En general, bien. Los alumnos de hoy día no leen, sino que miran y oyen. Se saben todas las canciones de moda, se ven las películas y series de televisión. Pero a través de ese mirar las pantallas, de ese escuchar temas que hablan de los problemas del hombre, se sensibilizan y comprenden bien los conceptos éticos cuando se les explica.
http://www.laverdad.es/murcia/20090124/region/sociedad-moderna-tiende-hedonismo-20090124.html

“La ciencia no lo explica todo”

Murcia 24/01/2009

Fuente: UCAM
El Catedrático de Genética de la Universidad de Alcalá de Henares, Nicolás Jouve de la Barreda, ha disertado en la UCAM sobre “la investigación en bioética y la bioética en la investigación”

“La ciencia no lo explica todo”

La UCAM ha clausurado hoy las Jornadas de Bioética, que bajo el título, ‘Temas clave en la Bioética Contemporánea’, ha reunido a expertos en la materia. Las jornadas han concluido con la lectura de las conclusiones que se han recogido de las distintas ponencias que han tenido lugar durante el simposio. El Catedrático Genética de la Universidad de Alcalá de Henares, Nicolás Jouve, ha asegurado que “la ciencia no lo explica todo ni es la única fuente de conocimiento. Somos seres lógicos por lo que no podemos decir que el único conocimiento es el que se puede demostrar empíricamente”.

La jornada de clausura ha contado con un panel de expertos que ha debatido sobre ‘Antropología, Bioética y profesiones’. El primero conferenciante en intervenir ha sido el Profesor Asociado de Bioética de la UCAM, Modesto Ferrer Colomer, que ha centrado su ponencia en la situación actual que existe entre la profesión médica y la bioética. Ferrer, ha recalcado, entre otras ideas, que “se quiere hacer oír que la eutanasia es una prestación médica más”.

La profesora de Antropología y Educación de la Universidad Católica de Valencia, Consuelo Tomás Garrido, ha profundizado en la antropología y la bioética en la enseñanza universitaria. Consuelo Tomás ha discutido sobre la dignidad de las personas, “el valor que posee lo humano”, ha apostillado. Sobre este asunto, ha afirmado que existen dos formas de dignidad, la dignidad ontológica, la que existe por el hecho de ser humanos, intrínseca; y la dignidad moral, que depende de nuestra conducta. “Mis alumnos se sobresaltan cuando les digo que la dignidad ontológica es igual en la madre Teresa de Calcuta que en Hitler”, ha señalado. Por su parte, el profesor del Colegio Monteagudo (Murcia) y Profesor Asociado de Bioética de la UCAM, Juan Antonio Marín Martínez, ha debatido también sobre antropología y bioética, pero en su caso, en la enseñanza no universitaria. Marín ha planteado como posibles soluciones a la diversidad de opiniones que hay sobre temas relacionados con la bioética en la enseñanza varios aspectos, como el hecho de que los centros definan su ideario, la necesidad de formación del profesorado en temas relacionados con la bioética, “según su ideología”, ha subrayado; o sensibilizar a los políticos para que cumplan con su labor de servicio, “no de adoctrinamiento”. Del mismo modo, ha afirmado que “el Estado debe crear las condiciones morales para que yo pueda educar a mi hijo”.

El presidente de la UCAM, José Luis Mendoza, ha destacado en la clausura de las jornadas, que en la Universidad Católica “trabajamos por la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte”.

“La ciencia no lo explica todo”, Foto 1
http://www.murcia.com/noticias/2009/01-24-ciencia-no-lo-explica-todo.asp

La asistencia médica descubre sus límites

Muchas veces la medicina se vuelve contra los pacientes

Llevado al extremo de la irracionalidad, el esfuerzo de la medicina por preservar y cuidar la salud de las personas ha demostrado que es capaz de volverse en contra de aquellos a quienes pretende proteger. Cuando los médicos se empecinan en extender la vida aún más allá de las posibilidades fisiológicas y del deseo de sus pacientes, aparece lo que se ha dado en llamar el encarnizamiento terapéutico. Pero prolongar la vida innecesariamente no sólo perjudica a quienes se les priva del derecho a una muerte digna. En un mundo donde los recursos públicos que se destinan al cuidado de la salud no sólo son finitos, sino que muchas veces resultan insuficientes, su uso irracional parece cercenar aún más el acceso de la población en general al cuidado de su salud. Hoy se acepta el establecimiento de un límite en la asistencia médica, pero la cuestión es definir cuál es y quién establece, y aun más, cómo se valida este límite. Un punto de partida puede ser la observación de casos y el cambio actitudinal frente al manejo de estos conceptos. Por Adolfo Vásquez Rocca.

La aplicación del avance tecnocientífico en la práctica de la medicina asistencial de alta complejidad ha de conducir al diseño de experiencias de campo en las que se plantea el crucial dilema ético del fin de la vida: establecer y describir la naturaleza del vínculo entre el soporte vital avanzado y la muerte.

Al tiempo que el acelerado desarrollo del cuidado intensivo del paciente grave y los nuevos procedimientos diagnósticos y terapéuticos han generado la aparición de nuevos cuadros clínicos, asociados a esta nueva medicina crítica como resultado de la aplicación sostenida y prolongada de los métodos de soporte vital ordinarios y avanzados. Entre ellos pueden mencionarse el estado vegetativo persistente, frecuentemente derivado de encefalopatías y disfunciones orgánicas múltiples con trastornos cognitivos frecuentes. Estos cuadros resultan paradigmáticos en este tiempo porque asocian, vinculan y confunden la terminalidad con el carácter presuntamente reversible y transitorio del estado crítico.

En la generación de la toma de decisiones en cuidados intensivos los principios bioéticos, el derecho y las competencias del profesional médico -intensivista- juegan un rol determinante, incluso al principio y término de estos eventuales procedimientos, tanto cuando se discute si es pertinente o no el ingreso del paciente en este tipo de servicio, como a la hora de definir entre aplicar nuevos procedimientos invasivos -fútiles en muchos casos- y el retiro del soporte vital avanzado. En en los intersticios de una u otra decisión, entre el encarnizamiento terapéutico y las consideraciones en torno al dolor, la dignidad y la esperanza, se desliza este concepto de tenues fronteras, a saber, el mejor interés del paciente.

Este núcleo de interés constituye un cambio de paradigma a partir del cual deben replantearse cuestiones cruciales, entre las que se cuentan el desarrollo de una cultura y sensibilidad en torno al planeamiento de la limitación del esfuerzo terapéutico, entendido este ya no sólo como la delimitación tácitamente acordada en vistas a evitar problemas médico-legales a los médicos, sino como una toma de posición deliberada, una decisión que informa una acción, que ejecuta un conjunto de medidas claramente definidas y terapéuticamente controladas tendiente a una limitación ya sea de las medidas que estaban tomadas ejemplo: respiración mecánica, drogas vasoactivas, antibióticos en la infección, así como no iniciar nuevas terapias por ejemplo: diálisis que son de mucho costo, de mucha invasión y eventualmente poco rendimiento.

Es así como en la terapia intensiva se plantean a diario una serie de problemas en relación con la aplicación de los principios bioéticos generales a casos particulares, ello derivado de la posibilidad de aplicación de métodos diagnósticos y terapéuticos invasivos.

Mi convicción, así como el tema a fundamentar en esta Tesis, es que estos dilemas podrían ser atenuados si en la formación inicial, de pregrado, el profesional médico fuera preparado y entrenado no sólo en los aspectos teóricos y principios abstractos -propios de las definiciones de los código de ética médica y bio-ética- sino, y de modo fundamental, en los aspectos concretos e individuales de las situaciones de conflicto, dadas en el caso a caso que es, por lo demás, el proceso por el que se va sentando jurisprudencia.

Para ello se propone aquí la necesidad de -una vez abordados los aspectos legislativos, sensibilizado al cuerpo médico así como a la opinión pública en torno a un debate amplio y democrático sobre estas cuestiones- diseñar modificaciones en el currículum de la educación médica que posibiliten preparar a las nuevas generaciones de médicos tanto en los aspectos valóricos como terapéuticos involucrados.

Esto como práctica en la etapa de internado y en las distintas instancias de simulación gnoseológica y operativa según el plan de estudios de cada Escuela de medicina. La formación teórico-práctica versaría sobre cuestiones tocantes a los criterios, oportunidad y viabilidad de recursos, de la medicina paliativa o aplicaciones de terapias de soporte vital avanzados, así como de discernir cuando éstas, concurriendo todos los aspectos legales, terapéuticos, humanos y espirituales, debe ser retirada y de manera no adjetiva, la preparación de los profesionales en estas maniobras y destrezas terapéuticas y humanizadoras, todo ello atendiendo al estado del arte médica. Para esto es necesario desarrollar consensos amplios que den lugar a la inserción institucionalizada en el currículo de la enseñanza de la medicina tales contenidos y destrezas terapéuticas.

Reflexión en torno a la muerte; una aproximación desde la Antropología médica

De este modo, la reflexión sobre la muerte intervenida como un fenómeno emergente de nuestra cultura resulta imprescindible para que la sociedad se involucre en un tema que le incumbe en forma absoluta y exclusiva. Surge de aquí la necesidad de precisar conceptos:

El concepto de muerte intervenida comprende todas aquellas situaciones en que la aplicación de la suspensión o no aplicación de algún método de soporte vital se constituye en un límite en el tratamiento vinculado con la producción de muerte cardiorrespiratoria tradicional. Es una larga historia la de la domesticación del morir por parte de la medicina, en lo que no cabe duda es de que la invención del respirador artificial significó un antes y un después en esta materia.

El respirador, como es sabido, se gestó durante la epidemia de polio que asoló al mundo en la década del cincuenta. Por aquel entonces, un médico danés decidió utilizar bolsas de aire para bombear oxígeno a los pulmones de niños que, afectados por la enfermedad, morían asfixiados; claro que el método era imperfecto: los mantenía con vida siempre y cuando la enfermera no dejara de bombear oxígeno. La solución llegó semanas después de la mano de la feliz idea de acoplar una bomba mecánica a la bolsa de aire. Como era de esperar, la tecnología no tardó en extenderse; pero no habría de pasar mucho tiempo hasta que el avance obligó a los médicos a enfrentar situaciones clínicas hasta ese momento impensables. Cuando comenzaron a aparecer los métodos de soporte vital, principalmente el respirador, los médicos se encontraron con que tenían pacientes que eran ventilados artificialmente, pero que sufrían cuadros neurológicos absolutamente irreversibles.

Lentamente, las unidades de cuidados intensivos estaban comenzando a poblarse de un nuevo tipo de pacientes: personas que jamás recuperarían la conciencia, pero que podían ser mantenidas con vida artificialmente durante décadas. Sucede que por aquel entonces estaba aún vigente la idea tradicional de muerte, que la asocia al cese de la actividad cardíaca y respiratoria.

Mantener con vida a estos pacientes representaba tanto una prolongación injustificada del sufrimiento de sus familiares que asistían a una agonía eternizada, como un acaparamiento inconducente de recursos monetarios y de infraestructura hospitalaria. Ante esta nueva perspectiva, fue estrictamente necesaria la reformulación del concepto de muerte.

En esta historia de la domesticación del morir los conceptos se han vuelto problemáticos y ambivalentes a partir, precisamente, de las definiciones al uso de la noción de muerte; tanto a través del concepto de la pérdida completa de la función cerebral, lo que después de casi cuarenta años de empleo de este criterio de demarcación para diagnosticar la muerte, puede visualizarse un continuo que se asocia tanto con la necesidad o interés de procurarse órganos para trasplante, como con la necesidad de evitar prolongadas agonías en pacientes irrecuperables. Cuestiones que en un análisis inmediato se revelan de distinta naturaleza y por ello ponderable en términos diversos.

Según se ha expuesto el criterio de muerte cerebral estableció que el fin de la vida llega cuando coinciden la muerte del tronco y de la corteza del cerebro. Sin embargo, algunos estudios del tema sugieren la incidencia de otro factor en la adopción de este nuevo criterio de muerte. Meses antes, más precisamente el 3 de diciembre de 1967, el doctor Christian Barnard había realizado el primer trasplante de corazón: esta nueva posibilidad trastrocaba la mirada que se posaba sobre los pacientes con daños neurológicos irreversibles que eran mantenidos vivos en forma artificial. “La definición de muerte cerebral es un artificio de técnica -opina el doctor Mainetti-. Tiene por único fin introducir la posibilidad de retirar un soporte vital y dar por muerta a una persona a la que se mantiene con vida sin ningún sentido, abriendo así la posibilidad de utilizar sus órganos para un trasplante”

El criterio de muerte cerebral es una de las primeras respuestas sobre los límites en la atención médica de aquellos pacientes que ya no son capaces de verse beneficiados por ningún tratamiento. Pero no es la única. Un paso más allá se encuentra el derecho del propio paciente -o de su familia- a rechazar un tratamiento que se considera inútil. Se revisarán en el desarrollo de esta tesis, varios casos que perduran en el imaginario colectivo como los impulsores del debate que finalmente diera lugar a la instauración de este derecho.

En las últimas décadas la licitud ética -derivada de la aceptación de la práctica- de la interrupción en la aplicación de los métodos de soporte vital ordinarios y avanzados en situaciones que no configuran los supuestos de muerte cerebral -como los estados vegetativos y otras situaciones clínicas irreversibles- y hasta los intentos de obtener órganos para trasplantes en estas ocasiones (cuando se contare con el acuerdo explícito del donante o su representante) hace posible una interpretación conjunta de estos cuadros a través de la admisión del establecimiento de un límite en la asistencia médica.

La cuestión ahora es definir cuál es y quién establece, y aun más, cómo se valida este límite. Un punto de partida puede ser la observación de casos y el cambio actitudinal frente al manejo de estos conceptos.

La observación de casos permite al menos establecer como tendencias generales que en el estado de coma irreversible -definido como muerte cerebral- se tiende a aconsejar el retiro de la respiración mecánica. Así, también, se visualiza en las últimas décadas una aceptación progresiva de disponer la abstención y/o el retiro del soporte vital en pacientes con evolución irreversible para permitir su muerte. Ahora bien, de ambas situaciones basadas en evidencia empírica podemos derivar un punto problemático común: existen casos de pacientes críticos en los que se visualiza la necesidad de establecer límites en la asistencia médica.

El tema central presente en ambas circunstancias es que en estos casos la muerte resulta ligada a las decisiones (acciones u omisiones) que se toman en el ámbito asistencial sobre el soporte vital. Estas decisiones constituyen por sí mismas ese límite y marca el comienzo de toda una época de ‘muerte intervenida’ por oposición a la muerte natural hoy casi desconocida y olvidada por inexistente. Es en virtud de ello que dentro de la expresión ‘muerte intervenida’, utilizada primariamente para describir las acciones de abstención y retiro habituales en terapia intensiva, se incluye también a la muerte cerebral, esto como hito histórico fundamental.

Marco general del Problema Clínico y Bioético

Desde las décadas del setenta y del ochenta en adelante se ha asistido a la aparición cada vez más frecuente de cuadros clínicos intermedios constituidos por un coma inicial resultante de una injuria cerebral con variables grados de lesión del sistema nervioso como en el estado vegetativo persistente, demencias profundas y otros, en que no se cumplen los criterios aceptados de muerte cerebral (indemnidad del sistema reticular activador del tronco cerebral y de las funciones respiratoria y circulatoria), pero que también tienen daño cerebral irreversible con pérdida absoluta de las funciones corticocerebrales superiores.

Tienen permanentemente abolida la conciencia, la afectividad y la comunicación con conservación de los ciclos sueño-vigilia, y fuertes estímulos puede provocar apertura ocular si los ojos permanecen cerrados y también acelerar la respiración, el pulso y la tensión arterial. Los reflejos y movimientos oculares se conservan, así como también los reflejos protectores del vómito y de la tos. Estos pacientes pueden tener movimientos espontáneos que incluyen masticación, rechinar dientes y deglutir.

También pueden emitir sonidos o gestos que sugieren ira, llanto, queja, gemidos o sonrisas. Su cabeza y ojos pueden inconsistentemente rotar hacia luces o emitir sonidos no verbales. Pese a que para un criterio experto todas estas actitudes son consideradas como de origen subcortical es innegable que a la mirada expectante de los seres queridos estos signos pueden constituir un motivo de aliento y arraigo emocional que es imposible negar como vivencia afectiva.

Así, en los últimos años la pregunta por los límites que se deberían establecer a la prolongación artificial de la vida ha sumado un nuevo aspecto. El conflicto ya no lo plantea el médico que propone una terapia que conduce al encarnizamiento terapéutico, sino que nace del paciente o de sus familiares que piden un tratamiento que no se considera eficiente.

La respuesta de la bioética se centra en el llamado concepto de futilidad, que es por decir lo menos, bastante controvertido. Los tratamientos fútiles, esto es inútiles, lo único que logran es dar al paciente dolor, daño, incomodidad y gasto económico. Sin embargo el problema es ¿cómo determinar la futilidad de una terapia médica? ¿Sólo con los criterios estadísticos que le son propios?

Existen dos criterios, responde. La futilidad fisiológica es el más simple: es cuando el tratamiento demuestra no modificar las variables fisiológicas del paciente que uno busca. Desde otra perspectiva se sostiene que se puede definir la futilidad mediante criterios estadísticos: un tratamiento sería fútil cuando tiene menos del 5% de posibilidades de resultar exitoso. No hace falta aclarar que para determinar la futilidad de un tratamiento es necesario actuar caso por caso. Los límites que delimitan este concepto son muy controvertidos y discutibles; por ello las instituciones médicas cuentan hoy con comités de bioética.

Los comités de bioética son, en su propia definición, espacios multidisciplinarios y pluralistas que se nutren del aporte de expertos no sólo provenientes de la medicina, sino también del derecho, la antropología, la religión y, en algunos casos, de representantes de la comunidad.

La medicina como actividad artesanal destinada al cuidado y eventual curación de las personas siempre tuvo límites, pero el final de la vida llegaba por factores externos alejados de una decisión cercana de efectos inmediatos y directos. Ahora, y como resultado del progreso tecnológico, la posibilidad del manejo de la función vital influye en la determinación y el tiempo de muerte.

Esta cuestión central, que atiende la realidad médica cotidiana y que se encuentra en el marco de las decisiones posibles con el hombre enfermo, marca el comienzo de toda una época de muerte intervenida, por oposición a la natural.

De alguna forma se ha producido una suerte de asalto tecnológico a la disponibilidad de los individuos sobre su propia muerte. Este asalto ha dado lugar a la medicalización de la muerte, obligando, como se ha visto, incluso a cambiar su definición a través de la adopción del criterio de muerte cerebral.

Por otra parte, hoy la muerte no sólo es técnicamente controlable y administrable, sino que resulta en cierta forma negociable. La dramática situación actual de los recursos destinados a la salud lleva a que se establezcan criterios para decidir qué enfermedades se tratan y cuáles no. Todos estos aspectos sensibles, tocantes a materias de salud pública, también serán considerados en la presente tesis.

Fundamentos de la Investigación Antropológica y Médica

Llevado al extremo de la irracionalidad, el esfuerzo de la medicina por preservar y cuidar la salud de las personas ha demostrado que es capaz de volverse en contra de aquellos a quienes pretende proteger. Cuando los médicos se empecinan en extender la vida aún más allá de las posibilidades fisiológicas y del deseo de sus pacientes, aparece lo que se ha dado en llamar el encarnizamiento terapéutico.

La agonía injustificadamente prolongada, el sufrimiento extremo, la desfiguración y el aislamiento del paciente; cualquiera de ellas puede ser la consecuencia del encarnizamiento terapéutico que conlleva formas de morir que resultan una caricatura de la dignidad personal.

Es habitual hablar de la lucha de la vida contra la muerte, pero hay un peligro inverso, presagiado por la literatura de ficción y de algún modo avalado por el desarrollo tecnológico de la medicina. Tendremos que luchar contra la probabilidad de que no muramos. Contra el olvido de la muerte. Nos encontramos en el proceso de reactivar esta inmortalidad patológica, la inmortalidad de la célula cancerígena, tanto a nivel individual como al nivel de las especies como un todo. Es la venganza contra los seres mortales y sexuales de las formas de vidas inmortales e indiferenciadas, en lo que podríamos llamar, al modo de Baudrillard, la solución final.

La muerte, que una vez fue una función vital, se podría convertir en un lujo, en un costoso placer. En todos los modos futuros de la civilización, donde la muerte habrá sido eliminada, los clones del futuro podrán pagar muy bien por el lujo de morir.

Ni la psicología ni la biología han reconocido el lugar central de la pulsión de muerte en la determinación de los seres humanos. Y así como hay una pulsión de inmortalidad para la cual se tienen respuestas tecnológicas como la clonación, también hay una pulsión de muerte. Como hemos visto, estas pulsiones entran en juego simultáneamente y es posible que una no sea más que una variante de la otra, nada más que su dilatación.

Y es que, a veces, “el intento de respetar la vida puede acabar en trato inhumano o degradante, es decir, indigno”, escribió hace algunos años Diego Gracia, miembro de la Fundación de Ciencias de la Salud, de España, en el prólogo del libro Morir con dignidad.

Podría decirse que la muerte indigna -aquella que se demora sin ofrecer nada a cambio, más que sufrimiento y humillación- es un invento reciente. Nace como resultado del avance que protagonizó en los últimos cincuenta años la medicina, avance que permite hoy prolongar la vida a través de instrumentos que proporcionan a los pacientes un soporte vital que suple funciones biológicas perdidas o cuando menos suspendidas.

Pero prolongar la vida innecesariamente no sólo perjudica a quienes se les priva del derecho a una muerte digna. En un mundo donde los recursos públicos que se destinan al cuidado de la salud no sólo son finitos, sino que muchas veces resultan insuficientes, su uso irracional parece cercenar aún más el acceso de la población en general al cuidado de su salud.

Por eso, cabe preguntarse, ¿hasta cuándo es lícito extender artificialmente la vida de una persona? Desde hace algunas décadas, los expertos en bioética han elaborado una serie de criterios que permiten ponerle freno al afán desenfrenado de los médicos por vencer a la muerte, evitando así el encarnizamiento terapéutico.

[Adolfo Vásquez Rocca]mail: adolfovrocca@gmail.com es Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV. Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas, Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV, Editor Asociado de Psikeba, —Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires—miembro del Consejo Editorial Internacional de la Fundación Ética Mundial de México- y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo. El Dr. Adolfo Vásquez Roca es asimismo columnista de diversas revistas y publicaciones internacionales.

Artículos Relacionados:

Artículo “Jean-Luc Nancy; La Filosofía del cuerpo y las metáforas de la enfermedad” En Revista OBSERVACIONES FILOSÓFICAS, 2008, Asociada al Postgrado en Filosofía – PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALPARAÍSO y al Grupo THEORIA – Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. ISSN 0718-3712

Vásquez Rocca, Adolfo: Artículo De la Antropología médica a la Iatrofilosofía; el estatuto ontológico de la enfermedad, En Revista Observaciones Filosóficas Nº 2 – 2006 – ISSN 0718-3712

Vásquez Rocca, Adolfo, Las Metáforas del Cuerpo en la Filosofía de Jean-Luc Nancy; Nueva carne, cuerpo sin órganos y escatología de la enfermedad En Revista ALEPH ZERO Nº 47 – Enero – Marzo, 2008, Escuela de Ingeniería y Ciencias, UNIVERSIDAD DE LAS AMÉRICAS PUEBLA, MÉXICO. indexada en LATINDEX.

Artículo Peter Sloterdijk: Espacio tanatológico, duelo esférico y disposición melancólica En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas – Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º / 1 | pp. 151-158

Artículo Anti-psiquiatría; Deconstrucción del concepto de enfermedad mental en ALEPH ZERO Nº 46, octubre – diciembre, 2007, Revista de la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la UNIVERSIDAD DE LAS AMÉRICAS, PUEBLA, MÉXICO. indexada en LATINDEX.

Artículo La filosofía del cuerpo de Jean-Luc Nancy; metáforas y escatología de la enfermedad en Lecturas del Psicoanális, Buenos Aires, 2007.

Las investigaciones aquí desarrolladas buscan una aproximación interdisciplinaria al fenómeno de la salud y la enfermedad, así como a la naturaleza de la práctica médica en la postmodernidad. La filosofía de la medicina se inspira fundamentalmente en la actual filosofía de la ciencia, que ha abandonado la idea de una realidad objetiva o de un orden natural inmutable, reemplazándola por la representación de nuestro conocimiento, adquiriendo así uno de sus rasgos fundamentales, el carácter holístico e interpretativo

Domingo 28 Diciembre 2008
Adolfo Vásquez Rocca

http://www.tendencias21.net/La-asistencia-medica-descubre-sus-limites_a2857.html

Begoña Román: “No es posible excluir los valores de la práctica clínica”

Begoña Román, profesora de Filosofía Teórica y Práctica de la Universidad de Barcelona, ha argumentado que “la práctica clínica siempre implica valores”, una idea que contrarresta la visión de un determinado positivismo científico “que incide en que existe una clara separación entre hechos y valores, algo que no es posible”.
Enrique Mezquita. Valencia 28/11/2008
Román, que ha participado en las IV Jornadas Nacionales de Comités de Ética Asistencial que concluyen hoy en la UIMP-Valencia, ha señalado que cualquier persona que realice una práctica clínica “delibera y toma decisiones que deben ser argumentadas”. Por ello, “es mejor que lo haga desde una ética cívica, que será válida ante cualquier ciudadano del mundo y podrá ser defendida y argumentada ante un profesional que pueda discrepar. La Declaración de los Derechos Humanos puede ser una buena base para esa ética mundial”.

Según Román, es necesario destacar que esa ética va más allá de los aspectos y las cuestiones meramente morales, ya que éstas “son productos culturales y quedan obsoletas”. En su opinión, los nuevos poderes biotecnológicos generan nuevas preguntas, “y tenemos insuficiencias argumentativas ante formas antiguas de proceder, que sabemos que no son positivas”. Por lo tanto, es necesario hacer una reflexión crítica sobre las costumbres y hábitos que tenemos.

La apelación a la ética “implica un nivel de conciencia maduro, ya que es necesario comprender que las morales quedan obsoletas y no tenemos autoridades morales compartidas, ya sean religiosas, políticas, etc”. Por ello, es vital que quienes tienen mayor responsabilidsd en este ámbito tome las decisiones.

http://www.diariomedico.com/edicion/diario_medico/normativa/es/desarrollo/1187749.html

Mons. Elio Sgreccia en la Universidad Católica de Ávila

MaloBueno 
Escrito por Ecclesia Digital   
lunes, 17 de noviembre de 2008

Bioética: en el pórtico del misterio de la vida humana

Todos los bienes de la tierra deben servir al hombre y ordenarse en función del hombre. Generalmente esta afirmación es aceptada por la mayoría. Sin embargo, la respuesta a la pregunta crucial “qué es el hombre” es múltiple, como afirma la Gaudium et spes, y de ella depende no sólo la manera en que le quepa hacer uso de esos bienes, sino más aún, el modo de vida que el hombre mismo pueda o se le permita llevar. Mons. Elio Sgreccia, hasta hace sólo algunos meses presidente de la Pontificia Academia para la Vida, puede ser considerado el primer gran referente de la escuela bioética personalista que, desde una sana filosofía cristiana, se ha abierto paso entre bioéticas llamadas ‘laicas’, desarrolladas en estas últimas décadas. Inspirado en la filosofía de Hildebrand, Wojtyla, Maritain y otros, ha desbrozado el camino para la elaboración de una respuesta católica sistemática a la pregunta sobre la verdad del hombre en este ámbito que a todos afecta.

Esta vez en el marco de la inauguración de un nuevo máster en bioética, la obra presentada por Mons. Sgreccia ofrece una magistral guía introductoria para abordar con criterio las principales cuestiones de la bioética. Sin olvidar las raíces remotas de la misma en el “corpus hippocraticum” y su juramento, queda en primer plano la herencia cristiana de la noción de persona, el significado teológico de la asistencia médica (Cristo médico) y la institución gratuita de hospitales, que deben su invención a la caridad cristiana. Pero los desencadenantes inmediatos de la bioética como tal han aparecido precisamente tras los abusos en la experimentación sobre el hombre (primero durante el nacismo, pero también en ciertas experiencias en Estados Unidos ya durante la década de los 30 y posteriormente). ¿Cuál es el papel de la bioética? ¿Cómo se pueden justificar sus conocimientos? Y, por otra parte, ¿en qué se basa para juzgar éticamente realidades que parecen, en principio, ajenas porque pertenecen al mundo científico? Es legítimo cuestionarse el lugar de la pregunta ética: ¿debe plantearse en el momento de aplicar los resultados obtenidos en la investigación? ¿O en los procedimientos? ¿En la comunicación trasparente y sincera de los resultados? ¿En la intención del investigador? ¿O más bien en los medios y métodos utilizados para la investigación? La ética “integrativa” exige que todos esos aspectos estén integrados y se traten en conexión. Sgreccia aboga por una integración en sentido justificativo, es decir, que partiendo del dato científico, debe hacerse primero una lectura antropológico-valorativa, y sólo después de este paso cabe ya una elaboración ético-normativa. Muchas veces puede parecernos que basta con recabar los datos para examinar cuál debe ser la norma ética, saltándonos el paso a su juicio más decisivo y fundamental: la consideración del modelo antropológico con el que la respuesta ético-normativa ha de concordar. Sin este punto, el juicio ético, incluso el acertado, carece de justificación firme o suficiente y no es capaz de mantenerse quizá ante los ataques.

 

En este sentido, el creyente juega con una ventaja increíble a la hora de enjuiciar situaciones, ya que su modelo filosófico-antropológico de referencia es tan firme como la roca: la naturaleza humana es y permanece siempre la misma, constante como la misma Voluntad de Dios al crearla. El cristiano sabe que puede conocer desde lo que el hombre es lo que está llamado a ser, lo que debe ser, pero sin duda el conocimiento de lo que el hombre es debe ir a lo profundo de la misma naturaleza humana. Lo que debe ser, lo que debe hacer el hombre, encuentra su fundamento – y su sentido justificativo – en lo que él de suyo es por ser hombre. No nos dejemos despistar: para descubrir esto es preciso zambullirse en el gran misterio del hombre, su naturaleza, su dignidad, a la luz de la fe. El asombro ante su grandeza parece haberlo perdido el hombre actual, pero sigue siendo posible asomarse al misterio, precisamente desde el camino de la razón iluminada por la Revelación. Hoy día vivimos de muchos modelos antropológicos distintos, que asumimos según las circunstancias o a veces el interés particular. Pero ni el modelo socio-biologista – cuya máxima podría resumirse en “si se hace generalizadamente, se debe hacer” – es aceptable, como vemos claro por ejemplo en el caso de que, por muy general que sea el conducir con exceso de velocidad, eso no lo hace bueno ni debido. “No todo lo que es técnicamente posible es de igual modo éticamente lícito”. (D. Callahan)

Tampoco es suficiente el modelo del radicalismo liberal, que considera que no podemos saber qué es bueno o malo en sí, sino que es nuestra libertad, al decidir, la que hacer ser bueno aquello que decide. Aun cuando esto no fuera, como es, una absolutización del valor libertad, está claro que tal modelo es incapaz de asegurar siquiera todas las libertades, ya que favorecería en última instancia la ley del más fuerte. Si sólo vale en primer lugar la libertad, quien aún no pueda usar de ella no cuenta ni será valorado.

Quizá sea el utilitarismo en modelo que más crudas consecuencias está teniendo en nuestras sociedades contemporáneas. El comunismo soviético utilizó un criterio así cuando introdujo el aborto por ley en los años 20: la mujer que trabajaba en la fábrica no era rentable si se quedaba embarazada y se veía obligada a abortar. El utilitarismo aparentemente menos craso que se plantea hoy con frecuencia es: ¿nos compensan estos gastos los beneficios que se puedan obtener a cambio? Sgreccia llama la atención acerca de la proliferación de centros que se dedican a la cirujía estética – que da dinero a bajo coste – frente al declive de los servicios sanitarios para pacientes graves o terminales con poca esperanza de curación. El error fundamental se halla en la medida, la comparación de valores: costo-beneficio, o costo-eficacia. Indudablemente el hombre es visto desde un punto de vista meramente cuantitativo, que reduce su ser sólo a lo contable. La razón se rebela contra una comprensión humillante del hombre, que jamás es negociable en base a cálculo ninguno.

Ninguno de estos modelos ofrece una visión integral del hombre sino reducida, parcial. La bioética personalista en cambio, al asumir una visión completa, se hace capaz de dialogar con esas posiciones y de orientarlas a un humanismo pleno.

La verdad central de la antropología personalista es que el hombre, cumbre de la creación, es esencialmente siempre hombre, porque el fundamento de su ser es una esencia permanente y un acto de existencia. La persona tiene un status por existir como persona humana, de lo cual emana su dignidad. ¿Y cómo se define a la persona? Es la estructura de su ser la que la define: un ser espiritual y corporal, que la revelación nos descubre como hijo de Dios. Sólo dejándose envolver en el misterio de valor inconmensurable de cada ser humano puede comprenderse en profundidad lo reduccionista de los modelos antropológicos que justifican la manipulación del hombre, las decisiones sobre su vida o su muerte, etc. La misma corporeidad se descubre entonces como templo del espíritu humano, llena de dignidad y signo, lenguaje del alma.

La visión integral del hombre, de la persona humana, lleva infaliblemente a una comprensión de la bioética que es también integradora de todos los aspectos a veces tratados por separado: la investigación, la asistencia médica, las intenciones del médico, las repercusiones sociales, la técnica, etc. Un principio general de la bioética de la totalidad, fundada en esta integración, es que la acción moral, la decisión, la conducta debe corresponder al ser de la persona humana, estar en armonía, en coherencia con el ser y la dignidad del hombre. Y esto, hoy más que nunca, necesita el cristiano redescubrirlo desde la experiencia de lo que él es y cuenta ante los ojos de su Dios.

 

En castellano saldrá pronto a la luz en la BAC la 4ª edición de su Manual de bioética.

http://www.revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=6986&Itemid=83M

Crítica de la razón médica

Pedro Gutiérrez Recacha

Psicólogo. Doctor por el Departamento de Psiquiatría de la Universidad

07 Noviembre 2008

Apuntes para una Filosofía de la Medicina en el pensamiento de Kant


Este breve ensayo está dedicado a algo cuya mera existencia es discutible; como el propio título indica, este etéreo asunto no es otro que la exploración de una posible “Filosofía de la Medicina” en la obra del pensador de Königsberg. 

Referentes filosóficos 
El filósofo Immanuel Kant (Königsberg, Reino de Prusia, 22 de abril de 1724-íbidem, 12 de febrero de 1804) es considerado como uno de los pensadores más influyentes de la Europa moderna y del último período de la Ilustración.

En la actualidad, Kant continúa teniendo sobrada vigencia en diversas disciplinas. Una sostenida meditación sobre los diversos fenómenos del obrar humano nos remite necesariamente a Kant, que junto con Platón y Aristóteles constituye, según una gran mayoría, el hilo conductor de los grandes aportes al conocimiento humano.

Al menos hasta donde se me alcanza, Immanuel Kant jamás dedicó una monografía a la ciencia médica. Esta advertencia preliminar podría interpretarse como un intento de disculpa ante el lector por parte del autor de estas líneas, casi una autojustificación antes de lanzarme por los (no siempre transitables) senderos de la filosofía-ficción, tratando de especular qué habría pasado si el autor de la Crítica de la razón pura hubiera dedicado parte de su tiempo a la discusión de asuntos relacionados con la práctica médica o incluso qué sucedería si pudiéramos trasladar mágicamente al pensador desde su época ilustrada hasta la actualidad para recabar su opinión sobre los más variados problemas contemporáneos. 

En este último sentido, pensemos que no sería muy difícil tender un puente entre la filosofía moral kantiana (dado el carácter decididamente formal que presenta la misma) y cualquier cuestión bioética de candente actualidad, aspirando a determinar, por ejemplo, qué conclusiones podrían derivarse de la aplicación del imperativo categórico a algún asunto (tan poco kantiano en principio) como la clonación o la eutanasia. 

Alusiones explícitas a la medicina 

Tales exploraciones siempre resultan de interés… pero no habría que buscar en ellas la finalidad del presente texto. No es mi intención desarrollar enunciados altamente formales ni postulados generales del pensamiento kantiano. Más bien al contrario, pretendo tomar como punto de partida las alusiones explícitas a la medicina (pese al posible carácter puntual o coyuntural de las mismas) que pueden encontrarse en una de las obras del filósofo ilustrado más aparentemente alejada de dicha temática: La contienda entre las Facultades de Filosofía y Teología (1798). 

A partir de estas breves reflexiones, trataré, en primer lugar, de bosquejar la figura del profesional médico según la óptica kantiana. Dejo para otro artículo el análisis del examen crítico al que Kant somete dicha figura en tal obra. A partir de esa crítica se dilucidará el modo en que las reflexiones del filósofo, desde una distancia de más de doscientos años, todavía tienen algo que aportar a la teoría de la medicina del siglo XXI.

La génesis de una obra como La contienda entre las Facultades de Filosofía y Teología se produce en las circunstancias sociopolíticas particulares de la Prusia de finales del siglo XVIII, entorno político y geográfico en el que hubo de bregar Inmanuel Kant. La llegada al poder de Federico Guillermo II en 1786 supuso un considerable recorte de libertades con respecto al gobierno de su predecesor, Federico el Grande. La situación no era para menos, ya que Europa se veía inmersa en una época de inestabilidad que tendría quizá como mayor exponente el desencadenamiento de la Revolución Francesa en 1789. No resulta sorprendente que a lo largo y ancho del continente proliferaran las medidas gubernamentales destinadas a controlar la libre circulación de ideas con el fin de reprimir cualquier conato de rebelión. 

Primacía del foro universitario 

Estos nuevos aires no tardarían en afectar a la producción filosófica kantiana y el pensador de Königsberg se las habría de ver con una suerte de censura estatal que, mediante una comisión oficialmente designada, pretendía velar por la ortodoxia de las obras religiosas de los pensadores prusianos. Ante esta situación, y después de experimentar en carne propia los efectos de la censura, Kant elaborará La contienda como un alegato en defensa de “la primacía del foro universitario (científico), frente al clerical-gubernativo en la evaluación de escritos universitarios”1

Pero, una vez asumida esta reivindicación, quedaría por determinar qué Facultad específica debería encargarse de la revisión de determinados textos que, por su carácter mixto (hoy diríamos multidisciplinar) se adscribirían con dificultad a una única área de conocimiento. Tal es el caso, por ejemplo, de la Filosofía de la Religión. La reclamación kantiana exige que sea la Facultad de Filosofía, y no la de Teología, la encargada de tal censura, dado que es a la primera a la que compete el ejercicio de la crítica racional. 

Del resumen anterior puede fácilmente colegirse que el tema principal de La contienda… poco o nada tiene que ver con la Medicina. Ahora bien, resulta que en su exposición preliminar sobre la estructura de los estudios universitarios de su tiempo, Kant reconoce la distinción entre Facultades “inferiores” (Filosofía) y Facultades “superiores” (Teología, Derecho y… Medicina). A todas estas disciplinas dedicará algún breve comentario. 

Como el lector habrá adivinado, en la separación propuesta por el filósofo los términos “superior” e “inferior” no presentan un significado valorativo propiamente dicho, sino más bien descriptivo, en la medida en que no reflejan la opinión del mismo Kant sino la estima que tanto la sociedad en general como sus gobernantes parecían dispensar a estos saberes a finales del siglo XVIII. De hecho, el origen de la distinción entre Facultades Mayores y Menores es muy anterior al propio Kant. 

La utilidad de la Filosofía 

Tradicionalmente, las tres Facultades Mayores se han asociado al dominio de los tres grandes órdenes en los que se desarrolla la vida humana: la religión, que pone en contacto al hombre con Dios y el macrocosmos; el derecho, que rige la relación del hombre con la sociedad (mesocosmos) y la medicina, que permite al hombre el dominio de su propio cuerpo (microcosmos) –en el presente artículo utilizo las denominaciones “Facultades Superiores” y “Facultades Inferiores” en lugar de “Mayores” y “Menores” haciéndome eco de la traducción de la edición citada de La contienda…, que corre a cargo de Roberto Rodríguez Aramayo. 

Al de Königsberg (como es comprensible) le interesa ante todo defender la utilidad de la Filosofía, por lo que su discurso forzosamente será crítico con las consideradas facultades superiores (particularmente con la Teología). 

Por tanto, el juicio del pueblo a la hora de determinar cuáles de estas disciplinas resultan más beneficiosas para su propio provecho constituye para Kant el fundamento de la división entre Facultades superiores e inferiores y, en último término, la causa del enfrentamiento entre ambas: “la disputa de las Facultades gira en torno a su incidencia en el pueblo y sólo pueden conseguir dicha influencia por cuanto cada una de ellas haga creer al pueblo que conoce el mejor modo para fomentar su dicha” (p. 12)2

El pueblo (o el gobierno, pensando en el pueblo) parece imponer lo que debe ser estudiado, pero, ¿qué saberes resultan realmente útiles para el mismo? O, reformulando la pregunta de un modo más certero, ¿qué saberes cree el pueblo que pueden resultarle más útiles? ¿Se halla esta utilidad relacionada con el adecuado uso de la libertad, que para Kant constituye el primer deber de la filosofía moral? En modo alguno. El de Königsberg resulta tajante con su respuesta: para la mayoría de las personas, los únicos conocimientos útiles son aquellos que pueden llegar a procurarles felicidad. Y esta felicidad radica en evitar los problemas que puedan surgir en este mundo –descanse su origen en la naturaleza (pues se ansía sortear la enfermedad y, en última instancia, la muerte) o en el comportamiento de los demás hombres (pues se busca el amparo de la ley)– y en eludir el sufrimiento en una vida postrera (pretendiendo obtener ya en nuestra existencia carnal garantías de que más allá del umbral de la muerte nos espera un futuro dichoso). De ahí que las tres disciplinas que gocen de un mayor apoyo popular sean la Medicina, el Derecho y la Teología. 

La máxima dicha del pueblo

Sus máximas nos indican cómo esquivar los problemas antes señalados, mientras que las máximas de la “pobre” Filosofía sólo pueden aspirar a guiarnos determinando en qué consiste un comportamiento libre (que, en el sistema kantiano, equivale a un comportamiento moral). 

En palabras de Kant: “Mas el pueblo no cifra su máxima dicha en la libertad, sino en sus fines naturales, los cuales se concretan en estos tres aspectos: esperar bienaventuranza tras la muerte, contar con que una ley pública garantice lo suyo en esta vida entre sus semejantes y, por último, el goce físico de la vida en sí misma (esto es, la salud y la longevidad). La Facultad de Filosofía, sin embargo, sólo puede admitir todos esos deseos a través de prescripciones tomadas de la razón y, permaneciendo adicta al principio de la libertad, se limita a sostener aquello que el hombre debe y puede hacer: vivir honestamente, no cometer injusticias, mostrarse moderado en el goce y paciente en la enfermedad, ateniéndose sobre todo a la espontaneidad de la Naturaleza; para todo esto no se requiere, claro está, una gran sabiduría, pues en gran parte todo se reduce al hecho de que uno refrene sus inclinaciones y confíe la batuta a su razón, algo que, sin embargo, no le interesa en absoluto al pueblo por representar un esfuerzo personal” (pp. 12-13). 

Como primera conclusión, por tanto, podemos señalar el reconocimiento kantiano de que la Medicina constituye un saber útil, que puede proporcionar la felicidad a las personas y que, por tanto, resulta muy valorado por la sociedad. Dentro del primer capítulo (tras la Introducción) de La contienda…, que lleva por título “De las relaciones entre las Facultades”, el filósofo dedica a tal disciplina una de las secciones de su primer apartado (bajo el epígrafe “El carácter peculiar de la Facultad de Medicina”). 

Lo que distingue al saber biomédico 

En este breve comentario, Kant define al galeno como “un artista que, al tomar su arte directamente de la naturaleza y tener que derivarlo de una ciencia natural, se ve subordinado con todo, como docto en la materia, a aquella Facultad donde ha cursado sus estudios y a la cual ha de someter sus dictámenes” (p. 9). Es decir, la figura del médico aparece sometida a una autoridad docente responsable de su formación.

Pero, ¿sometida hasta qué punto? Y es que ahí podemos encontrar precisamente una diferencia fundamental que, en opinión de Kant, separa el saber biomédico de las otras dos disciplinas superiores. Ésta no es otra que su mayor dependencia de la Naturaleza, lo cual permite favorecer el peso de las pruebas empíricas y atemperar la gravedad de la autoridad doctrinaria: “Esta Facultad es, por lo tanto, mucho más libre que las otras dos Facultades superiores y se halla estrechamente emparentada con la Facultad de Filosofía; en lo que atañe a las doctrinas por las cuales son instruidos los médicos es enteramente libre, dado que para ellas no pueden darse libros sancionados por la autoridad, sino libros inspirados únicamente en la Naturaleza” (pp. 9-10). 

Así pues, en esta primera aproximación la figura del profesional de la medicina parece obtener una valoración más bien positiva por parte de Kant: por un lado, procura un bien al prójimo, por otro, su práctica, pese a que pueda hallarse sometida a una autoridad, descansa en la observación de la propia naturaleza, lo que permite salvaguardar la independencia de su formación respecto a cualquier intento de control doctrinario. Entonces, ¿la Medicina siempre camina de la mano de la Filosofía? ¿No sé producirá entre ellas la mencionada “contienda entre Facultades” a la que parecía aludir Kant previamente al comparar saberes inferiores y superiores? La respuesta a esta pregunta nos conduce directamente a un próximo artículo. 

“El de Königsberg resulta tajante con su respuesta: para la mayoría de las personas, los únicos conocimientos útiles son aquellos que pueden llegar a procurarles felicidad.” 

1Estudio preliminar en Inmanuel Kant, La contienda de las facultades de filosofía y teología. Editorial Trotta. Madrid. 1999. Página XXI. 2Todos los números de página que aparecen a continuación se refieren a la edición de La contienda… citada en la nota 1. 

http://www.jano.es/jano/humanidades/medicas/pedro/gutierrez/recacha/critica/razon/medica/_f-303+iditem-3241+idtabla-4+tipo-10

 

Selección de embriones con fines terapéuticos: una reflexión bioética

Actualizado miércoles 15/10/2008 09:06 (CET)
JUAN RAMÓN LACADENA*
La ley de Reproducción Humana Asistida de 2006 introdujo la posibilidad de autorizar “caso por caso” la técnica de diagnóstico genético preimplantacional para seleccionar embriones con fines terapéuticos para terceros. Éste es el caso del niño nacido en Sevilla el pasado día 12. Hasta aquí los hechos, pero ¿cuál puede ser su valoración ética? En términos kantianos, “el ser humano es un fin en sí mismo, no un mero medio”. Esta afirmación nos lleva a preguntar si es ético concebir un hijo para salvar la vida de un hermano.

Antes de iniciar una reflexión sobre el tema, debemos tener presente que se trata de situaciones humanas dramáticas y que, como tales, todas las personas implicadas merecen un absoluto respeto y comprensión, lo cual no quita que se deba hacer una reflexión serena y objetiva.

Aunque algunos rechazan la selección de embriones con fines terapéuticos por considerarla inmersa dentro de una filosofía utilitarista, otros, por el contrario, la aceptan porque consideran que en este caso el fin sí justifica los medios, en el entendimiento de que el nuevo hijo va a ser querido, independientemente de la intencionalidad con la que fuera concebido y de si su venida al mundo es o no eficaz para el fin terapéutico.

Cuando se plantea el caso de los padres que quieren seleccionar un embrión sano e histocompatible para que pueda ser donante de su hermano enfermo, se suele argumentar que la probabilidad de éxito de la transferencia de las células troncales del cordón umbilical es muy alta y que, por tanto, ahí termina la historia, pero no se suele hacer referencia sobre qué ocurriría si ese primer trasplante falla: ¿quedará el nuevo hermano como reservorio vivo permanente para nuevos y dolorosos trasplantes de médula ósea? Ya no es el cordón umbilical del recién nacido, sino el niño que se puede sentir instrumentalizado en bien de su hermano. No hay que olvidar la posible “carga psicológica de los niños nacidos para salvar vidas”.

Otro problema ético que se plantea es que la selección de unos embriones lleva implícita la eliminación de otros que no reúnen el estándar genético requerido. La probabilidad de que nazca el niño buscado es en torno al 5%, luego para obtener éxito hay que partir de 20 embriones obtenidos por fecundación in vitro, de los cuales unos serán eliminados por no ser sanos o histocompatibles con el futuro receptor y otros se perderán al no ser capaces de implantarse.

Es evidente que la valoración ética depende del criterio que se tenga sobre el embrión humano en fase preimplantacional. Pero no debe olvidarse el principio ético de que “el fin no justifica los medios”. En este caso, el fin es muy loable, pero los medios utilizados implican, desgraciadamente, la eliminación de muchos embriones y la posible instrumentalización de un ser humano: el niño que podrá convertirse en donante vivo de su hermano.

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* Juan Ramón Lacadena es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2008/10/14/biociencia/1224010933.html

El centenario de Pedro Laín Entralgo

José Lázaro

Profesor de Humanidades Médicas. Universidad Autónoma de Madrid

03 Octubre 2008

La medicina y la filosofía española rememoran a una figura intelectual que sigue siendo en muchos sentidos excepcional La crónica de los actos de conmemoración de este centenario es necesaria, pero no suficiente. Importa más el sentido de toda esta constelación de actividades.

Referentes bibliográficos 
Escritos sobre Cajal 
Este libro recoge por primera vez de forma conjunta los diversos trabajos que dedicó Laín al estudio de Ramón y Cajal. Desde el inicio de su actividad como historiador de la medicina en los años cuarenta del siglo pasado, hasta el final de la misma a las puertas del siglo XXI, no dejó de avanzar y profundizar en el ánalisis de su figura y obra: su trayectoria biográfica, la relevancia histórica de sus descubrimientos sobre el sistema nervioso, su concepción acerca de la ciencia, su exaltación del trabajo como servicio a la comunidad…
www.triacastela.com

 

En este año 2008 se está conmemorando el primer centenario de Pedro Laín Entralgo, nacido en Urrea de Gaén (Teruel) el 15 de febrero de 1908. Y fue precisamente en su pueblo natal donde empezó la serie de actos conmemorativos de la efeméride. Allí, el pasado 16 de febrero, se celebró un homenaje popular en el que se volcaron los centenares de entusiastas habitantes del pueblo. El Arzobispo de Zaragoza no pudo oficiar la misa conmemorativa, como estaba anunciado, pero le sustituyó el párroco de la localidad, que sorprendió a sus feligreses con la lectura de una profunda homilía sobre el espíritu de concordia y comprensión característico de la obra de Laín. La inauguración del memorial levantado para la ocasión en la plaza de la Iglesia fue acompañada por bailes regionales y jotas especialmente compuestas en honor del ilustre paisano. Se presentó el “V Boletín Lainiano”, se inauguró una exposición conmemorativa y, tras las solemnes palabras de las autoridades, se pronunció también una conferencia académica. Asistieron a todos los actos los hijos, yerna, nieta y biznieta del homenajeado.

La primera publicación (entre otras que se están preparando) apareció también a principios de año: se trata de los Escritos sobre Cajal del propio Laín Entralgo en edición preparada y comentada por el doctor José Luis Puerta1. El volumen recoge por primera vez, de forma cronológica y sistemática, una amplia selección de los escritos que el mejor historiador español de la medicina dedicó al más ilustre de sus investigadores científicos. Tras una minuciosa revisión de los múltiples trabajos que Laín dedicó a Cajal a lo largo de medio siglo, Puerta recopila en la obra los diez más relevantes. Su lectura continuada ofrece una radiografía de las constantes que Laín detecta una y otra vez en la obra de Cajal, pero también de los diversos aspectos y las nuevas perspectivas que va descubriendo progresivamente a lo largo de tantos años de fidelidad al tema.

Desde la elaboración del primero de estos trabajos (La obra de Cajal, 1946) hasta la de los últimos (Inagotable Cajal y El legado cultural de España al siglo XXI: Santiago Ramón y Cajal, 1992), Laín no dejó de dar vueltas a la vida, a la personalidad y a la obra del descubridor de la sinapsis. Y aunque estos textos no fueron pensados por su autor para formar un libro (lo que hace que entre ellos se encuentren, como es inevitable, no pocas repeticiones), su compilación en este formato ofrece a los estudiosos un excelente instrumento para analizar el desarrollo sistemático del análisis que Laín fue elaborando paso a paso de la figura de Cajal. La inclusión en sendos apéndices de dos cartas cruzadas entre Unamuno y Cajal y de una relación cronológica de los múltiples textos que publicó Laín sobre el tema (con indicación de las diversas ediciones localizadas de algunos de ellos) son una aportación más de este libro.

La aventura intelectual de Laín Entralgo

A lo largo de febrero y marzo, Diego Gracia impartió en Madrid un ciclo de seis conferencias organizado por el Colegio Libre de Eméritos bajo el título “Voluntad de comprensión: la aventura intelectual de Pedro Laín Entralgo”. Ante un público que crecía cada semana según se iba difundiendo la noticia, Gracia expuso una amplia síntesis de la obra en que ha estado trabajando desde el año 2001: una extensa, profunda y concienzuda biografía intelectual de su maestro. Gracia partió de la diferencia conceptual entre historia (el estudio de las estructuras objetivas de carácter supraindividual que imponen a los seres humanos concretos su propia dinámica, llámese ésta “usos”, “costumbres” o “generaciones”) y biografía (entendida, en el mejor de los casos, como el intento de comprender a una persona “desde dentro”, es decir, desde el análisis de su destino personal –su vocación– y del grado en que consigue ser fiel a sí misma a lo largo de su trayectoria vital, es decir, del grado de sinceridad y honestidad íntima en relación al auténtico proyecto existencial propio)2.

La tesis de Gracia es que Laín Entralgo, a través de los avatares en que lo situaron sus circunstancias históricas, logró mantenerse fiel a sí mismo con una gran coherencia. Para demostrar tal tesis, Gracia analizó a fondo las sucesivas etapas de la formación de Laín, la asimilación juvenil de sus grandes maestros filosóficos, los alemanes (Dilthey, Scheler, Heidegger) y los españoles (Unamuno, D’Ors, Ortega, Zubiri). De ellos obtuvo Laín un sólido sistema de valores personales y espirituales que le sirvieron de orientación a lo largo de toda su vida intelectual y política. El análisis sistemático de las raíces, la estructura y la evolución de ese sistema personal de valores es el núcleo de la interpretación que realiza Gracia de la evolución intelectual, personal y sociopolítica de Laín.

Prescindiendo de todos los tópicos y banalidades que suelen leerse sobre el tema, Gracia revisa directamente los textos originales e ilumina la forma en que la teoría de los valores elaborada por filósofos como Scheler encuentra una aplicación política en los planteamientos de José Antonio Primo de Rivera, que seducen a Laín y le empujan a un proyecto de “asunción unitaria” de las diversidades y conflictos sociales españoles (1936-1946). Esta etapa lainiana (tan mal entendida hasta ahora) será seguida por otra de “pluralismo por representación” (1946-1956) que a su vez dará paso a una fase de “pluralismo auténtico”.

El ser humano como sujeto de creencias, de esperanza y amor

Desde 1956, definitivamente abandonados los ideales falangistas, Laín reafirma su vocación teórica (mucho más profunda que la política) y retoma su proyecto juvenil de elaborar una Antropología Filosófica. Desde entonces hasta el final de sus días irá desarrollando la idea del ser humano como sujeto de creencias, de esperanza y de amor. Tras una transición intelectual en los años setenta (motivada por las críticas de “idealismo” y “culturalismo” que recibió en los sesenta y coincidente en el tiempo con la transición política española), reafirma en los años ochenta las valores positivos del socialismo no marxista (que ya formaban parte de la ideología falangista de sus primeros años) y dedica las dos últimas décadas de su vida a la elaboración de una antropología de base zubiriana que llama “dinamicismo estructurista”.

No es posible dar idea con un resumen esquemático de la minuciosidad y el alcance de la radiografía intelectual que Gracia está realizando a partir de la obra de Laín. Pero no sólo sobre ella, pues la aventura intelectual de Pedro Laín Entralgo (nunca antes estudiada de forma comparable) es en buena medida la historia intelectual de la llamada “Generación de la Guerra Civil”, con todos sus logros y sus fallos, sus esperanzas y sus frustraciones, sus intenciones y sus realidades. Cuando Gracia concluya y publique su anunciado libro será el momento de entrar realmente en un tema que, hasta ahora, ha sido objeto de muchas descalificaciones tópicas y de pocos análisis serenos.

El 15 de abril se celebró en San Sebastián otro acto conmemorativo: una jornada académica organizada por el profesor José María Urkia. En ella se revisaron (por parte del propio Urkia y del doctor Gorrotxategi) las relaciones entre la figura de Laín y la de varios autores vascos (Zubiri, Zaragüeta y Martín- Santos). Se expusieron las aportaciones de Laín a la historia de la ciencia, de las humanidades, de la medicina y de la filosofía (con intervenciones de los profesores Puerto Sarmiento, Lázaro, Montiel, Peset, Riera y Conill, así como una aportación póstuma del doctor Echenique). Pero la parte más original y cálida de la densa jornada la protagonizaron los amigos personales y discípulos directos de Laín que fueron desplegando sus recuerdos: el oftalmólogo donostiarrra José Luis Munoa, los historiadores de la medicina Juan Antonio Paniagua, Gloria García del Carrizo y Luis S. Granjel (que envió un texto escrito), así como la propia hija del homenajeado, la profesora Milagro Laín.

Humanismo, Ciencia y Filosofía

Una semana más tarde, entre el 21 y el 25 de abril, se celebró en la Universidad Complutense de Madrid un Congreso Internacional titulado “Humanismo, Ciencia y Filosofía. Pedro Laín Entralgo”. Fue organizado por las Facultades de Filosofía y Medicina (con la colaboración de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales). Esta coorganización por dos Facultades de la Universidad en la que Laín profesó toda su vida (y de la que fue Rector, más por sentido de la obligación que por vocación gestora) no fue casualidad, pues, como indicaba ya la convocatoria, pretendía ser “un homenaje conjunto que, aparte de sumar esfuerzos, sea exponente de dos de sus más constantes intereses de investigación”. Un planteamiento muy adecuado para un autor que dedicó toda su vida académica a cultivar los fundamentos históricofilosóficos de la práctica médica.

El congreso se inauguró con una conferencia de Carlos Seco Serrano en la Residencia de Estudiantes (“La herencia cultural de Pedro Laín”) y se extendió a cuatro intensas jornadas en las que, de diez de la mañana a ocho de la tarde, se fueron revisando y discutiendo los más diversos aspectos de la obra de Laín. Dos docenas de especialistas, nacionales y extranjeros, revisaron su trayectoria como humanista (sus maestros, su ética, sus concepciones de las creencias, la esperanza, la trascendencia y el amor), como intérprete de la cultura española (desde sus estudios sobre ella y sobre la propia idea de España hasta su interés por Hispanoamérica), como historiador de las ciencias médicas (la historia de la medicina en primer lugar, pero también las humanidades médicas en general y algunos temas específicos como la relación médico-enfermo o la obra de Cajal) y como pensador filosófico (teoría del cuerpo y de la mente, teoría de la alteridad y la amistad, relaciones entre su pensamiento y el de autores como Aristóteles y Ricoeur). Todo un variado programa que refleja las múltiples cuestiones de las que se ocupó la propia obra de Laín y de las que hoy siguen ocupándose sus estudiosos (tanto de lo que él hizo como de lo que se puede y debe seguir haciendo actualmente sobre los mismos temas).

El sentido de toda esta constelación de actividades

No serán estos los únicos actos de conmemoración del centenario lainiano, pues ya se anuncia alguno más. Y tras todos ellos llegarán, con la lógica demora, las correspondientes publicaciones. Su crónica es necesaria, pero no es suficiente. Importa más el sentido de toda esta constelación de actividades. Un sentido que puede expresarse a partir de la evocación de una anécdota ocurrida hace tres lustros. A principios de los años noventa, los editores de una ambiciosa Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría en tres volúmenes (que se publicaría finalmente en 1995)3 elaboraron una lista de los médicos eminentes de España e Iberoamérica (más o menos relacionados con la psiquiatría) a los que les pensaban dedicar un breve artículo específico en la obra. Uno de los criterios para que aquella lista fuese finita era el de limitarse a autores fallecidos. Cuando se les señaló que Laín Entralgo, incluido en la relación, estaba en aquel momento felizmente vivo, respondieron que eran conscientes de ello, que se trataba de una excepción aislada, pero que consideraban que la importancia de la obra de Laín para la medicina de lengua española era de tal calibre que no querían dejarlo fuera ni aunque tuviesen que violar sus propias normas editoriales.

Han pasado desde entonces quince años, Laín ya no está entre nosotros, pero la respuesta de aquellos colegas hoy podemos entenderla como una explicación del interés con que la medicina y la filosofía española están, a lo largo de este año 2008, rememorando a una figura intelectual que, con o sin normas editoriales, sigue siendo en muchos sentidos excepcional.

Bibliografía 
1. Laín Entralgo, P. (2008): Escritos sobre Cajal, Madrid, Triacastela. [Edición de José Luis Puerta].
2. Gracia, D. (2008): “Laín Entralgo ‘desde dentro’”, Turia, n.º 85-86 (marzomayo), pp. 141-159. 
3. Vidal, G.; Alarcón, R. D. y Lolas Stepke, F. (ed.) (1995): Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría, Buenos Aires, Editorial Panamericana, 3 vols.

El debate sobre la eutanasia y el aborto entra de lleno en la Universidad CEU

Tras la sonada aparición del controvertido doctor Montes en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, otras instituciones han cogido el guante para exponer nuevas argumentaciones que planten cara a las posiciones más progresistas que atañen a la eutanasia, el aborto y a la bioética. En Madrid, la Universidad CEU ha invitado a varios reputados intelectuales y científicos para ofrecer sus puntos de vista al respecto en el curso de verano ‘Conflictos en Bioética’.

F. Gómez
Redacción Aprendemas
22/07/2008

Ya lo dejó claro el PSOE durante la campaña electoral y, más tarde -durante el reciente congreso del partido-, se planteó de manera mucho más abierta. El caso es que parece que la Eutanasia va a entrar de lleno entre los asuntos a tratar -con vistas a que tome cuerpo legal- por el gobierno socialista en la presente legislatura, es de esperar, cuando se disipen los nubarrones de la crisis económica, o quizá mientras. De momento el tema viene caliente en la programación estival de este año en muchas universidades españolas y lo cierto es que está dando mucho que hablar y discutir.

Y quién mejor para abrir el debate que el doctor Montes, el famoso doctor de las sedaciones en el Hospital Severo Ochoa de Madrid (¿mala praxis?). La verdad es que cesado jefe de servicio de urgencias de dicho hospital no ha tardado de encontrar actividad en la que ocupar su tiempo. Ha sido, nada menos, que el director de un concurrido curso de la Menéndez Pelayo en su sede de Santander, el cual, muy a propósito fue titulado ‘Muerte digna, asistencia ante la muerte’. Ahí estuvo en la apertura para plantear ante lo medios y la sociedad un debate decidido sobre la Eutanasia y, más allá, una consulta popular al respecto.

No ha pasado una semana para que una universidad vinculada a la iglesia haya cogido el guante para dar su opinión y argumentos sobre este asunto y sobre otros temas cercanos, asuntos, todos ellos, de enorme calado ético como el aborto o la investigación con embriones.

Concretamente, cita tan señalada se ha llevado a cabo en Madrid en la Universidad CEU Cardenal Herrera bajo el título ‘Conflictos en Bioética’. Varias ponencias y mesas redondas la pasada semana reunieron a Ángela Aparisi Miralles -directora del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Navarra y observadora del Comité de Bioética de la UNESCO-, José Miguel Serrano Ruiz-Calderón -profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Academia Vaticana Pro Vita- César Casimiro Elena -profesor de Bioética del CEU Cardenal Herrera de Elche-. El tema a tratar por estos cuatro prestigiosos docentes fue el de los derechos humanos y los límites que se deben imponer a la investigación desde una perspectiva cristiana.

Los tres expertos basaron la argumentación de la mesa redonda en el concepto de dignidad. Para el profesor Serrano, en la actualidad, “hay un ataque al concepto de dignidad, entendida como principio jurídico referente fundamental para mantener la protección del ser humano y del sistema democrático”. “La dignidad es la contraposición al totalitarismo como concepto que defiende a la persona. No se le puede dar otro sentido a la dignidad”, afirmó. Por ello, el profesor de la Complutense recordó que, en casos como la eutanasia, “no se puede dejar al Estado y mucho menos a un individuo particular, la potestad de decidir quién es digno y quién no”.

Por su parte, la profesora Aparisi explicó que todos los países del mundo se muestran partidarios de defender la dignidad humana, pero no hay una postura común a causa de la ‘ideologización’ del propio concepto que hace que, al final, “acabe eliminado el sentido de la dignidad”. La profesora recordó que “el ser humano es insustituible, los hombres no son fines subjetivos sino objetivos, ya que nuestro valor no se mide sino que valemos por el mero hecho de ser miembros de la raza humana”.

La profesora Aparisi aseguró que “el desarrollo actual de la bioética niega la universalidad, un aspecto básico de los derechos humanos”. Aparisi sostiene esta afirmación porque en la actualidad “no se considera con los mismos derechos al ser humano en sus etapas débiles”.La eutanasia y el aborto “se presentan como medidas progresistas pero en realidad son todo lo contrario, ya que restringen derechos a los más desprotegidos: embriones, minusválidos, ancianos o niños con malformaciones” añadió. Para Aparisi, “ésta es una visión utilitarista de la persona, que exalta la cultura de los derechos humanos pero niega la universalidad de los mismos, por discriminar a los más débiles”.

Objeción de conciencia en la rama sanitaria

Carlos Pérez del Valle, en otra mesa redonda, abordó el tema de la objeción de conciencia en la rama sanitaria. Este Catedrático de Derecho Penal de la Universitat Abat Oliba CEU puso en tela de juicio la constitucionalidad de la ley de plazos dado que este sistema que permite el aborto libre durante las primeras semanas de gestación, “no reconoce el derecho a la vida del feto” y, por lo tanto, es anticonstitucional en virtud del artículo 15 de la Constitución por el que se reconoce que “todos tienen derecho a la vida”.

La mesa redonda estuvo dirigida por el profesor de Bioética y Filosofía Moral del CEU Cardenal Herrera Aquilino Cayuela. Cayuela destacó que el republicanismo cívico inspirado por Philip Petit, sobre el que se basa el fundamento ideológico del actual gobierno socialista, “se enfrenta al concepto democrático-liberal de libertad, que implica la no injerencia del Estado y su gobierno en la vida de los ciudadanos”. Para el republicanismo cívico, explicó Cayuela, “la libertad consiste en que nadie sea dominado por otro arbitrariamente, hecho que da pie a la injerencia por parte de la comunidad política, del gobierno, en los ámbitos propios de la sociedad civil”. El profesor del CEU Cardenal Herrera ha calificado de “inquietante“ la declaración de intenciones del PSOE en su congreso de la pasada semana, de intervenir en asuntos como la libertad religiosa o el paso de una despenalización del aborto en ciertos supuestos, a una ley de plazos.

En la mesa redonda participó también el doctor José Hernández Yago, jefe del laboratorio de Organización Celular del Centro de Investigación Príncipe Felipe. En declaraciones de Hernández Yago, “la objeción es el instrumento de los ciudadanos para garantizar sus derechos frente a la intromisión del Estado en la esfera de su vida privada. Si el Estado no invadiera estas áreas individuales, la objeción no sería necesaria”. Y ha añadido que “la objeción de conciencia puede no llegar a tener sentido cuando la sociedad completa está dirigida hacia una conciencia única de carácter mayoritario, sin tener en cuenta a las minorías”.

Pérez del Valle coincidió con su compañero de mesa y añadió que “esa intromisión se da también en el campo de la Medicina”. Ante situaciones en que se plantea la objeción de conciencia, el profesor defendió que el Estado tiene la obligación de prever alternativas, y así “se debe dar opciones a los profesionales que no desean realizar abortos, sin que ello afecte a sus puestos de trabajo”. Por otra parte, a la hora de plantear la posibilidad de realizar un aborto, el catedrático en Derecho Penal afirmó que “en algunos casos, no existe un nivel de información suficiente para la madre, se le da información sesgada o de una manera inadecuada por parte del profesional”.

Sobre la investigación y los conceptos de pre-embrión en Biomedicina, el doctor Hernández Yago afirmó que “es una falacia hablar de pre-embrión, ya que es un término inventado para quitarle entidad humana a los que es un ser humano desde la primera célula resultante de la fecundación”. Hernández Yago precisó que antes de 1990 no existía en la literatura médica el término pre-embrión, “una palabra inventada para justificar determinadas prácticas sobre el concebido no nacido, en sus primeros catorce días de vida”.

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El monstruo de Amstetten

 
EL mito de la Gorgona, que petrificaba de horror a quienes osaban mirarla, se renueva en la historia del monstruo de Amstetten. Con una mezcla petrificante de estupor y espanto asistimos al paulatino esclarecimiento de las circunstancias del caso, cada cual más aberrante y oprobiosa; y lo hacemos con esa inconfesada fascinación hipnótica que produce la contemplación del Mal en estado químicamente puro. Hay, sin embargo, en nuestra actitud un ingrediente de hipocresía, porque intuimos que en los rasgos de ese Josef Fritzl contemplamos nuestro propio rostro, como la Gorgona contempló el suyo en aquel escudo que Atenea prestó a Perseo, tan pulido que actuaba como un espejo; y, para espantar esa sospecha, nos preguntamos, escandalizados, cómo puede ser posible tanta abominación y maldad. Pero sabemos bien que tanta abominación y maldad son perfectamente posibles; sabemos bien que Fritlz es uno de los nuestros, tal vez nosotros mismos. Puede que el espejo que nos devuelve nuestro propio rostro transformado en el rostro del monstruo de Amstetten no sea exactamente el escudo que Atenea prestó a Perseo, sino más bien un espejo deformante como los que sobresaltan al viandante en el callejón del Gato; pero en el reflejo que ese espejo deformante nos devuelve descubrimos rasgos familiares. Y es la contemplación de nuestra propia abominación y maldad lo que nos petrifica de horror.
Oh, sí, de acuerdo, nosotros no padecemos los trastornos psicopáticos del monstruo, nosotros no somos esas bestias saturnales capaces de transgredir el último tabú y de enterrar en vida a su propia estirpe. Pero el fango en el que chapoteamos es el mismo. Y ese fango se llama despersonalización, fruto del humanismo sin Dios que corrompe nuestra época. Hemos dejado de mirar al prójimo como algo sublime y misterioso que estimula en nosotros un respeto de naturaleza sagrada; ahora el prójimo es contemplado de forma utilitaria, como un ser que sólo consideramos en la medida en que puede servir a nuestro provecho, a nuestro interés, a nuestras apetencias. Nunca como en nuestra época se había execrado tanto la violencia: se lanzan proclamas pacifistas, se consagra el consenso como vía de entendimiento entre las naciones, se hacen llamamientos constantes a la solidaridad. Pero, a la vez que execramos pomposamente la violencia, vemos como la violencia ejercida contra el prójimo es cada vez mayor: infancia pisoteada por los más sórdidos instintos, mujeres sometidas a las más crueles sevicias, niños a quienes asesinamos en el vientre de su madre, allá donde la naturaleza quiso que estuvieran más protegidos. Hemos dejado de contemplar el rostro de Dios copiado en cada rostro humano; y, como nos enseña el salmista, si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los albañiles. Cuando en el prójimo dejamos de descubrir una grandeza sagrada que lo torna valioso e insustituible, es natural que desaparezca en nosotros el anhelo de participar en esa grandeza; y entonces lo convertimos en un cuerpo extraño que se usa y se tira. En ese fango chapoteamos todos plácidamente; y nuestra placidez sólo se perturba cuando alguien como el monstruo de Amstetten nos salpica, por chapotear con demasiado ímpetu.
Pero, allá incluso donde el fango se espesa más, hasta adquirir densidad y negrura de betún, alumbra una fuerza misteriosa. El monstruo de Amstetten fue prendido por la policía porque infringió el designio de implacable maldad que durante un cuarto de siglo había cumplido a rajatabla. Una de las hijas engendradas en el seno de su propia hija enfermó; y el monstruo de Amstetten la llevó al hospital, incluso permitió que su madre abandonara el encierro forzoso de veinticinco años para prestarle asistencia. El monstruo de Amstetten sabía que esa debilidad le perjudicaría muy gravemente; pero, violentando el raciocinio, la pura conveniencia, dejó que su corazón se ablandase. ¿Qué fuerza lo impulsó a hacerlo? Tuvo que ser, sin duda, una fuerza invencible para lograr que, siquiera por un instante, el monstruo de Amstetten presintiese una grandeza sagrada en las personas a las que durante veinticinco años había animalizado. Y esa fuerza misteriosa es la que sigue salvando nuestro mundo despersonalizado.

El embrión, mucho más que un puñado de células

Una nueva obra científica y filosófica muestra su estatus humano

 

ROMA domingo, 20 abril 2008 (ZENIT.org).-  Continúa el debate sobre el uso de material tomado de embriones humanos para la investigación con células madre. Los defensores de su uso mantienen que en esas primeras etapas, las células no pueden considerarse una persona humana. Un libro reciente de dos filósofos sostiene lo contrario.

Robert P. George, que es también miembro del Consejo de Bioética del Presidente de Estados Unidos, y Christopher Tollefsen, evitan en el volumen los argumentos de trasfondo religioso y se basan en una serie de principios científicos y filosóficos a favor del estatuto humano del embrión. En «Embryo: A Defense of Human Life» («Embrión: una defensa de la vida humana) (Doubleday), sostienen que el estatus de ser humano tiene su inicio en el momento de la concepción.

El libro comienza contando la historia de un chico llamado Noah, nacido en enero de 2007. Fue rescatado, junto con otros embriones congelados, del desastre que sacudió Nueva Orleáns en el 2005. Se salvó la vida de Noah –una vida humana–, apuntaban George y Tollefsen, la misma vida que más tarde fue implantada en un útero y posteriormente nació.

Un embrión humano, proseguían, es un miembro vivo de la especie humana incluso en sus primeros momentos de desarrollo. No es ningún otro tipo de organismo animal, ni un cúmulo de células que más tarde sufrirá una transformación radical. Salvo que tenga lugar algún trágico accidente, el ser en la etapa embriónica progresará hasta la etapa fetal y seguirá avanzando en este desarrollo.

El punto en cuestión, según los autores, es en qué momento podemos identificar un sistema biológico único que ha comenzado el proceso para llegar a ser un ser humano maduro. Este momento decisivo, sostienen, tiene lugar en la concepción. Algunos expertos médicos creen que tiene lugar poco después, con la formación de los cromosomas unidos del esperma y el óvulo. En cualquier caso, continúan George y Tollefsen, existe un amplio acuerdo entre los embrionólogos de que, al final, un nuevo individuo humano comienza a existir una vez que se forma la estructura cromosómica.

Sostienen que hay tres puntos clave a tener en cuenta cuando se considera el estatus humano del embrión.

— Para empezar, es distinto de cualquier otra célula de la madre o del padre.

— En su componente genético, es humano.

— Es un organismo completo, aunque inmaduro, y a no ser que se lo impida la enfermedad o la violencia, se desarrollará hasta su etapa madura de ser humano.

Por consiguiente, destruir embriones humanos, incluso en una etapa temprana, para obtener células madre para investigación o tratamiento médico es dar una licencia para matar a cierta clase de seres humanos para beneficiar a otros.

No sólo ciencia

Frente a esta situación, George y Tollefsen rechazan la postura de que deberían ser los científicos los únicos que determinen qué hacer en sus actividades científicas. El problema con el tema de las células madre de embriones es que el camino de la tecnología ha ido por delante del debate sobre la naturaleza y valor de los embriones humanos, sostenían los autores.

Oponerse a tales investigaciones no es nos coloca en la clásica situación de ciencia contra religión, afirman. Oponerse a la destrucción de vida humana en sus etapas iniciales no tiene que ver con principios religiosos, ni con creer que la vida esté revestida de un alma, añade el libro.

La razón meramente filosófica es suficiente para guiarnos en la determinación de lo que es éticamente lícito hacer con los embriones humanos. En este sentido, defender los derechos del embrión es igual que defender a la gente contra la discriminación injusta, sostienen George y Tollefsen.

Admiten que hay filosofías morales diferentes. Una teoría a descartar es el consecuencialismo, que nos lleva a la postura de que deben sacrificarse algunos seres humanos por un bien mayor.

George y Tollefsen encuentra su posición ética en la teoría de la ley natural, que lleva a la conclusión de que es moralmente malo dañar o destruir un bien humano básico. Si, por tanto, un científico está buscando una cura para alguna enfermedad, pero el método utilizado deliberadamente destruye vida humana, entonces no es lícito.

El derecho humano básico, de hecho, en lo que están de acuerdo de todos los teóricos de la ley natural, es que una persona inocente no debe ser asesinada o mutilada directamente. La capacidad del ser humano de razonar y elegir libremente nos da una dignidad superior a otros seres vivos. Un ataque a la vida humana es, en consecuencia, un ataque a la dignidad humana, sin importar la edad o etapa de desarrollo de la víctima, concluyen los autores.

Personas

Uno de los capítulos del libro trata la objeción de que, aunque un embrión pueda ser humano no es, no obstante, una persona y no tiene la misma dignidad y derechos. George y Tollefsen replican que tal punto de vista es una equivocación, puesto que cae en el error de considerar que los seres humanos son inferiores a los demás en base a sus características accidentales.

De hecho, continúan, negar el estatus de persona basándose en la capacidad metal o en otros parámetros de funcionalidad plantea muchos problemas. ¿Se nos permitirá matar a los bebés recién nacidos, puesto que no son capaces de llevar a cabo las funciones humanas básicas?

Por tanto, debemos darnos cuenta de que una diferencia cuantitativa de capacidades no es el criterio correcto para determinar los derechos, puesto que sólo es una diferencia de grado. La verdadera diferencia está entre los seres humanos y los demás animales no humanos, una diferencia de clase radical. Así, el embrión es un adulto en potencia en el mismo sentido en que lo son los bebés, los niños y los adolescentes.

Los embriones ya son, insisten, seres humanos, y no sólo potencialmente humanos. Además, el derecho a la vida del ser humano no varía según su etapa de desarrollo porque es el derecho fundacional para la persona. «Es el derecho del que se predican todos los demás derechos, y marca si un ser es un ser con capacidad moral», continúan George y Tollefsen.

Falacia

Otro argumento lleno de falacia es el que sostiene que los embriones no merecen un estatus moral pleno porque un alto porcentaje de ellos no logran implantarse en el vientre materno o son abortados de forma espontánea. Los autores apuntan que es una falacia naturalista, el suponer que lo que ocurre en la naturaleza debe ser moralmente aceptable cuando lo causa la acción humana.

La falsedad de este razonamiento es también evidente, apuntan George y Tollefsen, cuando se considera que, históricamente, la mortalidad infantil ha sido muy alta. En tal situación el hecho de muchos bebés mueran no vuelve ético el que se les asesine en beneficio de otros.

Otra línea de razonamiento utilizada para defender la investigación con células de embriones es que hay muchos miles de embriones congelados que quedaron descartados tras los tratamientos de fecundación artificial, y que nunca tendrá oportunidad de ser implantados y crecer hasta la madurez. Un científico podría usar estas células para el bien de la investigación.

George y Tollefsen replican diciendo que es manifiestamente injusto pedir que una persona – en este caso un embrión – sacrifique su vida de esta forma. «Los seres humanos tienen un derecho moral a no ser asesinados de forma intencionada en beneficio de otros», declaran.

También defienden que es un error condenar a cientos de miles de vidas humanas a una suerte de limbo congelado. Es necesario cuestionar el proceso de creación y congelación de tales embriones, establecen los autores.

Necesitamos prestar atención a su destino, recomendaban George y Tollefsen, no usando los embriones como si fueran alguna clase de material biológico, sino reconociendo su humanidad. Estos y otros argumentos convincentes del libro lo hacen una lectura valiosa en un momento en el que la ciencia corre el peligro de adelantarse a nuestro razonamiento ético.

Por el padre John Flynn, L. C., traducción de Justo Amado

http://es.catholic.net/laiglesiahoy/mundoarticulo.phtml?consecutivo=27031