Archivo de la categoría: Aspectos históricos

Revisar el nazismo refuerza la necesidad de la bioética

ANALIZAR EL HOLOCAUSTO NAZI

Entre 1933 y 1945 en Alemania miles de discapacitados físicos o mentales fueron esterilizados, contando para ello con la participación activa de médicos.

Redacción. Madrid   |  12/12/2013 00:00

http://www.diariomedico.com/2013/12/12/area-profesional/normativa/revisar-nazismo-refuerza-necesidad-bioetica

En enfermedades raras no hay retraso de diagnóstico

CONTENCIOSO DE SEVILLA

Un juzgado de Sevilla absuelve al Servicio Andaluz de Salud de la reclamación de los padres de un niño con síndrome de Charcot-marie-Tooth.

S.Valle | soledad.valle@unidadeditorial.es   |  26/02/2013 17:56

http://www.diariomedico.com/2013/02/26/area-profesional/normativa/en-enfermedades-raras-no-hay-retraso-de-diagnostico

El fracaso de una figura importada de otra cultura

LEY DE AUTONOMÍA DEL PACIENTE

Una de las figuras que la Ley de Autonomía trajo desde Estados Unidos fue la regulación del testamento vital, también llamadas voluntadaes anticipadas.

Marta Esteban   |  26/11/2012 00:00

http://www.diariomedico.com/2012/11/26/area-profesional/normativa/fracaso–figura-importada-otra-cultura

Biology and Ideology from Descartes to Dawkins

Denis R. Alexander, Ronald L. Numbers

University of Chicago Press, 15/05/2010 – 459 páginas

Over the course of human history, the sciences, and biology in particular, have often been manipulated to cause immense human suffering. For example, biology has been used to justify eugenic programs, forced sterilization, human experimentation, and death camps —all in an attempt to support notions of racial superiority. By investigating the past, the contributors to Biology and Ideology from Descartes to Dawkins hope to better prepare us to discern ideological abuse of science when it occurs in the future.

Denis R. Alexander and Ronald L. Numbers bring together fourteen experts to examine the varied ways science has been used and abused for nonscientific purposes from the fifteenth century to the present day. Featuring an essay on eugenics fromEdward J. Larson and an examination of the progress of evolution by Michael J. RuseBiology and Ideology examines uses both benign and sinister, ultimately reminding us that ideological extrapolation continues today. An accessible survey, this collection will enlighten historians of science, their students, practicing scientists, and anyone interested in the relationship between science and culture.

http://books.google.es/books?id=vQui2N4VxDkC

Human Dignity, Human Rights, and Responsibility: The New Language of Global Bioethics and Biolaw

Human Dignity, Human Rights, and Responsibility: The New Language of Global Bioethics and Biolaw (Basic Bioethics)Michael Barilan

“Human dignity” has been enshrined in international agreements and national constitutions as a fundamental human right. The World Medical Association calls on physicians to respect human dignity and to discharge their duties with dignity. And yet human dignity is a term–like love, hope, and justice–that is intuitively grasped but never clearly defined. Some ethicists and bioethicists dismiss it; other thinkers point to its use in the service of particular ideologies. In this book, Michael Barilan offers an urgently needed, nonideological, and thorough conceptual clarification of human dignity and human rights, relating these ideas to current issues in ethics, law, and bioethics. Combining social history, history of ideas, moral theology, applied ethics, and political theory, Barilan tells the story of human dignity as a background moral ethos to human rights. After setting the problem in its scholarly context, he offers a hermeneutics of the formative texts on Imago Dei; provides a philosophical explication of the value of human dignity and of vulnerability; presents a comprehensive theory of human rights from a natural, humanist perspective; explores issues of moral status; and examines the value of responsibility as a link between virtue ethics and human dignity and rights. Barilan accompanies his theoretical claim with numerous practical illustrations, linking his theory to such issues in bioethics as end-of-life care, cloning, abortion, torture, treatment of the mentally incapacitated, the right to health care, the human organ market, disability and notions of difference, and privacy, highlighting many relevant legal aspects in constitutional and humanitarian law.

Editorial Reviews

Review

“This wonderful book provides a comprehensive, well-written, and well-argued reading of the relationship between human dignity and human rights. This kind of deep historical analysis and systematic argument is paramount to understanding the present philosophical discussions of the foundations of human rights, law, and bioethics.” –Jacob Dahl Rendtorff, Roskilde University, Denmark

“In recent years the concept of human dignity has been accorded diminished respect as fundamentally useless for normative moral theory as well as practical application, especially in the field of bioethics. Likewise, the notion of basic human rights has been regarded as being too controversial to be useful in addressing most practical moral problems. Barilan offers a novel, fundamental reconstruction of both these notions that, arguably, restores their respectability and utility for addressing a broad range of bioethical issues. This is an ambitious and provocative book worth a careful reading.”–Len Fleck, Center for Ethics and Humanities in the Life Sciences, Michigan State University

“In exploring crucial questions that are at the very heart of various moral problems of our time, Yechiel Michael Barilan demonstrates a deep and wide-ranging familiarity with the history of ideas, with classic philosophical and theological discussions, and with medical concepts. It is rare to find this combined expertise in one person. This broad and multifaceted approach makes this volume particularly original when compared to the existing literature on the notion of human dignity.”–Roberto Andorno, University of Zurich

About the Author

Yechiel Michael Barilan is a practicing physician, specialist in internal medicine, and Associate Professor of Medical Education in the Sackler Faculty of Medicine at Tel Aviv University.

Dignity: Its History and Meaning

MICHAEL ROSEN

Michael Rosen, Dignity: Its History and Meaning, Harvard University Press, 2012, 176 pp., $21.95 (hbk), ISBN 9780674064430.

La complejidad de la medicina actual

Enrique Baca Baldomero

Catedrático de Psiquiatría. Director de la cátedra Wyeth-UAM de Teoría de la Medicina. Universidad Autónoma de Madrid.

17 Abril 2009

Nos encontramos ante un panorama que distingue en la medicina actual tres aspectos diferentes: el desarrollo científico-técnico de la biomedicina occidental; el triángulo necesidad-deseo-demanda que determina la interacción entre usuario y sistema, y el tetraedro de las lógicas que actúan en dicho sistema.

Referentes históricos
Francisco Hernández, estudioso de la folk-medicine
La historia de las vicisitudes por las que pasó el médico de Felipe II enviado a México para estudiar la medicina indígena, el toledano Francisco Hernández de Toledo (1517-1587), llenan decenas de artículos y libros, pero basta decir que habiendo sido comisionado para recoger información sobre los productos medicinales de la Nueva España, Hernández fue allí y se quedó de 1571 a 1577; luego retornó a Madrid portando consigo sus notas, estudios y miles de dibujos y pinturas, junto con numerosísimas muestras de plantas, animales y minerales, sólo para encontrarse con que el Rey había perdido interés en dar culminación a la larga y costosa empresa, pues no estaba dispuesto a sufragar la publicación del material traído de ultramar, conformándose con la edición de un manual de fármacos. La obra de Hernández no fue publicada en la vida de su autor, pero tuvo una gran influencia en los ambientes científicos de su tiempo. La empresa es considerada como la primera que, con carácter científico, se realizó en la Edad Moderna.

El abordaje del fenómeno de la complejidad de la medicina al comienzo del siglo XXI debe partir de que, en síntesis, sus características generales son las siguientes:

–El modelo médico occidental, basado en el positivismo científico y en la medicina experimental que Claude Bernard describió hace más de un siglo, se ha hecho hegemónico en todo el mundo, favorecido por los procesos de globalización y por el empuje de la investigación y la práctica. El modelo médico occidental es el paradigma actual de la medicina en la mayor parte de nuestro planeta.

–No obstante, no hay que olvidar que este modelo convive con dos importantísimas medicinas tradicionales que persisten en ámbitos culturales muy potentes y que son utilizadas por poblaciones muy numerosas. Son la medicina india y, en especial, la china. A estas dos medicinas tradicionales, bien delimitadas y fundamentadas, hay que añadir la persistencia de formas de sanación culturalmente condicionadas en numerosos ámbitos y países no necesariamente subdesarrollados o en desarrollo. Baste citar la potencia y la importancia de la folk-medicine en EEUU y del curanderismo en Europa. Quiere decir esto que el modelo médico occidental “ortodoxo” convive en la mayoría de los ámbitos geográficos con una cantidad sustancial de medicinas alternativas.

–La práctica del que venimos llamando, descriptivamente, “modelo médico occidental” se encuentra no obstante sometida a otros factores derivados del proceso de globalización y de la tecnología de la comunicación electrónica inmediata. Es el caso de la traslocación de servicios que permite “trasladar” a países con costes más bajos acciones, fundamentalmente en el campo del diagnóstico, que en el país donde es atendido realmente el enfermo serían mas caras. Es el caso, por ejemplo, del desplazamiento de la interpretación de estudios de imagen desde Estados Unidos a India de forma on line (se obtiene la imagen, se envía por internet y se interpreta por un radiólogo indio que es considerablemente “más barato” que uno estadounidense).

En otros campos (por ejemplo, en la investigación farmacológica), la traslocación no se hace sólo por motivos económicos, sino también por facilidades de reclutamiento de casos o de evitación de criterios restrictivos de aprobación de los ensayos clínicos. Esto ha supuesto un aumento exponencial de los ensayos patrocinados por la industria farmacéutica multinacional en países del este de Europa, asiáticos o iberoamericanos (España fue en la última década del pasado siglo un país target para este tipo de prácticas).

–La aparición del turismo médico procedente especialmente (pero no sólo) de países sin sanidad pública de calidad y que no obstante disfrutan de un buen nivel de renta (EE.UU. es el caso paradigmático). Este es un fenómeno polar que se da paradójicamente entre los extremos del arco de las necesidades sanitarias. Por una parte, se produce en el caso de enfermedades graves o raras que no tienen una respuesta convincente en el país de origen y sí en el de destino (generalmente, por su mayor desarrollo científico-tecnológico) y, por otra, se da en el campo amplio y creciente de lo que ha dado en llamarse “medicina del deseo” y a la cual nos referiremos más adelante.

–La aparición de una conciencia creciente de la necesidad de controlar el riesgo y la variabilidad de los resultados de las intervenciones médicas (consecuencia general de la toma de conciencia social de los procesos de riesgo inherentes a la sociedad moderna y su minimización). Esto introduce un cambio en el paradigma de los roles y valores de los protagonistas del sistema sanitario. El médico pasa de ser un profesional al que se le supone siempre su mayor interés y su mayor experiencia puesta al servicio de la resolución del problema que le plantea su enfermo, a ser un profesional que puede ser puesto en cuestión y, en consecuencia, sometido a escrutinio legal (y también social y mediático). Nacen así dos factores importantísimos que hay que tener en cuenta, la judicialización de la medicina y la aparición de actitudes defensivas por parte de los profesionales potencialmente afectados (medicina defensiva). Estos factores no son estrictamente nuevos y existen desde hace más de medio siglo, principalmente en el contexto de la medicina de los EE.UU., aunque también están (y estarán más aún) presentes en la medicina europea.

El contexto de desarrollo científico-técnico de la medicina y su repercusión en los modelos de actuación médica

El continuo y espectacular desarrollo científico-tecnológico de la medicina, que arranca desde comienzos del siglo XX y se acelera espectacularmente después de la II Guerra Mundial, ha hecho que los paradigmas de actuación médica se vean sustancialmente ampliados, tanto en la mayor posibilidad de consecución de los objetivos “clásicos” (prevención, curación, rehabilitación) como en la aparición de modalidades nuevas de práctica, impensables hace sólo cien años. En este sentido, y de manera solo enumerativa, hay que señalar que las actuaciones de la medicina en los momentos actuales se pueden llevar a cabo en los siguientes ámbitos, enumerados no según su aparición histórica sino según su orden lógico.

–Medicina Predictiva. Desarrollada a partir de los avances de la investigación genómica y basada en la identificación de marcadores genéticos de vulnerabilidad para determinadas enfermedades. Tiene importantes implicaciones éticas y prácticas y supone uno de los mayores desafíos de futuro. Por otra parte, la aplicación del mundo de la genética al terreno de la farmacocinética y la farmacodinámica ha hecho desarrollarse a la farmacogenética como una rama prometedora de la terapéutica.

–Medicina Preventiva. La actividad médica curativa se ha visto complementada con la actividad preventiva desarrollada inicialmente como higiene, es decir, como el conjunto de recomendaciones que se hacen para preservar y aumentar el estado de salud y evitar las agresiones o fallos del mismo. Las actividades higiénicas han estado históricamente muy ritualizadas y por ello no es de extrañar que no sea en el ámbito de la actividad curativa propia de los médicos donde inicialmente se desarrollan, sino en el ámbito de las prescripciones alimenticias y/o higiénicas contenidas en los preceptos religiosos (judaísmo, islamismo, cristianismo). La medicina preventiva, tal como la conocemos ahora, se desarrolla en el siglo XIX y se centra, especialmente en sus comienzos, en la prevención de las enfermedades infecciosas. En el siglo XX dio paso a la pujante rama de la salud pública y extendió sus investigaciones cada vez más precisas a la identificación de los factores de riesgo y protección de las enfermedades.

–Medicina Curativa. Constituye su tarea más tradicional y la que supone la mayor carga asistencial en todo el sistema sanitario. El núcleo de la medicina es, por tanto, la medicina curativa y ese núcleo informa la lógica de la intervención centrada en el individuo concreto y en el conocimiento de las enfermedades como entes de razón.

–Medicina Rehabilitadora. Centrada en la eliminación o minoración de la discapacidad, es un campo en el cual las demandas sociales se centran con fuerza.

–Medicina Reemplazativa. Constituye uno de los avances más importantes y novedosos y se refiere a todas las acciones de reemplazo de órganos (trasplantes). Recientemente, se está ampliando a un campo aún más nuevo y que plantea desafíos y problemas inéditos. Este campo es la biónica (el empleo de máquinas o dispositivos inorgánicos para el reemplazo de partes, órganos o funciones del cuerpo humano).

–Medicina Paliativa. Supone el reconocimiento de los fracasos terapéuticos y la adopción de medidas destinadas a paliar el sufrimiento o a hacer el proceso del final de la vida más adecuado. Implica desafíos éticos muy importantes y concita polémicas, a veces no demasiado sensatas ni fundamentadas, la mayoría de ellas propiciadas por posturas apriorísticas. Es un campo que tiene como problemas limítrofes, entre otros, el tema de la eutanasia.

Para entender al médico del siglo XXI ha de saberse que su ejercicio profesional se desarrollará indefectiblemente en todos estos campos, aunque su actividad principal la dedique a uno de los tres que están, por así decirlo, más consolidados como troncos ya establecidos del ejercicio profesional: la prevención, la curación y la rehabilitación.

El triángulo de la asistencia

Si definimos la asistencia médica (y por extensión la asistencia sanitaria) como el acto mediante el cual el paciente (sujeto individual) reclama ayuda para un proceso que cree relacionado con su salud y frente al cual le han fallado los mecanismos de autoayuda y de ayuda laica, dicha asistencia supone la materialización de las funciones asignadas por la sociedad al médico y que son asumidas por éste como trabajo profesional. Dicha asistencia (así definida) no está exenta, sin embargo, de factores que provocan el encuentro entre un sujeto y un profesional, pero que también la modulan profundamente.

Estos factores son tres:
–La necesidad.
–La demanda.
–El deseo.

La necesidad y la demanda han sido temas extensamente estudiados por los teóricos de la planificación y de la evaluación de la asistencia y de los sistemas asistenciales, y hay una sustancial cantidad de literatura sobre ellas. No obstante, son conceptos de procedencia “extramédica”: el concepto de necesidad procede primero de la psicología y después de la sociología y “aterriza” con fuerza en el campo de la economía; por su parte, el concepto de demanda es de clara estirpe económica. Ambos ejemplifican bien el hecho de la transferencia de conocimientos que se da desde otras ciencias limítrofes a la medicina. Son temas que exigen un análisis monográfico pormenorizado.

Por su parte, el deseo ha sido poco estudiado como motor de la conducta que condiciona tanto la demanda como la percepción de la necesidad. También el propio concepto de deseo, a pesar de la ingente cantidad de literatura que ha producido, dista de estar claro. Aquí se abre un campo de estudio que ha sido actualizado por la llamada “medicina del deseo”.

Las “lógicas” del sistema sanitario

El panorama general del campo de juego de la medicina actual y sus distintas perspectivas se completa con la existencia de cuatro grandes protagonistas de lo que se llama comúnmente el sistema sanitario. Estos son el médico (y por extensión los profesionales sanitarios en su diversidad), el paciente (y por extensión su familia y allegados y, en un plano más distante, el grupo social en su conjunto), el tercer pagador (es decir, los sistemas de aseguramiento, sean públicos o privados, con sus evidentes aspectos diferenciales) y, por último, pero no menos relevante, el complejo industrial-sanitario (que no se limita, como es lógico, a la industria farmacéutica, sino que incluye toda la investigación y fabricación de la tecnología médica tanto en el campo diagnóstico como en el terapéutico).

Conclusión

Nos encontramos, por tanto, ante un panorama tan complejo como interesante, que distingue en la medicina actual tres aspectos diferentes: el desarrollo científico-técnico de la biomedicina occidental; el triángulo (necesidad-deseo-demanda) que determina la interacción entre usuario y sistema, y el tetraedro de las lógicas que actúan en dicho sistema. Todos ellos deberían formar parte de un análisis estructural completo de la medicina actual.

“Medicina Rehabilitadora. Centrada en la eliminación o minoración de la discapacidad, es un campo en el cual las demandas sociales se centran con fuerza.”

http://www.jano.es/jano/humanidades/medicas/enrique/baca/baldomero/complejidad/medicina/actual/_f-303+iditem-3662+idtabla-4+tipo-10

Atapuerca cuidó de Benjamina

El hallazgo del cráneo de una niña discapacitada indica que fue asistida por el grupo hace 530.000 años – Sufría craneosinostosis y murió a los 10 años

ALICIA RIVERA – Madrid – 31/03/2009

Tendría unos 10 años, seguramente era niña, murió en lo que ahora es la sierra de Atapuerca (Burgos) hace 530.000 años y era diferente, tanto que su grupo, su familia, le tuvo que haber prestado cuidados especiales. De lo contrario, no habría sobrevivido. Entonces, su cráneo asimétrico y, probablemente, su cara irregular no engañaron a nadie, porque además, cabe pensar que tuvo capacidades psicomotoras deficientes. Hoy los científicos saben que ese individuo, esa homínido preadolescente, tenía craneosinostosis, una enfermedad rara que afecta a menos de seis personas por 200.000 habitantes en la población actual.

Las claves de esta historia de enfermedad y solidaridad social están en un cráneo que los científicos de Atapuerca encontraron en el yacimiento de la Sima de los Huesos y que hoy presentan en la revista estadounidense Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS).

Casi todas las piezas del cráneo deforme fueron descubiertas en 2001. Al año siguiente encontraron más. “Tenemos más de 30 fragmentos de este cráneo, el número 14 de la colección de la Sima”, dice Ana Gracia Téllez (Centro de Evolución y Comportamiento Humanos), líder del estudio. “Al reconstruirlo vimos que era raro, asimétrico”, continúa.

La cuestión que se plantearon Ana Gracia, Juan Luis Arsuaga y el resto del equipo fue si un individuo así se valdría por sí mismo en un grupo de cazadores recolectores, si habría sobrevivido varios años sin la ayuda de otros individuos de esta familia. El primer apodo del cráneo 14 en el laboratorio fue Benjamín, “el niño querido”, comenta Gracia. “Pero ahora, como creemos que es niña [por la gracilidad de las estructruas óseas], sería Benjamina”.

La craneosinostosis es una patología que se caracteriza porque los huesos del cráneo se fusionan prematuramente. “Hoy en día, cuando se presenta en un niño, se le opera normalmente en sus primeros meses de vida para evitar tanto la deformación estética como las posibles alteraciones en el encéfalo”, comenta Gracia. “En cuanto a nuestra niña, no sabemos exactamente qué deficiencias psicomotoras tendría, pero hemos descubierto indicios de que podría tener presión intracraneal elevada”.

La fusión prematura de los huesos craneales se debe, en algunos casos, a mutaciones cromosómicas. Pero también puede tener un origen traumático o metabólico del feto. En el caso de Benjamina, los científicos se inclinan por el origen traumático. “La madre se dio un golpe, o el feto estaba mal colocado… Descartamos que el problema fuera en el parto”, dice Gracia.

Existen en el registro fósil algunos homínidos con alguna carencia que sugiere que serían dependientes de sus congéneres para sobrevivir, pero son indicios controvertidos. Sin embargo, lo de Benjamina parece claro. “El cráneo 14 es el caso documentado más antiguo de craneosinostosis con deformidades neurocraneales, cerebrales y, muy posiblemente, asimetrías en el esqueleto facial”, concluyen los científicos de Atapuerca. “A pesar de estas desventajas, el individuo sobrevivió más de cinco años, lo que sugiere que su condición patológica no fue un impedimento para recibir la misma atención que cualquier otro niño del género Homo del Pleistoceno Medio”.

En la Sima de los Huesos se han hallado ya miles de fósiles que pertenecieron a 28 individuos, al menos (incluidos 16 cráneos), de diferentes edades y de ambos sexos, de hace 530.000 años, lo que supone un fondo excepcional para hacer comparaciones y estudios.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Atapuerca/cuido/Benjamina/elpepisoc/20090331elpepisoc_7/Tes/

 

La eugenesia espartana

 

El autor compara la eugenesia espartana y la situación actual en nuestra sociedad, que está tramitando una ley de plazos para el aborto. Pide la protección del no nacido y la defensa de la vida humana.
Jesús Aguirre. Médico y senador del Partido Popular 20/01/2009
Gran admiración nos provocaba a los estudiantes de bachillerato de los años 60, fomentado por el sistema educativo de la dictadura franquista, estudiar la organización social y la educación espartana. Pensar en Esparta era transportarnos a la antigua Grecia del siglo VII a.C, a orillas del río Eurotas, en la península del Peloponeso, al poderío militar de la ciudad hoplita por excelencia, a las guerras médicas, y al paso de las Termópilas.

Incluso imbuidos por la España de aquella época admirábamos la educación espartana basada en la guerra y en el honor, en la pureza de sangre de las minorías privilegiadas, en la educación por parte del Estado y no de la familia a partir de los 7 años, basada en reglas muy rigurosas de disciplina, de obediencia, y de sometimiento a la autoridad, con un objetivo educacional único de formar ciudadanos obedientes y valientes guerreros.

Estos conceptos admirados en aquella época, fruto de nuestra juventud, inexperiencia y de la cultura política-social imperante, hoy los tenemos totalmente superados y sólo son recuerdos de dictaduras pasadas y de extremismos por desgracia aún presentes dentro de los nacionalismos extremos y de los intentos del padre Estado de socavar a la familia y retornar a la antigua formación del espíritu como medida de adoctrinamiento político.

Similitud histórica
De la historia espartana, hay un capítulo, que ni en aquella época de juventud admiré, ya que siempre me ha causado un gran horror. Era la eugenesia espartana, consistente en que “al nacer el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico para determinar si era sano y bien formado. En caso contrario se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco”.

Si comparamos la eugenesia espartana con nuestra sociedad actual encontramos una gran similitud.

El padre Estado tiene una legislación oportuna que permite deshacerse de una hipotética “boca inútil y carga para la ciudad”. Las dos únicas diferencias son: primera, que no se espera a que nazca, y segunda, que la comisión de ancianos es sustituida por la decisión de la madre en lo referente a si el hijo que hay en su vientre es una “boca inútil o una carga”.

No voy a entrar en las disquisiciones políticas, sociales, sanitarias, y de carácter legal sobre la idoneidad y el cumplimiento de la actual Ley Orgánica 9/1985 donde se despenalizan las interrupciones voluntarias de embarazo, ni sobre la futura ley de plazos, ni sobre el artículo 15 de la Constitución Española, que al regular los derechos fundamentales dice expresamente: “Todos tienen derecho a la vida”.

Defensa del ‘diferente’
Lo que quiero es transmitir un canto a la vida en defensa de los derechos de los no nacidos, de los más indefensos de nuestra sociedad y de aquéllos que al nacer van a ser diferentes y de los que no vamos a conocer sus sentimientos, alegrías y preocupaciones.

Tenemos una sociedad muy bien estructurada donde prima la defensa de los derechos del ciudadano; de ahí que existan figuras tan importantes como el Defensor del Pueblo, el Defensor del Paciente, el Defensor del Ciudadano, el Defensor del Niño, etcétera. Deberíamos crear la figura del defensor del que menos se puede defender, de aquél que no tiene voz, que su única misión es crecer y su único anhelo es nacer; del que no lo ha pedido, pero que ha sido concebido y que exige el derecho de ser alguien en esta vida y de no quedar en el camino.

Seamos progresistas, defendamos la vida, demos vida a la vida y huyamos de darle muerte a la vida, opongámonos a la pena de muerte desde la concepción hasta el final de nuestros días; rasguémonos las vestiduras ante las imágenes de niños muertos en las guerras o por inanición en el Tercer Mundo, pero mirémonos el ombligo de vez en cuando, sobre todo el ombligo creciente de la mujer embarazada.

Busquemos soluciones solidarias donde prime la defensa de los más indefensos y siempre pensando que ese no nacido podríamos ser tú o yo.

La historia de la ética médica como proceso de capacitación clínico-moral

Carlos Pose

Profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y de Bioética en la Universidad Complutense de Madrid.

28 Noviembre 2008

Hacer su historia no significa hacer arqueología, sino sociografía

La ética médica tiene su historia, que posee elementos convergentes con la historia de cualquier otro acontecimiento, pero también posee otros elementos muy divergentes. Esto es lo que ha dificultado su reconstrucción a lo largo de tantos años. 

Como toda otra ciencia, la ética médica tiene su historia, que es, no obstante, un tanto peculiar. Esta historia posee elementos convergentes con la historia de cualquier otro acontecimiento de la cultura humana. Pero posee otros elementos que son muy divergentes. Esto es lo que ha dificultado su reconstrucción a lo largo de tantos años y quizá todavía en la actualidad. 

Las razones de esta dificultad son varias. En primer lugar, como cualquier otra historia, la historia de la ética médica tiene que poseer una estructura unitaria, es decir, referir todos los hechos a un punto de vista global. En segundo lugar, a causa de la imposibilidad de reconstruir la totalidad de los hechos (muchos documentos fundamentales se han perdido o pertenecen a tradiciones distintas), es preciso seleccionar, valorar e interpretar el material que poseemos como legado. También esto sucede generalmente. 

Pero, en tercer lugar, la historia de la ética médica no posee una periodización similar a la que poseen otras historias; ni se puede dividir en “eras” (era de las Olimpiadas, era cristiana, etc.), ni en “edades” (antigua, media, moderna, etc.), ni en “sociedades” (sociedad esclavista, sociedad feudal, sociedad capitalista, etc.), etc. Esta inadecuación temporal es lo que ha llevado a hablar de la medicina como actividad privilegiada y de la ética médica como moral especial. Eso es lo que muestran, al menos, las pocas historias de la ética médica de que todavía disponemos. 

Circunscribirla a un único espacio geográfico 

Por otro lado, la historia de la ética médica hay que circunscribirla a un único espacio geográfico, por más que esto constituya un sesgo científico. Es cierto que ha habido y hay experiencia clínica y experiencia ética en otras civilizaciones, pero los conceptos que nosotros manejamos y entendemos no son adecuados para interpretar la medicina y la ética de esas otras civilizaciones geográficas (islámica, india, china, etc.). Por eso, toda reconstrucción de la historia de la ética médica que quiera ser de alguna utilidad para nosotros no tiene más alternativa que referirse tan solo a la ética médica constituida en occidente, a la civilización occidental. 

En esta civilización hay una nota característica que influyó mucho en la historia de la ética médica: la organización social y política (las relaciones de dependencia entre los miembros, la función o rol que cada grupo desempeña, las formas de gobierno, el tipo y grado de participación en los asuntos públicos, etc.). Pero lo que llama la atención, como ya hemos advertido, es que no hay completa adecuación entre la organización política y la organización médica. La pudo haber al principio, y la hay muy probablemente al final, en nuestros días, pero no la ha habido en todo ese largo período de tiempo intermedio. Esto es algo que todavía no se ha podido explicar suficientemente y sobre lo que se sigue discutiendo y escribiendo. 

Por último, la historia de la ética médica hay que insertarla dentro de una mentalidad colectiva, que no deja de ser nuestra mentalidad. Los patrones con los que se determina la evolución histórica (económicos, técnicos, etc.) hacen pensar que hoy somos muy distintos de lo que fueron nuestros antepasados, que tenemos otra mentalidad. Con mentalidad nos referimos a las ideas y creencias que cada civilización posee sobre el hombre, el mundo y la vida, es decir, sobre los valores que determinan el quehacer cotidiano, por ejemplo, valores religiosos, intelectuales, estéticos, vitales, etc. Todos estos valores influyen decisivamente en la configuración de la medicina y de la ética médica, como tendremos oportunidad de ver. Pero no se puede pensar que estamos muy alejados de la civilización que dio origen a nuestra mentalidad. Han cambiado algunos contenidos básicos, hoy somos más civilizados (valores instrumentales), pero nuestra cultura, nuestros valores intrínsecos son más o menos los mismos. 

Si todo esto es así, si todos estos parámetros determinan la reconstrucción de la historia de la ética médica hasta exigir un gran esfuerzo de nuestra parte, lo que cabe preguntarse es ante qué tipo de historia nos encontramos; qué nos puede aportar esta historia en la actualidad para que tenga sentido su conocimiento tanto en medicina como en la práctica clínica. 

Proceso de capacitación clínico-moral 

Para comprender este punto, vamos a analizar muy brevemente algunas características de la inteligencia humana. La inteligencia humana tiene distintas dimensiones vitales. Tiene una dimensión biológica, una dimensión biográfica y una dimensión biomoral. La dimensión biológica es la más fácil de entender. Todo ser vivo, si quiere ser viable, tiene que apoyarse en una o varias cualidades que le permitan adaptarse al medio, o de lo contrario perecerá. 

Según la clásica teoría de la selección natural, todo ser vivo es resultado de la adquisición de estas cualidades, lo cual ocurre a través de un proceso de selección. La naturaleza ejerce presión sobre los individuos (condiciones climatológicas, escasez de alimentos, incremento poblacional, etc.) y por tanto selecciona aquellos individuos cuyas características o cualidades se adaptan mejor al medio, penalizando a aquellos otros deficitarios biológicamente. Siempre sobreviven los más aptos. El proceso de selección es un proceso de adaptación. 

En el caso del ser humano sucede lo mismo. La única diferencia es que, a la presión que recibe por parte del medio, éste responde seleccionando el medio que mejor se adapta a él. En este caso no es, pues, el medio el que selecciona al individuo, sino que es el individuo el que elige el medio. De algún modo, también esto lo hacen algunos seres vivos (los movimientos migratorios de muchos animales, etc.), pero en un grado muy distinto al ser humano. El ser humano, debido a su inteligencia, no sólo elige el medio, sino que lo transforma. Su adaptación al medio no sólo es libre y voluntaria, sino también inteligente. Esto no le ocurre a ningún otro ser vivo. Por eso, la función que desempeñan otras cualidades en los demás seres vivos, la desempeña la inteligencia en el caso del ser humano. La desempeña más y mejor. La inteligencia tiene en el caso del ser humano una dimensión estrictamente biológica: hacer viable al individuo humano para responder adecuadamente a la presión que recibe del medio ambiente. Es la primera dimensión vital de la inteligencia humana, por tanto, una dimensión bio-lógica, es decir, de aplicación del logos, de la inteligencia a la vida1

Pero el ser humano no sólo consigue, al menos hasta el día de hoy, adaptarse al medio respondiendo adecuadamente a la naturaleza, sino que además puede trazar personalmente la figura de su adaptación. El ser humano puede escribir su vida, prefigurarla y realizarla. Esta es la dimensión biográfica de la inteligencia. La inteligencia significa en este sentido una cierta capacidad de anticipación. El ser humano realiza de algún modo lo que previamente ha proyectado. No hay vida humana si no es apoyada en algún proyecto. Por eso se dice que el ser vivo vive en el presente, mientras que el ser humano vive en el futuro. 

El futuro es el horizonte de la vida humana. En él se ve a sí mismo, lo que quiere ser y lo que puede ser. Nadie puede escribir su vida si no es de ese modo. Toda realización presupone lo que se va a realizar, y lo que se va a realizar, antes de ser realizado, es un proyecto. Escribimos nuestra vida porque pensamos nuestro proyecto. De nuevo, aplicación del logos a la vida, ahora no sólo para sobrevivir, sino para vivir bien, en plenitud o felicidad. La felicidad, ya decían los griegos, se debe en parte al ejercicio óptimo de nuestras potencias. Estas potencias son morales, pero también racionales, intelectivas. Son éstas las que utilizamos para realizar plenamente nuestra vida moral.

Hay una dimensión más de la inteligencia, que tiene que ver con esto último, con la vida moral. Por eso la llamaremos dimensión biomoral de la inteligencia2. Los proyectos que el ser humano tiene que realizar para alcanzar su plenitud no son todos ni la mayor parte cosechados por un único individuo. No son proyectos personales que han surgido de la nada. Los proyectos son posibilidades que están ahí y que han sido inventados por otros. Son, además, proyectos que, igual que las cualidades de los seres vivos, han estado sometidos a un proceso de selección, o si se prefiere, de elección. Por tanto, las posibilidades, primero, hay que inventarlas. Y esta invención casi nunca corresponde a un único individuo. Pero, segundo, están sometidas a un proceso de elección. Posibilidades ha habido muchas, pero sólo algunas nos han sido entregadas y por tanto han sido elegidas. Esta es una función de la inteligencia, la invención de posibilidades y la elección de las mismas. Sólo que ahora no se trata de una función puramente biológica ni biográfica, sino estrictamente moral. Es una dimensión biomoral de la inteligencia. Es la aplicación del logos o inteligencia a la vida, a la vida moral. 

Pues bien, esta última dimensión es la que más tiene que ver con la historia. El ser humano se tiene que hacer mediante la apropiación de posibilidades, y estas posibilidades son inventadas por otros, por tanto, entregadas. La historia es un proceso de entrega de posibilidades, es decir, de modos de vivir y de actuar. Y como esos modos son estructuras probadas de vida moral, conocerlas y elegirlas es lo mismo que capacitarse para la vida. 

La historia como entrega de posibilidades de vida es un proceso de capacitación3. La historia nos capacita, nos enriquece moralmente. Por eso es tan importante el conocimiento de la historia, en nuestro caso, el conocimiento de la historia de la ética médica. Ella es la que nos situó en el lugar que hoy estamos. Podremos decir: “Pues no nos gusta donde estamos”. Tenemos todo el derecho a decirlo. Puede que no nos guste este lugar, o que este lugar se haya vuelto conflictivo, pero es el lugar que hemos elegido entre todos. Lo que no se puede decir es que estamos a la fuerza. No. Ha sido algo elegido, apropiado, por tanto, sujeto a un posible cambio. 

Conclusiones 

La reducción de la historia de la ética médica a mero relato o descripción de hechos pasados, por tanto, meramente positivos, se encuentra con varias dificultades. Ante todo, todo hecho es algo que hay que interpretar y, por tanto, carece de sentido no atribuirle ningún significado, sea éste positivo o negativo, para nuestro presente cultural. Los hechos pasados, en tanto que pasados, forman parte de nosotros, puesto que prefiguran lo que hemos sido, y lo que quizá podamos volver a ser, no por repetición, sino por posibilitación.

Pero, además, ese modo positivista de entender la historia deja sin explicar la heterogeneidad de posibilidades de vida y, por tanto, los distintos procesos de capacitación moral. Hacer historia de la ética médica no significa hacer arqueología, sino sociografía, es decir, reconstruir nuestra propia historia colectiva. La historia de la ética médica es la historia de nuestra apropiación individual y social de posibilidades y por tanto la historia de nuestra capacitación clínico-moral. 

Una primera consecuencia de todo este análisis es que la historia, la historia de la ética médica, no se reduce a lo que comúnmente suele entenderse por tal. No es una historia meramente positiva o positivista. La historia de la ética médica es, por un lado, interpretación de lo que pasó con la ética médica; pero es sobre todo entrega de los distintos modos de vivir y de actuar. Esa historia es la reproducción del conjunto de posibilidades ético-clínicas que se nos ha entregado como depósito cultural dentro de nuestra tradición. Si esta tradición ha evolucionado desde la homogeneidad hasta la heterogeneidad, lo que esto quiere decir es que las posibilidades clínicomorales se han ido incrementando. Las posibilidades clínico morales entregadas hoy son varias. De ahí el conflicto que vivimos en la actualidad.

Cabe añadir, como segunda conclusión, que la historia de la ética médica, dados sus parámetros específicos, no se puede confundir con ninguna otra historia, por ejemplo, con la historia de la ética o con la historia de la medicina. Es algo sutilmente distinto, que asumiendo el legado de la ética y su historia, se sitúa en el contexto de la medicina. Asumiendo el legado de la ética, porque las posibilidades a las que nos hemos referido más arriba son ineludiblemente morales, es decir, son posibilidades elegidas y entregadas moralmente, no biológicamente (hay que distinguir siempre la entrega biológica, genética, de la entrega moral o biomoral). Y situándose en el contexto de la medicina, porque quienes eligieron ciertas posibilidades y nos las entregaron han sido los profesionales médicos o clínicos, desde Hipócrates hasta nuestros días.

“El ser humano, debido a su inteligencia, no sólo elige el medio, sino que lo transforma. Su adaptación al medio no sólo es libre y voluntaria, sino también inteligente”. 

 

1 ZUBIRI, X. Inteligencia sentiente. *Inteligencia y realidad, Alianza Editorial, Madrid 1991, págs. 69 y ss. 
2 Un análisis más amplio de esta dimensión en POSE, C. “La filosofía de Zubiri y le ética de la responsabilidad”, ponencia presentada en la Fundación X. Zubiri de Madrid en el curso académico 2007-08. 
3 Quien así ha analizado este punto ha sido X. Zubiri. Cf., por ejemplo, ZUBIRI, Tres dimensiones del ser humano: individual, social e histórica, Alianza Editorial, Madrid 2006.

http://www.jano.es/jano/humanidades/medicas/humanidades/medicas/carlos/pose/historia/etica/medica/proceso/capacitacion/clinico-moral/_f-303+iditem-3302+idtabla-4+tipo-10

La ciencia y la bioética en el debate embrionario

Es habitual que ciertas personas, para sostener sus posturas y cerrar el debate, acudan al argumento de autoridad. En la actualidad éste suele consistir en afirmar de forma totalmente gratuita, que la ciencia o la ética están de su parte. Pero realmente las cosas son más complejas. Así, en el caso del niño Javier Mariscal, nacido para salvar a su hermano, tras diagnóstico preimplantatorio, hemos leído ciertas afirmaciones que, sinceramente, me parecen traslucir ese afán por eludir el debate, apelando a que la postura que se defiende es también la misma que sostiene la embriología y la bioética.
Durante este año 2008 he dirigido dos tesis doctorales, una sobre el término preembrión y su valor científico, y otra sobre los argumentos que se manejan para justificar o no el diagnóstico preimplantatorio. Esto me ha permitido disponer de una información amplia de estas cuestiones, observando en ellas una pluralidad de opiniones dentro de la comunidad científica y de la bioética. Es esto lo que me impulsa a escribir estas líneas, pues, como digo, para algunos parece no existir más que una opinión o hasta dicen que no es ético discutir sobre estos temas.
En primer lugar me gustaría informar al lector de que la palabra preembrión es un término que está en total retroceso dentro de la actual biología del desarrollo, y el concepto que quiere significar no concuerda con muchos datos de una embriología que hoy no sólo es anatómica sino celular y molecular. Es cierto que hay interpretaciones biológicas que desposeen al embrión preimplantatorio de su individualidad biológica, pero no es menos cierto que los datos científicos actuales apuntan a considerar que desde el momento en que se constituye el fenotipo cigoto estamos ante un nuevo ser o sistema biológico, organizado e integrado, que no es la simple suma de las dos células germinales. Estas, tras la fusión, pierden su individualidad, vida y destino. Así pues, se ha constituido una nueva realidad biológica, que empieza a operar de forma unitaria, que en vez de dirigirse a la muerte tiene vida propia, y que en este caso, por proceder de gametos humanos, es un nuevo ser humano. El embrión para la biología actual no es una simple yuxtaposición de células, o un conglomerado celular. Como todo ser vivo, posee una unidad intrínseca en donde las partes están en función del todo en orden a vivir y con la posibilidad de transmitir vida. La heterogeneidad de las partes hace del embrión desde su inicio un pequeño organismo con la cualidad de moverse a sí mismo. Con el paso del tiempo, y siempre en diálogo molecular y celular entre las partes, y con el medio en que se desarrolla (inicialmente la madre), van actualizándose las potencialidades de cada etapa; en el momento de su constitución, las propias del cigoto, más tarde de embrión de una o dos semanas (embrión preimplantado), luego feto, después recién nacido, y por último, joven, adulto o anciano. En síntesis, también desde la ciencia se puede defender que durante el diagnóstico preimplantatorio se descartan o sacrifican unos seres humanos para salvar a otros. Es más, en el caso que nos ocupa, se han eliminado seres humanos tan sanos como el que ha nacido y que por no presentar determinadas cualidades genéticas han sido considerados chatarra biológica.
En segundo lugar, y conectando con la última afirmación, hay numerosos científicos y bioéticos que se plantean que el diagnóstico preimplantatorio, especialmente el ligado a la selección de un embrión por sus características, -bebé medicamento o salvador- tiene carácter eugenésico. Es cierto que otros sólo perciben los efectos beneficiosos del nacimiento de estos niños para sus hermanos y que minimizan los aspectos relacionados al modo como ha sido concebido y traído al mundo. Pero no es menos cierto, como argumenta, por ejemplo Testart, que estamos en el umbral de una nueva eugenesia. No sólo negativa, en la que se elimina al defectuoso, sino positiva, donde el hombre se arroga el derecho a seleccionar y discriminar, a decidir quién vive según que su carga genética satisfaga sus intereses. En esto muchos científicos ven un serio peligro de que el diagnóstico preimplantatorio sea utilizado como método de selección dentro del «derecho al hijo sano» y se amplíe a diversas características del hijo según las buenas intenciones de los padres. Cierto es que estas intenciones no convierten al ser humano seleccionado en una cosa, pero estas nunca pueden ser los motivos primarios de su concepción, so pena de instrumentalizarlo al privarle de un derecho básico del hombre: el respeto a su propia identidad genética. En conclusión hay científicos y bioéticos creyentes y no creyentes que se toman con responsabilidad sus disciplinas y que consideran como Habermas -por cierto no creyente- que «esta especie de controles de calidad deliberados pone en juego un nuevo aspecto del asunto: la instrumentalización de la vida humana engendrada con reservas por preferencias y orientaciones de terceros», algo que hemos empezado a hacer, que no sabemos a dónde nos puede llevar y que por supuesto hemos de seguir debatiendo desde la racionalidad y sin acudir a las primeras de cambio al argumento de autoridad.

El centenario de Pedro Laín Entralgo

José Lázaro

Profesor de Humanidades Médicas. Universidad Autónoma de Madrid

03 Octubre 2008

La medicina y la filosofía española rememoran a una figura intelectual que sigue siendo en muchos sentidos excepcional La crónica de los actos de conmemoración de este centenario es necesaria, pero no suficiente. Importa más el sentido de toda esta constelación de actividades.

Referentes bibliográficos 
Escritos sobre Cajal 
Este libro recoge por primera vez de forma conjunta los diversos trabajos que dedicó Laín al estudio de Ramón y Cajal. Desde el inicio de su actividad como historiador de la medicina en los años cuarenta del siglo pasado, hasta el final de la misma a las puertas del siglo XXI, no dejó de avanzar y profundizar en el ánalisis de su figura y obra: su trayectoria biográfica, la relevancia histórica de sus descubrimientos sobre el sistema nervioso, su concepción acerca de la ciencia, su exaltación del trabajo como servicio a la comunidad…
www.triacastela.com

 

En este año 2008 se está conmemorando el primer centenario de Pedro Laín Entralgo, nacido en Urrea de Gaén (Teruel) el 15 de febrero de 1908. Y fue precisamente en su pueblo natal donde empezó la serie de actos conmemorativos de la efeméride. Allí, el pasado 16 de febrero, se celebró un homenaje popular en el que se volcaron los centenares de entusiastas habitantes del pueblo. El Arzobispo de Zaragoza no pudo oficiar la misa conmemorativa, como estaba anunciado, pero le sustituyó el párroco de la localidad, que sorprendió a sus feligreses con la lectura de una profunda homilía sobre el espíritu de concordia y comprensión característico de la obra de Laín. La inauguración del memorial levantado para la ocasión en la plaza de la Iglesia fue acompañada por bailes regionales y jotas especialmente compuestas en honor del ilustre paisano. Se presentó el “V Boletín Lainiano”, se inauguró una exposición conmemorativa y, tras las solemnes palabras de las autoridades, se pronunció también una conferencia académica. Asistieron a todos los actos los hijos, yerna, nieta y biznieta del homenajeado.

La primera publicación (entre otras que se están preparando) apareció también a principios de año: se trata de los Escritos sobre Cajal del propio Laín Entralgo en edición preparada y comentada por el doctor José Luis Puerta1. El volumen recoge por primera vez, de forma cronológica y sistemática, una amplia selección de los escritos que el mejor historiador español de la medicina dedicó al más ilustre de sus investigadores científicos. Tras una minuciosa revisión de los múltiples trabajos que Laín dedicó a Cajal a lo largo de medio siglo, Puerta recopila en la obra los diez más relevantes. Su lectura continuada ofrece una radiografía de las constantes que Laín detecta una y otra vez en la obra de Cajal, pero también de los diversos aspectos y las nuevas perspectivas que va descubriendo progresivamente a lo largo de tantos años de fidelidad al tema.

Desde la elaboración del primero de estos trabajos (La obra de Cajal, 1946) hasta la de los últimos (Inagotable Cajal y El legado cultural de España al siglo XXI: Santiago Ramón y Cajal, 1992), Laín no dejó de dar vueltas a la vida, a la personalidad y a la obra del descubridor de la sinapsis. Y aunque estos textos no fueron pensados por su autor para formar un libro (lo que hace que entre ellos se encuentren, como es inevitable, no pocas repeticiones), su compilación en este formato ofrece a los estudiosos un excelente instrumento para analizar el desarrollo sistemático del análisis que Laín fue elaborando paso a paso de la figura de Cajal. La inclusión en sendos apéndices de dos cartas cruzadas entre Unamuno y Cajal y de una relación cronológica de los múltiples textos que publicó Laín sobre el tema (con indicación de las diversas ediciones localizadas de algunos de ellos) son una aportación más de este libro.

La aventura intelectual de Laín Entralgo

A lo largo de febrero y marzo, Diego Gracia impartió en Madrid un ciclo de seis conferencias organizado por el Colegio Libre de Eméritos bajo el título “Voluntad de comprensión: la aventura intelectual de Pedro Laín Entralgo”. Ante un público que crecía cada semana según se iba difundiendo la noticia, Gracia expuso una amplia síntesis de la obra en que ha estado trabajando desde el año 2001: una extensa, profunda y concienzuda biografía intelectual de su maestro. Gracia partió de la diferencia conceptual entre historia (el estudio de las estructuras objetivas de carácter supraindividual que imponen a los seres humanos concretos su propia dinámica, llámese ésta “usos”, “costumbres” o “generaciones”) y biografía (entendida, en el mejor de los casos, como el intento de comprender a una persona “desde dentro”, es decir, desde el análisis de su destino personal –su vocación– y del grado en que consigue ser fiel a sí misma a lo largo de su trayectoria vital, es decir, del grado de sinceridad y honestidad íntima en relación al auténtico proyecto existencial propio)2.

La tesis de Gracia es que Laín Entralgo, a través de los avatares en que lo situaron sus circunstancias históricas, logró mantenerse fiel a sí mismo con una gran coherencia. Para demostrar tal tesis, Gracia analizó a fondo las sucesivas etapas de la formación de Laín, la asimilación juvenil de sus grandes maestros filosóficos, los alemanes (Dilthey, Scheler, Heidegger) y los españoles (Unamuno, D’Ors, Ortega, Zubiri). De ellos obtuvo Laín un sólido sistema de valores personales y espirituales que le sirvieron de orientación a lo largo de toda su vida intelectual y política. El análisis sistemático de las raíces, la estructura y la evolución de ese sistema personal de valores es el núcleo de la interpretación que realiza Gracia de la evolución intelectual, personal y sociopolítica de Laín.

Prescindiendo de todos los tópicos y banalidades que suelen leerse sobre el tema, Gracia revisa directamente los textos originales e ilumina la forma en que la teoría de los valores elaborada por filósofos como Scheler encuentra una aplicación política en los planteamientos de José Antonio Primo de Rivera, que seducen a Laín y le empujan a un proyecto de “asunción unitaria” de las diversidades y conflictos sociales españoles (1936-1946). Esta etapa lainiana (tan mal entendida hasta ahora) será seguida por otra de “pluralismo por representación” (1946-1956) que a su vez dará paso a una fase de “pluralismo auténtico”.

El ser humano como sujeto de creencias, de esperanza y amor

Desde 1956, definitivamente abandonados los ideales falangistas, Laín reafirma su vocación teórica (mucho más profunda que la política) y retoma su proyecto juvenil de elaborar una Antropología Filosófica. Desde entonces hasta el final de sus días irá desarrollando la idea del ser humano como sujeto de creencias, de esperanza y de amor. Tras una transición intelectual en los años setenta (motivada por las críticas de “idealismo” y “culturalismo” que recibió en los sesenta y coincidente en el tiempo con la transición política española), reafirma en los años ochenta las valores positivos del socialismo no marxista (que ya formaban parte de la ideología falangista de sus primeros años) y dedica las dos últimas décadas de su vida a la elaboración de una antropología de base zubiriana que llama “dinamicismo estructurista”.

No es posible dar idea con un resumen esquemático de la minuciosidad y el alcance de la radiografía intelectual que Gracia está realizando a partir de la obra de Laín. Pero no sólo sobre ella, pues la aventura intelectual de Pedro Laín Entralgo (nunca antes estudiada de forma comparable) es en buena medida la historia intelectual de la llamada “Generación de la Guerra Civil”, con todos sus logros y sus fallos, sus esperanzas y sus frustraciones, sus intenciones y sus realidades. Cuando Gracia concluya y publique su anunciado libro será el momento de entrar realmente en un tema que, hasta ahora, ha sido objeto de muchas descalificaciones tópicas y de pocos análisis serenos.

El 15 de abril se celebró en San Sebastián otro acto conmemorativo: una jornada académica organizada por el profesor José María Urkia. En ella se revisaron (por parte del propio Urkia y del doctor Gorrotxategi) las relaciones entre la figura de Laín y la de varios autores vascos (Zubiri, Zaragüeta y Martín- Santos). Se expusieron las aportaciones de Laín a la historia de la ciencia, de las humanidades, de la medicina y de la filosofía (con intervenciones de los profesores Puerto Sarmiento, Lázaro, Montiel, Peset, Riera y Conill, así como una aportación póstuma del doctor Echenique). Pero la parte más original y cálida de la densa jornada la protagonizaron los amigos personales y discípulos directos de Laín que fueron desplegando sus recuerdos: el oftalmólogo donostiarrra José Luis Munoa, los historiadores de la medicina Juan Antonio Paniagua, Gloria García del Carrizo y Luis S. Granjel (que envió un texto escrito), así como la propia hija del homenajeado, la profesora Milagro Laín.

Humanismo, Ciencia y Filosofía

Una semana más tarde, entre el 21 y el 25 de abril, se celebró en la Universidad Complutense de Madrid un Congreso Internacional titulado “Humanismo, Ciencia y Filosofía. Pedro Laín Entralgo”. Fue organizado por las Facultades de Filosofía y Medicina (con la colaboración de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales). Esta coorganización por dos Facultades de la Universidad en la que Laín profesó toda su vida (y de la que fue Rector, más por sentido de la obligación que por vocación gestora) no fue casualidad, pues, como indicaba ya la convocatoria, pretendía ser “un homenaje conjunto que, aparte de sumar esfuerzos, sea exponente de dos de sus más constantes intereses de investigación”. Un planteamiento muy adecuado para un autor que dedicó toda su vida académica a cultivar los fundamentos históricofilosóficos de la práctica médica.

El congreso se inauguró con una conferencia de Carlos Seco Serrano en la Residencia de Estudiantes (“La herencia cultural de Pedro Laín”) y se extendió a cuatro intensas jornadas en las que, de diez de la mañana a ocho de la tarde, se fueron revisando y discutiendo los más diversos aspectos de la obra de Laín. Dos docenas de especialistas, nacionales y extranjeros, revisaron su trayectoria como humanista (sus maestros, su ética, sus concepciones de las creencias, la esperanza, la trascendencia y el amor), como intérprete de la cultura española (desde sus estudios sobre ella y sobre la propia idea de España hasta su interés por Hispanoamérica), como historiador de las ciencias médicas (la historia de la medicina en primer lugar, pero también las humanidades médicas en general y algunos temas específicos como la relación médico-enfermo o la obra de Cajal) y como pensador filosófico (teoría del cuerpo y de la mente, teoría de la alteridad y la amistad, relaciones entre su pensamiento y el de autores como Aristóteles y Ricoeur). Todo un variado programa que refleja las múltiples cuestiones de las que se ocupó la propia obra de Laín y de las que hoy siguen ocupándose sus estudiosos (tanto de lo que él hizo como de lo que se puede y debe seguir haciendo actualmente sobre los mismos temas).

El sentido de toda esta constelación de actividades

No serán estos los únicos actos de conmemoración del centenario lainiano, pues ya se anuncia alguno más. Y tras todos ellos llegarán, con la lógica demora, las correspondientes publicaciones. Su crónica es necesaria, pero no es suficiente. Importa más el sentido de toda esta constelación de actividades. Un sentido que puede expresarse a partir de la evocación de una anécdota ocurrida hace tres lustros. A principios de los años noventa, los editores de una ambiciosa Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría en tres volúmenes (que se publicaría finalmente en 1995)3 elaboraron una lista de los médicos eminentes de España e Iberoamérica (más o menos relacionados con la psiquiatría) a los que les pensaban dedicar un breve artículo específico en la obra. Uno de los criterios para que aquella lista fuese finita era el de limitarse a autores fallecidos. Cuando se les señaló que Laín Entralgo, incluido en la relación, estaba en aquel momento felizmente vivo, respondieron que eran conscientes de ello, que se trataba de una excepción aislada, pero que consideraban que la importancia de la obra de Laín para la medicina de lengua española era de tal calibre que no querían dejarlo fuera ni aunque tuviesen que violar sus propias normas editoriales.

Han pasado desde entonces quince años, Laín ya no está entre nosotros, pero la respuesta de aquellos colegas hoy podemos entenderla como una explicación del interés con que la medicina y la filosofía española están, a lo largo de este año 2008, rememorando a una figura intelectual que, con o sin normas editoriales, sigue siendo en muchos sentidos excepcional.

Bibliografía 
1. Laín Entralgo, P. (2008): Escritos sobre Cajal, Madrid, Triacastela. [Edición de José Luis Puerta].
2. Gracia, D. (2008): “Laín Entralgo ‘desde dentro’”, Turia, n.º 85-86 (marzomayo), pp. 141-159. 
3. Vidal, G.; Alarcón, R. D. y Lolas Stepke, F. (ed.) (1995): Enciclopedia Iberoamericana de Psiquiatría, Buenos Aires, Editorial Panamericana, 3 vols.

La búsqueda de la certeza

Azucena Couceiro

Profesora de Bioética de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. España.

01 Agosto 2008

El Supremo recuerda que el paciente tiene que soportar los ‘riesgos del progreso’

La Sala Civil del Tribunal Supremo ha considerado no indemnizar a un paciente al que se le realizó una transfusión de sangre y al que posteriormente se le detectó la existencia del virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH).

Redacción 26/03/2008

El fallo, publicado por El Derecho, recuerda que la responsabilidad patrimonial de la Administración “está sujeta a un criterio de imputación consistente en que el perjudicado no esté obligado a soportar las consecuencias dañosas de la actividad administrativa”.

Sin embargo, la sentencia puntualiza que esa imputación a la Administración “concurre en aquellos casos en que el paciente debe soportar los llamados riesgos del progreso”. Es decir, aquéllos que “no se hubiesen podido prever o evitar según el estado de los conocimientos de la ciencia o de la técnica existentes en el momento en que se producen”. En este punto el Supremo aclara que la jurisprudencia ha interpretado que esta doctrina es “aplicable a los contagios cuando la transfusión se produce con anterioridad a la disponibilidad de los reactivos para la detección del VIH”.

Esta es la doctrina que el alto tribunal, en sentencia de la que ha sido ponente el magistrado Juan Antonio Xiol Ríos, se apoya para declarar exenta a la Administración sanitaria del contagio del VIH a un paciente con una enfermedad de Hodgkin al que se le realizó una transfusión sanguínea.

Donantes negativos
La Audiencia Provincial de Barcelona absolvió a los médicos y a la entidad gestora al entender que la transfusión que se realizó en 1982 “no fue lo que contaminó al paciente, dado el resultado negativo de las pruebas practicadas a los donantes en los años posteriores”. En cualquier caso, aunque se considerase que la transfusión fue la vía de contagio, el fallo recuerda que “la detección del virus no fue posible hasta 1985, cuando se comercializan los reactivos”.

Falso positivo
Hace poco más de un mes un juzgado de primera instancia de Valencia absolvió a un médico, a un centro sanitario y a un laboratorio de la demanda interpuesta por un paciente al que se le comunicó que padecía el virus del sida cuando en realidad se trataba de un falso positivo.

El fallo no admitió la reclamación por daño moral al entender que había existido mala praxis médica. Según el juez, los falsos positivos se pueden producir bien por defectos en el procesamiento de las muestras o por causas inherentes al propio enfermo. No concurría tampoco responsabilidad del laboratorio, pues realizó las pruebas según los estándares recomendados por las sociedades científicas.

Fuente: Diario Médico

Hadamar, antesala de Auschwitz (Diario Médico: 13-3-2008)

Los horrores del nazismo van más allá del exterminio del pueblo judío. En septiembre de 1939 se autorizó la ejecución de los primeros enfermos mentales recluidos en Hadamar. Para ello se creó el Aktion T4, un aparato médico burocrático que fue el encargado de seleccionar a los pacientes.

José Antonio García Marcos. Psicólogo Clínico del Complejo Hospitalario de Segovia. …

Fuente: Diario Médico